United States
Más tropas, y más debate sobre Afganistán
Melancolía política
Tras la tan comentada cumbre de Washington, la sensación de impotencia y de desconcierto que nos traslada la alta política institucional ante las encrucijadas del momento es espectacular. No han sido capaces de transmitir acuerdos significativos sobre los males del pasado, ni mucho menos alternativas creíbles que apuntasen a nuevas formas de relacionar política y economía, o que mostrasen algo más que buenos propósitos de enmienda con relación a errores pasados.
Rescatar o no rescatar…
Los altivos directores generales que antaño se pavoneaban por los salones del Congreso dando órdenes, ahora imploran, en vano, el dinero del rescate --aunque no está claro qué harían con él.
Los viejos axiomas son inapropiados para nuevas necesidades
El momento de probar a Obama y sus frases de “cambio” pronto va a llegar.
Obama: razón y voluntad
La sensación de alivio y de esperanza ha predominado en estos días de noviembre en que hemos visto acabar una época y empezar algo que aún no sabemos cómo definir. Alivio por confirmar lo que todos imaginábamos pero que precisábamos que se ratificara: el fin de la pesadilla Bush y del periodo en que neocons (como Aznar) y sus aliados circunstanciales (Blair) han presidido la escena mundial. Esperanza depositada en una manera de hacer política que parece reposar en mayores autenticidades y más consistencia interna entre lo que se predica y lo que se practica.
