Victorias y derrotas

Agosto 2006
Las posibilidades que tiene la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU de lograr que se detenga la violencia entre Israel y Líbano, están en directa relación a la velocidad con la que se despliegue una fuerza combinada de fuerzas internacionales y del ejército de Líbano.

Las posibilidades que tiene la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU
de lograr que se detenga la violencia entre Israel y Líbano, están en directa relación
a la velocidad con la que se despliegue una fuerza combinada de fuerzas
internacionales y del ejército de Líbano. Israel no se va a retirar totalmente hasta
que esa fuerza no ocupe el sur de Líbano y no haya un solo ataque de Hezbolá. En
la medida que no podrá haber un despliegue de fuerzas internacionales antes de
dos o tres semanas, es previsible que entre tanto los enfrentamientos continúen.
Israel ha desplegado 30.000 efectos en Líbano, y los retirará con lentitud debido a
tres razones:

  1. no quiere dar la impresión de que se marcha cuando Naciones Unidas lo
    dispone;
  2. no desea mostrar que no ha logrado el objetivo de destruir a Hezbolá;
  3. quiere comprobar que las fuerzas de la ONU y del ejército libanés son
    capaces de controlar a Hezbolá.

La Resolución tiene un lenguaje tal de sugerencias, que se enmarca tanto en una
operación de mantenimiento de la paz pactada entre las partes (Capítulo VI de la
Carta de la ONU) como de obligaciones e imposición que coincide con el uso de la
fuerza de acuerdo con el Capítulo VII.(1) Dependerá de la relación entre el Secretario
General de la ONU, el gobierno de Líbano y los gobiernos que manden fuerzas el
definir en general, y en cada situación, cómo actuar y responder equilibradamente.
Si Hezbolá dispara sus misiles será obvio que las fuerzas combinadas deben actuar.
Pero si Israel responde con la contundencia que lo ha hecho ahora, ¿se enfrentarán
las fuerzas de al ONU y de Líbano al ejército israelí?

La Resolución pone especial énfasis en consolidar al Estado libanés para que tenga
el monopolio del uso de la fuerza. Esto tiene serias dificultades dado que el ejército
libanés es débil y, a la vez, en gran parte chiíta, lo que dificulta que se enfrente a
Hezbolá.

Otras dos cuestiones complejas de resolver serán el requerimiento de la Resolución
para que no entre material bélico excepto el autorizado por el gobierno libanés, y
que se produzca “el desarme de todos los grupos armados e Líbano”. Controlar los
puertos no es sencillo, ni la frontera con Siria.

Será, así mismo, difícil que el gobierno libanés logre el desarme de Hezbolá. En
todo caso podría lograr que no use las armas si Israel no realiza ninguna agresión y
quizá integrar a una parte del grupo en las fuerzas armadas libanesas. Pero ante la
debilidad del gobierno libanés, en parte gracias a la ofensiva de Israel, no es
realista pensar que Hezbolá entregará sus armas, y así lo ha manifestado, y pasará
a formar parte de la vida política sin hacer valer la guerra que acaba de librar.

¿Quién ha ganado esta guerra?

Si la Resolución 1701 logra detener o disminuir la violencia, la cuestión siguiente es
quién ha ganado la guerra de Líbano. Por el lado israelí, el gobierno de Olmert
puede alegar que desde el lunes 15 de agosto cesaron los ataques de Hezbolá y
que progresivamente esa región estará bajo control internacional. De este modo, se
irá convirtiendo en una frontera segura. Desde el lado de Hezbolá la guerra ha
servido para mostrar que puede resistir al ejército más fuerte de la región,
preservar parte de su arsenal y replegarse para salvar la organización.
Entre tanto, para Líbano ésta es una guerra muy costosa en vidas, heridos y que
retrasa el desarrollo económico que estaba teniendo. La reconstrucción posbélica
será especialmente dura.

Desde el punto de vista de los actores externos, Irán y Siria han ganado porque la
crisis se ha quedado circunscrita a Líbano, y su aliado local, Hezbolá, sigue en pie.
Los palestinos han perdido porque Israel les ha seguido asediando durante semanas
sin que los medios internacionales prestasen atención.

EEUU ha comprobado que la estrategia israelí que apoyó con entusiasmo tiene
resultados dudosos: pese al tiempo que tuvo, la guerrilla de Hezbolá no era tan
fácil de derrotar. Europa mostró su debilidad, con la excepción de Francia. Y la ONU
ganó algunos puntos al impulsar una Resolución.

En Israel han aumentado las críticas debido a las bajas que se han tenido y a la
incapacidad para acabar con Hezbolá pese a la destrucción que se ha ocasionado a
Líbano.

La guerra obliga a Hezbolá a perder su fuerza militar en el sur del país pero ha
ganado poder para negociar la forma de participación en el futuro gobierno de
Líbano. Según diversas fuentes, Israel, y al parecer Estados Unidos, esperaban que
los ataques contra infraestructura y objetivos civiles volverían a los cristianos y
sunitas contra Hezbolá, pero la reacción ha sido la opuesta.(2) Hezbolá ha salido
reforzado e Israel debe hacerse a la idea de que en el futuro tendrá que convivir
con un Estado que podría ser mayoritariamente gobernado por un grupo político
hostil.

Esta guerra significa también para Israel reconocer que la guerra convencional no le
garantiza la seguridad. En las guerras anteriores contra sus vecinos Israel luchó
contra Estados y se impuso. Pero la combinación de actores armados no estatales
con el posible apoyo directo o indirecto de Estados de la región cambia las reglas de
la guerra. Israel puede arrasar parte de Líbano pero Hezbolá se repliega y, además,
gana apoyo social para ser una fuerza política en ascenso.(3)

Notas

1. Anthony D´Amato, “The UN Mideast ceasefire Resolution paragraph-by-paragraph”, Jurist, Legal News and Research, www.jurist.law.pitt.edu
2. Seymour M. Hersh, Watching Lebanon, The New Yorker, 21 de agosto, 2006.
3. Patrick Seale, Who won the war in Lebanon, Agence Global, 12 de agosto, 2006.

Copyright 2006 FRIDE

Director del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref)

Mariano Aguirre es un periodista y analista especializado en cuestiones como construcción de la paz, crisis del Estado, acción humanitaria, conflicto y desarrollo y recuperación posconflicto. 

Antes de trabajar en el Centro Noruego para la Construcción de la Paz, Mariano fue director del programa sobre paz, seguridad y derechos humanos de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Mariano es autor, colaborador y editor de numerosos libros, entre los que cabría destacar La ideología neoimperial: la crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP, 2003), co-escrito con Phyllis Bennis y "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization", en Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).