Agua y desarrollo sostenible

11 November 2008
Article
Necesitamos recobrar nuestro sentido de respeto y admiración en presencia del claro, fresco, vivificante milagro del agua, y negarnos a permitir que se la degrade, contamine y reduzca al vulgar ámbito del mercado.

Escribí este ensayo por invitación de los organizadores de la Expo Zaragoza 2008, centrada en la cuestión del agua. El título, que no es especialmente apasionante, me lo asignaron ellos, pero el texto trata sobre muchas más cosas que el “desarrollo sostenible” (signifique eso lo que signifique) y espero que demuestre por qué el del agua será sin duda uno de los grandes campos de batalla del siglo XXI. El ensayo se ha publicado ahora en inglés, francés y español en un volumen recopilado por la Expo con el título Palabras del agua y con una preciosa edición. Me complace publicarlo aquí ahora que la Expo ha cerrado sus puertas (pero conserva, según me dicen, algunos de sus pabellones, muchos de los cuales eran extremadamente imaginativos).


I. El Agua: un producto capitalista perfecto (1)

Vivimos en una sociedad capitalista y el agua es el producto ideal para el capitalismo. El término “producto” es utilizado intencionalmente puesto que uno de los objetivos del capitalismo es transformar todo, incluso la naturaleza, en una mercancía que pueda ser convertida en dinero en el mercado. No se necesita ser marxista para percibir por todas partes evidencias de esta tendencia. El agua, en el caso de que el mercado pudiese controlarla completamente, sería el producto ideal según lo ilustra perfectamente la teoría económica clásica, de Adam Smith en adelante.

-El agua es rara y escasa. Aunque el 70% de la superficie terrestre está cubierta de agua, casi toda ella es salada. Sólo el 1% es agua potable accesible; otro 2% es también potable, pero está contenida en los casquetes polares y los glaciares y por tal razón no está disponible. El agua es un recurso cada vez más escaso y la escasez es la condición que permite ponerle un precio a algo; los recursos abundantes tienen un precio bajo o ninguno en absoluto. El precio es un modo de racionar los recursos escasos, cuanto más escaso sea ese bien más elevado será su precio; según los teóricos de la economía clásica, esa es la función vital del mercado.

-El agua es indispensable. Ningún ser vivo puede pasar sin ella, pues todo lo viviente está en gran medida constituido de agua. La mayoría de las plantas son un 90% de agua y vosotros mismos, dependiendo de cuánta grasa contenga vuestro cuerpo, sois entre un 45% y un 75% de agua. Las mujeres tenemos una cantidad extra de grasa subcutánea, por lo que la proporción de agua en nuestros cuerpos es menor que la de los hombres. Ninguno de nosotros, hombre o mujer, puede pensar, ver, hablar, sentir, etc. sin agua, puesto que nuestros cerebros, pieles, corazones y demás órganos vitales son como mínimo tres cuartas partes de agua. Debido a que sus cuerpecillos son un 80% de agua, los bebés son especialmente vulnerables a la pérdida de agua y en los países pobres aún hoy mueren miles por causa de la deshidratación. Una de las más antiguas e intensivas campañas de la UNICEF ha sido la de educar a las madres y proveerlas de paquetes de sales rehidratantes por vía oral, para combatir ese riesgo. Políticos y activistas valerosos, como Gandhi, pueden obtener grandes victorias declarándose en huelga de hambre, pero nunca nadie ha intentado una huelga de sed pues estaría muerto antes de alcanzar los fines políticos perseguidos.

-Las existencias de agua potable no pueden incrementarse. Ningún ingenio humano puede aumentar las reservas; lo que tenemos es todo lo que tenemos; peor aún, estamos reduciendo nuestras reservas de diversas maneras. Podemos desarrollar técnicas de evaporación para captar más agua de la atmósfera, pero no podemos incrementar el contenido total de humedad de la atmósfera ni aumentar el ciclo de evaporación/precipitación del agua potable; por cierto, la expansión de los desiertos y de las mega-ciudades está afectando a este ciclo vital. El planeta puede haber acumulado una gran cantidad de agua subterránea, pero allí también las reservas son finitas y constantemente estamos explotando los acuíferos, muchos de los cuales no volverán a ser llenados por la naturaleza hasta pasados cientos o miles de años, si es que lo hace. En un contexto semejante, el aumento de la demanda provocado por la agricultura de regadío, el desarrollo industrial, los estilos de vida más consumistas o el simple incremento de la población provocarán automáticamente una mayor escasez y, por lo tanto, precios más elevados; no sólo del agua, sino de todos los alimentos, energía y productos industriales que de ella dependen.

-El agua no tiene sustitutos. Este rasgo nos demuestra lo única que es el agua en relación a otros bienes. La teoría económica clásica enseña que cuando el producto preferido X no está disponible, los consumidores se contentarán con el producto Y. Tal afirmación puede ser cierta en el caso de alimentos, energía y otros bienes vitales, pero no para el agua. Aunque podamos bromear diciendo que los franceses y tal vez los españoles querrían pensar que podemos reemplazar al agua por vino, esto no deja de ser una inocentada. El agua es algo único.

Imaginemos a un economista formado en la escuela del liberalismo capitalista clásico y a un empresario capitalista que no tienen un conocimiento previo del bien o el servicio en cuestión. Echarán una mirada a esos diversos atributos: rareza y escasez inherentes, indispensabilidad, imposibilidad de generación adicional de ese recurso, inexistencia de sustitutos, y llegarán a la conclusión de que ese "producto", sea el que sea, es un sueño hecho realidad.

Tan pronto como realicen un estudio de mercado, más entusiastas se tornarán. Confirmarán que también desde el punto de vista comercial no hay otro producto con esas características:

  • El mercado para ese bien es permanente, como bien lo deja claro su carácter de indispensable.
  • La demanda de dicho bien aumentará regularmente, si no lo hace exponencialmente, debido al desarrollo agrícola e industrial y al aumento de la población, independientemente de las reservas disponibles.
  • Lógicamente, eso provocará el incremento de su precio. La cantidad de "consumidores" es necesariamente idéntica al número de habitantes del planeta, no sólo para la supervivencia física de cada persona, sino para todo tipo de necesidades subordinadas como cocinar, higiene personal, mantener la ropa en condición de ser usada y la vivienda salubremente habitable.
  • Virtualmente, a los consumidores se les puede cobrar cualquier precio por este producto, puesto que sus vidas dependen de él. En un contexto de creciente e inevitable escasez, los consumidores se verán obligados a destinar una parte sustancial de sus ingresos para asegurarse la provisión necesaria de agua.

Estas reglas tendrán vigencia durante tanto tiempo como dicho producto permanezca en manos privadas. La única alternativa que tendrán los "consumidores" será la revuelta y la apropiación violenta del recurso; sobre este tema volveremos más adelante.

He optado concientemente por presentar la cuestión del agua de este modo, tal vez poco habitual, con la intención de fundamentar el razonamiento que quiero desarrollar en esta contribución: Si la humanidad pretende lograr un desarrollo sostenible y proporcionar una vida decente y digna a cada habitante del planeta, entonces el agua debe ser considerado un bien público universal bajo control público, entendido como algo que incluya no sólo la supervisión gubernamental sino la participación democrática de la ciudadanía.

No podemos contar con la predisposición de los empresarios capitalistas a no sacar ventaja de las increíbles capacidades del agua como un "producto". Si logran ganar el control sobre ese recurso, si pueden establecer los términos de su disponibilidad y uso, aprovecharán al máximo esa ventaja para garantizar su beneficio privado. Es algo inevitable y nadie debe esperar a que eso cambie: es "la naturaleza de la bestia".

Tampoco podemos confiar sólo en los gobiernos; algunos ni siquiera han sido elegidos y aun los elegidos pueden estar sujetos a corrupción, favoritismo, enfrentamiento con intereses comerciales o factores similares. La Unión Europea negocia todos sus acuerdos comerciales sin perder de vista los intereses de las multinacionales del agua (y el resto de multinacionales), ignorando a las poblaciones locales. La presencia ciudadana en los asuntos relacionados con el abastecimiento y la distribución del agua es algo indispensable.

Nótese por favor que mi defensa del agua como bien público universal no significa que el agua deba ser también gratuita. Al contrario, defiendo que algo debe costar, al menos por sobre una determinada cuota diaria básica para los consumidores individuales, pero su precio, o sus precios diferenciados, deben ser determinados políticamente, no exclusivamente por las fuerzas económicas de la oferta y la demanda. Más aún, defiendo que precisamente porque el agua puede ser vista como el sueño de todo capitalista, su obtención, gestión y distribución han de estar bajo un control democrático que incluya sólidos mecanismos de precios, de observancia forzosa.

Un recurso escaso, valioso e indispensable debe ser conservado y prudentemente gestionado y distribuido; es decir, debe haber mecanismos democráticos que permitan decidir sobre qué colectivos deben pagar cuánto por el uso del agua. Cuando se trata de un recurso de tales características, debemos plantear cuestiones políticas respecto a su utilización. ¿Puede una persona llenar su piscina pagando lo mismo por metro cúbico de agua que aquella otra que la utiliza para ducharse? ¿Pueden los agricultores que utilizan métodos de riego especialmente despilfarradores continuar pagando precios notablemente bajos, independientemente de cuánta agua gastan? ¿Debe el coste del agua utilizada para enfriar las centrales térmicas incluirse en el precio de la energía proveniente de esa fuente, pongamos el caso de una central nuclear, comparada con la energía proveniente de otra fuente, por ejemplo turbinas eólicas; o deben los consumidores pagar el mismo precio por la energía de cualquier origen? Este es el tipo de interrogantes que cualquier sistema democrático de gestión del agua tendrá que acostumbrarse a responder en el futuro. Los incentivos económicos y los precios forman parte de la caja de herramientas para la gestión y distribución del agua y deben ser utilizados como en cualquier otro ámbito; preferentemente para promover el bien común y la cohesión social.

