El "no" a la Constitución Europea en Francia y los Países Bajos

21 May 2005
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El referéndum francés sobre la Constitución de la UE tendrá lugar el 29 de mayo [de 2005] e irá seguido por otro referéndum parecido en los Países Bajos, el 1 de junio. Las encuestas de opinión revelan que el 'no' lleva cierta ventaja, pero en ambos países la diferencia es demasiado ajustada como para adelantar acontecimientos. La entrevista virtual que sigue está basada en las presentaciones que se expusieron en la reunión de investigadores asociados del Transnational Institute (TNI), celebrada en Ámsterdam el pasado 21 de mayo. Susan George (SG) vive en París y es directora adjunta del TNI, vicepresidenta de Attac Francia y una destacada activista contra la Constitución. Erik Wesselius (EW) trabaja como investigador en el Corporate Europe Observatory y es secretario del Comité Grondwet Nee (Comité Neerlandés por el NO) en los Países Bajos.

¿Cuál es la situación de la opinión pública en Francia y en los Países Bajos en estos momentos?

EW: Según las últimas encuestas, las personas que se oponen al tratado en los Países Bajos son más que una ligera mayoría. La semana pasada, los sondeos indicaban que el 'sí' y el 'no' seguían estando al cincuenta por ciento, pero las cifras que se publicaron ayer y hoy indican que el 'no' alcanzaría entre un 60 y un 64%. Eso significa, por lo tanto, que se ha producido un vuelco significativo durante la última semana, cambio que yo vincularía con el hecho de que el Gobierno neerlandés está haciendo una campaña muy fuerte a favor de la Constitución. Aunque me muestro escéptico en lo que se refiere a los sondeos de opinión, cada vez estoy más convencido de que la situación se está dando realmente. Al iniciar la campaña, nunca hubiera imaginado que tomaría este curso.

SG: Aunque el número de indecisos está disminuyendo paulatinamente -ya sabes que, según los sondeos en Francia, los resultados también están muy igualados-, la gente está preocupada por lo que sucederá después porque el Gobierno ha estado apoyando su campaña en el argumento del caos que provocaría el 'no'. A lo que nosotros respondemos: "bueno, pues no pasaría nada; simplemente volveríamos al lugar donde estamos. En estos momentos, tenemos el Tratado de Niza y, hasta ahora, ha habido un nuevo tratado más o menos cada tres años, por lo que no hay motivos para creer que esto no puede seguir funcionando como lo ha hecho hasta la fecha". Pero esta vez no nos echaremos atrás, porque se ha celebrado un gran debate público y los ciudadanos son ahora mucho más conscientes de lo que son en realidad las políticas europeas. De modo que ahora podemos mantener un auténtico debate sobre hacia dónde deseamos dirigirnos.

¿Cuáles son sus principales críticas a la Constitución?

SG: Valérie Giscard d'Estaing, ex presidente francés, fue nombrado presidente de la convención constitucional que redactó este documento. Los 105 miembros de la convención se nombraron a dedo, se designaron desde arriba. En torno a dos tercios de ellos eran parlamentarios europeos o en sus respectivos países, pero no fueron elegidos por los ciudadanos para desempeñar esta labor. Había también otros que, supuestamente, representaban a la sociedad civil. De modo que la primera crítica sería la falta de democracia. Normalmente, una convención constitucional es un organismo elegido por el pueblo, es decir, que, en cierto sentido, lo definen los ciudadanos. Pero esta Constitución no procede del pueblo, sino de un grupo de personas nombradas.

EW: Podría pasarme horas hablando de este asunto, pero el mensaje básico que me gustaría transmitir es que esta Constitución no es democrática, y que si la aceptamos, podríamos quedarnos con una situación totalmente inapropiada durante los próximos veinte años o así. Considero que se trata de algo muy peligroso para el futuro de la cooperación europea. La segunda idea básica es que una constitución debería ser legible y accesible para la población. No debería ser un documento de 480 páginas con otras 400 dedicadas a apéndices y declaraciones. Es una auténtica locura.

