Violencia y narcotráfico en las favelas de Río

17 December 2004
Article

Segundo de una serie de informes sobre el problema del narcotráfico y la violencia asociada a las drogas en las ciudades brasileñas.

Los gobiernos que se han sucedido en las últimas décadas en el Brasil no han sido capaces de enfrentar de manera competente el problema de la violencia asociada al tráfico ilícito de drogas en los medios urbanos. Han insistido solamente en la solución armamentista y bélica, aumentando el contingente policial, equipándolo con armas más poderosas, y recurriendo al auxilio de las fuerzas armadas como forma de mayor represión.

Sin embargo, los resultados son cada año más desastrosos. Sin un amplio esfuerzo en la reforma de las instituciones de seguridad pública, con miras al incremento de su eficiencia, de mejores condiciones de trabajo y, principalmente, de la transparencia de sus acciones y respeto a los preceptos constitucionales, no habrá una solución al problema de la criminalidad. De la misma forma, no será posible mejorar las cifras en la lucha contra el consumo de drogas, sin la inclusión de la población en general - y en particular los habitantes de las favelas - en la formulación e implementación de políticas públicas que efectivamente representen una inversión en acciones a favor de su inclusión social y, finalmente, su integración a la vida de la ciudad.

El narcotráfico se ha institucionalizado en las favelas cariocas. Es decir, la práctica violenta de sus principales actores y su capacidad de volverse un elemento de socialización en la vida de millares de niños, adolescentes y jóvenes, no son acciones paralelas al poder sino que hacen parte de su continuum que envuelve la justicia penal, los órganos de detención y represión. Con lo cual, las mismas instituciones del poder han transformado la ilegalidad del tráfico de drogas una práctica delincuente. Lo que Foucault llamó, una delincuencia útil.

A pesar de los graves problemas que el tráfico de drogas trae para la población de Río de Janeiro, la ciudad no está en guerra, como quieren hacer creer los sectores conservadores, la propia policía y parte significativa de los medios de comunicación. La cuestión del narcotráfico se incluye, además de los factores expuestos anteriormente, en el ámbito de la seguridad pública, y no es, de forma alguna, un problema de seguridad nacional. Impulsar esa mentalidad, reforzar ese argumento, significa dar un salvo conducto al aumento de las violaciones, ya bastante alarmantes, a los derechos humanos de parte importante de la población pobre de la ciudad. Las drogas se volvieron el pretexto para asesinatos masivos, prisiones arbitrarias, y para culpar a determinadas personas. La persecución a los enemigos del régimen militar parece haber sido sustituida, en estos tiempos neoliberales, por el estigma del traficante.

Sus causas más profundas y posibles soluciones se encuentran más allá de los límites metropolitanos. El combate a la corrupción en diversos órganos, como la policía Civil, Militar y Federal, es fundamental para evitar la entrada de armas por las fronteras y su infiltración a través de aeropuertos, carreteras y puertos. Es urgente un mayor control sobre el estamento Judicial, para impedir que jueces y promotores faciliten habeas corpus para los traficantes y funcionarios públicos comprometidos con actos de corrupción y prevaricato. Es necesario, además, sacar a las favelas - que representan el 40% de la población carioca - del aislamiento en que fueron históricamente colocadas, como si no pertenecieran a la ciudad, excluidas de políticas públicas de educación, salud, empleo y renta, promoción social y seguridad. Con ello se evita que el único órgano estatal que llegue a las favelas sea la policía, cuya actuación siempre se ha caracterizado por la incompetencia, el desprecio y la falta de respeto con sus habitantes.

Las políticas para la juventud son urgentes, pues éste es el sector de la población más afectado por la violencia y la criminalidad. Varios programas ya existentes en diversas favelas cariocas, han demostrado que lo que lleva a los jóvenes a ingresar a las filas del narcotráfico, es sobre todo el abandono en que se encuentran en cuestión de políticas culturales y educacionales que valoricen su creatividad, antes que la pura necesidad de supervivencia. En el ámbito internacional, el sistema de la ONU necesita revisar la política prohibicionista expresada en las convenciones sobre estupefacientes, buscando formas más eficientes de desmantelamiento de las redes de delincuentes, sin criminalizar a los pequeños agricultores y usuarios.