Ecuador y el cambio en América Latina

18 July 2005
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Mariano Aguirre

Ecuador y el cambio en América Latina
Mariano Aguirre
TNI Website, 27 November 2002

La victoria de Lucio Gutiérrez en la segunda vuelta de las elecciones para presidente de Ecuador confirma la necesidad de cambio político y económico que tienen amplios sectores sociales en América Latina. Si bien Gutiérrez carece de un programa político concreto, su discurso se basa en el rechazo a los políticos tradicionales, la persecución a la corrupción, la procupación por los sectores pobres y marginados de la sociedad, y la crítica a los proyectos que provienen de Estados Unidos y las organizaciones internacionales de crédito. Uno de los problemas que tendrá el nuevo presidente es si Washington le verá como un enemigo o como un líder con el que negociar una relación diferente.

La figura de Gutiérrez creció en los últimos dos años. En el 2000 el entonces Coronel apoyó junto con un grupo de oficiales de las fuerzas armadas la protesta masiva del movimiento indígena, que provocó la caída del gobierno de Jamil Mahuad. El plan de ajuste impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el bloqueo de los depósitos en los bancos de la clase media, y el debate sobre la adopción del dólar como moneda para el país provocaron un fuerte rechazo social.

Desde entonces la situación de Ecuador no ha mejorado. Pese a ser un exportador de petróleo, se calcula que el 60% de la población vive en la pobreza y que el 10% de sus 12 millones de habitantes están en la indigencia. Las diferencias entre la élite blanca, descendiente de los colonizadores españoles, y la mestiza, y el resto de la población son muy grandes. Los indígenas se sienten marginados y explotados.

Ecuador era un país agrícola y pesquero. De hecho, todavía produce banano, camarones, café y pescado, pero desde la década de 1970 se comenzó a explotar petróleo. Estro trajo inicialmente beneficios para la sociedad y un crecimiento urbano. Pero las élites acapararon la renta petrolífera y la estructura financiera de tal forma que la organización Transparencia Internacional considera que actualmente ocupa el segundo puesto entre los Estados más corruptos de América Latina. La mala gestión del Estado aumentó la deuda externa que ya alcanza a los 13.000 millones de dólares.

La desigualdad aumentó y con ella la marginación y la emigración. Alrededor de 1.2 millones de ecuatorianos se han ido del país, especialmente a España e Italia, y otros 350 salen cada día. Esa emigración hace que la segunda fuente de divisas de Ecuador, por detrás de la venta de petróleo, sean las remesas de los emigrantes. De esta forma, España e Italia están teniendo con este país una vinculación económica estructural similar a la que ya se ha establecido entre Estados Unidos y la República Dominicana y El Salvador.

El gobierno de Lucio Gutiérrez es una incógnita. Si a todo lo que ha criticado lo transforma en un proyecto de gobierno tendrá en contra a las fuerzas conservadoras del país, a una buena parte del Congreso -una institución deslegitimada socialmente que sigue en mano de las fuerzas tradicionales-, y al gobierno de Estados Unidos. Pero si se limita a gestionar la administración sin reformas, y a impulsar la privatización de los servicios públicos y reforzar la dolarización, como también ha prometido, entonces la coalición que le apoyó, en particular el partido indígena Movimiento Plurinacional Pachakutik, le quitarán la confianza.

Pero lo que haga el nuevo gobierno no estará influído solamente por la realidad interna sino también por el contexto regional e internacional. La guerra en Colombia, la debilidad del gobierno en Perú, la crisis permanente en Venezuela, y el gobierno de Inacio "Lula" da Silva en Brasil le condicionarán de una u otra forma.

Desde el gobierno de Estados Unidos y sectores conservadores de ese país se teme que la victoria de "Lula" pueda generar un movimiento de gobiernos críticos del liberalismo y sus fórmulas, y de la integración de América Latina bajo la hegemonía de Washington. Algunos comentaristas de la ultraderecha estadounidense ya hablan de un "eje del mal latinoamericano" que incluye a Cuba y el marxismo, Venezuela con el peso del petróleo, Brasil con un programa antiliberal, Gutiérrez con el movimiento indigenista, el diputado indígena Evo Morales en Bolivia, y todos sumados a los movimientos guerrilleros en Colombia y la gente harta de los políticos en las calles en Argentina.

Este supuesto escenario anti Estados Unidos no existe, pero hay una demanda de cambio social en amplios sectores del continente que ven como las reformas de estabilización de los años 90 no han producido ningún beneficio para ellos sino más marginación, más riqueza para las élites, la caída en las inversiones extranjeras y, en algunos casos, la caída institucional del Estado y de la economía, como ha ocurrido en Ecuador en el 2000 y en Argentina a finales del 2001.

Esta demanda social puede ser la base que legitime un proceso de reformas en Brasil que combine la economía de mercado, una mejor integración diversificada en el mercado global, la reforma del Estado con fuertes medidas anticorrupción, y proyectos contra la pobreza y a favor del empleo, la salud y la educación. Parte de este programa ha sido exitoso para Chile; parte para Brasil. Y puede ser posible en Ecuador si en este país y desde Estados Unidos se entiende que la necesidad de hacer reformas implica reformular el pacto con América Latina en sentido más igualitario, por ejemplo, abriéndole el mercado a sus productos.

Las élites en cada país deberían comprender que es en su propio beneficio y estabilidad alcanzar un nuevo pacto social interno y formas diferentes de relación externa. Y Washington no debería empeñarse en englobar toda crítica social en su guerra contra el terrorismo.