SG: Los miembros de la convención trabajaron unos dos años y se suponía que sólo tenían que abordar la cuestión de los equilibrios de poder, que es lo que se suele hacer en una constitución. Además de esto, se suponía que debían constitucionalizar la Carta, una declaración de derechos fundamentales que se había incluido en el Tratado de Niza pero que aún no se había formalizado. Después, por razones que no acabo de entender, el propio Giscard d'Estaing decidió incluir la sección tres, que ocupa en torno a tres cuartas partes del documento y que está formada por esa larga lista de políticas muy detalladas.

EW: El documento incluye muchos asuntos de materia política y contiene, por ejemplo, todo un capítulo sobre políticas económicas que, básicamente, anclan a Europa en un marco neoliberal. Ese tipo de cuestiones no deberían estar presentes en una constitución porque si los gobiernos europeos desearan modificar esa opción política en el futuro, sería imposible, sería de hecho anticonstitucional. De modo que eso es muy peligroso y muy fácil de explicar a la gente. La inclusión de todo ese capítulo sobre políticas neoliberales en la Constitución representa uno de los principales objetos de nuestra crítica.

Otro punto de crítica importante es el de la militarización de la UE. El documento contiene algunos artículos clave que establecen que los estados miembro de la UE mejorarán su capacidad militar cada año. Una parte de la izquierda ha tergiversado estas líneas aduciendo que mejorar no significa necesariamente gastar más. Sin embargo, si sabes de dónde vienen esas propuestas, es inevitable sentir cierta inquietud. Esas propuestas proceden de un grupo de trabajo en el que participaban varios representantes de la industria militar europea y que desean vender sus productos. Por eso estaban más que contentos cuando esos párrafos se incluyeron en la Constitución europea.

SG: La tercera parte incluye una amplia lista de políticas de todos los ámbitos: agricultura, medio ambiente, política de cooperación, justicia, Banco Central, etc. Sin embargo, lo más importante es que los objetivos de la Unión la definen como un espacio económico en que los bienes, los servicios, las personas y el capital pueden circular libremente, y como un espacio donde la competencia es totalmente libre. La palabra "competencia" aparece en el texto 47 veces, la palabra "mercado", 78. En cambio, el término "progreso social" no se menciona para nada, o quizá una vez, y la palabra "desempleo" brilla por su total ausencia.

Nuestras objeciones al contenido del documento son numerosas, pero una de las principales es que el texto no es enmendable, no se puede revisar. Digo que no es enmendable porque se necesita una triple unanimidad de los 25 países. Así que, para enmendar la Constitución, primero debe celebrarse una convención, que tiene que alcanzar un consenso. Después, tienen que presentar la propuesta de enmienda a los jefes de gobierno, que también deben acordar por unanimidad los cambios propuestos. A partir de ahí, ha de celebrarse un proceso como el que estamos viviendo ahora, ya sea mediante la aprobación de los parlamentos o mediante referéndums. Y también en ese caso tiene que haber unanimidad o, de lo contrario, la Constitución no se puede modificar. Así que, cualquier persona que se haya leído el tocho, sabe que es prácticamente imposible enmendarlo.

¿Cómo han reaccionado los gobiernos francés y neerlandés ante la campaña del 'no'?

SG: El gobierno francés utiliza el argumento de que no hay un "plan alternativo", y de que el hecho de que Francia diga 'no' no significa que el resto de gobiernos estén dispuestos a volver a negociar el texto. Nuestra respuesta es que alguien tiene que parar esto y que, legalmente, si Francia vota 'no', el documento queda anulado. Y queda anulado para todos.

El Presidente Jacques Chirac también dice que "seremos la oveja negra de Europa". El gobierno está intentando hacer creer a la gente que viviríamos de acuerdo a una legislación distinta a la del resto de Europa, que todos los demás tendrían la Constitución mientras nosotros tendríamos algo distinto. Y han estado confundiendo aún más esta idea con un nuevo artículo que estipula que todo estado tiene derecho a abandonar Europa. De modo que, en este sentido, están fomentando la ambigüedad.

De hecho, nosotros creemos que, tras la votación, habría tiempo de sobra para el debate y que el equilibrio de poderes cambiaría de forma radical. Si ganamos, el liderazgo socialista se verá desacreditado, al igual que el presidente y el primer ministro. Por lo tanto, habrá una gran agitación política en Francia. Será entonces cuando podamos mantener un auténtico debate sobre cuáles son los próximos pasos que deseamos dar con nuestros camaradas en otros países. Eso es lo que debería pasar pero, lo primero es decir 'no', este no es el modelo que deseamos para Europa y para el mundo.

