¿Cómo dejar a Irak? Simplemente marcharse
Los demócratas, hastiados de Irak, se enfrentan a un formidable reto político. Si ganan en noviembre, ¿podrán librar al país de la guerra ilegal de Bush, que aparentemente no puede ser ganada por las fuerzas militares de EEUU y ha agotado recursos materiales y psicológicos?
Obama y Clinton prometen retirar las tropas --bueno, la mayoría de las fuerzas de combate, para el 2010. No dicen qué harán con los 180 000 "contratistas" que EEUU paga para que realicen tareas que hacían los soldados, o cómo van a manejar la embajada del tamaño de un súper Wal-Mart, aún en construcción. Es más, pocos se hacen esa pregunta. ¿Para qué necesitamos esa obscena y dominante estructura si vamos a marcharnos? Ni tampoco hemos visto planes para enfrentar el tema del futuro de las bases norteamericanas en Irak, o cómo incluir a los vecinos de Irak, los más interesados (Siria e Irán) en la estabilización posterior a la ocupación.
Todos los aspirantes políticos norteamericanos usan la palabra "paz" de la misma manera que la gente dice "¡Salud!" cuando uno estornuda: tales palabras no significan nada. Solo recuerden cómo 13 colonias se transformaron en un imperio. Nada más tomó un siglo de conquistas --de tierras indias y de territorio español y mexicano. Ese es un ejemplo de pueblo amante de la paz.
McCain es un disidente porque admite implícitamente que la guerra es parte integral de la cultura norteamericana. Él dice que mantendrá indefinidamente a las tropas norteamericanas en Irak, hasta que ganemos (independientemente de lo que eso quiera decir). Él ensalza a los gloriosos militares que no han ganado una guerra contra un enemigo que se defienda desde la 2da. Guerra Mundial --y esa la ganaron gracias a las fuerzas soviéticas. A los fabricantes de armamentos, a las Halliburton y a las Blackwater del país les encanta esa manera de hablar --al igual que a sus accionistas.
Los axiomas de la política norteamericana menoscaban el diálogo acerca de la guerra y el imperio. La distorsión aparece como noticia gracias a los estenógrafos de los medios. Bush, quien es capaz de decir cualquier cosa, se auto alaba por obtener progresos en Irak. Hay que traducir esa palabra como "provocar cinco años de muerte y destrucción". Borrando de sus labios caídos la acostumbrada sonrisa idiota a lo Alfred E. Newman, alabó el "progreso" en Irak y retó a los demócratas a pedir la retirada de las tropas. "No importa qué deficiencias diagnostican estos críticos, su receta siempre es la misma: retirada", dijo Bush (USA Today, 27 de marzo.)
Su optimismo chocó con los hechos cuando a fines de marzo estallaron los combates en Basra y motines en Bagdad. Alentado por EEUU, el gobierno iraquí lanzó una ofensiva militar en Basra para socavar a Moktada al Sadr, el rival político del Primer Ministro Nouri al-Maliki. La facción del Primer Ministro temía que esto les haría perder las elecciones provinciales en octubre, porque el público odia a su gobierno. No han hecho nada para suministrar agua, viviendas o empleos para los iraquíes pobres. Sin embargo, la coalición de Maliki se forró los bolsillos. El ataque fracasó. El ejército entrenado por EEUU tuvo que depender del apoyo aéreo y terrestre norteamericano para que lo rescatara de las milicias de Sadr. Hasta ahí el éxito de la marea de Bush. La violencia en Irak ha escalado.
Casi cinco años después de que asegurara que había cumplido la misión (1 de mayo, 2003), Bush aún se da palmaditas en la espalda. Depuso a Saddam Hussein, que "mató a su propio pueblo". El régimen títere de Bush acaba de matar a cientos de iraquíes en Basra. Bush no nota ninguna contradicción
Si EEUU se retira, advierte él, le seguirá un desfile de horrores --el viejo cuento que oímos acerca del dominó cayendo en Asia si nos retirábamos de Viet Nam. Aún estamos esperando el ruido de esas fichas desmoronándose mientras el edificio del CitiBank domina el paisaje de Ciudad Ho Chi Minh. Bush y Cheney repiten vagas posibilidades de desastre. Sus medios (Fox y CNN, por ejemplo) reiteran la tontería casi con la misma frecuencia que los comerciales.
El público dijo no a esta guerra en las elecciones para congresistas de 2006, y en cada encuesta. Dick Cheney dice: "¿Y qué?" Su obsesión y la de Bush de "atrapen a Saddam" ha costado la vida a más de 4 000 soldados norteamericanos, además de más de 30 000 heridos. Los costos finales alcanzarán los billones de dólares. Por cierto, ni Hillary ni Obama se refieren al costo colosal en vidas iraquíes.
Las políticas de Bush han costado a Washington prestigio y credibilidad. Sus mentiras y engaños pueden convencer a una pequeña minoría, pero la mayor parte del mundo reconoce a Irak como un desastre absoluto. Ha provocado el aumento de tensiones regionales y ha contribuido también con la enfermedad económica de EEUU. ¿Puede un demócrata recobrar la solidaridad global generada después del 11/9? ¿O se habrá hecho tan ubicuo el anti-norteamericanismo en el mundo que los hechos de Bush no pueden ser enmendados por un régimen "buena gente"?
