Maniobras radicales

01 April 1997
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Hoy día es improbable que la Casa Blanca desee meterse en problemas con la sociedad civil y los militares brasileños, enviando al país tropas de combate al narcotráfico.

John Smith arregla su sombrerito de "marine" sobre el pelo corto. Mira, desconfiado, para un lado y el otro; atrapa a un mosquito impertinente que había aterrizado sobre su brazo fuerte y camina hacia la selva, con el fusil de alta potencia en las manos. Su objetivo: agarrar a un grupo de narcotraficantes en el corazón mismo de la Amazonia brasileña. ¿Fantasía? Sin duda.

Hoy día es improbable que la Casa Blanca desee meterse en problemas con la sociedad civil y los militares brasileños, enviando al país tropas de combate al narcotráfico. Quizá, EE.UU. ni necesite hacerlo. Poco a poco, la Casa Blanca viene consiguiendo el aumento de la cooperación de Brasil ¾ gobierno, policía y militares ¾ contra el enemigo que, después del colapso soviético, garantiza el sueldo de sus legiones de agentes y estrategas.

Esa colaboración ha dado un salto importante entre abril y junio de 1996, cuando Brasil proporcionó informaciones a la operación Laser Strike, articulada en el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EE.UU. en Panamá, y dirigida por militares norteamericanos en los territorios de Bolivia, Colombia y, principalmente, Perú. Otros dos países Venezuela y Ecuador, también han brindado su apoyo.

La Laser Strike prácticamente no ha sido conocida en Brasil. Incluso por algunos personajes importantes en la lucha en contra del narcotráfico. Uno de los comisarios más respetados dentro de la Policía Federal juró que Brasil no había participado de la maniobra, cuyo objetivo central era ubicar aviones que llevaban drogas o productos químicos para procesar la cocaína en la Amazonia. "Nosotros solamente intercambiamos informaciones con las policías de los países vercinos, según los convenios internacionales que ya hemos firmado", dijo el comisario.

Pero el padrino de la operación, el secretario de Defensa de EE.UU., William Perry, anunció la participación brasileña. Y varios militares consultados, que no quisieron ser identificados, han confirmado el apoyo logístico a esa operación dirigida por oficiales norteamericanos. "Es cierto que el narcotráfico está creciendo de forma amenzadora. Pero, al menos parcialmente, estamos atendiendo al las reivindicfaciones del Pentágono, de unión en contra del enemigo común", afirmó un coronel del Alto Comando, en Brasilia.

El cambio en la posición brasileña es digno de notarse. Entre los años 1992/3, hubo una gran agitación entre los oficiales, ante las maniobras militares conjuntas EE.UU./Guyana, que simulaban el combate al tráfico de drogas en la Amazonia. No es casual que la reducción de las resistencias de las Fuerzas Armadas, a hacer de la lucha antidrogas una cuestión militar, sigue creciente alineamiento de Brasil con la política externa de la Casa Blanca. En diciembre del 1994, en la Cumbre de las Américas, el presidente William Clinton exhortó a los vecinos del continente a combatir al lavado de narcodólares. El gobierno brasileño reaccionó con un proyecto de ley (que sería presentado en el Congreso en las próximas semanas), exigiendo que los bancos proporcionen a una agencia oficial informaciones sobre operaciones de alto monto o "sospechosas" . El proyecto, empero, no tocará al secreto bancario, para no atemorizar a los empresarios. Se calcula que, por el sistema financiero brasileño pasan, cada año, unos US$ 500 mil millones de dólares sin origen claro. La mayor parte de ese dinero, empero, correspondería a la "caja 2" de las empresas, y no a aplicaciones del narcotráfico.

Antes del proyecto antilavado, el gobierno ya había hecho aprobar una ley de patentes, que, curiosamente, fue elaborada con la "ayuda" de técnicos norteamericanos. La ley era una antigua exigencia de la Casa Blanca y beneficia principalmente a empresas químicas y farmacéuticas cuyas patentes fueron "copiadas" por industrias nacionales.

