¿El desarme fue un espejismo de la guerra fría?
No. Durante muchos años la gente pensó que era una consecuencia lógica. Hubo una reestructuración de la industria del armamento y un descenso del presupuesto militar.
Y llegó el 11-S.
Ya no seremos nunca los mismos. Desde entonces la industria del de-sarme se ha diversificado en una industria de seguridad. La guerra contra el terror ha tenido grandes consecuencias. Se han cambiado las leyes y estas han servido de poco para luchar contra el terrorismo.
¿Qué pasará con la crisis?
No creo que los presupuestos de seguridad se recorten. Hay muchos subsidios que van a parar a esta industria, que es una de las lucrativas a nivel global. Tenemos que crear un mercado de seguridad europeo para competir con EEUU y China, y no ser dependientes del extranjero. Tener nuestra propia tecnología.
¿Y hacer negocio?
La seguridad nacional está dominada por la industria de la defensa, por las multinacionales que están ligadas al sector de la defensa. Sí, es una oportunidad de hacer negocios.
Ya hay un programa de investigación sobre políticas de seguridad.
Básicamente es un programa de tecnología de seguridad. Para su desarrollo y su aplicación, no se ha consultado ni a los parlamentos ni a las organizaciones civiles, sino a los representantes de la defensa y de la seguridad. Las organizaciones formadas para estudiar el programa están dominadas por grandes compañías de armas. Hay una línea muy fina entre la tecnología de la seguridad y la política de seguridad.
¿Por qué?
El hecho de que las grandes corporaciones aconsejen a la Comisión Europea sobre el tipo de seguridad que debemos tener afecta a cómo será esta seguridad. Es muy difícil separar la tecnología de la política. La Comisión dirá que no tiene que ver con la política, sino con la seguridad. Pero la cultura de la seguridad cambia totalmente si una política se inclina, por ejemplo, por las cámaras de vigilancia.
¿Adiós a los secretos?
Pregúnteme dentro de 30 años. Todo pasa tan deprisa desde el 11-S...
¿Hasta dónde llegaremos?
Ya veremos. Tal vez haya resistencia al avance tecnológico. La gente puede preguntarse si necesitamos todo esto o si seguimos sin cuestionar nada.
¿Es un problema anglosajón?
EEUU y Gran Bretaña son los países que más han abrazado las leyes de seguridad. Gran Bretaña ha empujado al resto de los países europeos a hacerlo. Les dicen que tienen un problema con los inmigrantes, que hay que vigilar a la gente y a las mafias. Los gobiernos justifican con estas leyes que hacen algo, y les resulta muy difícil resistirse.
También ayuda a la economía.
Si crean empleo, es bueno. Saab, por ejemplo, no puede hacer tantos coches, pero sí que puede hacer componentes de defensa.
¿Sabemos cómo nos controlan?
La gente no entiende los cambios legales que se hacen, porque son muy complicados, pero es consciente de que hay vigilancia a su alrededor. Una persona me dijo que estamos en la edad dorada de la vigilancia. Ahora se pueden ver las cámaras, pero dentro de 15 o 20 años no se verán.
¿Las películas nos avisan?
Enemigo público, ese escenario en el que se puede vigilar todo, o una de la saga de Bourne. Son películas, pero nos muestran que el Estado actúa. El Estado nos dirá: «No tenéis de qué asustaros si no escondéis nada».
¿Un Estado militar?
Muchas de las tácticas desarrolladas por los militares se pueden utilizar en el orden público, particularmente en el control de fronteras. Las tácticas de la Zona Verde de Bagdad las vemos en cumbres del G-8.
Es para tener miedo...
Hace 10 años, si la policía quería saber qué había en un teléfono o en un ordenador, tenía que ir al juez. La tecnología permite ahora que, si el Gobierno británico quiere esa información, ponga el número del móvil en su ordenador y lo vea todo. La policía británica lo hace 575.000 veces al año.
Un cambio importante.
Ahora se busca una amenaza y se la quiere identificar. En lugar de empezar con un delito, se empieza con una comunidad sospechosa y se usan tecnologías avanzadas. No se va directamente al individuo por lo que hace, sino a los grupos por lo que podrían hacer, y así se revierte la presunción de inocencia.
Así, ¿su sueño es...?
Me gustaría que la gente pensara cómo se ordena y se regula la sociedad, hacia dónde va; que hubiera un debate serio sobre el lugar de la sociedad y del Estado. El Estado tiene un gran poder.