EW: En los Países Bajos, acaban de aprobar un presupuesto especial de cuatro millones de euros para hacer campaña a favor del 'sí' porque tenían mucho miedo de que saliera el 'no'. Hemos presentado una demanda para exigir que no se gaste ese dinero o que la campaña del 'no' reciba el mismo acceso a los medios de comunicación y el mismo presupuesto porque se trata de algo totalmente desmesurado. La campaña del 'no' ha contado con un total de 400.000 euros, y es una cantidad que hemos reunido entre varios grupos. Mi propio grupo, que es el principal grupo haciendo campaña por el 'no', sólo recibió 30.000 euros, algo irrisorio si se compara con sus cuatro millones.

De todos modos, creo que podemos darnos por satisfechos de que la población esté tan descontenta con el gobierno neerlandés en este momento porque ha estado poniendo en marcha políticas sociales con una dura línea neoliberal. A fines del año pasado hubo muchas manifestaciones sindicales, y creo que este claro viraje hacia el 'no' que estamos presenciando ahora es una especie de reflejo de todo ello.

SG: A mí me gustaría dar las gracias al ex comisario europeo Frits Bolkenstein, antiguo miembro del gobierno neerlandés, por venir a Francia y defender su directiva, que trata sobre la libertad de prestación de servicios y sobre cómo lo que rige es la legislación del país de origen y no la del país en el que se presta un servicio. Dijo también que no creía en todo este asunto del referéndum, que los representantes eran elegidos para votar sobre estas cuestiones y se les debería permitir seguir adelante con ello, y que las personas de a pie no deberían participar en este debate. Eso sí que fue una gran ayuda, fue algo que nos dio un gran empuje.

EW: El gobierno neerlandés ha cometido muchos errores en lo que se refiere a las relaciones públicas. Uno de los principales partidos en el gobierno, los liberales, prepararon un anuncio televisivo en el que mostraban algunas imágenes de Auschwitz, Srebrenica -que es un gran trauma para los Países Bajos- y, después, de los atentados de Madrid, y concluía con el mensaje de que "necesitamos una Constitución europea para que Europa sea mejor y más segura". Después, los liberales pensaron: "bueno, a lo mejor no es muy buena idea retransmitir esto" pero, por desgracia para ellos, los vídeos ya estaban circulando por internet. Éste es un buen ejemplo de que el gobierno carece de argumentos para vendernos la Constitución. La verdad es que están cayendo en frases vacías sobre la importancia de Europa.

SG: El gobierno francés está poniendo toda la carne en el asador. Le está entrando el pánico. Los empresarios dijeron: "no vamos a hacer campaña activa porque creemos que no sería una buena idea, que sería contraproducente". Pero esta semana, más de un centenar de dirigentes empresariales han firmado un llamamiento a favor del 'sí'. El ministro de Defensa ha declarado: "si no votan por el 'sí', Europa se romperá en mil pedazos". Les está entrando un auténtico pánico. Chirac compareció en televisión con un grupo de jóvenes cuidadosamente seleccionados, y descartaron a dos miembros de Attac alegando que eran demasiado partidistas. Se suponía que el resto de los chicos se mostrarían muy obedientes y simpáticos, pero plantearon preguntas sobre nuestro futuro que Chirac fue incapaz de responder y, después de eso, los sondeos de opinión a favor del 'no' aumentaron. Así que también damos las gracias a Chirac. Y al primer ministro, claro, que nos ayuda cada vez que aparece en televisión.

La gente también está votando contra la expresión del neoliberalismo en Francia de la que han sido víctimas desde que se eligió al gobierno actual, en 2002.

¿Cómo y por qué empezasteis a trabajar en torno al referéndum?

EW: Empezamos hará un año y medio, más o menos. Básicamente, éramos un grupo de personas procedentes de una amplia perspectiva de la izquierda que había estado trabajando sobre temas relacionados con la UE durante mucho tiempo. Yo llevo desde mediados de los 90 trabajando sobre la UE y estuve involucrado en la cumbre alternativa de 1997 durante las negociaciones del Tratado de Amsterdam.

