El incansable lobby

11 June 2000
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Los ex colegas de Orlando Letelier y Ronnie Moffitt - en la ONG donde trabajaban cuando ocurrió el atentado - han presionado política y emocionalmente a autoridades chilenas y norteamericanas, para lograr la extradición del general.

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Qué Pasa

El TNI y el caso Pinochet

Washington - Juan Gabriel Valdés, actual embajador ante las Naciones Unidas (ONU) y ex canciller durante la administración de Eduardo Frei Ruiz Tagle, podría, como lo hacía habitualmente, haber ido en el mismo auto que Orlando Letelier, el 21 de septiembre de 1976, día en que se produjo el atentado en Sheridan Circle. En vez de él, los acompañantes de Letelier en su trayecto al Institute for Policy Studies (IPS) - Instituto de Estudios Políticos - fueron sus colegas del centro de estudios Ronnie y Michael Moffitt. Por eso, pocas horas más tarde, Valdés no podía convencerse de la tragedia: una bomba había hecho explotar el vehículo.

El artefacto explosivo, que estaba bajo los pies del conductor - el propio Letelier -, había destrozado su cuerpo, provocándole una muerte dolorosa y lenta, ya que estuvo consciente al menos durante 20 minutos antes de morir. El estallido hizo que Michael Moffitt saliera disparado desde el asiento trasero y cayera en el antejardín de la embajada irlandesa, recobrando la conciencia a los pocos minutos. Su esposa, Ronnie, mientras tanto, caminaba algunos pasos hasta desplomarse, después de recibir el impacto de esquirlas que se le incrustaron en el cuello y la desangraron lentamente. Ronnie Moffitt murió 20 minutos después que Letelier.

La detonación se escuchó nítidamente en toda la Embassy Row - la avenida de las embajadas - y especialmente en la residencia del embajador chileno, que se ubica a menos de 200 metros del lugar exacto del atentado, la rotonda Sheridan.

El crimen provocó un terrible shock entre los miembros del Instituto, quienes compartieron con el ex ministro de Salvador Allende como un colega más, desde que éste se incorporó al organismo, en diciembre de 1974. Y es por ello que por casi 24 años, los integrantes del organismo no han cesado de realizar un insistente lobby para lograr justicia en el caso, esfuerzos que se han visto reflejados en la arremetida de los últimos meses del departamento de Justicia estadounidense para extraditar al general (r) Augusto Pinochet a EE.UU.

Autoridades venezolanas le pidieron al general Augusto Pinochet que liberara a Letelier de la Isla Dawson, donde se encontraba recluido. Así fue que el entonces presidente del consejo del IPS, Peter Weiss, estimó que ese organismo tenía la misión de invitar a Letelier a Washington. La idea era que se dedicara a estudiar las relaciones entre EE.UU. y Chile. Un viaje auspicioso para Letelier, ya que en la primavera de 1976 había sido nombrado director de un centro asociado al IPS: el Transnational Institute con sede en Amsterdam. A pesar de la nominación, Letelier prefería continuar en la capital estadounidense, aunque varias veces al año visitaba Holanda.

Sus amigos recuerdan que el ex ministro de Defensa de Allende solía narrarles, en tono de broma, a sus colegas, como Saul Landau - autor del libro Asesinato en Embassy Row - o Marcus Raskin, historias acerca de la relación que había tenido con Pinochet. Según Landau, una de sus anécdotas favoritas mostraba hasta qué grado Pinochet fue siempre servil en su presencia. Como aquel hombre que después de cortarte el pelo en la peluquería te sigue y cepilla la espalda, y no para hasta que le das una propina. A todos nos hacía reír, recuerda Landau.

Pero las risueñas anécdotas de los compañeros de trabajo de Letelier se transformaron en rabia e impotencia contra el entonces comandante en jefe del Ejército chileno. El día que estalló la bomba recordé con amargura las veces que nos habíamos burlado y reído de Pinochet, escribió Landau.

La misma indignación sintió Juan Gabriel Valdés, quien trabajó en el IPS entre 1976 y 1977. Al menos, así quedó demostrado en un discurso que dio frente a un gran auditorio en la Casa de Chile en México, durante la conmemoración de un aniversario de la muerte de Letelier. Con sus palabras, Valdés no sólo homenajeó al difunto, recordando con nostalgia sus cualidades, sino que además hizo una remembranza de lo que había sido su labor: Su contribución política hasta los últimos días de su vida por el trabajo de la resistencia chilena en Estados Unidos (...). Como director del Transnational Institute, Letelier coordinó estudios e investigaciones para demostrar que el modelo económico impuesto estaba directamente ligado al comportamiento político de gobiernos fascistas (...). El llevó ese mensaje a Europa y al Tercer Mundo. Por su efectividad, Pinochet ordenó su asesinato.

Las categóricas palabras de este joven socialista, compatriota y amigo de Letelier, calaron profundo en el staff del IPS. Junto a ellos, Valdés era uno de los pocos que había sufrido el shock. Es por eso y tal vez por esa frase tan dura contra Pinochet, que Marcus Raskin, cofundador y actual director del IPS, aún no se explica el cambio que sufrió Valdés con el pasar de los años. Raskin prefiere no ocupar palabras moderadas para referirse a la 'metamorfosis' de su ex colega. El interpreta toda la 'operación retorno' de Pinochet a Chile, liderada por Valdés mientras fue Canciller de Eduardo Frei, como una verdadera 'traición a los principios'.

