El Gobierno libanés a la derecha del Banco Mundial
Entrevista con Ghassan Ghosn, presidente de la Confederación General de Trabajadores del Líbano, sobre la crisis libanesa de mayo de 2008.
El pasado mayo, la Confederación General de Trabajadores del Líbano (CGTL) convocó una huelga para exigir mejoras salariales al Gobierno prooccidental de Siniora. La movilización acabó derivando en una demostración de fuerza de la oposición, encabezada por Hezbolá, que exigía que el ejecutivo, al que consideraba ilegítimo, derogara dos polémicas decisiones y se sentara a negociar un nuevo pacto nacional. Tras una semana de enfrentamientos, los dirigentes libaneses pactaron los acuerdos de Doha, con los que se puso fin a 18 meses de parálisis institucional.
La CGTL había convocado para el pasado 7 de mayo una huelga general que fue anulada a última hora, después de que partidarios de la oposición al Gobierno empezaran a tomar las calles y montar barricadas. Algunos comentaristas afirman ahora que la oposición ha utilizado a los sindicatos para sus propios fines políticos. ¿Qué opina usted al respecto?
Hay dos cosas importantes que me gustaría dejar claras desde un buen principio. La primera es que nosotros, como sindicatos, empezamos a negociar con el Gobierno sobre el salario mínimo, el aumento de los sueldos y el elevado coste del precio de la vida –sobre todo en el contexto de la constante alza en los precios del petróleo y los alimentos– hace mucho tiempo. La segunda es que en este país no hay ningún tipo de control. Tanto el primer ministro como el ministro de Economía y todos los demás comparten un punto de vista liberal y una fuerte convicción en aquello de laissez faire laissez passer. Por tanto, dejan que todos los precios vengan determinados por la competencia en el mercado. En la práctica, esto significa que las principales necesidades de los consumidores, desde la harina a los medicamentos, dependen de un puñado de empresas que cada vez son más fuertes y van monopolizando gradualmente el mercado a través de estructuras de cártel. La diferencia en el precio de todas las marcas de leche en el mercado libanés, por ejemplo, no supera el 5%.
Llevamos doce años con los sueldos congelados, desde 1996, y las prestaciones sociales no dejan de empeorar. En estas circunstancias, que exceden con mucho la situación política que genera tensiones dentro del país, la CGTL debe actuar y responder a las necesidades de los trabajadores. De forma que instamos al Gobierno a discutir tres cuestiones principales: aumento del salario mínimo, control de los precios y algunas otras medidas relacionadas con aspectos socio-económicos.
Mantuvimos varias reuniones con el Gobierno, con el ministro de Trabajo y con el ministro de Economía y Hacienda. También la patronal participó en estos encuentros. Pero no alcanzamos un acuerdo en lo que se refiere al alto precio de la vida y al aumento del salario mínimo, que estaba fijado en 300.000 libras libanesas (en torno a 125 euros), y que nosotros exigíamos incrementar hasta el millón de libras (unos 420 euros).
Esta demanda se basa en un estudio realizado por expertos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la CGTL. Según los datos que arroja dicho estudio, el coste de la vida ha ido aumentando paulatinamente hasta un 60% durante el período 1996-2007. Según otro estudio efectuado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el salario mínimo para mantener a una familia no debería ser inferior a ese millón de libras que nosotros reivindicamos.
¿Cuál fue la reacción del Gobierno a esas peticiones?
Tras la primera ronda de negociaciones, el Gobierno sólo ofreció un incremento del salario mínimo interprofesional hasta 500.000 libras libanesas, pero sin aumentar los sueldos. Fue en ese momento cuando comenzamos a alzar la voz y convocamos la huelga general del 7 de mayo.
Empezamos a preparar la huelga en todos los sectores, las empresas privadas y los servicios públicos con la ayuda de todos los miembros de la CGTL, que actualmente está integrada por 43 sindicatos de todo el país. Organizamos multitud de conferencias y reuniones para tenerlo todo listo para la jornada de huelga y la marcha que se preveía organizar en Beirut.
Así que la pregunta es: ¿por qué decidió el Gobierno anunciar esos dos estúpidos decretos la noche antes de la huelga? Al anunciar su intención de destituir a Wafiq Shqeir, hombre cercano a Hezbolá, como jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut y desmantelar la red de comunicaciones de Hezbolá y la resistencia, lo único que hicieron fue echar leña al fuego y dividir al país en dos mitades: una a favor de de la oposición y otra a favor del Gobierno.