II. La asignación del agua: desigual e "injusta", sea natural, económica o socialmente

-La desigualdad por naturaleza o por distribución es la primera característica del acceso desigual al agua. Aunque pueda parecer irracional hablar de la naturaleza como "injusta", la distribución natural del agua es verdadera y chocantemente dispar en nuestro planeta. Algunos países han sido generosamente dotados de este bien, otros carecen de él casi por completo. Nueve grandes países poseen el 60% del agua potable disponible en todo el planeta. Son Brasil, Rusia, China, Canadá, Indonesia, Estados Unidos, India, Colombia y la República Democrática del Congo. Contrariamente a lo que ocurre con el calentamiento global (independientemente de dónde vivas contribuyes a las emisiones de anhídrido carbónico y debes tratar de reducirlas) no puedes aliviar la escasez de agua en Argelia, Australia o Atlanta cerrando los grifos en Berlín, Barcelona o Bélgica.

Si consultáis los índices oficiales, elaborados mediante un esfuerzo estadístico conjunto de varias agencias de Naciones Unidas y el Banco Mundial, comprobaréis que los metros cúbicos disponibles por persona y año en diferentes países son enormemente contrastantes. En los extremos de esa disponibilidad per cápita, cada ciudadano de Islandia está teóricamente bendecido con unos increíbles 566.667 metros cúbicos de agua potable por año, mientras que el habitante medio de Kuwait tiene acceso a sólo siete metros cúbicos. En otras palabras, el teórico islandés tiene acceso a 81.000 veces más agua que el kuwaití.

Esos son los extremos. Como en toda distribución estadística, la mayoría de países no está en los bordes sino que se concentra en el medio del continuum que se extiende entre ellos. Los índices mencionados nos servirán como indicadores de dónde esperar tensiones, precios altos y conflictos. Por ejemplo, los países desarrollados de altos ingresos disfrutan de un promedio de 9.245 metros cúbicos por persona y año; los países de bajos ingresos tienen un promedio de sólo 5.102 metros cúbicos (aunque esta cantidad, si es adecuadamente distribuida, basta para vivir confortablemente).

Un buen cálculo aproximado sería el siguiente. Por debajo de 1.700 m3/persona/día, un país o región sufrirá "stress" ocasional de agua. Una disponibilidad inferior a 1.000 m3/persona/día podría definirse como "escasez" de agua y probablemente tendrá un impacto considerable sobre la salud humana y el desarrollo económico. Diversas fuentes de confianza prevén que para el año 2030 dos tercios de la humanidad vivirán en países con problemas de agua. Un factor constante del conflicto palestino-israelí es el acceso al agua. Los dos bandos se disputan las reservas de agua porque ambos han sido mal dotados por la naturaleza; los israelíes tienen acceso a un promedio de 240 m3 por persona y año, mientras que los palestinos están peor aun, con sólo 203 m3. Las cuencas fluviales compartidas entre varias naciones son con frecuencia zonas de conflicto, como veremos detalladamente más adelante. En el aspecto positivo, América Latina está excepcionalmente bien provista de agua: Argentina está a la cola con "sólo" 20.500 m3 por persona, mientras que Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay están todos por encima de los 40.000 m3.

La mayoría cree que regiones como el Sahel y Oriente Medio padecen escasez de agua, pero no es así de manera uniforme. Por ejemplo, mientras que Jordania, Libia, Qatar y los Emiratos Árabes están sedientos, Irak (2.489 m3) tiene casi la misma cantidad de agua por persona que España (2.558 m3), e Irán (1.930 m3) tiene mayor disponibilidad de agua per cápita que Alemania (1.861 m3). África del Norte está en peores condiciones que los países del Sahel subsahariano. Marruecos dispone sólo de 894 m3 y Túnez y Argelia tienen ambos menos de 450 m3/persona/año. En el Sahel, aun Níger, que recientemente padeció una hambruna severa, dispone de 2.257 m3. Cuando la gente padece la falta de agua en los países del Sahel, no es tanto debido a una escasez absoluta, sino a mecanismos de distribución caracterizados por una organización deficitaria, arbitraria y corrupta. La escasez y/o la falta de acceso al agua pueden ser identificados como uno de los muchos "factores impulsores" que contribuyen a la presión inmigratoria en Europa. La gente abandona el norte de África o el Sahel e intenta llegar a Europa debido, en parte, a los problemas del agua y a sus impactos asociados.

Pero aun la abundancia de agua, adecuadamente gestionada, puede estar en el lugar equivocado y las sequías pueden azotar zonas específicas. Esto también puede tener consecuencias políticas inmediatas. Teóricamente, Australia dispone de casi 24.000 m3 de agua per cápita, pero sus muy pobladas regiones del Este y del Sur han padecido de una década de sequía, la peor de su historia. La producción agrícola cayó en picado y muchos agricultores han abandonado sus tierras. Las elecciones de 2007 castigaron al gobierno conservador por su renuencia a abordar el cambio climático. Estados Unidos (que dispone de 6.800 m3 per cápita, aunque muy irregularmente distribuidos) está intentando forzar a Canadá (88.000 m3/persona/año) a exportar sus prístinas aguas subterráneas utilizando el Tratado de Libre Comercio EE.UU.-Canadá y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) como armas de ataque. Muchos canadienses se están resistiendo y eso es un motivo de permanente conflicto en lo concerniente a la soberanía sobre los recursos.

-La desigualdad de distribución entre sectores de diferente actividad económica es la segunda desigualdad del agua. No obstante las muchas piscinas que vemos cuando volamos sobre el Sur de California o las Baleares, comparativamente es poca el agua que se destina al consumo doméstico privado. El consumo doméstico oscila entre el 8% y el 11% del consumo total mundial. La correlación entre industria y agricultura está determinada por los niveles de riqueza y por la política, aunque definitivamente la agricultura se lleva la parte del león en el ámbito internacional. Las estimaciones más veraces a escala planetaria determinan que el 70% se destina a la agricultura, el 22% a la industria y sólo el 8% al uso doméstico, pero son cifras promedio. Existen enormes diferencias dependiendo del nivel de desarrollo y también de la importancia que se le concede a la agricultura en algunos países desarrollados, como Estados Unidos. El siguiente gráfico, hecho en base a estudios de Naciones Unidas, muestra las diferencias principales.

Usos del agua

Mundo

Ingresos bajos

Ingresos altos/medios

Domestico

8%

11%

8%

Industria

22%

59%

10%

Agricultura

70%

30%

82%

 

Estados Unidos es la gran excepción entre los países de altos ingresos; destina el 80% del consumo nacional a la agricultura. En algunos estados occidentales, más del 90% del agua se destina a la agricultura. La agricultura de regadío sólo representa el 16% de la tierra cultivada en EE.UU., pero según el Departamento de Agricultura, esas superficies irrigadas producen la mitad del total cosechado. Muchos ecologistas estadounidenses denuncian que ese modelo de agricultura de regadío es insostenible y que debería interrumpirse de inmediato, especialmente en estados semiáridos como Arizona, donde los agricultores están agotando los acuíferos; lamentablemente, frente a los poderosos lobbies agrícolas, los ecologistas tienen poca influencia.

España lo ha hecho mucho mejor en el aspecto medioambiental, en parte debido a que Ecologistas en Acción, con cientos de asociaciones federadas, llevó adelante exitosas protestas y movilizó a gran cantidad de ciudadanos contra el Plan Hidrológico Nacional propuesto en 2001 por el gobierno de Aznar. Ese plan habría desviado aguas indispensables para el sistema del río Ebro, a un coste enorme, hacia las zonas meridionales y mediterráneas de España. Otros españoles, especialmente en Aragón, rechazaban la utilización de las aguas de "nuestro Ebro" para regar campos de golf y llenar piscinas para los turistas en la costa mediterránea.

En abril de 2004, el recientemente elegido presidente Zapatero suspendió el Plan Hidrológico de Aznar y desde entonces el gobierno ha comenzado a potenciar una red de irrigación nacional (OJO ¿TIENE UNA DEFINICIÓN ESPECÍFICA?) a la que se han adherido unos 200.000 agricultores hasta fines de 2007. El gobierno espera haber integrado a medio millón de agricultores para el año 2010; la gran mayoría de los que practican la agricultura de regadío. Este nuevo plan se basa en métodos mucho más eficientes (irrigación por goteo que reduce la evaporación, en lugar de anegar o regar mediante aspersión), una mejor gestión y el uso eficiente de las aguas residuales. La ministra española de Medio Ambiente, Cristina Narbona, ha alertado que España pierde el 60% de sus aguas antes de que lleguen al grifo y que sólo se recicla el 1,5%, por lo que el país tiene aún un largo camino por recorrer. Además, se cobra muy poco por un agua de regadío cuyo precio no tiene en cuenta futuros factores de escasez. Está claro que España no puede continuar utilizando cada año cerca de 5.000 millones de metros cúbicos de agua sólo para regadío.

La industria va por detrás de la agricultura en lo concerniente al uso de agua. Aunque en su totalidad la industria consume mucho menos agua que la agricultura (22% contra 70% en todo el mundo) el porcentaje es bastante más alto en la mayoría de países industrializados. Ciertas industrias son especialmente sedientas. La refrigeración de las centrales eléctricas, especialmente las nucleares, exige grandes cantidades de agua (sólo le supera la irrigación) y puede ocasionar daños a los ecosistemas marinos y fluviales pues el agua expulsada después de las operaciones de refrigeración es mucho más caliente que la temperatura ambiental.

La industria de microchips consume toneladas de agua purísima. Acostumbraban a decirnos que el progreso tecnológico reduciría la cantidad de recursos necesarios para producir bienes mediante un proceso denominado “desmaterialización” pero investigaciones hechas en la Universidad de Naciones Unidas demuestran que cada pequeño chip de ordenador requiere 32 kilos de agua, además de 1,5 kilos de combustibles fósiles. Un solo productor de obleas de silicona del estado de Washington, donde está ubicada la oficina central de Microsoft, consume 7,6 m3 de agua por minuto, extraída de un prístino acuífero a 300 metros de profundidad.