Al hablar del tema, parece resignarse. Bueno, el papel social de uno lo definen sus acciones, aseguró a Qué Pasa.

Poco tiempo después de que Valdés asumiera en la Cancillería, Raskin le envió una carta, en agosto de 1999, con motivo de un próximo viaje que realizaría el ministro a EE.UU. En ésta le comenta que regresar a Washington bajo tal investidura te debe parecer muy extraño y estimulante. Extraño, porque recuerdas esos días, hace 23 años, cuando tú y nuestros otros colegas y amigos chilenos llegaron al instituto y pronto formaron parte de la comunidad del IPS. (...) Por supuesto fue un tiempo terrible para todos nosotros tras los asesinatos de Ronnie y Orlando. Pero también debe ser pleno para ti volver (como) canciller de una nación libre. Sin rodeos, Raskin le señala a Valdés en la misiva su esperanza de que Pinochet sea extraditado alguna vez a EE.UU., y que de lo contrario podrá hacerse justicia en otros países, naciones que tienen sistemas judiciales altamente desarrollados. Chile - continuaba - tiene el desafío de ser la primera (nación) en afirmar la ley internacional sobre la responsabilidad personal de líderes políticos, leyes que tienen sus raíces en los derechos penales locales y en los juicios de Nuremberg.

No obstante, Valdés jamás respondió la misiva. Es más, Raskin le mencionaba a través de la carta que Ronnie y Letelier habían sido colegas de ambos y que por ellos había que hacer justicia: recordarás que Ronnie fue mi asistente.

Un mes después, en septiembre de 1999, en Nueva York, el canciller asistió a la asamblea de las Naciones Unidas acompañado por el director de Planificación de la Cancillería, Alberto van Klaveren. Mientras Valdés expuso en el auditorium de la ONU - frente a 188 países - que España debía desistir de la aplicación extraterritorial de las leyes, Van Klaveren debía monitorear en qué estaba el caso Letelier en EE.UU. El funcionario diplomático se reunió con el abogado de la familia Letelier, Samuel Buffone, y otros importantes personajes ligados al caso, para asegurarse de que una movida de la justicia norteamericana no torpedeara sus gestiones con Londres. Las tratativas de Van Klaveren implicaban que sólo cuando Pinochet regresara a Chile, EE.UU. podía arremeter judicialmente contra el senador.

Pero en agosto, en su primer viaje oficial como canciller a EE.UU.- que dio motivo a la carta de Raskin -, Valdés aprovechó no sólo de reunirse con la secretaria de Estado, Madeleine Albright, sino también fue a dejar una ofrenda floral al monolito que recuerda el atentado a Letelier en Sheridan Circle. En la ocasión, rememoró conmovido que había visto al ex funcionario de Allende 10 días antes de su asesinato.

En esa época, mientras Valdés hacía malabares para cumplir con la misión encargada por el entonces presidente Frei para que Pinochet regresara a Chile, el IPS ya llevaba al menos un año trabajando en una nueva campaña: Bring Pinochet to Justice (Llevemos a Pinochet a la justicia), coordinada por Stacie Jonas (25). Y es que tras el arresto de Pinochet, el Instituto inició una ofensiva de tiempo completo - al margen de las gestiones que han hecho por años -, a través de un sitio web y otras actividades. Con el arresto de Pinochet, la historia del asesinato de Ronnie Moffitt y Orlando Letelier volvieron a estar presentes en la memoria de los estadounidenses, quienes de alguna manera se habían olvidado del caso, asegura Jonas.

Desde entonces, el IPS se ha transformado en el principal lobbysta a favor de la extradición de Pinochet a EE.UU. De hecho, al ingresar al sitio web, www.ips-dc.org, se sugieren varias cosas. El objetivo de la campaña es movilizar a los estadounidenses para que apoyen un juicio a Pinochet. La página no sólo ofrece información sobre el caso, sino que a través de un link llamado Pinochet watch, se explica cómo enviar cartas para hacer presión. Incluso, hay un modelo tipo.

Por otro lado, este organismo entrega todos los años un premio a una institución y a una persona ligada a la defensa de los derechos humanos. En 1999, el galardón lo obtuvo Joan Garcés, que para los miembros del instituto es Juan, otro colega más del IPS que trabajó entre 1988 y 1990 en un escrito sobre la Guerra Fría.

A pesar de que el IPS es un instituto que se creó hace 37 años, con el propósito de desarrollar una serie de programas relacionados con economía, medio ambiente y pobreza, la verdad es que al llegar al piso 10 del número 733, entre la calle 15 y la calle H, en Washington DC, pareciera que el 21 de septiembre de 1976 hubiese quedado congelado en sus paredes. Las reuniones de trabajo sobre los distintos programas se desarrollan normalmente, pero en cada rincón hay un afiche que conmemora un aniversario distinto de la muerte de Letelier y Ronnie Moffitt. Incluso, hay un panel donde se exhibe todo el trabajo realizado en la escuela Orlando Letelier, ubicada en la comuna de El Bosque, en Chile, que recibe importantes aportes del IPS. De las paredes también cuelgan caricaturas, en blanco y negro, del artista uruguayo Naul Ojeda, quien jamás explica lo que significan sus dibujos, 'saquen sus propias conclusiones', dice.