Según el diputado nacional Delfim Neto (del derechista Partido Popular Brasileño-PPB), "desde que el presidente Fernando Henrique Cardoso se decidió a luchar por una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU, Brasil se ha alineado cada vez más con la politica externa del Tio Sam". Hay, empero, una distancia entre el "querer" mayor ligazón con EE.UU y la "aceptación" del hermano grande del norte. No hay todavía señales claras de que los esfuerzos brasileños serán compensados con una silla en el Consejo de Seguridad. Hay roces constantes entre los dos países en la Organización Mundial de Comercio, con EE.UU. exigiendo una apertura mayor de los mercados brasileños a sus productos de informática, mientras Brasil exige compensaciones, principalmente en el sector de la siderurgia.

A fines de 1996, el gobierno brasileño también se negó a recibir una suma de US$ 600 mil en ayuda norteamericana antidrogas. Todos los convenios entre el FBI y DEA, y la Policía Federal brasileña, se han mantenido. Pero la negativa del ministro de Justicia, Nelson Jobim, causó un serio problema diplomático.

A pesar de esos obstáculos, la operación Láser Strike representó un momento importante en la aproximación de los militares brasileños, a la lucha antidrogas. Esa participación, incluso, fue objeto de una polémica, totalmente ignorada por la prensa brasileña. En abril 1996, en una reunión en Miami, del Comando Sur de EE. UU. con representantes de los ministerios de Defensa (o militares) de Latinoamerica, el secretario Perry declaraba: "Siete paises del continente desarrollan la operación Laser Strike para combatir a los puentes aéros del narcotráfico en los Andes y la Amazonia". Eufórico, Perry conmemoró: "Esta es la primera operación multinacional hemisférica, de la cual estamos muy orgullosos". Mientras tanto, oficiales del Comando Sur "pasaban" a la agencia Reuter los nombres de los países involucrados: Bolivia, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador y Brasil, aparte del mismo EE.UU.

Los brasileños que estuvieron presentes en el encuentro no han desmentido las informaciones. "No se trata de un ejercicio como los que hemos reaizado en el pasado y si de una operación de verdad, que representa una inversión substancial contra los puentes de transporte aéreo de las drogas, con el objetivo de interrumpir el flujo del narcotráfico a EE.UU.", comentó un oficial norteamericano, con una sorpresiva transparencia.

En mayo del 1996, cuando la Laser Strike ya estaba en marcha, la agencia francesa de noticias France Presse reproducía un comunicado del Comando Sur, diciendo que las operaciones habían "ampliado el monitoreo de aviones, el uso de radares movibles y el entrenamiento de las fuerzas de naciones aliadas, que combaten al narcotráfico". El entonces jefe interino del Comando Sur, el contra-almirante James Perkins, incluso afirmó que, en una segunda etapa, la Laser Strike incluiría "el seguimiento dentro de los paises donde tiene origen el tránsito de las drogas".

Eso fue suficiente para que se levantaran las voces en contra del presunto intervencionismo norteamericano. Las protestas mas firmes han sido del fuerte movimiento campesino por la liberación del cultivo de la hoja de coca, en Bolivia. Bajo presiones, el ministro boliviano de Gobierno, Carlos Sánchez Berzain, negó, a fines de junio, que fuerzas norteamericanas estuvieran participando directamente de la Laser Strike.

En el vecino Perú, la Embajada de EE.UU. también negaba la integración de militares a la operación. Solo hablaba de "expertos". Después de algunos días, la misma representación diplomática reconocía que fuerzas de su país participaban "en apoyo" a la Laser Strike. Esas dudas tuvieron vida corta.