He aquí otros ejemplos asombrosos relacionados con el uso del agua: Dos litros y medio de agua para producir un litro de petróleo; 2.700 litros por cada camiseta de algodón, 4.000 litros para un kilo de bistec y 1.000 para obtener los cereales necesarios para producir un solo litro de los supuestos “biocombustibles”. Este último dato es de por sí un buen argumento contra los biocombustibles como alternativa a la gasolina. La gente acomodada “consume” indirectamente cerca de 3.000 litros de agua por día.

Algunas industrias están haciendo todo lo posible para reducir su consumo de agua mediante tecnologías de producción más eficientes, un uso inteligente del agua y la mejora de toda la cadena de abastecimiento. La empresa SABMiller es una de las mayores elaboradoras de cerveza de todo el mundo, con una producción anual de 216 millones de hectolitros, comercializados bajo 200 marcas diferentes en 60 países, además de embotellar diversos productos de Coca-Cola. Poco a poco han ido reduciendo su consumo de agua y actualmente están muy por debajo de la media mundial de cinco hectolitros de agua por cada hectolitro de cerveza. Tendríamos que estimular a las empresas que concientemente intentan reducir su huella ecológica, específicamente su huella de agua. ¿Por qué no establecer un sistema obligatorio de clasificación de la huella de agua de cada empresa, que figure en la etiqueta de sus productos y nos permita comprar la cerveza o el refresco (además de otros muchos productos) de aquellos proveedores concientes que menos agua consumen?

-La desigualdad social de la distribución es la tercera y más cruel desigualdad del agua. La peor desigualdad no es, sin embargo, de carácter natural o relacionada con una cierta actividad sino la familiar y bien documentada disparidad entre ricos y pobres. Como en las demás esferas de la vida, los pobres están mucho peor en términos de acceso al agua que sus compatriotas más ricos. Las cifras de Naciones Unidas demuestran que más de mil millones de personas no tienen acceso al agua potable y, como consecuencia, anualmente mueren millones debido a enfermedades transmitidas por el agua y de fácil prevención. Como sabemos desde el siglo XIX, en cualquier lugar de la tierra, las tasas de mortalidad infantil sólo comienzan a descender, y a aumentar la esperanza de vida, cuando una comunidad puede proporcionar agua potable a sus miembros.

La situación era exactamente igual en los países ahora desarrollados hasta que se comenzó a prestar atención a los reformadores de la salud pública y se fueron adoptando medidas sanitarias, reduciéndose así las tasas de mortalidad. Miles de personas murieron de cólera en Inglaterra y Escocia, especialmente durante la gran epidemia que comenzó en 1849, hasta que intervino el doctor John Snow, el "padre de la epidemiología". Snow era un pionero de la salud pública; sobre el mapa localizó a las víctimas del cólera en el entonces pobre barrio londinense de Soho, interrogó a los familiares y halló que todos habían cogido agua de la bomba de agua de Broad Street. Detuvo la epidemia mediante el simple expediente de quitar la palanca de la bomba. También averiguó que ese pozo de agua había sido contaminado por las heces de un bebé que había muerto de cólera. Hasta que Snow no publicara sus innovadores descubrimientos, la creencia predominante entre la gente común y también entre los médicos era que el cólera se transmitía a través de "vapores" nocivos o "miasmas".

Durante más de 150 años hemos sabido que el suministro de agua limpia y la higiene personal son los únicos métodos para combatir el cólera. En la década de 1980, estalló un brote de cólera en un suburbio pobre de Lima, Perú. La región de Lima se caracteriza por la escasez de agua y la comunidad afectada dependía de camiones cisterna para su abastecimiento. Los programas de ajuste estructural y privatización impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional habían encarecido el precio del agua y de su transporte muy por sobre las posibilidades de los pobres, razón por la cual compraban lo menos posible y nunca la "desperdiciaban" para lavarse las manos. Cualquier trabajador sanitario hubiese podido anticipar las consecuencias.

El agua sucia es responsable de muchas otras enfermedades. La campaña a favor del amamantamiento y contra empresas como Nestlé, que comercializan leche en polvo para bebés en los países pobres, lleva más de treinta años en activo. Los miembros de la campaña nunca han dicho que esa leche fuera de mala calidad, sino que es peligrosa porque las madres la mezclan con agua contaminada. No obstante, los fabricantes de leche para bebés continúan distribuyendo muestras gratuitas en clínicas y hospitales y desaconsejando a las madres que amamanten a sus hijos.

El cólera y la mortalidad infantil provocada por la alimentación con biberones no son las únicas amenazas. La Organización Mundial de la Salud enumera más de veinte enfermedades relacionadas con el agua, la mayoría de ellas completamente desconocidas en los países ricos; sólo las enfermedades diarreicas provocan más de dos millones de muertes cada año. La OMS también analiza los problemas derivados del agua desde otras perspectivas. Demuestra, por ejemplo, cómo la distancia que una mujer tiene que recorrer y el tiempo que le lleva recoger agua tendrá un impacto mensurable sobre la salud de su familia. Toda cantidad de agua inferior a los veinte litros por persona y día equivale a un acceso "básico" o al "no" acceso, según el vocabulario de la OMS e implica un impacto "elevado" (negativo) sobre la salud. Más de mil millones de personas integran esta categoría. Se requieren cincuenta litros por persona y día para asegurar lo que la OMS define como el "acceso intermedio", con "bajo" impacto sobre la salud humana. Sólo la mitad de las familias del planeta (el 52% según los datos disponibles más recientes) disponen de una conexión de agua corriente en sus viviendas, garantizándoles un acceso "óptimo" de cien litros por persona y día y un impacto "muy bajo" sobre la salud.

III. Interferencias humanas en los sistemas hídricos: los nuevos peligros y los recientemente reconocidos

Como un ejemplo de la antigua y sólo semi-humorística observación de que las causas de los problemas son las soluciones, la OMS también destaca otras causas de enfermedades prevenibles que están relacionadas con el agua y que son claramente atribuibles al modo en que los recursos hídricos son explotados y gestionados. "En muchos lugares del mundo, los efectos adversos sobre la salud derivados de la contaminación del agua, la construcción de represas, el desarrollo de la irrigación y el control de las inundaciones, originan un importante número de enfermedades prevenibles", afirma la OMS. La mayoría de los gobiernos de los países pobres todavía cree que la contaminación no es importante si eso hace que la industria prospere; consideran que las grandes represas son útiles para la producción de energía y para la gestión de las aguas y que la irrigación, aunque despilfarradora, y las medidas para el control de las inundaciones, son factores de "desarrollo". La contaminación de los ríos chinos es un problema grave (como también lo es el agotamiento de sus acuíferos) y en los distritos más industrializados del país, los ríos son utilizados como vertederos químicos. No es del todo una broma afirmar que si arrojamos una cerilla encendida podemos incendiar el río... En todo caso, sea por la contaminación, por modelos erróneos de desarrollo o por problemas de acceso, son los pobres los que primero y más intensamente sufren.

China presenta problemas específicos y durante las pasadas tres décadas ha "asolado sus recursos", según palabras de Elisabeth Economy en su libro de 2004, The River Runs Back. La escasez de agua es una amenaza creciente. Una cuarta parte del territorio de China es actualmente un desierto, algunos tramos de sus cuencas fluviales se han secado y los gigantescos proyectos para el desvío de los ríos han generado millones de desplazados ambientales, las represas se han multiplicado como setas y en grandes ciudades como Shanghai los sistemas sanitarios y de aguas residuales están al borde del colapso. Aunque China tiene cuatro veces más población que Estados Unidos, su burocracia a cargo de la gestión ambiental es veinte veces más reducida que la de EE.UU., la cual, bajo la administración Bush, difícilmente pueda ser considerada el prototipo de agencia preocupada por el medio ambiente. Hasta ahora, China sólo ha hecho débiles esfuerzos para frenar el calentamiento global o cambiar sus hábitos en beneficio del medio ambiente.

Los problemas de agua en ese país plantean también otras amenazas. Para alertar a sus clientes empresariales que son o intentan convertirse en inversores en China, el Deutsche Bank organiza seminarios para explicarles los problemas relativos al agua a los que probablemente se enfrentarán. Un problema es que China utiliza entre siete y quince veces más de agua para producir la misma unidad de PIB que cualquier economía desarrollada. Los precios del agua en China también son completamente irreales y no reflejan la escasez, por lo que fomentan un derroche mayor y el consecuente agotamiento. El Deutsche Bank advierte a las casas inversoras y a los brokers que ofrecen a sus clientes oportunidades financieras en proyectos chinos, que deben asegurarse de aclarar si el proyecto tiene o no acceso seguro a reservas renovables de agua; de otro modo, posteriormente podrían verse inmersos en pleitos.

Más alarmante aún: más de la mitad de la población de China, unos 700 millones de personas, no tienen acceso al agua potable. (*) Su calidad está por debajo de los niveles establecidos por la OMS y con frecuencia está contaminada por desechos tanto de origen industrial como humano y animal. La escasez de agua limpia para los animales es fuente de enfermedades que pueden transmitirse de los pollos a los cerdos y luego a los humanos, es decir, puede provocar la pandemia de gripe aviar que tanto teme la OMS. Los seminarios del Deutsche Bank antes mencionados se realizaron a comienzos de 2005 y la pandemia aún no se ha declarado, pero como comenta un experto de la OMS, "La cuestión no es SI se declarará, sino CUÁNDO". No es que sea una posibilidad agradable, pero sirve para recordarnos a quienes vivimos en el mundo rico que la escasez de agua y la contaminación, aunque distantes, pueden tener efectos desastrosos en cualquier otro sitio.

En lugar de mantener segura y limpia el agua que nos queda, estamos contaminándola masivamente. En este caso, ese "nosotros" hace especial referencia a las grandes explotaciones agrícolas que derivan el agua de riego, cargada de herbicidas y fertilizantes, a los sistemas fluviales locales. Esto es cierto desde la India de la Revolución Verde hasta la Bretaña francesa, donde gran parte del agua ya no es bebible debido a los agroquímicos y a los desechos de los criaderos industriales de cerdos (aunque en la Bretaña la acción ciudadana, no la gubernamental, ha conseguido aliviar en cierta medida el problema). "Nosotros" también incluye a la industria, especialmente la refrigeración de las centrales térmicas y las industrias químicas y papeleras. El control de la contaminación del agua y el reciclaje de las aguas servidas se han convertido repentinamente en un negocio multimillonario, de ahí que no deba sorprendernos que esas razones adicionales para la escasez de agua hayan atraído a las multinacionales como la luz atrae a las polillas.

