El NIE le hace el Watergate a Bush

20 December 2007
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El informe de inteligencia (NIE) sirvió para desacreditar a Bush, lo cual reduce la probabilidad de una guerra inminente con Irán, pero no se engañen - no cambia en nada la política fundamental norteamericana.
“Vea, Irán era peligroso, Irán es peligroso e Irán será peligroso, si tienen el conocimiento necesario para hacer un arma nuclear.” --George Bush, 4 de diciembre de 2007 “No tenemos una clara comprensión de lo que es el engaño, por qué hay tanto o qué función tiene. Los engañadores tratan de transmitir una cierta impresión de sí mismos sin importarles si algo es cierto. Tranquilamente cambian las reglas que gobiernan su parte de la conversación de forma tal que la reclamación de verdad y falsedad sea irrelevante.” --Prof. Harry Frankfurt (1986)
A principios de diciembre, un informe de inteligencia fue el instrumento de la vergüenza de Bush y Cheney. Tras este acto aparentemente benigno se encontraban los aliviados súper ricos y su guardián gubernamental, quienes vieron que las irresponsables políticas de Bush y Cheney son una amenaza a su poder y fortuna. A principios de la década de 1970, Nixon preocupó al establishment. Él había traído a la Casa Blanca a un grupo de California que no consultaba a los baluartes del poder y la riqueza. Luego apareció providencialmente “Garganta Profunda” para revelar a los reporteros del Washington Post Bob Woodward y Carl Bernstein los detalles de la implicación de Nixon en la entrada delictiva a la sede del Partido Demócrata en el complejo Watergate de Washington y el subsiguiente encubrimiento por parte de la Casa Blanca. En agosto de 1974, ante la posibilidad de que fuera destituido, Nixon renunció. La estructura de poder suspiró colectivamente aliviada. En diciembre de 1997, el jefe de la inteligencia Mike McConnell emitió un Estimado Nacional de Inteligencia (NIE, por sus siglas en inglés) que humilló a Bush y a Cheney. Al dar al público los hechos acerca del programa nuclear no funcional de Irán, el NIE eliminó la razón ostensible de los fanáticos bushistas para comenzar otra guerra. Los “expertos” llegaron a la conclusión “con gran confianza” de que Irán había eliminado en 2003 su programa de armas nucleares, y de esa forma anularon el pretexto de Bush para bombardear a ese país. Los espías también dedujeron que Irán pudiera fabricar un arma para 2015 --si reactivaban su inactivo programa. Compárese ese informe con la aseveración de Bush en septiembre de que el programa nuclear de Irán podría desatar la 3ra. Guerra Mundial, un recordatorio de la retórica de Cheney en 2002 para demostrar por qué había que invadir a Irak debido a que Saddam Hussein había tratado de comprar torta amarilla de uranio en Níger para hacer un ADM nuclear. Bush y Cheney también se burlaron de los informes de inteligencia que dudaban de esas acusaciones. Bush aún rechaza la conclusión de que Irán eliminó su producción de armas nucleares. (También rechaza la evolución.) Al hacer público el NIE, la CIA también debilitó la dañada credibilidad de Bush. Ya no intimida y se ha revelado como un farsante. La CIA informó a Bush en agosto de sus benignos descubrimientos, pero él desechó los hechos y continuó insistiendo en la guerra como respuesta a una amenaza inexistente. Así que McConnel hizo público el informe, lo cual para Bush se compara --en la escala de la humillación--con que sus mellizas aparezcan en la página central de Playboy. La comunidad de inteligencia le dio un golpe a traición al Gran Intimidador --en público. Su NIE aseguró implícitamente que el Presidente Mahmoud Ahmadinejad de Irán, el odiado negador del Holocausto y único personaje que queda del eje del mal, ha dicho la verdad en cuanto a que Irán no está desarrollando armas nucleares. Por el contrario, Bush y Cheney, los líderes de la Alianza Mundial por Dios y el Bien, han mentido descaradamente. El NIE descarriló la política de la Casa Blanca a favor de bombardear a Irán y provocó un prolongado alarido de importantes neoconservadores como Norman Podhoretz, editor de Commentary, y de Frank Gaffney, del Centro para Políticas de Seguridad. Ahora ellos berrean en TV acerca de la “traición” en las altas esferas (CIA) y la desesperada necesidad que la nación tiene de bombardear a Irán. Douglas Feith, ex Sub Secretario de Defensa para Política bajo Bush desde julio de 2001 hasta su renuncia en agosto de 2005, habló ante el Instituto Norteamericano Empresarial en Washington en diciembre y defendió sus propias políticas fracasadas en Irak. Algunos neoconservadores exigen un informe por un Equipo B para invalidar el NIE, un equivalente del intento del ex jefe de la CIA William Casey por resucitar la amenaza soviética. En 1980, después que la inteligencia norteamericana llegara a la conclusión de que la amenaza de la URSS a Occidente era menor que en décadas anteriores, Casey seleccionó cuidadosamente a otro equipo de “expertos” el cual, como era de esperar, descubrió que la decadente Unión Soviética era más peligrosa que nunca. Los matones del Equipo B apoyaron la agresiva postura de Reagan de fabricar más misiles y una defensa tipo Guerra de las Galaxias. Bush y Cheney, al igual que Reagan y Casey, hacen caso omiso de sus servicios de inteligencia --por los cuales los contribuyentes pagan $40 millones al año-- y en su lugar dependen del Mossad de Israel, cuyos espías rechazaron las conclusiones de la CIA. La