Violencia y narcotráfico en el Brasil urbano
A comienzos de los ochenta, las enfermedades infecto-parasitarias eran el principal motivo de mortalidad de la población en Brasil. A finales de esa misma década, este liderazgo fue asumido por la violencia. Desde entonces, la violencia producto de la criminalidad ha venido asumiendo en la sociedad brasileña cada vez mayor visibilidad.
Paradójicamente la violencia se intensificó con el fin de la dictadura militar e inicio de la llamada transición democrática, agravándose incluso durante los años noventa. Una paradoja que en Brasil se explicaría entre otras razones por el hecho de que los regímenes civiles que le sucedieron a la dictadura nunca supieron generar instituciones efectivamente democráticas estables que gozaran de confiabilidad y estuvieran sometidas al control de la sociedad. Fuera de que los organismos de contención y represión utilizaron ampliamente como recurso de control, el abuso del poder y prácticas de tortura, dirigidos a determinados sectores de la población. Estas prácticas, que ya existían en el período autoritario, se intensificarían posteriormente, volviéndose características de la acción policial.
El aumento de los homicidios ha ido de la mano de una presencia cada vez mayor del narcotráfico en los medios urbanos brasileños, destacándose como la actividad criminal de mayor crecimiento en ciudades como São Paulo, Recife, Belo Horizonte y Río de Janeiro. Los índices de homicidio y de criminalidad asociados al tráfico de drogas aumentaron en el contexto de una grave crisis económica. Esta coyuntura, aliada a factores culturales, políticos y sociales, contribuyó a generar un ambiente propicio para el aumento de la violencia.
Además de la tasa de homicidios, aumentaron también los casos de desapariciones y de incautaciones de armas. El incremento de estos tres renglones no es casual, y está estrechamente relacionado con el narcotráfico.
Río de Janeiro - La presencia de armas poderosas, el constante conflicto entre facciones que se disputan los puntos de venta de drogas, el enfrentamiento entre facciones y la policía, el traslado de parte de esas armas para otras actividades criminales, y la misma eliminación de personas vinculadas al narcotráfico por sus rivales, son algunas de las razones del aumento substancial de la violencia en la ciudad.
Entre 1994 y 2003, la policía confiscó 25.490 armas, un número suficientes para equipar todo el cuerpo policial de la ciudad de Río de Janeiro. Y entre 1993 y 2002, se registraron en la ciudad 16.426 casos de desapariciones, en su mayoría de jóvenes, de quienes en buena parte todavía se desconoce su suerte. La responsabilidad por estas desapariciones recaería en los grupos vinculados al narcotráfico, y en las acciones ilegales de miembros de la policía y de grupos de exterminio.
A pesar de la extrema violencia con que se manifiesta y actúa, el narcotráfico de Río no conforma una mafia de acuerdo a los esquemas más conocidos de este ipo de organizaciones criminales. Según el investigador brasileño M. Misse (1), el narcotráfico no está subordinado directamente ni a grandes mayoristas, ni a organizaciones verticales extranjeras, ni a organizaciones de familia, como las mafias neoyorquinas e italianas. Otra característica importante tiene que ver con la organización de las redes que sustentan el narcotráfico, que son bastante fragmentadas y vulnerables. El "capital inicial" empleado para la compra de drogas (cocaína y marihuana) proviene en su mayor parte de robos a bancos y del intercambio del producto por carros robados dentro del Brasil, y negociados en el Paraguay.
El narcotráfico actúa principalmente en el área de la región metropolitana, e incluye acciones tan diversas como la entrada masiva de jóvenes en sus filas; los constantes tiroteos entre facciones, y entre éstas y la policía, que atemorizan a la población; la corrupción de las instancias del poder constituido; el deterioramiento del tejido social y el surgimiento de toda una nueva escala de valores, en donde la vida es un elemento precario y la imposición de la fuerza bruta y del consumismo de masa ganan relevancia; el debilitamiento de las redes de solidaridad; el aumento de la violencia policial; y la mayor canalización de recursos públicos para contraponer los efectos de esa circunstancia, como es el caso de las emergencias hospitalarias.
El narcotráfico en Río de Janeiro es hoy, sin duda, el mayor desafío para la seguridad pública del país.
Referencias
1. MISSE, M. O Movimento: redes de mercado de drogas. Tempo e Presença, nº 323. Pág. 7-12: Mai/Jun, 2002.
Véase también
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