Una de las principales razones por la que los seres humanos estemos cambiando el clima para peor y generando un ciclo antinatural de sequías se debe a que también estamos alterando el ciclo del agua. Por primera vez en la historia humana, más de la mitad de la población del planeta vive ahora en ciudades, con frecuencia megalópolis de diez o veinte millones de habitantes que, especialmente en el Sur, actúan como desiertos de cemento. Para favorecer las lluvias, necesitamos mucho menos hormigón y mucha más vegetación, parques, terrados con plantas y cinturones verdes alrededor de las zonas urbanas. Muchas ciudades están extrayendo las aguas subterráneas con tal rapidez que a menudo se escuchan anécdotas sobre bombeos tan excesivos que han provocado, como en el caso de Florida, que los terrenos se hundan tragándose casas y hasta calles enteras. Esta frecuencia de los socavones está afectando ya a Ciudad de México y a Beijing, pues no queda agua subterránea sino huecos en el subsuelo. En Estados Unidos, el gigantesco acuífero de Ogalalla está desapareciendo y los Grandes Lagos están comenzando a desecarse porque cada año se extrae de ellos cuatro veces más agua de la que la naturaleza les aporta.

No es mucha la gente --ni siquiera entre los científicos-- que perciban el calentamiento global como un problema de agua, además de un problema de combustibles fósiles, pero en realidad ambos están íntimamente relacionados, como lo demuestra Maude Barlow en su excelente libro Blue Covenant. Cuantos más desiertos provoquemos (ya sean de arena o de hormigón), mayor será el calor reflejado por la superficie terráquea. La preservación del agua potable donde ahora se encuentra, en lagos, ríos y cuencas, sería una contribución enorme a la reducción del calentamiento global, puesto que es el ciclo hidrológico el que refresca la temperatura.

Además, como informara el New Scientist en julio de 2007, "por primera vez tenemos pruebas de que las emisiones de gases de efecto invernadero han comenzado ya a alterar los regímenes de lluvia en el mundo entero y su efecto será cada vez más intenso en las décadas por venir". El mensaje desagradable de esa investigación es que las regiones áridas se volverán más secas aún, mientras que ciertas áreas tropicales -además de Canadá, el norte de Europa y Rusia- se tornarán más húmedas. En regiones donde la agricultura ya es marginal, es probable que sea impracticable. Como señalan los científicos que recogieron las evidencias de este fenómeno, las personas se ven afectadas más rápida y drásticamente por la ausencia de agua que por los cambios de temperatura; los deletéreos efectos de la alteración de los regímenes de lluvia probablemente generen graves conflictos y migraciones masivas.

La región sudoriental de Estados Unidos puede convertirse en uno de los primeros de esos lugares, después de Australia, donde las sequías "excepcionales" se conviertan en la norma y sean tan obvias que aun a la administración Bush le resulte imposible negarlas. En octubre de 2007 casi estalló el pánico cuando los informativos anunciaron que Atlanta, en el estado de Georgia, una ciudad de cinco millones de habitantes, sólo disponía de agua para X días (las estimaciones variaban, pero todas eran alarmantes). Puesto que a fines de diciembre cayeron algunas lluvias, tanto la gente como la prensa parecen haber retornado a sus ocupaciones habituales, pero algunos informes sugieren que el lago artificial Lanier, la reserva de agua potable de Atlanta, sigue entre 3 y 4,5 metros por debajo del nivel de seguridad. Durante la crisis, el gobernador baptista de Georgia convocaba a la gente por centenares para rezar a Dios, que "podía y haría cambiar la situación". El gobernador, no obstante, no sólo cuenta con el favor de Dios. También convocó al Cuerpo de Ingenieros del Ejército para que evitasen que el agua de "su" estado fuese a Alabama o Florida. Esto es un presagio de los conflictos por el agua que vendrán, ya sean intra o interestatales.

Más hacia el oeste, el lago Mead, una inmensa reserva de agua situada a horcajadas entre Arizona y Nevada, está en su nivel más bajo de los últimos cuarenta años y está nevando menos en las Montañas Rocosas. En el resto del mundo, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las grandes cuencas fluviales están amenazadas por la sobreexplotación, el cambio climático y las represas; la lista incluye al Danubio (Europa), el Río de la Plata y el Río Grande (las Américas), el Nilo (África), el Murray-Darling (Australia) y cinco grandes ríos de Asia: Ganges, Indo, Mekong, Salween y Yangtsé.

Aunque no es necesario ser un genio para avizorar los problemas en el horizonte, no parece que las autoridades gubernamentales hayan diseñado algún plan para el caso de que los grifos, pongamos que en Atlanta, dejen de dar agua. La información es bien conocida y los funcionarios federales de Estados Unidos han declarado que el 43% del territorio del país está en un estado de "sequía moderada a extrema"; pero no parece que tengan ningún plan de emergencia. ¿Qué sucedería con la agricultura, con la ganadería, con los hospitales, con el turismo? ¿Qué pasaría, si eso aconteciera, con Coca-Cola, que es la multinacional más conocida de Atlanta y que por casualidad está en el negocio del agua? En Georgia, hasta la religión se ha visto afectada, no sólo el gobernador reza en público pidiendo que llueva, sino que se han suspendido los bautismos de inmersión completa, en un estado donde los cristianos evangélicos son mayoría.

Los mismos interrogantes podemos plantearlos en numerosos puntos de Europa, incluidos los países del Este, Grecia y partes de España, por no mencionar diversos otros lugares mucho más alejados de la Expo de Zaragoza, como Ankara. Ya hemos visto algunas de las consecuencias: incendios incontrolados, incremento de la mortalidad entre los ancianos, fracaso de las cosechas, animales muertos de sed... Podemos imaginar otros efectos, aunque no nos agrade pensar en ellos: nuevos "dust bowls" (cuencas de polvo) como los padecidos en Estados Unidos durante la Gran Depresión, migraciones masivas, epidemias, colapso de ciertas economías en algunas regiones.

¿Qué decir de la drástica disminución de las napas de agua en la India, donde algunas regiones ya se están convirtiendo en desiertos? ¿Cómo continuará alimentándose China cuando la cuenca del río Amarillo, la proveedora de cereales para todo el país, incapaz ya de abastecer a más gente, se agote completamente? ¿Es todo esto simplemente tan espantoso de contemplar que conduce a los funcionarios gubernamentales a no hacer nada y esperar que, por obra de algún "pensamiento mágico", ese desecamiento desaparezca? Como reza un refrán francés, "gouverner c'est prévoir" (gobernar es prever), pero todos los indicios sugieren lo opuesto: los gobiernos están cerrando los ojos ante el desastre que se avecina.

IV. Derechos del agua, peleas por el agua y la lucha por la gobernanza.

Contrariamente a la postura oficial, hay diversos grupos reflexionando seriamente sobre el agua y su escasez, entre ellos las multinacionales y los militares. Puesto que el resto de esta contribución se centrará en (a) el propósito de las multinacionales de ganar cada vez más control sobre el agua y (b) probables conflictos estratégicos en el futuro, permítaseme insistir que, dadas las características económicas únicas del agua, su asimétrica distribución, su pésimo manejo por parte de los humanos y la demostrada negligencia de los gobiernos, el único modo de gestionarla con justicia es considerándola un bien público universal y promoviendo el control democrático de las reservas hídricas, así como su tratamiento y distribución.

Otro grupo que se está tomando en serio las cuestiones relacionadas con el agua es la comunidad de organizaciones no gubernamentales y los expertos y activistas de los movimientos sociales. Algunos de ellos hablan del agua como un “derecho humano”. Yo prefiero el concepto de “bien público universal” porque abarca los aspectos económicos que considero importantes, en tanto que la palabra “derecho” tiende a transmitir, al menos para algunos, la noción de un recurso ilimitado y gratuito. No obstante, comparto con esos colegas el mismo criterio esencial: Todo el mundo necesita agua para sobrevivir, por lo tanto, defender la vida significa defender el agua.

A pesar de que esas fuerzas y movimientos sociales no tengan el mismo peso –y sin duda no tienen los mismos recursos económicos- que las multinacionales, los lobbies empresariales y el aparato militar, quien lea esto no debe desanimarse según avanza. También destacaremos algunas experiencias sumamente esperanzadoras sobre luchas populares por el control del agua, del tipo que aquí recomendamos. Cuanto más conciente sea la ciudadanía de estos problemas y más conozca sobre esas historias exitosas, más probable será que se propaguen.

Voceros de las multinacionales

A nadie sorprenderá, puesto que ya sabemos que el agua es un producto capitalista ideal, que ciertas entidades vinculadas con los negocios, algunas de ellas muy influyentes, no comparten precisamente la opinión de que el agua es un derecho humano o un bien común universal. Sin embargo, en las últimas dos décadas sus tácticas han cambiado. Después de las terribles tragedias o los escándalos empresariales como Bhopal y Enron, respectivamente, las empresas multinacionales han aprendido que no pueden continuar con sus "negocios habituales" porque muchos grupos de la sociedad civil están controlando sus actividades y porque el medio ambiente se ha convertido en una preocupación importante para la ciudadanía.

La reacción de esas empresas se ha materializado mediante dos vías: primero, utilizar profesionales de las relaciones públicas y de la comunicación mucho mejor preparados para defender a la empresa privada en general y segundo, enfatizar la noción de "Responsabilidad Social Corporativa" o RSC y promover las "medidas voluntarias" y la "autorregulación" de las empresas. Una de sus finalidades es defender y fomentar la privatización de empresas del sector público, especialmente en las áreas de los servicios públicos, las telecomunicaciones, el transporte y bienes como el agua. Otro de sus fines es evitar que entrometidos controladores gubernamentales se inmiscuyan en el sector empresarial y que legisladores inquisitivos propongan nuevas regulaciones. De ahí que no deba sorprendernos que la RSC se haya convertido en una próspera industria por derecho propio, pero también en un concepto con muy diversas interpretaciones y escapatorias. Algunas empresas, como los cerveceros antes mencionados, parecen sinceras y a la vanguardia en el control de su impacto ambiental.