inteligencia israelí se aferra a su aseveración de que Irán pronto tendrá un arma nuclear. Para el Ministro israelí de Defensa Ehud Barak, la publicación del NIE significó un “golpe en la entrepierna” de Israel. (¿El bombardeo es favorable a la masculinidad israelí?) ¿Alentará secretamente Bush a Israel para que use parte de su arsenal nuclear en un “ataque preventivo” contra Irán? Para Bush, las buenas naciones son obedientes. Inglaterra y ahora Francia, por ejemplo, deben poseer armas nucleares. Pakistán (más o menos bueno) aún merece su aprobación (obediente de dientes para afuera, que ya es bastante); y, por supuesto, el amado Israel --con 200 o más armas nucleares. Irán, el único miembro que queda del “eje del mal” de Bush, comenzó a golpear con el puño en el rostro a Estados Unidos en 1953, cuando los iraníes eligieron descaradamente a un gobierno democrático. La CIA y su equivalente británico, en nombre del anticomunismo y en interés de las compañías petroleras, derrocaron al gobierno e instalaron al títere del sha, quien gobernó despóticamente hasta 1979, cuando los militantes musulmanes lo derrocaron y establecieron una teocracia. En 1980 militantes iraníes detuvieron y mantuvieron como rehenes durante más de un año a funcionarios norteamericanos., incluyendo a oficiales de la CIA, y de esa manera humillaron a la potencia Número Uno. El Presidente y la mayoría de los aspirantes presidenciales siguen el axioma norteamericano. Para mantener su status, Washington invade y ocupa otros países sin poseer un casus belli. Los que se atreven a discutir tal comportamiento tan descaradamente ilegal, se convierten ahora en islamo-fascistas. Actuando en nombre del Señor, los presidentes norteamericanos toman venganza del insolente comportamiento iraní. Después de fracasar en revivir el gobierno del sha, EEUU apoyó al ahora odiado pero entonces útil Saddam Hussein, quien de forma obediente y con ayuda norteamericana, invadió Irán en 1980. Después de casi una década de carnicería iraquí-iraní, Estados Unidos castigó a Irán con sanciones --mientras en secreto le vendía misiles para apoyar a los rebeldes antisandinistas en Nicaragua. El 11/9 permitió a Bush declarar una guerra permanente y perpetua contra el terrorismo, socavando de esa forma métodos tradicionales de política exterior a cambio de la agresión desvergonzada. Sus asesores neoconservadores usurparon el poder y sustituyeron al establishment tradicional, de la misma manera que los plomeros de Nixon se apoderaron de tareas de la CIA y el FBI. (Los plomeros taparon las “filtraciones” --a la prensa.) CREEP (el Comité de Financiamiento para Reelegir al Presidente) brindó a Nixon su propio presupuesto privado, así como su propia operación policíaca y de inteligencia de la Casa Blanca. Ese comportamiento disgustó seriamente a los jefes de las agencias tradicionales. Los intelectuales de Bush y Cheney, amantes de la guerra --como Richard Perle, Paul Wolfowitz y Feith--, manipularon la inteligencia a fin de usar el 11/9 para generar el temor. Empujaron al país hacia la guerra con Irak --que no tenía nada que ver con el 11/9. Incluso después de que la invasión salió mal, los neoconservadores siguieron con su plan de atacar a Irán. Desacreditados ahora, estos hombres se retuercen a consecuencia del puntapié del NIE a su entrepierna cerebral. Las repercusiones de la revelación también se sentirán en Europa. El plan de Bush de situar misiles en Polonia y la República Checa como escudo defensivo contra la “amenaza nuclear” iraní ha despertado la ira del Presidente Putin. El líder ruso ve cómo Bush repite las políticas de la Guerra Fría de Truman y Churchill hace 60 años, usando una amenaza inexistente (Irán) como pretexto para rodear militarmente a Rusia. En 1947, Truman declaró que Rusia era una amenaza inminente para atacar a Europa Occidental, mientras que los soviéticos se lamían las heridas después de perder más de 20 millones de vidas en la 2da. Guerra Mundial. Es la repetición de la historia con una nueva metáfora. El puntapié en la entrepierna --un informe de inteligencia en los testículos-- debiera ayudar a disminuir la fiebre de “odio a Irán” que reemplazó el fanatismo del “odio a Irak” en 2001-2003. El NIE reveló al público norteamericano que Bush y Cheney son farsantes que repiten mentiras maliciosas acerca de Irán. Previamente, ellos habían acusado a Teherán de suministrar bombas a los insurgentes iraquíes para que mataran al personal militar norteamericano, un discurso que permanece en el arsenal verbal de Bush. Por desgracia, los aspirantes presidenciales demócratas, con excepción de Ron Paul y Dennis Kucinich, aún aceptan el axioma anti-iraní. Ellos coinciden con Bush que Estados Unidos no debe permitir que otras naciones ayuden a los insurgentes anti-norteamericanos, a pesar de que Washington se considera obligado --¿para obedecer a Dios?--a ayudar a los insurgentes pro EEUU a luchar contra los países malos, como la Unión Soviética en Afganistán en los años 80. ¿No suena como una farsa? El nivel imperial del engaño ha sobrepasado la débil imaginación de Cheney, Bush e incluso de los candidatos presidenciales. Emana del apestoso montón de $700 mil millones del presupuesto militar, aprobado por el Congreso a pesar de que no existe una nación que sea una amenaza. El NIE sirvió para desacreditar a Bush, lo cual reduce la probabilidad de una guerra inminente con Irán, pero no se engañen --no cambia en nada la política fundamental norteamericana.