La manera en que los ex compañeros de Letelier recuerdan el caso también denota que aún no son capaces de superarlo. La última vez que estuve con Orlando fue el sábado 19 de septiembre, o sea, dos días antes del atentado. El había ido a mi casa, donde estuvimos cantando y tocando guitarra. Todo fue muy ameno, y de lo único que se quejó fue de que su auto tenía problemas con la partida, comentó Marcus Raskin a Qué Pasa. Este descendiente de inmigrantes rusos está convencido de que Letelier fue asesinado debido a su influencia. Orlando era un hombre que tenía muchos contactos en Washington y a todos les comentaba lo que estaba sucediendo en Chile. Era un hombre muy peligroso para Pinochet, insiste. Junto a Landau, de quien alaba sus cualidades detectivescas, se propusieron dar con los asesinos. Hemos gastado nuestro dinero y cientos de horas de nuestro tiempo por esta causa, comenta. Incluso, el día de la desclasificación de documentos de diversas agencias gubernamentales estadounidenses, referidas a materias relacionadas con Chile, realizada en 1999, estuvieron presentes varios miembros del IPS e iniciaron una investigación paralela.

El IPS ha logrado que otros organismos se sumen a su causa. En una carta enviada a Bill Clinton, el 26 de mayo, un grupo de 36 congresistas norteamericanos le pidió al mandatario que le solicitara a su par chileno, Ricardo Lagos - durante la reunión de la Tercera Vía en Berlín -, la plena cooperación para esclarecer el caso Letelier. La misiva era categórica al señalar que si las evidencias apuntaban a la responsabilidad de Pinochet se solicitara su extradición.

No es la primera vez que estos congresistas le escriben -alentados por el IPS - a Clinton o al Departamento de Estado y de Justicia por el caso Pinochet. Uno de los que lidera este grupo es el congresista George Miller, quien desde principios de 1998 enviaba cartas al gobierno. En una de las pocas respuestas que ha recibido de Clinton, hay una fechada el 3 de junio de 1998. En ella, el presidente le asegura que es una misión de su administración perseguir los actos terroristas, y al menos dos personas están procesadas por este caso.

El interés de Miller nace de la estrecha relación que tuvo con Letelier. En la primavera de 1976, el ex canciller de Allende se reunió con los parlamentarios Tom Harkin, George Miller y Toby Moffet, ya que éstos iban a viajar a Chile. A su regreso, Harkin presentó un proyecto de ley para interrumpir la ayuda norteamericana hacia Chile, debido a las violaciones a los derechos humanos. Semanas más tarde, Letelier era asesinado.

Pero no sólo lobby es lo que actualmente ocurre con el tema Pinochet en Washington. El abogado Samuel Buffone está convencido de que existe suficiente evidencia para extraditar a Pinochet, aunque reconoce que son los fiscales que viajaron a Chile - John Beaseley y John Williams van Lonkhuyz- quienes deben presentar las pruebas al gran jurado.

En tal sentido corren fuertes rumores referidos a que los agentes del FBI que viajaron a Chile en abril pasado, e incluso se reunieron con el general (r) Manuel Contreras en Punta Peuco, consiguieron valiosos testimonios. Ellos pueden hacer una investigación extrajudicial con testigos voluntarios y, al menos por lo que tengo entendido, no se quedaron de brazos cruzados en Santiago, aseguró un alto personero del Departamento de Justicia a Qué Pasa. De hecho, el influyente matutino The Washington Post publicó el 28 de mayo último que los fiscales habrían recopilado suficientes pruebas como para conseguir la extradición del ex gobernante.

Por otro lado, si EE.UU. llega a pedir la extradición de Pinochet y otros implicados, es el Departamento de Justicia el que primero da la orden, pero ésta tiene que ser visada por el Departamento de Estado. Este último ministerio - o sea Madelaine Albright - tiene la última palabra, pero si hay diferencia, Clinton deberá dirimir. No es un misterio que existen roces entre ambos departamentos; mientras Justicia quiere anotarse bonos con el caso, el de Estado tiende a velar por las relaciones bilaterales. Si se observa dentro de esas instituciones, las opiniones difieren: algunos están por resolver el caso y otros afirman que el atentado es una madeja demasiado intrincada. En todo caso, las señales en Washington parecen ir hacia la primera dirección. Se afirma que en la próxima desclasificación de documentos - prevista para un par de meses más - el gobierno no divulgará lo relativo al caso Latelier, y sólo lo entregará a los investigadores, para no dañar las pesquizas. Otra potente señal es que tanto en Justicia como en la Corte de Columbia hay un equipo de más de 20 personas trabajando en el caso. Más gente de la que intentó resolver el crimen en los '70.

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