Otras, no obstante, usan la noción de RSC como una conveniente hoja de parra; es por esta razón que muchos observadores de ong se enfureciesen al ver que hasta Naciones Unidas había sucumbido a la nueva moda y en 2000 incorporase a su estructura un refugio para las multinacionales llamado el Pacto Mundial (Global Compact). Todo lo que se necesita para adherir a este nuevo ente de las NN.UU. --sólidamente apoyado por Nestlé y otras multinacionales-- es firmar una declaración de diez principios relativos a los derechos humanos, el empleo y el medio ambiente. Una vez admitida, la empresa puede engalanarse con la azul bandera de las Naciones Unidas. En 2007 el Pacto Mundial lanzó su "Mandato sobre el Agua para Directores Ejecutivos" (CEO Water Mandate) con el loable fin de ayudar a los grandes ejecutivos a reducir y mejorar su uso del agua según las líneas de la cervecera antes mencionada, cuyos ejecutivos sin duda también han firmado. Lo han hecho además los directivos, que deben garantizar su cumplimiento, de empresas como Suez, Coca-Cola, Nestlé, Unilever y otras no menos conocidas multinacionales.

Numerosas ong de la India se han quejado amargamente de que Coca-Cola haya sido admitida como miembro del Pacto Mundial, pues varias comunidades indias han acusado a esa empresa de malgastar preciosos recursos hídricos y de contaminar sus tierras y sus aguas. Como resultado de sus reclamaciones, una de las mayores plantas embotelladoras de Coca-Cola en la India fue cerrada en 2004; vale la pena destacar que Coca-Cola sólo se incorporó al Global Compact en 2006, cuando su reputación estaba cayendo en picado. Todo indica que Naciones Unidas no se atrevió a hacerle a Coca-Cola preguntas comprometedoras. En solidaridad con el pueblo indio, se inició una campaña que ha conseguido desterrar los productos de Coca-Cola de más de veinte centros de altos estudios de EE.UU., Reino Unido y Canadá. La multinacional también ha sido excluida del fondo de inversión socialmente responsable de TIAA-CREF, el mayor fondo de pensiones del mundo.

El World Business Council for Sustainable Development (Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo Sostenible) es otro emprendimiento del sector privado especializado en promover los PPP o Partenariados (Consorcios) Públicos-Privados. El canto de sirenas que una y otra vez repiten a las autoridades gubernamentales es "La empresa privada puede proporcionarles mejor tecnología, mejores precios, mayor eficiencia y costes más bajos". La canción, como en el mito griego, en realidad conduce al desastre: podemos aportar abundantes evidencias, comenzando por las dogmáticas privatizaciones en la Gran Bretaña de Margaret Tatcher, que demuestran que, muy por el contrario, las privatizaciones casi siempre han dado como resultado una menos calidad, mayores precios y poco o ningún servicio a los vecindarios habitados por gente sin posibilidades de pagar los nuevos e inflados precios.

La manía privatizadora neoliberal se asentó entre nosotros hace ya unas tres décadas y ya conocemos sus consecuencias. Privatización no significa otra cosa que transferir los resultados del trabajo de miles de personas durante décadas, prácticamente sin garantía alguna. La palabra misma es un engaño y ese fenómeno debería ser llamado, en cambio, "alienación" o simplemente "liquidación" o una "donación".

El World Water Council (WWC - Consejo Mundial del Agua) es un think-tank y organizador de eventos, fundado por empresas públicas y privadas en 1996 y con sede en Marsella. Pretende tener "la intención de fortalecer al movimiento mundial por el agua para una mejor gestión de los recursos hídricos del mundo". No obstante, está en camino de convertirse en un organismo internacional cuasi oficial, aunque no tiene ningún mandato de Naciones Unidas ni de nadie. También el WWC es claramente tendencioso a favor de la industria, que le proporciona buena parte de su financiación, a la vez que actúa como gran defensor de los PPP. Desde 1997 viene organizando el Foro Mundial del Agua cada tres años, con una notable presencia tanto gubernamental como de las multinacionales. En 2000, el Foro de La Haya atrajo a 5.700 participantes, pero tanto el de Kyoto (2003) como el de Ciudad de México (2006) pueden alardear de haber convocado a más de 20.000 participantes. Las Declaraciones Ministeriales que surgen de estos foros se han convertido, en muchos sentidos, en la agenda oficial internacional sobre el agua. Entre uno y otro foro trianual, el WWC está muy atareado promoviendo las "soluciones" neoliberales a la crisis del agua.

El Foro Económico Mundial, más conocido por el nombre de la aldea suiza donde se reúne: Davos, también aportó otro alegato a favor de los PPP del agua en su encuentro de 2008, firmado por su fundador y presidente, Klaus Schwab y el presidente de Nestlé, Peter Brabeck. En él, ambos hacen un llamamiento a "nuevas formas de cooperación entre gobiernos y empresas multinacionales" para responder a la crisis que se avecina y para "mejorar la imagen política y económica del agua". (Una no se había dado cuenta de que la "imagen del agua" estaba necesitando un mejoramiento...). En cualquier caso, el objetivo de Davos para 2008 es crear una "coalición pública-privada, poderosa y sin precedentes, que contribuya a hallar soluciones para que juntos gestionemos las futuras necesidades de agua...".

Se le mire como se le mire, el agua es un gran negocio, más allá de su suministro o de su tratamiento. Toda crisis, como asegura la sabiduría china, ofrece tanto la posibilidad de peligro como de oportunidad; muchos ven enormes oportunidades en esta crisis. Los analistas financieros se apresuran a señalar que unos trece países árabes, la mayoría de ellos grandes productores de petróleo, oficialmente padecen una "tensión por la escasez de agua" (water-stress). Una conferencia convocada en noviembre de 2007 por el Foro Saudí sobre Agua y Energía (Saudi Water and Power Forum) reunió a especialistas en estos temas de todo el mundo y el gobierno saudí les anunció su intención de invertir 100.000 millones de dólares durante los próximos veinte años en plantas desalinizadoras y otras instalaciones para el tratamiento del agua; todo esto para un país que aún en 2020 tendrá menos de 40 millones de habitantes. Sequías o desiertos, más montañas de dinero, son vistos por muchos grandes empresarios como un matrimonio celestial.

El apoyo de las instituciones públicas a las grandes empresas

Esos diversos entes públicos-privados internacionales han sido establecidos para crear un clima intelectual y mediático favorable a la empresa privada en general y a la gestión pública-privada, o en particular simplemente privada, del agua. No tendrían tanto éxito, sin embargo, si no fuese por el apoyo político, ideológico y financiero de las grandes instituciones internacionales o intergubernamentales, enteramente públicas, que continuamente favorecen los planteamientos neoliberales respecto al agua, con todo el considerable poder y prestigio del que disfrutan.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, habitualmente definidos como los Mellizos Terribles por los activistas sociales, durante años han hecho de la privatización una condición ineludible para conceder préstamos a los países endeudados y han aplicado sus programas de Ajuste Estructural en más de un centenar de ellos. Anualmente, durante décadas, cualquiera con la curiosidad necesaria para leer el Informe Anual del Banco Mundial hubiese podido contabilizar, a través de listados densamente impresos en cuerpo microscópico, las privatizaciones logradas en ese período. En un par de ocasiones llegué a contar 1.300 o 1.400. Los beneficiarios de la adquisición de esas empresas públicas son tanto las élites locales como las empresas multinacionales. Todos los servicios públicos han sido víctimas propiciatorias, razón por la cual últimamente se ha incrementado el traspaso a manos privadas de muchos servicios anteriormente públicos.

La Unión Europea se ha mostrado particularmente favorable a las grandes empresas, dando prioridad, en cualquier circunstancia, a los intereses de las multinacionales europeas en detrimento del bien común. La Dirección (DIRECTORATE) de Comercio es tal vez el más flagrante ejemplo de favoritismo hacia las empresas; la actitud de los sucesivos Comisarios de Comercio (Leon Brittain, Pascal Lamy, Peter Mandelson) en las negociaciones relacionadas con el GATS (Acuerdo General sobre Comercio y Servicios) proporciona una vívida ilustración al respecto. El GATS es uno de los muchos acuerdos auspiciados por la OMC y, dado que actualmente el sector servicios representa cerca del 80% del PIB de la Unión Europea, tales acuerdos son un importante medio a través del cual la Comisión Europea trata de forzar a todos los países, especialmente a los más pobres, para que abran sus sectores de servicios, incluido el del agua, a las inversiones y la penetración de las multinacionales europeas. La Comisión negocia por todos los Estados miembro y, en el caso del agua, lo hace de parte de las multinacionales como Veolia, Suez, Générale des Eaux, Thames Water y Aquamondo.

Una ong europea, el CEO (Observatorio de las Multinacionales Europeas), tuvo acceso a correspondencia enviada por la Comisión a esas multinacionales europeas del agua, en la que les solicitaba respuestas detalladas relacionadas con las negociaciones del GATS: ¿La apertura de qué países sería prioritaria para su empresa? ¿Qué aspectos comerciales vinculados al agua le interesan más en esos países? ¿Tratamiento, distribución, envasado? (No hemos tenido acceso a las respuestas de las empresas). Como resultado, la UE incluyó en sus rondas de negociaciones con más de setenta países, incluso algunos de los más pobres, exigencias para que abriesen los sectores de mayor interés para las multinacionales.

