Más tropas, y más debate sobre Afganistán

24 December 2008
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La decisión de aumentar las tropas de Estados Unidos en Afganistán estaría pactada entre el gobierno saliente George W. y el entrante de Barack Obama.

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Aunque en los últimos meses ha crecido la opinión dentro de los países de la OTAN que operan en Afganistán a favor de cambiar la estrategia y poner más énfasis en las negociaciones políticas y la consolidación del Estado que en el esfuerzo militar, Estados Unidos toma la iniciativa de enviar más efectivos con la esperanza de que otros aliados hagan lo mismo. Esto traerá debates políticos en Alemania, Holanda, Canadá o Noruega, países en los que ya hay creciente rechazo social a enviar más tropas.

Tres cuestiones acompañan el debate sobre Afganistán en este momento: negociar con la insurgencia, la estrategia de construcción del Estado, y el papel de Pakistán. Según algunas fuentes los grupos que se agrupan bajo el nombre de Taliban han logrado reconquistar alrededor del 75% del territorio que perdieron en 2001, cuando Estados Unidos invadió el país y les expulsó del poder. Apoyándose en la producción y tráfico de drogas, y debido a los fallos del corrupto gobierno de Hamid Karzai y la comunidad internacional para proveer seguridad, servicios y empleo, el Taliban ha logrado contar con base social. A la vez, el apoyo desde sectores de las fuerzas armadas y grupos islamistas radicales de Pakistán le ofrecen retaguardia, armas y fondos.

El deterioro de la situación económica, los ataques crecientes contra las fuerzas de la OTAN y funcionarios del gobierno, las muertes accidentales de civiles por parte de efectivos occidentales, y los atentados suicidas han obligado a los casi 40 países que están presentes en Afganistán con tropas y ayuda a revisar su estrategia. El gobierno de Karzai ha iniciado un proceso de negociación con algunos grupos del Taliban gracias a la mediación de Arabia Saudí que tiene el apoyo implícito de Estados Unidos y los aliados. Los grupos del Taliban solicitan, entre otras cosas, la retirada de las tropas internacionales, formar parte del gobierno, integrar a sus fuerzas irregulares en el ejército, y la institucionalización de la Sharia o ley islámica.

Las negociaciones irán lentamente, en caso de que no se rompan, porque la insurgencia tiene diversos grupos y no hay un acuerdo entre ellos. A la vez, hay desacuerdos entre Estados Unidos y algunos aliados europeos sobre con quién negociar y cuáles son los límites. Entre tanto, los mandos de la OTAN empiezan a modificar su estrategia, tratando de ganar a la población civil promoviendo el fortalecimiento del aparato de seguridad afgano y proyectos de desarrrollo.

El problema mayor es que el programa de formación de fuerzas de seguridad afgana es lento y caro mientras que la insurgencia es más flexible y rápida. A la vez, desmantelar la economía del narcotráfico y ofrecer un modelo productivo a la población no es una tarea sencilla. Por otro lado, pese a que determinados sectores del Estado han crecido desde 2001 y hay claras mejoras para la población, tampoco se ha desarrollado una representación partidaria que permita que los ciudadanos puedan expresar sus inquietudes sociales, económicas y políticas.

La cuestión pakistaní es de las más complejas. La frontera entre Pakistán y Afganistán es porosa y existe sólo en los mapas. Las afinidades tribales y la falta de Estado en los dos lados, el narcotráfico y el comercio ilegal de armas le convierten en la retaguardia ideal para la insurgencia.

Sectores de la inteligencia y las fuerzas armadas pakistaníes han apoyado durante años a los grupos Taliban con el objetivo de controlar Afganistán. La perspectiva estratégica es que Pakistán debe tener ese control para evitar que ese país esté bajo la influencia de India, la competencia hegemónica de Nueva Deli en Asia suroriental.

En 2009 las cuestiones internas y las externas del conflicto afgano se cruzarán más intensamente. Estados Unidos está presionando fuertemente a Pakistán para que se implique en la lucha por el control de la frontera y la zona controlada por grupos insurgentes. Washington aumenta sus fuerzas y Obama pedirá el mismo esfuerzo a los aliados. La idea es presionar militarmente para negociar mejor, algo que algunos analistas ponen en duda. La gravedad del conflicto obliga a adoptar una perspectiva regional, que implique de forma gradual a todos los implicados, tanto los que están en primera línea como otros (China, Rusia, Irán) que tiene intereses geopolíticos en la región.