De lo que no hay ninguna duda es que nuestra huelga era totalmente legítima. Todo el mundo en este país, incluido el dirigente druso Walid Jumblat, pieza clave de la actual mayoría en el Gobierno, ha hablado de lo justo de nuestras demandas.
Entonces, ¿la huelga se convocó independientemente de la oposición?
Sí, pero claro, después de que el Gobierno tomara aquellas dos decisiones, todo el mundo siguió el llamamiento de la CGTL a la huelga. No es cierto que la oposición pidiera a nuestros sindicatos que organizáramos la huelga. Fueron los dos decretos del Gobierno los que animaron a la oposición a seguirnos. El Gobierno, de hecho, podría haber esperado uno o dos días a hacer público su anuncio. ¿Por qué entonces justo el mismo día? ¿Por qué llevan a un país a la huelga general y después le prenden fuego?
Si el Gobierno no hubiera tomado esas dos decisiones, puede que la oposición no hubiera respondido a nuestra convocatoria. No olvidemos que los acontecimientos empezaron el día 8 de mayo, cuando el sayed Hasan Nasralá, el secretario general de Hezbolá, llamó a la desobediencia civil. Lo dijo alto y claro. No estaba esperando a ver qué hacía la CGTL para mover ficha. El Gobierno tomó una medida y la oposición respondió de la forma en que le pareció más conveniente.
Seamos sinceros. Nasralá y la oposición pueden funcionar perfectamente sin nosotros. Si Nasralá convocara una huelga, podría movilizar a un millón de personas. Si la organizamos a través de la CGTL, en el mejor de los casos podemos reunir a apenas unos miles.
¿Qué ha pasado entonces con sus demandas? ¿Dónde están en estos momentos?
Tenemos que ir afrontando las cosas por prioridades. En estos días hemos estado al borde de la guerra civil. Pero la CGTL no tiene armas; nosotros nos dedicamos sólo a organizar actividades y marchas pacíficas. Así que cuando el conflicto entre Gobierno y oposición pasó a las armas, a nosotros no nos quedó ningún papel que desempeñar. Cuando hay fuego de por medio no puedes luchar, porque el ruido de las balas es más fuerte que el de tus demandas.
Ahora que la Liga Árabe ha entrado en escena y está intentando encontrar una solución política al conflicto, la CGTL se está preparando y esperando un nuevo Gobierno y una nueva visión política. Porque todos los Gobiernos que hemos tenido en el Líbano desde 1996 han adoptado políticas que se han plegado a los dictámenes neoliberales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
Eso significa que hemos estado reñidos no sólo con el actual Gobierno, sino con todos los anteriores, sobre todo por los pasos de cangrejo que han ido tomando en relación con todo lo social. Sin embargo, ahora esperamos que en la cumbre de Doha se alcance un acuerdo político entre las partes enfrentadas. Si todo va bien –y cruzamos los dedos–, nuestro campo de acción será mucho más flexible y fructífero, tanto para las negociaciones como para presionar por el cumplimiento de nuestros derechos.
¿Qué pasos concretos planean entonces tomar en el futuro más inmediato?
Nuestros dirigentes políticos están ahora en Doha y seguramente estarán allí algunos días. Si hay un nuevo Gobierno, en cuanto lo elijan, nuestras demandas estarán listas para las discusiones políticas, especialmente en lo que se refiere al salario mínimo y a otro enfoque sobre el modelo económico. Si no, no vamos a ponernos a llorar. Seguiremos con nuestra lucha por los derechos de los trabajadores.
¿Y qué hay de la oposición? ¿Cree que podría ofrecer un paradigma más progresista?
La agenda de la oposición no es antineoliberal, pero sin duda es mejor que la que está ofreciendo este Gobierno, que es extremadamente neoliberal. El PNUD publicó hace un tiempo un informe que se llama Pobreza, crecimiento y desigualdad en el Líbano, e inmediatamente después el primer ministro dijo que lo deberíamos dejar escrito sólo en inglés y no difundirlo demasiado.
