La Visión Bush y la Cultura del Poder

18 July 2005
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Saul Landau

La Visión Bush y la Cultura del Poder
Saul Landau
Progreso Weekly, 19 December 2002

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"¿Por qué nos odian?", preguntó George Bush.  Yo esperé por su respuesta, al igual que hicieron millones de otras personas después de los hechos del 9 de septiembre.  Perdimos nuestra virginidad colectiva cuando tuvimos que reconocer que algunos serios personajes no querían lo mejor para nosotros.  Mientras Bush hablaba conjuré la imagen de "ellos" con la ayuda de los caricaturistas que me habían suministrado los estereotipados fieros árabes que llevaban espadas curvas, kefiyahs en la cabeza y gritando maldiciones antiestadounidenses.

W continuó diciendo que ellos odian a los estadounidenses "porque somos libres", refiriéndose, supongo, a las grandes instituciones que nuestros Padres Fundadores nos dejaron.  El implicó que los asesinos fanáticos de Al Qaeda querían un sistema no libre. Así que para darles un par de lecciones nos aconsejó que fuéramos en avión a algún lugar de vacaciones, como Disneyland, y compráramos; en otras palabras, que practicando el modo de vida estadounidense nos sentiríamos mejor y ayudaríamos de paso a la economía. Imagínense, ir a Disneyland como un verdadero acto de patriotismo.

Y mientras él nos garantizaba nuestra seguridad, el Fiscal General John Ashcroft y el Jefe de Seguridad Interna Tom Ridge nos advertían periódicamente acerca de la inminente amenaza de otro asalto terrorista.  Bueno, uno aprende a vivir con contradicciones, pero me pregunté, ¿adónde pretende llevarnos George W. Bush?

El jefe de un gran imperio necesita una visión global, algún sentido de que sabe que sus políticas coinciden con el futuro, un mapa de carreteras que nos lleva más allá de que "ellos nos odian" y "nosotros amamos la libertad".  Sin embargo, los discursos, los comentarios en las infrecuentes conferencias de prensa y los sarcasmos informales ocasionales del Presidente Bush no ofrecen mucha claridad acerca de cómo el ve la coincidencia entre sus políticas y, digamos, el futuro del medio ambiente o el destino de más de la mitad de la desesperada población mundial, factores que uno debe considerar cuando piensa en cualquier futuro razonable.

En el aparentemente interminable período de tiempo que ha transcurrido desde que el Tribunal Supremo lo eligió, he observado alguna evolución en el comportamiento de W. A partir una visión algo tosca y simplista del mundo como Gobernador de Texas, ha construido sobre sus viejos prejuicios y ha agregado algunos nuevos trucos.  Por ejemplo, en su nueva mutación como gerente imperial, los delincuentes han venido a desempeñar un papel crucial, en este weltanschaung de Texas-Yale.

Como Gobernador de Texas George W. Bush nunca creyó en la rehabilitación de criminales.  Es más, los que estaban en el corredor de la muerte no se beneficiaron de su conservadurismo compasivo.  Es más, como gobernador, durante cinco años presidió sobre 152 muertes, más ejecuciones -culpables o no- que las de cualquier otro líder estatal.  Bush sintió ese sentido de certeza -todos hemos visto su cara en TV cuando aprieta las mandíbulas en esa pose de convicción religiosa- que él parece tener en todo tema de política.  En febrero de 2001 proclamó su confianza de que "toda persona que ha sido ejecutada en Texas bajo mi mandato ha sido culpable del crimen del que se le acusó, y ha tenido acceso total a los tribunales".

Sin embargo, como señaló Anthony Lewis en The New York Times del 17 de junio del 2000, "en un tercio de esos casos", mostraba el reportaje, "el abogado que representó al condenado a la pena de muerte había sido expulsado del foro, o lo fue posteriormente, o sancionado de alguna otra forma.  En 40 de los casos los abogados no presentaron ninguna evidencia o un solo testigo en la fase de sentencia del juicio".  En casi otros 30 casos los fiscales utilizaron testimonio psiquiátrico basado en "expertos" que ni siquiera entrevistaron a las personas cuyas vidas estaban en juego en el juicio.

Bush desestimó estudios serios que planteaban dudas acerca de la pena de muerte, e incluso echó a un lado las reservas de tales firmes defensores de la pena capital como el talibanesco Pat Robertson.