La “Ronda de Doha” de negociaciones de la OMC ha estado en punto muerto durante casi tres años debido en gran parte a la agricultura, no a los servicios, razón por la cual la Comisión ha intensificado sus esfuerzos en lograr acuerdos bi y plurilaterales de libre comercio, con la intención de alcanzar iguales o mejores resultados que los que el GATS haría posibles. Esos tratados son llamados Acuerdos de Partenariado (Asociación?) Económica (EPA). Las exigencias de la Comisión van mucho más allá de lo que permiten las reglas de la OMC y el GATS; en especial se concentran en lo que el Comisario Peter Mandelson denomina “barreras detrás de las fronteras”. Esas “barreras” hacen referencia a cualquier medida que un gobierno pueda tomar para regular la inversión extranjera directa, proteger sus propias industrias o intentar salvaguardar a los consumidores y al medio ambiente. (De pasada, convendría recordar que todos los países ahora avanzados de América del Norte, Europa y Asia, durante décadas protegieron sus industrias antes de comenzar a rebajar sus barreras arancelarias y no arancelarias; pero ahora esos métodos les son denegados a los países en desarrollo).

La UE está negociando muy especialmente con los 78 países ACP (África-Caribe-Pacífico), algunos de ellos entre los más pobres del mundo, a los que ha dividido en seis grupos. África occidental, en especial Senegal, se está resistiendo, pero algunos de esos grupos o países individuales (en África oriental y del sur, por ejemplo) ya han aceptado los términos fijados por la UE. Como era de esperar, la Comisión ha solicitado acceso al tratamiento de aguas residuales en la región del Caribe y varios países han aceptado (*). A medida que estos EPA vayan cerrándose, los países ACP verán disminuida su soberanía y su capacidad para obtener ingresos mediante la fijación de aranceles.

Inmediatamente surge un interrogante: ¿Si los EPA son potencialmente tan dañinos, por qué los países ACP no se niegan a firmarlos? La respuesta es que la Comisión les ha amenazado con reducir la compra de sus productos de exportación y con una disminución de al menos 1.000 millones de euros en ayuda al desarrollo si no aceptaban sus términos; esto es al menos lo que nos han revelado nuestros informantes de las ong de los países afectados. Puesto que con frecuencia los textos de tales acuerdos son secretos, no conocemos los detalles, en cada caso, de lo que se establece para el agua y otros servicios; pero teniendo en cuenta anteriores actuaciones de la Comisión, hay razones para temer lo peor.

Pero, ¿por qué la privatización de empresas de servicios públicos como el agua casi siempre tiene consecuencias negativas? La economía clásica explica claramente por qué se pueden esperar esos pobres resultados, especialmente cuando el proveedor privado disfruta de un monopolio, como casi siempre acontece con el agua. Si hasta hace poco el agua era generalmente un monopolio público en países capitalistas de libre mercado, había buenas razones para que así fuese. El tratamiento y la distribución del agua no se benefician de la competencia, como sucede en otras empresas de manufacturas o servicios, y por lo tanto no se ajustan al principio capitalista de que la competencia es saludable porque genera innovación, mayor eficiencia y precios más bajos. En el caso del agua, es lógico que haya una autoridad única que supervise la totalidad de la red y dirija a sus diversos componentes, pues en los casos que los economistas definen como “monopolios naturales” una autoridad única es el mejor modo de alcanzar el mayor grado de eficiencia, una mejor calidad en el servicio y la mayor equidad en los precios.

Un “monopolio natural” significa que una empresa puede generar el rendimiento deseado a un coste menor del que podrían ofrecer dos o más empresas, pues puede crear más “economías de escala”. Esa es la razón por la que la mayoría de las economías de mercado han optado por las redes de distribución de agua gestionadas por el sector público; al menos ese fue el caso hasta que el neoliberalismo se convirtió en la religión económica. La elección de la gestión pública de los servicios no tenía nada que ver con “el socialismo” o con una predisposición por lo público sobre lo privado. Simplemente reflejaba una preocupación por la eficiencia y por lograr el máximo de ventajas coste-beneficio.

No obstante, cuando una empresa privada, orientada al lucro, pone sus manos sobre un “monopolio natural”, se comporta exactamente como uno podría imaginar. Va en pos del beneficio, cuanto mayor, mejor, y recorta los costes, principalmente mediante los despidos masivos de personal pero también descuidando el mantenimiento y las infraestructuras. Los vecindarios más pobres obtienen los peores servicios, o ninguno en absoluto. Se ha de gastar más dinero en altos salarios y beneficios para los ejecutivos, con frecuencia extranjeros en el caso de que la gestión esté en manos de una multinacional. El agua nunca es gratis o subsidiada, como sucede en Hong Kong, donde el gobierno proporciona gratuitamente a las viviendas los primeros 12 m3 cada cuatro meses. Si una empresa pública necesita apoyo para mejorar su servicio de distribución y tratamiento del agua, debería intentar establecer una sociedad pública-privada como se ha hecho, exitosamente, en Sudáfrica y en Malaysia.

Nada de lo antedicho pretende afirmar que la provisión pública del agua sea perfecta o que nunca se haya enfrentado a problemas en diversos lugares. Sin duda que no es perfecta, sin duda que ha tenido inconvenientes. A veces las administraciones públicas son ineficientes, poco transparentes y corruptas. A veces la infraestructura es deficiente o recibe poco mantenimiento. Pero cuando ese es el caso, las luchas populares deben centrarse en resolver el problema, no en destruir un servicio público para favorecer su privatización. Como acostumbra a decir Mike Waghorne, un dirigente de Public Services Internacional (PSI es la confederación de sindicatos de servicios públicos de todo el mundo), si tu bañera pierde agua o la pintura se está descascarando, no quemas la casa ni la vendes, sino que reparas la bañera o vuelves a pintar.

La clave es la participación popular, es decir, la implicación local y, en lo concerniente a justicia del agua, España tiene mucho que enseñarle al resto del mundo. Aunque muchos de quienes visitan Valencia consideren al Tribunal de las Aguas como una simple atracción turística, ese tribunal es un modelo que podría ser reproducido en numerosos países y en diversas circunstancias, a pesar de que literalmente tenga mil años de antigüedad. Originario de la época de jurisdicción árabe sobre España, aún se reúne cada jueves al mediodía.

Hasta muy recientes decisiones e iniciativas gubernamentales, los sistemas españoles de irrigación continuaban basándose en métodos tradicionales árabes y consistían en regar las tierras mediante un complejo sistema de canales. Los jueces del Tribunal de las Aguas son ellos mismos agricultores, escuchan a las dos partes en disputa y su sentencia es inapelable. La principal amenaza para el Tribunal es que puede tornarse irrelevante. Como antes mencionara, las nuevas regulaciones gubernamentales tienden a favorecer métodos centralizados de irrigación por goteo que son mucho menos despilfarradores que los hasta ahora utilizados. Con el apoyo gubernamental, la mayoría de los agricultores de regadío pueden haberse integrado al nuevo sistema (NATIONAL GRID SYSTEM) para el año 2010. Esa no es razón para que el modelo de Tribunal de las Aguas no pueda ser reproducido con beneficio y utilizado para resolver disputas sobre el agua en España o en cualquier otro sitio.

La mejor recopilación de ejemplos actuales y exitosos sobre el agua puede hallarse en Por un modelo público del agua: Triunfos, luchas y sueños, El Viejo Topo, 2007; publicado originalmente por el Transnational Institute y el Observatorio de las Multinacionales Europeas en 2005. (Aquí, pese a que se supone que mi contribución no tendría notas a pie de página, no puedo evitar una acotación interesada: Soy la Presidenta de la Junta del Transnational Institute y estoy muy orgullosa del equipo del TNI que elaboró este importante libro, que ya ha sido traducido a una docena de idiomas. He escrito los prefacios para las ediciones en japonés y en chino). En este libro se pueden encontrar más de veinte casos de luchas populares por el agua; provienen de países más o menos desarrollados de todos los continentes, tanto de ciudades grandes como pequeñas y proporcionan valiosa documentación que demuestra que los intentos privatizadores pueden ser derrotados y reconquistarse así el control del agua.

El Banco Mundial, que está lleno de economistas, aparentemente no era conciente, o no estaba interesado en reconocer las características de los monopolios naturales mencionadas anteriormente; algo que los estudiantes de economía ven en el primer año de carrera. Fue así que forzó a decenas de países endeudados a “orientarse hacia los mercados” e interfirió en la gestión del agua, desde Europa oriental hasta Argentina, pasando por Manila, Yakarta y Cochabamba, alardeando en todas partes de que “no había alternativa”. Las Sociedades Públicas-Privadas (PPP) que promovía acababan inevitablemente bajo el control del socio privado, puesto que había que brindarle espacio suficiente para que obtuviese beneficios, y de tal modo, los “reguladores” públicos perdían el control sobre el funcionamiento de la empresa. Aun así, las multinacionales no siempre veían satisfechas sus expectativas de beneficios y, a partir de 2003, varias de las principales, como Veolia, Suez y Thames Water, comenzaron a cancelar algunos grandes contratos; no sin antes interponer demandas legales reclamando decenas de millones de dólares en concepto de “beneficios anticipados” que nunca obtuvieron.

Pongamos en perspectiva la privatización del agua y su control en manos de multinacionales. A pesar de tantas presiones, en muchos sitios los sistemas públicos siguen siendo la norma, aunque ya no en Francia, Gran Bretaña y partes de España. Esa es la razón por la que estos países son la sede de las grandes multinacionales del agua. La privatización no se tornó una amenaza global hasta las décadas de 1980 y 1990, simultáneamente con el surgimiento del credo económico neoliberal. Con frecuencia, las multinacionales han considerado al agua como la última frontera y Maude Marlon cita lo que se le oyó decir a un ejecutivo del sector, “Haremos con el agua en esta década lo que ya hicimos con las telecoms en los años noventa: conseguir su total desregulación”. Por lo tanto, sabemos quién es el adversario y qué es lo que pretende. Esto implica que entre los fines de los movimientos sociales debe figurar la promoción de los sistemas públicos de gestión, para hacerlos más responsables y más receptivos a las necesidades de la población y que ésta tenga la posibilidad de defenderlos.