Para evitar nuevas protestas, la Casa Blanca llevó un grupo de periodistas norteamericanos a Perú, para observar algunos momentos de la operación. Ellos han reportado que, desde junio, oficiales del Comando Sur, expertos en defensa aérea, se habían instalado en Iquitos, la mayor ciudad de la Amazonia peruana. La presencia de los militares seguía las reglas de un convenio firmado por los dos países. Con las informaciones captadas por el radar que EE.UU. instaló en Yurimaguas, en los alrededores, el personal del Comando Sur coordinaba la intercepción de los pequeños aviones que venían de Brasil y Colombia, para recoger la pasta-base en la confluencia de los ríos Huallaga y Marañon, con el Amazonas. Luego, esos aviones despegarían otra vez hacia los laboratorios clandestinos de refinación, en las profundidades de la Amazonia brasileña y colombiana Los periodistas confirmaron la colaboración logística de los países vecinos, incluso Brasil.

Uno de los voceros del Pentágono, el coronel Rick Scott, afirmaba entonces a la agencia española EFE que, para la Laser Strike, habían sido movilizados oficiales del ejército, marina y la Fuerza Aérea de EE.UU. Pocos días después, otro vocero, del Departamento de Defensa, Kevin Bacon, presentaba a la prensa un balance de la operación: "Nosotros creemos que entre 15 y 20 transportes aéreos de drogas hayan sido interrumpidos o detenidos como resultado de la Laser Strike, desde el mes de abril".

Pero la mayor disposición de Brasil y de otros países, de "echar un mano" a las acciones militares dirigidas por EE.UU. no parece suficiente para calmar al apetito del Tio Sam. Se sabe que la Fuerza Aérea norteamericana envió un documento confidencial al jefe del Estado-Mayor de la fuerza aérea Brasileña, el brigadier Sergio Ferolla (conocido por sus posiciones nacionalistas), sugiriendo una mayor adhesión de los militares brasileños a la lucha contra el narcotráfico. Ferolla contesto que "la participación de la FAB en el combate al tráfico de drogas es inconstitucional y, por eso, no es posible". (1)

En otro texto reservado, que envió a la Embajada de EE.UU, Ferolla dijo considerar un encuentro de oficiales brasileños y norteamericanos, que había sido propuesto para debatir el tema de la lucha en contra del narcotráfico. Hasta el momento, la FAB no se pronunció sobre la propuesta norteamericana de formación de una fuerza aérea multinacional antidrogas en Latinoamerica.

Según el coronel Amerino Raposo, del Centro Brasileño de Estudios Estratégicos, "lo que EE.UU. desea es desvalorar el papel de nuestras Fuerzas Armadas, volcándolas al combate al tráfico de drogas. En una función meramente policial, lo que crearia condiciones más favorables al florecimiento de las tésis de la soberanía relativa en la Amazonia", concluyo.

Reacciones como las de Raposo, Ferolla o de los principales jefes de la Policía Federal demuestran que aún no llegó el momento en que se considere normal el desembarque del "marine" John Smith en la Amazonia.

Pero la notable adhesión internacional obtenida por operaciones militares planeadas por el Comando Sur (como la Laser Strike) y presiones como las ejercidas sobre la FAB -teniendo en el trasfondo el dramático crecimiento del narcotráfico- también revelan que la Casa Blanca no descansará. Por lo menos mientras no consiga convencer, a las sociedades civiles y a las fuerzas armadas de todo el continente, para que cooperen en la lucha en contra de su nuevo enemigo mortal. Al final, el objetivo de los "marines", como dice su mismo himno, es extenderse "de las montañas de Moctezuma, a las playas de Tripoli".

Referencias

1. Según las leyes brasileñas, el combate al narcotráfico internacional es de responsabilidad de la Policía Federal. En los Estados (departamentos), la responsabilidad es de la policía Civil, Militarizada y Municipal. La nueva Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin, heredera del Servicio Nacional de Informaciones, del tiempo de los militares) tendría en sus atribuciones la lucha en contra del tráfico de drogas. Es una agencia civil, aunque dirigida por un militar de la reserva. Su presupuesto y efectivos son mínimos. Lo más notable en Brasil es la más absoluta ausencia de coordinación entre los varios cuerpos policiales ante las drogas.