La amenaza latente del hongo fusarium

01 December 2003
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La amenaza del uso del hongo fusarium es motivo de honda preocupación.

En 2000, el Congreso estadounidense planeó la introducción del hongo fusarium como un agente de control biológico para exterminar los cultivos de coca en Colombia, y de otro hongo destinado a acabar con la adormidera de Afganistán. El riesgo de implementar el uso unilateral de un agente biológico llevó a la administración de Clinton a interumpir estos planes, que habrían podido ser percibidos por el resto del mundo como una guerra biológica. En ese momento, los países productores de coca de la región andina, entre los cuales Colombia, proscribieron el uso de este hongo en el marco de la guerra a las drogas.

En agosto de 2003, se dio a conocer internacionalmente el resultado de una investigación científica realizada por una entidad canadiense que establece una relación entre la aplicación de un herbicida de uso corriente y la proliferación que resulta de esta aplicación de un moho micótico potencialmente tóxico en la cosecha. El herbicida en cuestión era el producto Roundup de Monsanto, cuyo químico glifosato al parecer estimula el crecimiento de colonias del hongo fusarium, un tipo de moho extremadamente tóxico que puede aparecer de manera natural en suelos e invadir ocasionalmente los cultivos, cuya acción es normalmente frenada por la presencia de otros microbios. Los cultivos tratados con glifosato revelan un nivel más alto de fusarium que los cultivos en donde no se ha aplicado este herbicida.

La investigación de los canadienses no es la primera que establece una relación entre las fórmulas que contienen el herbicida glifosato y un hongo potencialmente tóxico. Robert Kremer, especialista en suelos de la Universidad de Missouri ha comprobado también el incremento de fusarium y de otros microbios después de la aplicación de glifosato. Segun Kremer, el glifosato parece estimular la aparición del fusarium en la zona de las raíces de las plantas, con lo cual se podría considerar este hongo como un 'efecto secundario' del glifosato.

El fusarium puede producir una variedad de toxinas que se adhieren a los cultivos y que no desaparecen en el proceso del cocimiento de los alimentos, de las que se sabe que pueden llegar a producir vómitos. El fusarium puede producir también otros componentes más letales, como el fumonisin, que puede causar cáncer y defectos congénitos, y otro agente aún más nocivo, el fusariotoxin también conocido como T2 toxin.

La compañía Monsanto ha negado completamente estas conclusiones e insiste en que el Roundup no tiene impactos negativos en el suelo. Pero si estos resultados se confirmaran, el herbicida más famoso del mundo quedaría en dificultades, a la vez que la credibilidad de Monsanto en la aceptación de los cultivos genéticamente modificados como el "Roundup Ready" de uso frecuente en Estados Unidos. En el caso de Colombia, en donde la fumigación aérea ha asperjado cientos de miles de hectáreas con glifosato de altas concentraciones en uno de los ecosistemas más delicados y de gran biodiversidad en el mundo, la sola posibilidad de este efecto secundario del glifosato debería ser motivo de gran alarma y suspensión inmediata del uso de este producto. El gobierno colombiano proscribió el uso del agente biológico fusarium contra los cultivos ilícitos, pero no hay hasta ahora ley que lo impida como posible 'efecto secundario'. Una curiosa paradoja que parece una carcajada del demonio traducida en una posible epidemia de fusarium en la cuenca amazónica. Como dice el investigador Sanho Tree de IPS, en su interés por evitar que la cocaína llegue a las narices de la gente en EEUU, la guerra a las drogas podría estar asolando los pulmones del mundo.

Paradójicamente también, precisamente por las mismas fechas en que se conocían públicamente los resultados de estas investigaciones, la EPA volvía darle su visto bueno al glifosato para escándalo de la comunidad científica.

Cuando ya muchos pensaban que la amenaza del hongo Fusarium oxysporum había sido superada, el tema ha vuelto a resurgir de manera sorpresiva. El gobierno estadounidense en su obsesionada lucha contra las drogas, planeó en 2000 la introducción de un arma biológica para la erradicación de los cultivos narcóticos en el mundo. Los cultivos de adormidera de Afganistán y los cultivos de coca en Colombia serían atacados con agentes biológicos, para lo cual se habían puesto en marcha diversos programas para ensayar con micoherbicidas capaces de atacar eficazmente dichos cultivos.

