Nuevos poderes regionales

Enero 2006

  Mariano Aguirre

Nuevos poderes regionales
Mariano Aguirre
Debate, 5 de enero de 2006

En el año 2006 serán evidentes algunos cambios dramáticos en el sistema internacional.
China y Asia Oriental continuarán su ascenso, Vladimir Putin consolidará su poder
autoritario en Rusia, África recibirá más atención debido a sus recursos energéticos, la
crisis del gobierno de Estados Unidos simbolizará el declive de la “única superpotencia” y
se acelerará la debilidad de las Naciones Unidas. Por otro lado, parte del Islam político
radical dejará la violencia por las urnas y la gestión. Las identidades nacionales, étnicas o
religiosas serán factores clave en la política.

Se suponía que la globalización en el siglo XXI sería liderada por Estados Unidos. Sin
embargo, en los próximos quince años China emergerá como “la otra superpotencia”
promoviendo “otra forma de globalización” que no será el modelo liberal dirigido por
Washington. China se convertirá en un poderoso Estado-nación con intereses realistas y
pragmáticos, e ideas restrictivas sobre democracia, derechos humanos y cooperación.
Era una verdad asumida que la globalización disminuiría el papel del Estado. Esto ha
ocurrido en varios niveles de gestión, pero el Estado regresa con fuerza en procesos tan
variados como el auge de China y la India o las reivindicaciones de soberanía nacional e
identidad que representan el triunfo de Evo Morales en Bolivia.

El interludio estadounidense

La hegemonía unilateral de Estados Unidos posterior a la Guerra Fría sólo ha durado
entre 1989 y 2005. Pese al inmenso gasto militar y su peso económico y cultural,
Washington tiene que compartir poder económico y competir con Europa, China, Japón y
con otros países del Sur, como Brasil. La guerra en Irak muestra las limitaciones del
proyecto estadounidense de promover la democracia. Para millones de ciudadanos del
mundo, la democracia por la fuerza no tiene ningún atractivo.

Las torturas y traslados ilegales de prisioneros, la corrupción y la incapacidad para
gestionar la devastación que produjo el huracán Katrina muestran al gobierno ineficaz de
una superpotencia en lenta decadencia. George W. Bush retirará parte de las tropas de
Irak, alegando el avance del proceso político y la formación de fuerzas locales. El Partido
Demócrata podría triunfar en las elecciones legislativas de noviembre.

El poder se desplaza a otra parte. Asia Oriental es un centro de acumulación de capital,
tecnología avanzada y productividad en alza. Estados Unidos está endeudado con China,
Japón y Corea del Sur para sostener su déficit fiscal interno y la deuda exterior. China
supone grandes beneficios para las corporaciones occidentales, por la envergadura de su
mercado interno y su capacidad exportadora. A la vez, Beijing acumula dólares ya que
vende a Estados Unidos más de lo que le compra.

La fuerza de Asia

¿Avanzará Asia Oriental hacia una integración económica bajo el liderazgo chino? La
integración política es compleja, debido a las divisiones de las dos Coreas y la de China y
Taiwan. Pero la zona tiene fuerza suficiente para que su futuro no lo condicione ninguna
potencia exterior. En el plano económico global, las tendencias las marcarán,
precisamente, Asia del Sur y del Este. Con una población de 3.300 millones en los países
de la región, la incorporación de una masiva mano de obra barata bajará los salarios y
los beneficios para los trabajadores en otros países del mundo, mientras que la demanda
de recursos energéticos mantendrá altos los precios del petróleo.

China mantendrá en 2006 su rápida industrialización, crecimiento y expansión comercial,
situándose como cuarta potencia económica mundial, pese a sus problemas de
desempleo rural, crisis ambiental y corrupción. A la vez se convierte en gran potencia
militar regional, con especial desarrollo de su fuerza naval. Esto, sumado a la posesión
del arma nuclear, provoca una gran inquietud en Japón.

Mediante una serie de mecanismos regionales, inversiones, demanda para su mercado
interno, y acuerdos militares, Beijing gana una poderosa influencia. Desplaza a Estados
Unidos y Japón en la zona de Asia Pacífico, al tiempo que integra a Burla, Corea del Sur,
Japón, Vietnam, Australia, Singapur, Indonesia, Malasia, e India, entre otros. Entre
tanto, India asciende con su auge económico y hábil diplomacia que la vincula a Rusia,
Estados Unidos e Irán; es un contrapeso a China.

Desafío chino

China desafía dos paradigmas del sistema internacional. Por un lado, el modelo de
crecimiento autoritario pone en cuestión que la democracia parlamentaria con mercado
libre y respeto a los Derechos Humanos sea el objetivo a lograr. Por el otro, se adhiere a
las prácticas más convencionales situando el interés de su Estado por encima de
cuestiones comunes, como la protección del medio ambiente. De la globalización se
queda con las ventajas expansivas de los mercados abiertos. O sea, que reafirma su
nacionalismo, se erige en líder hegemónico, y extiende su influencia pagando buenos
precios, otorgando créditos blandos y entregando masiva ayuda al desarrollo a países
que tienen petróleo y gas u otros recursos, como Angola, Sudán y Cuba. Este regreso a
la soberanía nacional es también reivindicado por Irán con su programa nuclear o el
presidente Chávez en Venezuela para ganar aliados gracias a la diplomacia del petróleo.
El gobierno de Mahmud Ahmadinejad continuará con el programa nuclear por ser
potencia regional y disuadir a otros estados que pudiesen atacarle y sufrir una guerra
como la que tuvo con Irak; contener a Estados Unidos de un posible ataque; y reafirmar
desde la perspectiva nacionalista que nadie le impone políticas desde fuera.