Hay muchas maneras de mantener al agua bajo control público. El “presupuesto participativo” de Porto Alegre, reconocido como una práctica pionera de control popular del dinero municipal, se aplica también a la empresa pública que gestiona el agua. Los resultados sanitarios han sido excepcionales: ningún caso de cólera cuando el resto del país estaba padeciendo una epidemia. El sistema de determinación de precio es ejemplar; se incrementa exponencialmente, de modo que los ricos que llenan sus piscinas subvencionan efectivamente el consumo básico de los pobres.

Si cambiamos de continente y vamos al estado de Penang, en Malaysia, encontramos que la Penang Water Authority adoptó una “estrategia comercial con compromiso social” que ha facilitado el acceso universal al agua, sin sacrificar la eficiencia y con un nivel de beneficios que cubre las inversiones y hasta permite a la empresa conceder préstamos sin intereses a las comunidades pobres, para que mejoren las conexiones a la red. La Penang Water Authority ofrece los precios más bajos del país en cuanto a acceso al agua y sus empleados están imbuidos del “espíritu de servicio público”. Sería interesante detallar las experiencias exitosas de muchas otras comunidades, pero me limitaré a enfatizar lo siguiente: los acuerdos PPP (Públicos-Privados, no Públicos-Públicos) significan invariablemente “beneficios para las empresas, riesgos para el sector público y costes para los usuarios”. Eso es lo que dicen en Grenoble, Francia, que ha re municipalizado su sistema de agua, mejorado su mantenimiento y ahora proporciona agua, que es pura aun sin tratamiento, al coste más bajo entre todas las ciudades francesas con una población mayor a los 100.000 habitantes.

Con tal de proteger al agua, la gente de buena gana constituye amplias coaliciones. Ejemplo tras ejemplo, vemos cómo se forman amplios frentes de grupos de intereses dispares y que nunca antes habían trabajado juntos, para defender el acceso al agua: ecologistas, sindicatos, partidos políticos, mujeres, comunidades indígenas, defensores de los derechos humanos, etc. etc. A veces los consumidores pueden convertirse en miembros de la entidad que gestiona el agua, con derecho a voto. A veces los ciudadanos controlan el presupuesto (en esta liga, Brasil es el campeón indiscutido). En algunas comunidades pobres de Ghana y la India, los pobladores participan en la construcción y el mantenimiento, reduciendo así los costes y proporcionando empleo e ingresos dentro de la misma comunidad. En Argentina y partes de Dhaka, en Bangladesh, las empresas están gestionadas por los trabajadores y su sindicato.

El Banco Mundial y el Consejo Mundial del Agua, en un buen ejemplo del homenaje que el vicio rinde a la virtud, hablan ahora todo el tiempo de “participación pública”. Cuando ellos utilizan esta expresión, debe interpretarse como un modo de facilitar el camino a la privatización; su versión nada tiene que ver con la transparencia democrática y el verdadero control ciudadano. Si tuviésemos que juzgar por los casos enumerados en el libro Por un modelo público del agua, es preferible que las coaliciones populares no se involucren con la política de partidos, aunque es útil si el gobierno local, regional o nacional está ideológicamente de su parte; ese sería el caso de Venezuela, donde el sistema de gestión del agua en Caracas ha sido puesto a punto con la colaboración del gobierno de Chávez. En el punto más alto de la lista de ejemplos exitosos estaría el caso de Uruguay, donde mediante una enmienda en su Carta Magna se ha establecido la inconstitucionalidad de la privatización del agua.

Con frecuencia esas luchas han tenido éxito debido a que el agua es un tema local y las coaliciones también lo suelen ser. Instintivamente, la gente comprende lo que el agua limpia significa para su salud y la de sus familias. También es más fácil ganar estas luchas en el plano local. A escala internacional, los problemas son más difíciles de resolver debido a la ausencia de una verdadera democracia, pero aun en ese nivel los activistas por el agua pueden lograr algunos éxitos. Deberían intentar centrarse en que el agua quede fuera de las listas de la OMC y el GATS. En Francia, nuestra campaña de Attac a favor de "Zonas Libres de GATS" ha logrado que más de 800 gobiernos municipales, departamentales y regionales se declarasen simbólicamente Libres de GATS. Hemos comprobado que a menudo esos funcionarios locales lograban ser convencidos mediante argumentos relacionados con el sector del agua. Esto sin duda se ha debido a que, de acuerdo al GATS, una vez un sector de servicios es "abierto" por un país (o en este caso, por la totalidad de Europa) eso se convierte en ley para todos los niveles de gobierno, desde el más alto hasta el más bajo.

Los activistas deberían también centrarse en la Comisión Europea, para que deje de defender los intereses de las multinacionales europeas en detrimento de las necesidades de los pobres de los países menos desarrollados. Tampoco debemos olvidar que el Banco Mundial y el FMI siguen haciendo de la privatización, incluida la del agua, una condición clave para conceder préstamos. Todos estos son fines a largo plazo.

Guerras del agua: presente, pasado y futuro

Más allá de las luchas por la gestión pública del agua en contextos locales están las batallas estratégicas por su control, que pueden generar y generan estragos y muerte en conflictos civiles o entre estados. Un atrevido investigador del Instituto del Pacífico para el Desarrollo, el Medio Ambiente y la Seguridad, el doctor Peter Gleick, ha elaborado una larga y detallada cronología de los conflictos relacionados con el agua que comienzan con el Diluvio Universal -un conflicto entre Dios y el hombre- y la disputa fronteriza entre Lagash y Umma, 2.500 años antes de Cristo, cuando el rey de Lagash desvía el agua de los canales para privar a Umma de ella.

La cronología de Gleick acaba en 2006, cuando los misiles de Hezbolá dañan una planta de tratamiento de aguas residuales en Israel y este país responde destruyendo los sistemas de agua del sur de Líbano "incluyendo depósitos, tuberías, estaciones de bombeo e instalaciones a lo largo del río Litani". Hay en esta cronología hasta un incidente que enfrenta a simios con humanos. En el año 2000, en la Kenia rural, mientras se distribuía agua en contenedores en una zona afectada por la sequía, monos enloquecidos por la sed atacaron a los aldeanos para obtener su parte. Resultado: ocho monos muertos, diez aldeanos heridos.

Gleick tiene en consideración muchos factores favorecedores de conflictos, así como diversos modos de utilizar el agua en contextos bélicos; incluye desde la ambición de ganar el control sobre su abastecimiento hasta su utilización como arma o como herramienta política: inundando, desviando, envenenando o amenazando con hacer todo esto y más. Las reservas de agua y las vías fluviales se convierten a menudo en blancos militares. El "terrorismo del agua" significa utilizar este bien como herramienta o como blanco de la violencia por parte de fuerzas no estatales. El agua ha sido y puede ser usada de muy diversas maneras en el juego de la política de poder y fácilmente convertirse en causa de conflictos, tanto en sociedades tradicionales como modernas.

A veces el conflicto puede ser resuelto sin violencia mediante la autoridad de la ley, como en Estados Unidos cuando dos o más estados se disputan el acceso al agua sin llegar al enfrentamiento armado. El estado de Kansas está amenazando al de Nebraska con llevarle ante los tribunales por utilizar una cuota de agua mayor que la que tiene adjudicada en el río Republican (si, así se llama) y exige decenas de millones de dólares en compensación. Pero también puede fácilmente desembocar en lucha armada; muchos temen que esta opción se vuelva cada vez más frecuente y más severa, a medida que tanto la escasez de agua como la población vayan en aumento, especialmente en los países pobres.

En 1991, el entonces Secretario General de Naciones Unidas, Boutros Boutros Ghali, advirtió que las próximas guerras podrían tener su origen no en el petróleo, sino en el agua. En 2008, el Secretario actual, Ban Ki-Moon, manifestó tanto en Davos como ante la Asamblea General de NN.UU. que las guerras del agua ya eran una realidad. Puso especial énfasis en las crisis de Kenia, Chad y especialmente Darfur, a la que algunos han comenzado a definir como "la primera guerra del cambio climático". El Comité del Premio Nobel de la Paz dió un paso fundamental hacia el reconocimiento de la guerra ambiental cuando en 2007 concedió el premio a Al Gore y al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. Por lo tanto, el vínculo entre medio ambiente y conflicto es ahora amplia y casi rutinariamente aceptado. Pero, ¿qué tan sólida es la evidencia?

Un académico que intenta demostrar científicamente el nexo entre agua y conflicto es Marc Levy, del CIESIN (Center for International Earth Science Information Network - Centro para la Red Internacional de Información sobre Ciencias de la Tierra) de la Universidad de Columbia. En su trabajo con el Grupo de Crisis Internacional, está combinando bases de datos sobre guerras civiles y disponibilidad de agua, para demostrar que "cuando el régimen de lluvias está considerablemente por debajo de lo normal, el riesgo de que un conflicto de baja intensidad se convierta en una guerra civil a plena escala aproximadamente se duplica al año siguiente".

Entre otros casos, menciona las zonas de Nepal donde hubo intensos combates durante la revuelta maoísta de 2002, después de graves sequías; por el contrario, no hubo enfrentamientos en otras zonas del país que no habían padecido sequías. Las investigaciones de Levy sugieren que la sequía provoca escasez de alimentos y esto genera indignación contra el gobierno. En algunos de estos casos, vuelven a aparecer grupos armados "semi retirados" y se reanudan los enfrentamientos.

El Grupo de Crisis Internacional tiene una lista de setenta puntos en observación y Levy está reuniendo datos sobre el régimen de lluvias en cada uno de ellos, para ver si esta evidencia puede contribuir a anticipar los conflictos. Según Levy, este enfoque llevaría a considerar a Costa de Marfil como un epicentro de renovados conflictos. Posteriormente sería posible incorporar otros detalles relacionados con el agua a la base de datos para la predicción de conflictos, añadiendo, por ejemplo, información sobre inundaciones y tormentas. Por el momento, Levy sostiene que los datos confirman en gran medida que, en los casos de conflictos internos (es decir, aquellos que no involucran a dos estados) "las sequías intensas y prolongadas son el indicador más poderoso de conflictos de alta intensidad", definiendo así a los conflictos que provocan al menos un millar de muertes en combate. Levy concluye diciendo: "Me ha sorprendido lo intensa que es esta correlación".