La noticia de que Estados Unidos estuviese contemplando seriamente la posibilidad de usar agentes biológicos en la lucha antinarcótica desencadenó en su momento una enorme movilización internacional de rechazo. La implementación de estos hongos no sólo representaría una franca violación a la proscripción global de armas biológicas, sino que además, tales agentes biológicos son peligrosos para el medio ambiente y representan una amenaza de consecuencias desconocidas para la agricultura y la vegetación de los diversos ecosistemas. En este contexto de rechazo, el Transnational Institute junto con otras ONG internacionales dedicadas al problema de los cultivos ilícitos, asociaciones de la sociedad civil colombiana, e importantes organizaciones ambientalistas desarrollaron una amplia y efectiva campaña para detener la introducción del Fusarium en Colombia. En julio de 2000, la ONU desaconsejó el uso de este hongo contra los cultivos ilícitos.

La amenaza de la introducción del Fusarium provocó igualmente una fuerte reacción de oposición en los países de la región andina, la cual condujo a su proscripción legal en países como Ecuador y Perú, y a una resolución conjunta de los ministerios del medio ambiente de los países del área expresando su rechazo a la aplicación del Fusarium en sus territorios. La presión internacional serviría también para que el Congreso estadounidense retirara las condiciones impuestas al gobierno colombiano de acuerdo a las cuales, se le otorgaba a Colombia ayuda militar solamente si aceptaba la introducción de micoherbicidas para atacar sus cultivos ilícitos. Finalmente la administración de Clinton interrumpió los planes. El riesgo de implementar el uso unilateral de un agente biológico podía ser percibidos por el resto del mundo como una guerra biológica.

Pero ahora el hongo vuelve a saltar a la palestra. Según documentos revelados en diversos medios de comunicación , Estados Unidos ha vuelto a renovar sus presiones sobre el gobierno colombiano con respecto a la implementación de micoherbicidas. En octubre de 2003, la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos del Departamento de Estado pidió al gobierno colombiano volver a promover en Colombia la investigación y desarrollo del uso de micoherbicidas contra los cultivos de amapola y de coca. Previa a esta solicitud, el DE ya había conversado al respecto con el presidente Uribe, quien manifestó su interés pidiendo que se instruyera en el tema a expertos del Instituto Colombiano Agropecuario. Estados Unidos expresó su intención de invitar a estos expertos así como a funcionarios involucrados en la elaboración de políticas antinarcóticas para que le presenten después al presidente recomendaciones para futuras acciones.

Hasta el momento no es de conocimiento público en qué fase se encuentran estas reuniones, pero no deja de ser preocupante el hecho de que éstas se produzcan en momentos en que el gobierno de Uribe se encuentra en plena campaña para lograr una prolongación del Plan Colombia, el cual oficialmente deberá concluir en 2005. Tal coincidencia de circunstancias hace temer el riesgo de que EEUU condicione la prolongación del Plan Colombia a una aceptación por parte del gobierno colombiano del controvertido esquema del arma biológica contra los cultivos ilícitos. Como mencionamos antes, EEUU se ha valido en otras oportunidades de este tipo de condicionamientos como presión para obtener sus propósitos.

Es igualmente motivo de preocupación el hecho de que la iniciativa provenga del Departamento de Estado y que haga referencia a nueva tecnología que el DE habría estado desarrollando desde 2001. La organización ambientalista Sunshine ha denunciado ya la posibilidad de que EEUU pretenda imponer en Colombia la aplicación de un hongo aislado en territorio colombiano, es decir, un 'hongo criollo' y que lo presente como un agente seguro por el hecho de ser local.

La amenaza del hongo ha permanecido latente durante todos estos años. Si EEUU vuelve a presionar su implementación es muy probable que las organizaciones de la sociedad civil y la comunidad internacional revivan la aguda polémica que tuvo lugar en 2000-2001 en contra del uso del hongo.