Este libro ofrece una crítica contundente y devastadora de la teoría y la práctica del comercio de emisiones, piedra angular de la política global sobre el clima.
¿Por qué algunos países quieren acabar con Kyoto? ¿Tiene sólo que ver con los objetivos de reducción de emisiones? ¿Y quién lo pagará? Todas las respuestas sobre las negociaciones del clima de la ONU en Copenhague.
Seattle ofrece una lección a los delegados africanos en Copenhague: al retirarse –junto con los manifestantes de la sociedad civil– e impedir la concreción de un acuerdo negativo en Copenhague el 18 de diciembre, podemos entre todos allanar el terreno para seguir avanzando.
Existe una ingente deuda ecológica que se origina con cosas como las desiguales emisiones de CO2 o la exportación de residuos a países empobrecidos y los deudores son tanto los gobiernos de los países importadores de recursos energéticos y materias primas como las transnacionales que actúan con impunidad.
El sistema de comercio de emisiones no ha conseguido reducir las emisiones; ya va siendo hora de que abordemos los fallos del sistema económico que nos han conducido a la crisis climática.
La actual crisis financiera ofrece la oportunidad de poner en marcha reformas fiscales que financiarían la conversión hacia una industria respetuosa con el medio ambiente: un keynesianismo ecológico que sacaría al mundo de la catástrofe económica y el caos social.
La Conferencia sobre el Clima de la ONU celebrada en la ciudad polaca de Poznan no ha logrado ningún avance hacia un acuerdo mundial sobre el clima; indicio no sólo de un mal momento en el calendario, sino también de un sistema que falla por la base y no tiene en cuenta los principios de la justicia ambiental.
El calentamiento global es la privatización de los bienes comunes por el capital, que actualmente supone la expropiación de los espacios ecológicos del Sur. Una estrategia climática progresista debe reducir el crecimiento y la utilización de la energía, aumentando al propio tiempo la calidad de vida de las grandes masas de población.
Inspirándose en los mecanismos de mercado del Protocolo de Kyoto, Coca-Cola propone compensar su sobreexplotación de los recursos hídricos de la India invirtiendo en proyectos 'sostenibles' en otros lugares.