Los estrategas militares también están súmamente interesados en la probabilidad de conflictos debidos al agua. Ya en 1997, Kent Hughes Butt, profesor de estrategia política militar en el Colegio de Guerra del Ejército de EE.UU., publicó un largo artículo en la revista académica trimestral Parameters titulado "La importancia estratégica del agua". Fuera de los grandes países democráticos, el mundo dispone de muy poca legislación sobre el agua. En lo concerniente a los ríos, el uso de facto favorece al país situado río arriba. Como es obvio, muchos países ubicados corriente abajo no están precisamente felices con la situación. Sin embargo, dado que no existen mecanismos de observancia forzosa, ni árbitros reconocidos, ni un fuero internacional competente, los conflictos que surgen tienden a prolongarse.

Ahora tomemos nota de que el veinte por ciento de la población del planeta depende de los sistemas fluviales de los 200 ríos más importantes; que 150 de esos sistemas fluviales son compartidos por dos naciones; que los restantes 50 sistemas son compartidos por un número de naciones que oscila entre tres y diez. Entre los sistemas fluviales importantes que involucran a varias naciones se cuentan el Nilo (9), el río Congo (9), el Tigris-Éufrates (3), el Mekong (6), el Amazonas (7) y el Zambesi (8).

Oriente Medio es especialmente frágil debido al clima y al rápido incremento de la población. Además, siguen sin resolverse antiguos conflictos sobre el agua en la región. Los factores estratégicos básicos están relacionados con la dependencia, de toda la región, de cuatro fuentes de agua: tres ríos, el Nilo, el Tigris-Éufrates y el Jordán, más el acuífero de la Franja Occidental (West Bank) de este último. Es así como, por ejemplo, en el caso del sistema del Tigris-Éufrates, Turquía, en cuyo territorio sólo se encuentra el 20 por ciento de toda la cuenca, reivindica tener "soberanía estatal absoluta sobre las aguas del río por ser el país donde éste se origina". Irak y Siria controlan conjuntamente dos tercios del total de la cuenca, pero río abajo, y reclaman un reparto equitativo de sus aguas. Río arriba, Turquía continúa construyendo represas y utilizando las aguas para irrigación; río abajo, Irak y Siria padecen limitaciones de agua y temen el efecto de los agroquímicos que bajan con la corriente.

El anterior presidente turco declaró, "Nosotros no les pedimos que compartan su petróleo. ¿Qué derecho tienen ellos a pedirnos que compartamos nuestra agua? Podemos hacer con ella lo que queramos". Y lo que Turquía quiere es acabar su plan de desarrollo que incluye la construcción de 22 represas y 19 grandes obras de irrigación, con la intención de convertir a Anatolia en una enorme zona cerealera. Sin duda este conflicto no se resolverá sin mediación exterior y no está claro hasta este momento cuál será el impacto de la ocupación estadounidense de Irak (y la reciente invasión turca al Kurdistán iraquí) sobre la actual situación.

El río Jordán es un factor esencial del dilema Israel-Jordania-Siria-Líbano-Palestina. Merced a los territorios ocupados en la guerra de 1967, Israel es el estado que encierra el tramo superior del río y por ende controla su cuenca y sus aguas. Desde la ocupación, en 1967, de la Franja Occidental, Israel "ha explotado intensivamente las aguas del acuífero (de la montaña Yarquon-Taninim)" y cuenta con él como parte sustancial de su provisión de agua, al mismo tiempo que restringe el acceso a los palestinos. No es necesario señalar la importancia que el control sobre este acuífero tendrá en cualquier futuro acuerdo de paz. Un observador comentaba: "Los estrategas israelíes siempre citan el control de las fuentes de agua como uno de los factores clave, siendo necesario, en su opinión, conservar al menos una parte de los territorios árabes ocupados". En lo que respecta a Egipto, es la nación por la que fluye el tramo inferior del Nilo y ha dejado suficientemente claro que, si de preservar su acceso al agua se trata, está dispuesta a ir a la guerra contra cualquiera de los ocho estados por los que transcurre el tramo superior del río. El 97 por ciento del agua que consume Egipto proviene del Nilo.

En Asia, el río Indo es uno de los factores de conflicto entre la India y Pakistán; el Ganges juega idéntico papel en las relaciones entre la India y Bangladesh. La combinación de escasez de agua y disponibilidad de armas nucleares es algo que intranquiliza tanto a los estrategas militares de la región como a los del resto del mundo. Thailandia y Vietnam están cada vez más disconformes con los planes unilaterales de China para construir represas a lo largo del tramo superior del río Mekong.

Aun reconociendo, como lo hacemos, que acontecimientos tan complejos como son los conflictos nunca pueden atribuirse a una sola causa, sin duda el agua es y seguirá siendo un elemento desestabilizador. No sólo es indispensable y escasa, sino también territorial, en el sentido de que quienes compiten por ella necesitan controlar el territorio por el cual, o bajo el cual, esta fluye. El agua está íntimamente vinculada a otras necesidades de las naciones, como los alimentos, y en el período 2007-2008 los precios de los cereales se han disparado peligrosamente, incrementando el riesgo de escasez especialmente en los países más pobres.

Mientras tanto, la poca legislación existente es, en el mejor de los casos, débil, puesto que generalmente se negocia sobre el agua de un modo fragmentario, al no existir una autoridad central que se haga cargo de ello. La legislación internacional sobre el agua potable, o no existe o carece de efectividad. Si permitimos que las empresas multinacionales se ocupen, directa o indirectamente, de establecer los nuevos acuerdos legales, podemos estar seguros de quiénes serán sus beneficiarios. No es arriesgado anticipar una escalada de los conflictos a medida que aumenten la escasez y la presión demográfica.

Habiendo dicho todo esto, nunca debería permitirse que la escasez de agua se convierta en una justificación para la existencia de gobiernos despóticos como, por ejemplo, el de Sudán. Como señalara el año pasado un periodista del New Scientist: "El gobierno del presidente Bashir, con la enorme riqueza que le reporta el petróleo, tiene la responsabilidad y los medios para acabar con la sequía (en Darfur) mediante inversiones considerables en hidrología, previsión climática, irrigación, cultivos resistentes a la sequía, etc. El cisma entre las comunidades árabe y africana de Darfur tiene orígenes políticos, no se puede culpar de ello al cambio climático".

También es legítimo reconocer que Kansas no ha considerado declararle la guerra a Nebraska, o que la Comisión del Rin establecida en Europa es un ente adecuado para resolver las disputas sobre el agua que puedan surgir entre Alemania y Francia. Los conflictos por el agua tienen características e intensidades diferentes según el río en cuestión fluya a través de estados democráticos y estables o lo haga a través de naciones pobres en las que ya existen tensiones étnicas. Una distribución más justa de la riqueza es también un factor clave que permitiría reducir los conflictos por el agua en todo el mundo.

Por lo tanto, adoptar medidas para asegurar la conservación del agua y su uso inteligente y consensuado, junto con la erradicación de los factores humanos que favorecen el calentamiento global, especialmente en los países ricos, son medios para promover la paz mundial y la seguridad interior. No necesitamos más pruebas de que la escasez de agua y su mala calidad son una amenaza a la seguridad, tanto económica como social. La única salida es a través de la cooperación.

Tanto si uno es creyente o no, el agua debería ser considerada no sólo un recurso estratégico, sino como algo sagrado, pues es el origen de toda la vida. No es por casualidad que todas las religiones incluyen rituales basados en la presencia física y en el simbolismo del agua. El bautismo es un rito de iniciación y de inclusión en la comunidad de creyentes. Las abluciones rituales de los musulmanes antes de participar en la oración significan respeto y deseo de mostrarse puros ante Alá. El agua puede ser un símbolo de amor y servicio, como cuando Cristo lavó los pies de sus discípulos. Bañarse en el Ganges vincula al hindú con la "Madre India" y con el resto de la creación. Necesitamos recobrar nuestro sentido de respeto y admiración en presencia del claro, fresco, vivificante milagro del agua y negarnos a permitir que se la degrade, contamine y reduzca al vulgar ámbito del mercado.

Notas

(1) Por razones de espacio, esta contribución se centrará solo en el agua potable, aunque algunos de los problemas que afectan a los ecosistemas oceánicos (contaminación, sobre pesca, etc.) tienen obvias similitudes con los padecidos por los sistemas de agua dulce.

Lecturas recomendadas

Fuentes oficiales:

FAO. Tablas de datos sobre disponibilidad de agua potable (incluyendo estadísticas de NN.UU. y del Banco Mundial) en todos los países (PDF)

OMS. [url]http:www.who.int/water_sanitation_health/[link]“Domestic Water Quantity, Service Level and Health”[/url]

Fuentes generales (incluyendo control de las multinacionales y conflictos por el agua):

Maude Barlow y Tony Clarke, Oro azul: Las multinacionales y el robo organizado de agua en el mundo, Paidós, Barcelona, 2004

Maude Barlow, Blue Covenant: The Global Water Crisis and the Coming Battle for the Right to Water, McClelland and Stewart, Toronto, 2007

Kent Hughes Butts, “The Strategic Importance of Water”, Parameters, Primavera 1997, pág. 65-83 [Es la publicación trimestral del Ejército de Estados Unidos].

Center for Strategic and International Studies [CSIS] and Sandia National Laboratories, Global Water Futures, 2005 [PDF];

Earthscan and the International Water Management Institute, Water for Food; Water for Life, 2007

Marc Levy, et al. and CIESIN, ver

Pacific Institute for Studies in Development, Environment and Security, www.worldwater.org; cronología de los conflictos del agua (PDF), de Peter Gleick [octubre 2006]

Transnational Institute y Corporate Europe Observatory: Por un modelo público del agua: Triunfos, luchas y sueños. (Diversos colaboradores). El Viejo Topo, Barcelona, 2005

Transnational Institute, Focus on the Global South, The Reclaiming Public Water Network, Water Democracy: Reclaiming Public Water in Asia noviembre 2007