Ese estudio dibuja un panorama estremecedor. Aproximadamente el 50% de nuestros jóvenes están trabajando fuera del país, y el 28% de la población está viviendo por debajo del umbral de la pobreza. El porcentaje de personas que busca comida en la basura no deja de aumentar; ahora ronda el 8%. Además, el 20% de la población con menos ingresos consume sólo el 7% del total del consumo nacional, mientras que el 20% más rico consume el 43%.
Todo esto es fruto de un deterioro en las políticas económicas fomentadas por este grupo que lleva tanto tiempo en el poder. Mientras los sirios estaban aquí, había un acuerdo entre el difunto ex primer ministro, Rafik Hariri, y su grupo de mantener la economía del país bajo su influencia y dejar los acuerdos exteriores y los problemas políticos a los sirios y a otros grupos. Así que Hariri se encargaba de organizar de cuestiones económicas mientras los demás controlaban el resto, especialmente el conflicto arabo-israelí y otras crisis regionales.
Mientras tanto, la economía del Líbano se ha visto tremendamente descuidada, sobre todo en lo que tiene que ver con los sectores productivos. En la mayoría de países árabes encuentras al menos algo de actividad agrícola, pero en nuestro país la han ignorado por completo. El sector industrial, sobre todo el de las pequeñas y medianas empresas, también debería ser más dinámico. Hasta ahora, toda la atención se ha centrado en el sector de la banca y la inmobiliaria. De forma que cuando hay una crisis mundial y tienes que importarlo todo, incluso lo que podrías cultivar en tu suelo, como las flores, tienes un gran problema.
Por ese motivo, el nuevo Gobierno debería mirar las cosas desde otra perspectiva y aprender las lecciones que nos ha enseñado el pasado para reorganizar este país de arriba abajo. En este contexto, la CGTL llevará adelante su propia lucha.
El Líbano nunca ha estado en el club socialista; siempre ha seguido una tendencia liberal, pero históricamente ha pertenecido a una corriente más moderada, menos agresiva que la actual. El Estado no presta ninguna atención a los asuntos sociales. Una vez me visitaron unos representantes del Banco Mundial y me dijeron que estaban de acuerdo con el punto de vista de la CGLT, pero que nuestro Gobierno mantenía una postura distinta. ¿Entienden lo que significa eso? ¡El Gobierno libanés está a la derecha del Banco Mundial!
Pero nuestro objetivo para las próximas semanas es estar ahí preparados para el momento en que haya un nuevo Gobierno o un nuevo presidente y todo vuelva a su lugar.
Teniendo en cuenta la enorme deuda del país y la agenda impuesta por la conferencia de París III, ¿cree que el nuevo Gobierno tendrá más espacio de maniobra que el actual?
El principal problema aquí es que el país debería intentar reducir su deuda sin colocar la principal carga sobre las clases medias y más pobres. Las grandes deudas se deberían renegociar de forma que cada uno pague la parte que le corresponda a escala distinta. No todo el mundo puede pagar lo mismo que los Hariris o los grandes bancos. Por eso nosotros siempre reivindicamos impuestos justos, sobre todo en lo que son impuestos indirectos, ya que los directos afectan a todo el mundo. No sé por qué la gente rica no paga impuestos en el Líbano. Y los que lo hacen, tienen dos libros de contabilidad: uno para ellos y otro para el Ministerio de Hacienda. Deberíamos contar con una ley penal para aplicar en los casos de evasión fiscal, como en Europa y los Estados Unidos.
Así que ahora nos deberíamos concentrar en construir un país, sobre todo después de los últimos acontecimientos que hemos presenciado. Éste ha sido un paso hacia el abismo de la guerra civil, y los políticos deberían abrir los ojos a la realidad. En este contexto, reducir los problemas sociales debería ser prioritario, ya que éstos representan una de las principales amenazas a la paz civil.
Ghassan Ghosn es presidente de la Confederación General de Trabajadores del Líbano (CGTL) desde 2001 y ex trabajador de TransMediterranean Airlines.
La CGTL nació en 1957 y actualmente está formada por 43 sindicatos que representan a todos los sectores y regiones libaneses. Según sus propios datos, están afiliados a ella en torno a dos tercios de todos los trabajadores del Líbano. La Confederación es también miembro de la ITUC y la ICATU, y mantiene estrechos vínculos con otros sindicatos como la CGIL italiana.