"Hemos respondido adecuadamente ante la inocencia o culpabilidad", declaró altivamente a un reportero de Associated Press.  Aseguró a los reporteros que todos los acusados "habían tenido acceso total a un juicio justo".

Como presidente, Bush aparentemente ha reconsiderado su posición ante los criminales; bueno, ciertos tipos de criminales.  Su nuevo programa de rehabilitación incluye el nombramiento en altos cargos a ex delincuentes que tienen conexiones con el asesinato masivo, no con el simple homicidio.  Estos violadores de la ley también se caracterizan por su total desprecio -no sólo a las vidas de centroamericanos, sino también al Congreso y a la Constitución de EE.UU.

Véanse como ejemplos a Elliot Abrams, John Pointdexter, John Negroponte y Otto Reich, funcionarios que él nombró recientemente para importantes cargos políticos. Excluyo al recién nombrado Henry Kissinger para la Comisión Warren del 11 de septiembre porque K ha mostrado desprecio por la vida humana en varios continentes y pertenece a las Grandes Ligas de criminales de guerra.

Para los que son muy jóvenes o para los de poca memoria, sepan que los cuatro personajes mencionados anteriormente conspiraron para evadir la decisión congresional de suspender el financiamiento de los contras, el grupo que el Presidente Ronald Reagan escogió a principios de los 1980 para derrocar al gobierno de Nicaragua.  Estos cuatro y sus compinches idearon un plan para vender armas a Irán (también prohibido) de manera que pudiera desviar el dinero obtenido hacia sus amados contras y luego ocultarlo.

En su testimonio ante el congreso, el incoherente Abrams hizo historia como testigo al declarar: "Nunca dije que no tenía idea acerca de la mayor parte de las cosas que ustedes han dicho que yo no tenía idea".  Abrams, quien ahora tiene 54 años, explicó también en su autobiografía que había tenido que informar a sus hijos acerca del titular que anunció su procesamiento, así que les dijo que había tenido que mentir al congreso en aras del interés nacional.

El entonces Subsecretario Asistente de Estado para Centroamérica se declaró culpable de ocultar información al Congreso y fue sentenciado a dos años de libertad condicional y a 100 horas de trabajo comunitario.  El nuevo hombre de la Casa Blanca para el Medio Oriente, una vez que aprendió que uno puede tener un comportamiento delictivo si mantiene estrechas relaciones con la familia Bush, intentará rediseñar el mapa del Medio Oriente.  El Secretario de Estado Colin Powell redactó un plan para crear una solución pacífica y finalmente un estado palestino.  Se deduce que la visión significa una aprobación incondicional a la represión y expansión israelíes.  También coincide con las declaraciones públicas de Abrams de que Israel y Estados Unidos se beneficiarían de conexiones más estrechas entre la política estadounidense y la extrema derecha fundamentalista cristiana que quiere que Israel prevalezca y ocupe toda Palestina.

El almirante retirado y asesor de Seguridad Nacional de Reagan, John Pointdexter, fue condenado por cinco delitos que incluían conspiración, obstrucción del Congreso, y falsas declaraciones.  El juez lo sentenció a seis meses de prisión, pero un tribunal de apelaciones desestimó la condena porque el Congreso le había concedido inmunidad.  El hecho de que se haya salvado de la prisión por un error de procedimiento no cambia las cosas.  La visión de Pointdexter se inclina al secreto y a evitar las leyes para proteger "la privacidad de individuos que no están afiliados al terrorismo", según sus más recientes declaraciones.

Otto Reich dirigió la política latinoamericana hasta este mes y ahora tiene un nombramiento especial de la Casa Blanca para América Latina.  Negroponte, actualmente embajador ante Naciones Unidas, también participó en el juego Irán-contras, pero no fue procesado.  Reich fue ministro de mentiras al público desde su Oficina de Diplomacia Pública, y Negroponte, como embajador de EE.UU. en Honduras, tuvo que encubrir el espantoso comportamiento de nuestros aliados.  Los liberales lo llamaron abuso de los derechos humanos, pero Negroponte comprendió que no se puede hacer una tortilla sin cascar huevos, o algún otro maoísmo por el estilo.