Nos reunimos y comenzamos a plantearnos cómo abordar la cuestión del referéndum y cómo asegurarnos de que el gobierno no pudiera argüir que "si dices no, eres un xenófobo", lo cual nos habría colocado en el mismo cajón que los populistas de la derecha.

SG: El debate francés sobre la Constitución comenzó de manera bastante discreta. No hemos estado trabajando sobre ello durante un año y medio, pero sí desde el pasado verano. Attac presentó una lista con 21 demandas ante la conferencia intergubernamental de 2004, de las que no se satisfizo ninguna. Sólo se añadió a los objetivos el punto sobre la igualdad entre hombres y mujeres, pero aquella era sólo una de nuestras 21 demandas; el resto cayó en saco roto. Después, empezó un proceso que no sabría como explicar porque se trata del mayor debate que se ha celebrado en Francia desde 1968. No sé dónde se encuentra su origen. Seguramente se debe al hecho de que a nadie se le había pedido la opinión sobre Europa durante los últimos 13 años. La última vez fue sobre Maastricht, en 1992, cuando no pararon de repetir (el gobierno, Giscard d'Estaing y la gente que ha escrito la Constitución): "no os preocupéis sobre la sección tercera, no es lo más importante, no es más que un resumen de todo lo que había en los tratados anteriores, de modo que habéis estado viviendo con ella y seguiréis haciéndolo". Pero la gente, en realidad, ignoraba que Europa quedaba totalmente encapsulada, con todo escrito en un único documento. Nuestros adversarios nunca citaron el texto porque, una vez empiezas a hacerlo, la gente descubre qué es lo que hay realmente detrás de él, qué es lo que se va a constitucionalizar sin que sea revisable ni enmendable. Y entonces le entra un susto de muerte.

En lo que respecta a la organización contra la Constitución, la cosa empezó en serio con el "manifiesto de los 200", un documento firmado por 200 personas de distintas secciones de la izquierda, incluidos movimientos, sindicatos, partidos, etc. Ésa fue la punta de lanza para la formación de colectivos en toda Francia. Ahora hay entre 800 y 900 colectivos de base en departamentos, ciudades e incluso en unidades administrativas menores. Estos colectivos han estado organizando debates por todo el país. Yo he estado en debates con una asistencia de entre 100 y 5.000 personas. La derecha no alcanza estos números ni por asomo.

EW: Al principio de nuestra campaña, deseábamos involucrar en ella a movimientos sociales y ONG. La idea era crear una especie de plataforma como lo habíamos hecho con la cumbre alternativa de 1997, la cumbre europea desde abajo, pero nos encontramos con que ninguna de las ONG estaba dispuesta a posicionarse abiertamente sobre la Constitución. No se atrevían a pronunciarse públicamente por el 'no'. Así que, básicamente, nos fue imposible formar ese tipo de coalición.

De modo que decidimos centrarnos en intentar influir en los términos del debate. Empezamos escribiendo artículos sobre la Constitución nosotros mismos, y también pedimos que hicieran lo mismo a personas de distintos sectores políticos, como el Partido Socialdemócrata y el Partido Verde. Así, tenemos incluso artículos escritos por miembros de partidos que apoyan el 'sí', y también críticas y análisis de contenido de la Constitución reunidos en un libro. También elaboramos otro tipo de materiales, como un folleto en el que esbozamos nuestras principales objeciones a la Constitución. Y creo que eso fue tremendamente importante porque la derecha no ha ofrecido buenos contenidos, casi no los ha habido, y eso ha representado una gran ventaja para nosotros.

SG: Nosotros hemos elaborado muchísimo material. Los libros sobre la Constitución se han convertido en un best-seller. Attac publicó un pequeño libro con una foto de Chirac junto a François Roland, que es el Secretario General del Partido Socialista, en la cubierta de una popular revista semanal llamada Match. El titular rezaba: "se han dado el sí". Ya sabes, parece que sea una boda gay, y tenemos una foto en que aparecen los dos patinando y están intercambiando un sí. En ese libro, rebatimos todos los argumentos del Partido Socialista y de la UMP [Union pour un Mouvement Populaire] de centro derecha. Se vendieron 38.000 copias durante la primera semana. Después, publicamos otro libro en que se explica la Constitución paso a paso.