En Rusia, el presidente Vladimir Putin practica esa política de reafirmación nacional y
deja de lado principios democráticos. El poder real está en la alianza entre el presidente
y las fuerzas armadas, los gobernadores regionales y los directores de las grandes
empresas de gas y petróleo. La represiva ocupación militar de Chechenia continuará
teniendo respuestas terroristas de los islamistas radicales. La oposición en Rusia es débil
y no habrá una revolución como en Ucrania. El precio del petróleo le favorece. Hacia
Occidente, Moscú garantiza gas, petróleo y su colaboración en Afganistán, o para
presionar a Corea del Norte. Estados Unidos, Canadá y Europa la premian: en 2006
presidirá el G8 aunque no es un Estado industrializado ni una democracia liberal.

Esa legitimidad le será confirmada interna y externamente también a la democracia
autoritaria de Álvaro Uribe, en Colombia. Su gobierno seguirá ofreciendo seguridad y
restricción de libertades, y una polémica ley de reintegración a los paramilitares y quizá a
la guerrilla del ELN a cambio de paz. Menos democracia a cambio de una seguridad
subjetiva será también una tendencia en América latina.

Naciones Unidas

Estos nuevos alineamientos, regreso al Estado y democracia limitada llegan en mal
momento para las Naciones Unidas. El secretario general Kofi Annan intenta salvar el
multilateralismo: igualdad entre los 191 Estados miembros, derechos universales y
obligaciones comunes para problemas transnacionales. Pero, frente al reforzamiento de
cada Estado, la ONU puede quedar para gestionar operaciones de paz, crisis
humanitarias, protección de Derechos Humanos, epidemias, programas contra la pobreza
y procesos electorales sólo cuando los gobiernos del Consejo de Seguridad o líderes
regionales se lo pidan y permitan. El ataque de Estados Unidos a la ONU tiene su
correlato en las posiciones utilitaristas de China y Rusia hacia la organización, y el escaso
compromiso de Europa.

También para la UE son tiempos difíciles, especialmente para conciliar los intereses
estatales con un proyecto común. Así lo confirmaron los referéndums de 2005. Las
revueltas en las calles de Francia son, además, problemas presentes para el futuro de
Europa: la exclusión de las nuevas generaciones de hijos de inmigrantes y cómo
gestionar el flujo migratorio actual. El atentado terrorista en Londres en julio pasado y
los levantamientos en las calles de Francia han mostrado que los Estados más
constituidos enfrentan problemas de identidad e integración en sus propias sociedades.

Democracias e identidad

Las identidades serán un valor en alza. En las elecciones en Irak del 15 de diciembre,
tres cuartas partes de los votantes eligieron a partidos islamistas. Kurdos, sunitas y
chiítas votaron por sus respectivas comunidades. El voto por Evo Morales en Bolivia
representa la identidad indígena que está relacionada con la idea de recuperar el control
soberano de recursos naturales.

Esas identidades desempeñarán un papel clave en los procesos electorales. La
democratización del mundo árabe generó en 2005 grandes expectativas. Los procesos,
sin embargo, van a ser lentos y posiblemente den lugar a democracias menos liberales
de las que se creía y a más gobiernos con islamistas en el poder de las que se esperaban
en Occidente.

El conflicto palestino-israelí quedará limitado a la tensión entre un Estado nacionalista
judío y uno islamista palestino. Israel definirá unilateralmente sus fronteras, gobierne
Ariel Sharon o Benjamín Netanyahu, al tiempo que Hamas irá desplazando a la Autoridad
Nacional Palestina (ANP), con su combinación de pragmatismo político y electoral.
En América latina habrá elecciones en una decena de países. El caso de Brasil será clave:
si Lula da Silva pierde el poder o queda en posición de gran debilidad habrá fracasado el
intento de combinar un programa económico liberal con una agenda social. Y ese fracaso
polarizará el resto del espectro político latinoamericano reabriendo la duda sobre cómo
combinar la democracia, el liberalismo económico y un proyecto social. El populismo, en
algunos casos, será una carta de identidad.

Copyright

 

Director del Centro Noruego para la Construcción de la Paz (Noref)

Mariano Aguirre es un periodista y analista especializado en cuestiones como construcción de la paz, crisis del Estado, acción humanitaria, conflicto y desarrollo y recuperación posconflicto. 

Antes de trabajar en el Centro Noruego para la Construcción de la Paz, Mariano fue director del programa sobre paz, seguridad y derechos humanos de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE).

Mariano es autor, colaborador y editor de numerosos libros, entre los que cabría destacar La ideología neoimperial: la crisis de EEUU con Irak (Icaria/TNI/CIP, 2003), co-escrito con Phyllis Bennis y "Humanitarian intervention & us hegemony: a reconceptualization", en Achin Vanaik (Ed.), Selling US Wars, Interlink publishing / Transnational Institute (2007).