Honduras: El golpe preventivo (Final)

21 January 2010
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El mayor pecado de Zeyala fue proponer, mediante un referendo no vinculante, una convención constitucional que discutiera cambios estructurales.

“Si la nación norteamericana habla suavemente y sin embargo construye y mantiene al tope del mayor entrenamiento una marina completamente eficaz, la Doctrina Monroe llegará lejos”. --Presidente Theodore Roosevelt, 1903

“Voy a enseñar a las naciones sudamericanas a elegir a hombres buenos”. --Woodrow Wilson, 4 de julio de 1914

¿Qué motivó el pasado junio a una docena de familias a conspirar para derrocar al presidente hondureño Manuel (Mel) Zelaya? Al parecer él no ocultaba planes revolucionarios ni trató de imponer cambios ilegales para disminuir la inmensa brecha entre un puñado de súper ricos y millones de pobres. La oligarquía acusó falsamente a Zelaya de buscar cambios constitucionales para aspirar a la reelección.

Zelaya había autorizado la exploración petrolera y tenía planes de convertir la base militar de Palmerola, controlada por los norteamericanos, en un aeropuerto civil –al contrario de los deseos de la oligarquía. Zelaya también llevó a Honduras al ALBA –el proyecto de Venezuela y Cuba de integrar las economías latinoamericanas sin EE.UU. Ayudó a movilizar a la región contra la política de Washington de aislar a Cuba. Sin embargo, su mayor pecado fue proponer, mediante un referendo no vinculante, una convención constitucional que discutiera cambios estructurales.

En junio, militares que supuestamente seguían órdenes del Tribunal Supremo, arrestaron (secuestraron) a Zelaya y lo llevaron en avión a Costa Rica. Desde entonces, los analistas “olvidaron este incidente” y “siguieron adelante”. Pocos han hecho preguntas.

¿Por qué la oligarquía necesitaba derrocar a un presidente que no tenía la intención de permanecer en el poder? Zelaya no tenía un apoyo militar sustancial ni planeaba obtenerlo. El poder económico, junto con todas las instituciones gubernamentales, está en manos de una oligarquía o del capital extranjero.

Dos de tres facciones del propio Partido Liberal de Zelaya conspiraron para derrocarlo. La Constitución limita lo que puede lograr un presidente en materia de cambio social y económico. A Zelaya le quedaban seis meses en el cargo.

Pero “los culpable huyen cuando nadie los persigue”. El referendo de Zelaya que pedía al pueblo que votara si deseaba un cambio básico podría significar serios problemas para los asquerosamente ricos, los cuales ya no contaban con el apoyo de la Casa Blanca. Los electores norteamericanos habían reemplazado a los republicanos derechistas con un Obama aparentemente respetuoso de la ley. Sin embargo, el golpe avanzó –incluso después de que funcionarios norteamericanos al parecer se habían manifestado en contra.

Los cruzados derechistas de la radio y miembros de la Cámara de Representantes y del Senado alentaron a los complotados. The New York Times y The Wall Street Journal también se sumaron a la campaña anti-Zelaya.

Los que esperaban que Obama respetara la soberanía (intereses de la mayoría en Latinoamérica) debieron haber recordado la esperanza similar de los latinoamericanos en Woodrow Wilson. Mientras anunciaba doctrinas no intervencionistas, Wilson ordenaba a las fuerzas norteamericanas que invadieran y ocuparan Haití, Nicaragua y Cuba

En 1933, el Subsecretario de Marina de Wilson, se convirtió en Presidente. Su política de “Buen Vecino” incluyó gestos amistosos hacia Rafael Leónidas Trujillo, el tirano de República Dominicana; Anastasio Somoza, que se especializó en el asesinato y el robo en Nicaragua; y al dictador Fulgencio Batista en La Habana. Los tres trataron con gran respeto a las corporaciones norteamericanas.

John F. Kennedy siguió a su fracaso de Bahía de Cochinos en Cuba con una “Nueva Frontera”, un Cuerpo de Paz y una Alianza para el Progreso. Sin embargo, al mismo tiempo lanzó una contrainsurgencia que ayudó a los principales enemigos de la democracia –las fuerzas militares de Latinoamérica. La Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson en Estados Unidos contrastó con su envío de tropas norteamericanas a República Dominicana. Reagan atacó Granada. George Bush envío a soldados de EE.UU. a  arrestar al desobediente general Manuel Noriega, que en el proceso mataron a cientos de panameños.

Estas incursiones posteriores a la diplomacia de cañoneras ocurrieron cuando las fuerzas militares latinas entrenadas por EE.UU. –más baratas que la Infantería de Marina—fracasaban. La CIA y la 82va. División Aerotransportada  se convirtieron en pólizas de seguros –para las corporaciones y bancos en el exterior. La política post Revolución Bolchevique se enfrentó al comunismo para justificar la interferencia en los vecinos; después de 1991, se convirtió en “promoción de la democracia”.

El “golpe preventivo” de Honduras demostró que los golpistas habían hecho el cálculo correcto: Washington tenía que aceptar el resultado de su acción, independientemente de cómo se retorcieran los artífices de la palabra del Departamento de Estado.

Obama dijo que era un golpe, pero quizás no fuera exactamente un golpe.  Así que no vamos a congelar las cuentas de los malhechores. La realidad obliga a reconocer al gobierno “de facto”. La mediación solucionará el conflicto y seguirán nuevas elecciones. El antibiótico combate las infecciones de desobediencia y soberanía: las elecciones curan la Tos Golpista.

La derecha hondureña se jactó. Los ejecutivos de Chiquita Banana sonrieron por no tener que aumentar el salario a los cosecheros de bananas. Los ingenuos que creyeron que la ley triunfaría recibieron un baño de fría realidad.

El “populismo radical” –los esfuerzos por redefinir las relaciones de poder—s iguió siendo anatema en Washington. Si los pobres controlan sus propios recursos nacionales, los bancos y corporaciones de EE.UU. tienen menos poder en el país y el exterior.

Vemos que el “Buen Vecino” y las “Cañoneras” se han convertido en el “Poder Inteligente” que combina la fuerza con la diplomacia y moviliza en el exterior los valores de la “sociedad civil” de EE.UU. En Honduras, Obama tomó prestado de Teddy Roosevelt, pero agregó una palabra: “habla suavemente, ‘prevarica’ y lleva un gran garrote”.