Al nombrar a estos personajes, la visión global de W se hace más clara.  Los que participaron en los planes centroamericanos que causaron la muerte de decenas de miles tendrán una segunda oportunidad de demostrar al público lo que realmente representan. Ciertamente siguen siendo modelos de conducta para los Estados Unidos post republicanos.  El congreso tiene poco que hacer en tal gobierno imperial.  Los medios, cuyos compendios son las cadenas Fox y de Rupert Murdoch, realizan el agresivo juego de la guerra y desvían la atención del público.  El Plan de Seguridad Nacional divulgado por la Casa Blanca desgarra aún más el tejido republicano al situar la Declaración de Derechos en un status de segunda clase al buscar una "dominación de espectro total" -que por cierto, no se relaciona con la "nación" o con la "seguridad".

De manera similar han desaparecido antiguas nociones de rendición de cuentas y transparencia cuando la Administración ha considerado necesario encubrir las expediciones imperiales con desgarraduras republicanas y mantener alguna semblanza de Declaración de Derechos.

La visión de la Casa Blanca de Bush promueve desvergonzadamente la forma estadounidense de vida, compartida por las mayorías de Europa Occidental, Japón, Australia y Nueva Zelanda.  Los medios de Bush de que el ocio, el placer, la relajación -basados en la libertad del individuo a comprar mercancías - presumiblemente satisfará todas y cualesquier estímulos humanos razonables.  Implícito en este paradigma está la recompensa de Dios para los ricos en Estados Unidos, los cuales no debieran pagar impuestos.  Dios hace una promesa para el resto del mundo; también se puede tener éxito si se adopta el sistema estadounidense de valores.

Esos "débiles" disidentes que exigen cambios en la política del Medio Oriente que reflejan las realidades regionales y nociones de equidad y justicia, se sienten vulnerables ante los ataques a su patriotismo.  Los que exigen atención a las necesidades inmediatas del entorno donde los fenómenos de derretimiento del hielo tienen a los científicos verdaderamente preocupados, simplemente no comprenden la cultura del poder.

En la mente de Bush el poder proviene de la suposición de que Dios ha situado a la Naturaleza en el camino del hombre para su uso inmediato e interminable.  Los arboles son para ser cortados y hacer con ellos embalajes y palillos de dientes - y muebles, por supuesto; los animales son para matarlos por su carne, su cuero y para el deporte; los peces para capturarlos; la tierra para urbanizarla, perforarla, y así sucesivamente.  Los que se refieren a la brecha de los ingresos "incitan a la guerra de clases".  No importa cuán loco pueda parecer, esta visión simboliza la naturaleza de las personas que actualmente manipulan el poder y la riqueza.

Su lógica de poder reina como imperativo cultural.  Esta visión del mundo evade las consecuencias.  Sonríe burlonamente ante las referencias de la creciente pobreza global o el deterioro ecológico.  De manera similar, los nombrados por Bush no parecen interesarse por las aparentes contradicciones en el apoyo de EE.UU. a los regímenes represivos en algunas áreas, y la condena de regímenes similares que muestran tendencias desobedientes en otras regiones.

Bush se siente atraído por los hombres que ejercen el poder, como Sharon, que es "un hombre de paz"; y el rey saudí, quien comparte el amor por la Naturaleza con el Presidente porque ambos disfrutaron pasear en camioneta en el rancho de Bush.  Ambos hombres, por supuesto, también desempeñan papeles significativos en la lógica del imperio estadounidense que se expande.  La visión de Sharon de un Gran Israel coincide con los seguidores teológicos de Bush, como los Reverendos Jerry Falwell y Pat Robertson, cuyo galimatías bíblico exige que Israel conquiste el Medio Oriente.  Los aceitosos saudís simplemente aportan el combustible para la maquinaria imperial.

La lógica del puro poder imperial también incluye un mundo de grotescos contrastes. Como señala Wade Davies en el Globe & Mail, del 6 de julio del 2002, "Los estadounidenses gastan en el mantenimiento del césped tanto como el gobierno de la India recauda en impuestos federales sobre los ingresos".

La visión de Bush de un mundo bajo el dominio de EE.UU. requiere de un presupuesto de defensa de $400 mil millones de dólares, más que toda la economía de Australia.  Pero más de la sexta parte de la población del mundo subsiste con menos de $1 al día.

