Es el tiempo de la gente sensata, no de la que se emociona con comunicados teatrales, sino de la que se emociona con un pueblo que se ha cansado de sus encapuchados con boina y pistola.
En democracia, los partidos políticos son necesarios. Pero cada vez es más evidente que España no necesita diferentes combinaciones de los mismos partidos, sino, precisamente, otros partidos políticos.
Cuando se aproxima a tareas de gobierno, la izquierda no hace nada radicalmente diferente de lo que impulsan las fuerzas del gran centro. En tiempos de crisis, se limita a adjetivar al sistema como “salvaje”.
Al criminalizar la disidencia política y la aspiración independentista el estado español vuelve a hundirse en sus peores tradiciones, sintetizadas en el nefasto maridaje entre la cruz y la espada.
En enero de 2009, durante la operación Plomo Fundido, el ejército israelí destruyó el parque de la paz Barcelona, construido en la franja de Gaza con fondos del programa de cooperación del ayuntamiento barcelonés.
Hasta hace sólo unos meses quien no se hipotecaba en España era un estúpido, pero ahora las noticias apuntan ahora a un panorama notablemente distinto.
En abril de 1979 nacieron los ayuntamientos democráticos en España y su trabajo en la mejora de las ciudades y pueblos ha sido crucial, pero ahora afrontan muchas tareas nuevas sin los correspondientes recursos.