Las críticas no provienen exclusivamente de los sectores progresistas. ¿Qué otras fuerzas políticas están apoyando el 'no'?

EW: Una parte de la derecha se está movilizando sobre este tema, y también han estado haciendo campaña por el 'no', pero ha sido increíble cómo, hasta ahora, hemos recibido más cobertura mediática que ellos. Hasta esta semana, nuestra voz era prácticamente la única que abogaba por el 'no' en los medios. Ahora Geert Wilders, un político populista de la derecha, está recorriendo el país en autobús y eso le está dando cierta atención mediática, pero sigue siendo imposible que el gobierno arguya que, si te opones a la Constitución, eres un xenófobo de derechas.

SG: Yo creo que el bando del 'sí' es el que está defendiendo un neoliberalismo puro y duro. Se trata de adaptar a Europa al modelo estadounidense, en el que hay muy poca protección social y todo el mundo compite entre sí. Los servicios públicos se reducirían tremendamente, y la educación y sanidad gratuitas podrían verse muy afectadas. De modo que los que defienden el 'sí' están ofreciendo un modelo de competencia estadounidense, un modelo en que es el mercado el que decide y donde el papel de la política es muy limitado. La gente perderá la posibilidad de decidir sobre casi todo.

La izquierda europea está dividida en este tema. ¿Por qué algunos partidos políticos están apoyando el sí?

EW: En los Países Bajos, el Partido Verde de la izquierda está defendiendo el 'sí' a la Constitución. Así que el único partido de la izquierda haciendo campaña a favor del 'no' es el Partido Socialista.

El Partido Verde sostiene que, aunque el tratado no es ideal, sí que representa un cierto avance en lo que se refiere a la mejora de la democracia en la UE. Según su interpretación, en el marco del contexto político actual, aunque se consiga renegociar el texto, hay pocas posibilidades de que el resultado sea mejor. Afirman que, con el tratado, Europa podrá abordar mejor el problema del desempleo, que presenta muchas mejoras en materia de política medioambiental, etc. Nosotros opinamos que esas afirmaciones son muy discutibles, pero ésa sería su línea de argumentación.

SG: Yo detecto muchas coincidencias entre los Países Bajos y Francia. Los socialistas celebraron un referéndum interno y la cúpula se decantó por el 'sí' hace ya tiempo (el resultado estuvo en torno a 60-40). La cuestión es que ahora los socialistas están divididos porque dos figuras destacadas del partido se han mostrado partidarias del 'no'. Una de esas figuras es el ex primer ministro Laurent Fabius y, la otra, Henri Emmanuelli, que encabeza la tendencia que más se decanta hacia la izquierda. La cúpula del partido los ha acusado de hacer el juego a los fascistas de extrema derecha; su propio partido los ha insultado y vilipendiado. Y eso no está sentando demasiado bien entre las bases. En todos los sondeos, más del 50% de los encuestados que se identifican como socialistas, afirman que votarán 'no'. Lo mismo sucede con los verdes.

¿Cómo responden a los argumentos que defienden los supuestos aspectos progresistas de la Constitución?

SG: La primera parte de la Constitución trata sobre el reparto de poderes y también incluye las cláusulas militares. En ellas se estipula de forma muy explícita que la OTAN será el principal componente de la defensa de todos los estados que pertenecen a la UE. Eso se recoge en la primera parte y, sin embargo, el Parlamento Europeo sigue careciendo de competencias para impulsar una legislación o para subir los impuestos, y no tiene ninguno de los poderes que suele tener cualquier parlamento en un país normal.

La segunda parte recoge la carta de derechos fundamentales. Para muchas personas esto supone un problema, sobre todo en Francia, porque es un texto retrógrado en comparación con la Constitución francesa y con otras constituciones escritas desde el s. XVIII, incluida la declaración original de los derechos del hombre y la mujer. Una de las cláusulas de la carta, por ejemplo, establece el derecho a buscar empleo, pero no a trabajar. El trabajo no se trata como un derecho fundamental. Sin embargo, el derecho a trabajar constituye la base de las compensaciones por desempleo, por lo que se trata de un paso atrás muy grave. Hay otras cuestiones. Muchas mujeres opinan que la simple mención de que "toda persona tiene derecho a la vida", sin más referencias a los logros de las mujeres en varios países supone una omisión grave, y creen que la sección se redactó así porque en algunos países, entre ellos Portugal e Irlanda, no existe el derecho al control de la natalidad, al aborto, etc.