Cuando Bush preguntó: "¿Por qué nos odian?" comprendo que él no puede imaginar cómo es que jugar al golf de video o estrechar la mano de una rata de seis pies en Disneyland puede ofender a otras personas.  Bush creció con valores comerciales y tiene una sola noción del desarrollo.  Parece ser incapaz de comprender que este modelo ha fracasado en el Medio Oriente y en todo el Tercer Mundo.

Los que han seguido sus órdenes no han alcanzado la prosperidad y la felicidad.

El modelo, basado en el alto consumo de energía y otros recursos que dañan el medio ambiente no coincide con las realidades de la Naturaleza.  La visión de poder y los hechos de la tierra se contradicen.

La visión de poder supone que la ciencia y la tecnología, causa de algunos de los serios problemas, pueden solucionar cualquier situación que surja.  Vean cuántos niños sobreviven que antes hubieran perecido.  El mundo entero disfruta del aumento de la esperanza de vida, pero si uno observa con mayor detenimiento el tipo de vida que llevan los pueblos del Tercer Mundo, uno ve algo que evidentemente se les escapa a las visiones de George W.  Un asiático que trabaja cosiendo jeans para The Gap gana unos $88 dólares al mes.  Es decir, literalmente cae en la brecha ("gap"), como nos dice inconscientemente su publicidad.

La brecha no tiene nada que ver con las tendencias de la moda.  Por el contrario, como describe Davies, significa que una familia de seis comparte una cama "en una habitación de un barrio marginal de callejones lleno de desperdicio humano y basura".

Sin embargo, la mayor parte del mundo no comparte el mundo de Bush.  Ni él tampoco pretende que ellos participen de él.  En el mundo musulmán de más de mil millones de personas, la mayoría muy pobres, Osama bin Laden apela a su tipo de paraíso, un supuesto orden ideal en el cual reina la armonía porque la gente se comporta de una apropiada manera servil hacia Dios y sus amos terrenales.  El llamado del mundo moderno es a olvidar el pasado, la cultura, los valores, el idioma y adoptar la cultura de las mercancías, la única que W puede imaginar, la cultura a partir de la cual ha emergido su visión de poder.  Ese poder descansa en la inmensa riqueza y la potencia militar.

Sin embargo, lo que han aprendido los inocentes estadounidenses con el 11 de septiembre es que ni la riqueza ni el poder militar se traduce en seguridad.  Podemos seguir exportando Baywatch a las remotas aldeas de todo el Medio Oriente, pero eso no impedirá que se derrita el hielo, no detendrá el calentamiento del planeta ni el aumento del nivel de los océanos.

De igual forma, el sentimiento antiestadounidense crecerá.  El Los Angeles Times del 5 de diciembre de 2002 describe un reciente estudio de opinión publicado en 44 países y realizado por el Centro Pew de Investigaciones del Pueblo y la Prensa.  Bajo el título de "Lo que el mundo piensa del 2002", el informe descubrió que "el sentimiento antiestadounidense en los países musulmanes es profundo".  Los problemas que conciernen a la mayoría del mundo, según el informe, incluían la brecha entre los ricos y los pobres, el hambre, el medio ambiente y el SIDA.  Irónicamente, la mayoría de países como Egipto y Turquía "simpatiza con la tecnología y la cultura estadounidenses (pero) está disgustada con la penetración de las ideas estadounidenses".

Las ideas se refieren a la exportación de Baywatch y otros programas, pero apuntan al ejercicio del poder imperial en el Medio Oriente.

Bajo George W. Bush, trabajar con otros significa inclinarse y rendir pleitesía a la extrema derecha, someterse al lobby de las armas de fuegos y en contra del aborto, y carta blanca para algunos terroristas cubanos anticastristas que ayudan a elegirlo. Irónicamente, sólo los métodos criminales pueden hacer realidad la visión global de W. Su cultura del poder significa un gobierno de hombres, no de leyes, hombres dispuestos a subyugar, dominar e imponer su voluntad a los pueblos y a la naturaleza.  Y si uno no puede pensar en una buena respuesta para un reportero insistente, haga un chiste.

Si están de acuerdo con este análisis entonces llegarán a la conclusión, como lo he hecho yo, de que nos enfrentamos a una peligrosa situación y entonces estarán motivados a despegar las nalgas del asiento y hacer algo.

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