Bush aún asegura que los iraquíes están mejor debido a su invasión. Extrañamente, la mayoría de los iraquíes no son capaces de percibir los beneficios de la muerte, destrucción, tortura, prisión y exilio actuales. Bush parece creer que al tener en cuenta los iraquíes esos factores demuestran una perspectiva a corto plazo.
"El reto a que nos enfrentamos", escribió, "es si respondemos huyendo a la barbarie de al-Qaeda, como ellos esperan que hagamos --abandonarla el futuro de Irak, del Medio Oriente y en última instancia nuestra propia seguridad ante la misma gente que es responsable de las atrocidades de la semana pasada-- o si nos mantenemos firmes y luchamos. Para mí solo hay una decisión que protege la seguridad de Estados Unidos --y esa es mantenernos firmes, luchar y vencer." (Washington Post, 26 de abril de 2007)
Imagínense, Bush todavía entra y sale subrepticiamente de Bagdad para sermonear a sus títeres. Cuando el Presidente Mahmoud Ahmadinejad fue de visita, anduvo por Irán con poca protección y obtuvo el tipo de cálida bienvenida por la que Bush debe rezar.
La insistencia de Bush de que está combatiendo a al Qaeda en Irak para no tener que hacerlo aquí choca con hechos descubiertos en Irak por los periodistas Patrick Cockburn (The Independent) y Ned Parker (Los Angeles Times). Ellos consideran que la presencia de Al Qaeda significa una mínima parte de la violencia diaria en Irak. (El informe de 2006 del Grupo de Estudio de Irak apoya esas conclusiones.) Irónicamente, al-Qaeda no existía en Irak antes de la invasión de Bush.
Dado el escepticismo del público acerca de la guerra y la baja de la economía, la tarea electoral de los demócratas en noviembre debiera ser fácil. ¡Pero esperen! Ellos controlan ambas cámaras y no recortaron los fondos para la guerra en Irak. Un angustiado congresista anti-guerra dijo: "No tenemos los votos para terminarla. Los Joe Lieberman y los Perros Azules lo imposibilitan" en referencia al ex demócrata --ahora independiente-- de Connecticut que se hace eco de Bush al culpar a Al Qaeda por la insurgencia iraquí. En 1994 demócratas conservadores en la Cámara de Representantes formaron la Coalición Perro Azul para representar posiciones cercanas a las de los halcones y actitudes más fuertes contra los impuestos.
Al buscar una salida, ¿por qué los líderes demócratas no repiten las recomendaciones del Grupo de Estudio de Irak? Los vecinos occidental y oriental, Irán y Siria, debieran convertirse en participantes principales para ayudar a estabilizar a Irak después de la partida de las tropas norteamericanas. "Debido a la capacidad de Irán y Siria para influir en Irak y su interés en evitar el caos allí, Estados Unidos debiera tratar de contactarlos constructivamente", dijo el informe.
La solución s evidente, pero los expertos de salón y los émulos de Solón se retuercen las manos. Si EEUU se retira, la guerra civil puede hacer erupción en Irak. ¡Oigan!, la guerra civil estalló cuando los chiíes se enfrentaron a los chiíes en Basra. Los choques allí debieran haber destruido el mito de que Irak solo sufre debido a las peleas entre chiíes y sunníes o entre kurdos, turcomanos y cristianos.
La Casa Blanca caracterizó erróneamente el ataque de al Maliki como que estaba dirigido contra criminales y terroristas. La transparente mentira fue revelada, e incluso con ayuda militar de EEUU las fuerzas gubernamentales perdieron. Es más, si Sadr no hubiera declarado un cese al fuego (por cierto, gracias a Irán), la humillación de al Maliki hubiera sido peor. La conflagración de Basra dramatiza las mentiras que Bush y Cheney dicen y los medios repiten acerca del valor de la marea y el progreso en Irak. También subrayó el hecho principal de la ocupación: ha destruido la integridad de la sociedad iraquí. Mientras más tiempo nos quedemos, más difícil será reconectar los elementos de ese país para convertirlo en una masa coherente.
Al Qaeda no ha promovido la insurgencia antinorteamericana en Irak. La presencia de EEUU ha provocado muerte, destrucción y sufrimientos a los iraquíes. Por eso somos odiados.
Los demócratas usan los hechos para demostrar los defectos en el argumento de Bush para mantener su rumbo sangriento. Ellos pudieran posibilitar la retirada de Irak como una medida estabilizadora --un cambio de la guerra amenazante y la exigencia de una democratización al estilo de EEUU. (Recuerden las elecciones de enero de 2006 en Gaza, libres y justas bajo la ocupación israelí. Ganó Hamas. Como ganó el partido equivocado, Bush dijo que las elecciones no contaban. Tal comportamiento no augura nada bueno para EEUU como mediador de una paz israelo-palestina.)
"Para marcharse de Irak", dijo mi colega, "simplemente hay que irse". Olvidó que una medida tan atrevida puede exigir la invención del trasplante de valentía.
Saul Landau es miembro del Institute for Policy Studies e investigador asociado del Transnational Institute. Es autor de Un mundo de Bush y de Botox y realizador deAquí no jugamos golf.