Los problemas de Israel no son solo externos: la pugna entre liberales y nacionalistas religiosos y ultra-ortodoxos definirá en gran medida la orientación que siga el Estado en los próximos años.
Se habla de terrorismo, pero terrorismo también es lo que se practica en los países ocupados y, además, se hace para obtener el petróleo de esos países.
La actual cruzada islamofóbica en EE.UU. refleja una satanización racista profundamente arraigada de las comunidades musulmanas que, si no se reacciona, podría consolidar la demagogia racista como una parte “legítima” del discurso público.