El Informe Mundial sobre las Drogas 2008 de la ONU intenta ocultar los fracasos de las políticas de fiscalización de estupefacientes con una mala lección de historia. En lugar de reconocer claramente que, diez años después, los objetivos de la UNGASS no se han cumplido, decide ofrecer un relato de cien años de éxitos, inventándose comparaciones entre la producción actual de opio con su producción y consumo en la China de principios del siglo XX