Hay otras cosas que nos parecen retrógradas y, al final de la carta, hay un párrafo que afirma que "esto no crea nuevas tareas u obligaciones para la UE y cualquier decisión judicial al respecto no da lugar a un derecho exigible". En otras palabras, las decisiones judiciales no pueden hacer cumplir derechos exigibles, y sólo pueden decidir si la Constitución se está aplicando o no.

EW: Nuestro principal argumento es, básicamente, el de la democracia, así que, en respuesta a lo que dice el Partido Verde, reconocemos que hay ligeras mejoras, como el hecho de que el Parlamento Europeo tendrá algo más de influencia sobre las políticas de la UE en algunos campos. La transparencia del Consejo de Ministros también mejorará en cierta medida. Pero -estas mejoras siempre van acompañadas de un pero-, si se habla de transparencia en el Consejo, hay que tener en cuenta que la mayoría de las decisiones del Consejo se preparan mediante comités. Actualmente hay casi un millar de comités que seguirán siendo tan poco transparentes como lo son ahora. No hay absolutamente ningún control sobre lo que están haciendo y la Constitución no va a cambiar esa situación.

El Parlamento Europeo ha ido ganando poderes con los años pero, a pesar de ello, sigue sin poder compararse con un parlamento nacional. Lo primero que se puede destacar es que no hay partidos reales, sino grupos del Parlamento de la UE. Hay gente que cree que son partidos, como los socialdemócratas o los cristianodemócratas, pero en realidad no funcionan como tales, sino que no son más que un conglomerado de fracciones nacionales que se aglutinan en un mismo grupo. Algunos han intentado, los verdes por ejemplo, crear un Partido Verde Europeo, pero son agrupaciones muy provisionales. Por lo tanto, en ese sentido, tenemos un tipo de política muy peculiar, y lo es aún más porque no hay un gobierno compuesto por partidos políticos. Cada país designa su propio Comisario, y la Comisión actúa como una especie de gobierno, pero no se produce la dinámica habitual entre partidos en el gobierno y en la oposición que caracteriza a una democracia representativa.

SG: Nosotros también utilizamos el argumento del déficit democrático y el hecho de que las políticas económicas son instrumentos que no deberían recogerse en un documento constitucional. En la Constitución se propone un doble ejecutivo: por una parte, está la Comisión, que se define como la única entidad que puede definir el interés general; ésa es su tarea. Y después hay un presidente único, que se elige por un mandato renovable de dos años y medio. Pero esta estructura parece ser la receta perfecta para la aparición de luchas internas entre dos fuentes distintas de poder ejecutivo. En otras palabras, se deshacen de la presidencia rotativa de seis meses, que puede pasar de Finlandia a Grecia, después a Irlanda, etc. Así que se deshacen de eso, que podría ser una cosa positiva, pero lo cierto es que la otra opción no parece ser muy productiva.

A pesar de todo, en general, nuestro mayor argumento es el del neoliberalismo. Cuando la convención entregó la Constitución a los jefes de estado y de gobierno, éstos añadieron y recortaron fragmentos que la hicieron aún más neoliberal de lo que era al salir de la convención. Puede que eso refleje lo que son los gobiernos de Europa hoy en día. Pero eso se convierte en un problema porque resulta extremadamente difícil cambiar esta Constitución. Como reza la Constitución francesa de 1793, "una generación no puede imponer sus leyes a las generaciones futuras".

La gente que de verdad se ha leído el texto de la Constitución casi siempre termina este complicado ejercicio con la determinación de votar en contra de ella, a pesar de la propaganda financiera y mediática oficial a favor del 'sí', que sostiene que "es más democrática que lo que teníamos".

Si perdemos la votación en Francia, la derrota será histórica. Pero yo tengo fe en la inteligencia del pueblo francés y creo que podemos ganar.