El 'Tratado Vampiro' y el referéndum irlandés

19 March 2012
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El referéndum irlandés sobre el nuevo Tratado europeo no plantea la pertenencia de Irlanda a la eurozona, sino la austeridad permanente para Irlanda.

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Viento Sur

Tras la aprobación del nuevo Tratado, Angela Merkel señaló que "de ahora en adelante los topes del déficit presupuestario van a ser vinculantes. Jamás podrá ser modificados a través de una mayoría parlamentaria". También señaló que la nueva normativa fiscal tendrá una "validez eterna". Una oratoria que trae a la memoria la creación del Vampiro: una buena metáfora porque, potencialmente, el Tratado es una criatura inmoral cuyo objetivo es succionar la vida de las sociedades europeas a perpetuidad.

El artículo 3 del Tratado -que afirma que el "déficit estructural" ha de ser reducido al 0,5% del PIB en todos los países- ejemplifica este intento de inmortalizarse. Lo hace cuando se refiere a "las disposiciones de carácter vinculante y permanente, preferentemente constitucionales o de otro tipo, para garantizar el respeto absoluto de este límite a la hora de elaborar los presupuestos". Conociendo la cortesía del gobierno germano, esta formulación está hecha de forma deliberada para tratar de evitar el referéndum en Irlanda. Pero el intento ha fracasado y el pueblo tendrá la oportunidad de expresarse.

Lo hará porque la Constitución irlandesa es muy clara cuando hace referencia a que ningún organismo estatal (parlamento incluido) puede circunscribir o restringir los poderes establecidos en la misma. Como afirma el profesor de Derecho en el Trinity College, Gerri Whyte: "Las disposiciones legislativas no tienen un carácter permanente en la medida en que el parlamento siempre puede introducir modificaciones a través de enmiendas y, en mi opinión, no es constitucional anular esta posibilidad", tal y como lo establecen las normas del nuevo Tratado.

Una de las respuestas más obvias es incrementar los impuestos; la otra, es suspender el reembolso de la deuda proveniente de dos instituciones ya desaparecidas.


Estamos ante una ironía. Cuando Irlanda ratificó el Tratado de Maastricht, introdujo la disposición de que los tratados de la Unión Europa podrían restringir la política económica nacional, pero esta disposición no puede ser invocada para legitimar el nuevo tratado porque no se trata de un tratado de la UE: sólo ha sido adoptado por 25 de los 27 Estados del a UE. Ni el Reino Unido ni la República checa lo aceptan. Es así como la grandilocuente defensa de la City de Londres por David Cameron ha terminado por servir a la causa de la democracia en Irlanda.

Los partidarios del van a desarrollar una campaña basada en el catastrofismo. El ministro de Finanzas ya ha manifestado que se trata de una referéndum sobre la permanencia o no de Irlanda en la eurozona, lo que constituye una mentira de tomo y lomo. Lo que no es una mentira es que aceptando este nuevo Tratado se van a reforzar las políticas de austeridad. Hay que tener en cuenta que actualmente Irlanda está tratando de reducir su déficit presupuestarios al 3% PIB de aquí al 2015 (un objetivo totalmente arbitrario) y que, como ha señalado el economista Tom McDonnell, situarlo en el 3,7% para el 2015 constituye ya una previsión optimista. A partir de esa fecha, tendrá que ser reducido al 0,5%. Esto se asemeja al senderismo: cuando tras una larga y arda caminata pensamos que hemos llegado a la cima, vemos que aún nos quedan más cimas y más empinadas. En 2015, nos veremos obligados a recortar de nuevo el déficit en un 3,5% de un PIB de una economía ya deprimida.

Algunos que apoyan el afirman que se trata de una medida desgraciada pero que no hay alternativa, debido a que la no firma del nuevo Tratado nos impedirá disponer de las ayudas de emergencia contempladas en el Mecanismo de Estabilidad Europeo (MEE) en caso de necesitar una segunda ayuda de rescate. Esto es cierto, y este argumento funciona como una amenaza real. Es lo que ha hecho que algunos críticos con el Tratado se hayan posicionado por el . Por tanto, quienes defendemos el no tenemos que hacer frente a este argumento con seriedad y mostrar cómo y por qué no necesitaremos utilizar la ayuda del MEE.

Una de las respuestas más obvias es incrementar los impuestos; la otra, es suspender el reembolso de la deuda proveniente de dos instituciones ya desaparecidas -el Anglo Irish Bank y el Irish Nationwide Builin Society- cuyos acreedores privados contaban con las garantías y el rescate del Estado irlandés. El 31 de marzo el gobierno irlandés se propone emprender un pago por cuotas de 3,1 billones de euros de esta deuda hasta el 2031. Teniendo en cuenta los intereses, el monto total de la deuda asciende a 85 billones de euros. Suspendiendo el pago de esta deuda ilegítima y entablando negociaciones para redefinirla, como lo exige el grupo que impulsa la campaña por el no, no sólo liberaría recursos que nos corresponden por derecho, sino que incrementaría la credibilidad irlandesa y abriría la discusión sobre la necesidad de acceder (o no) al MEE.

Así pues, la campaña va a girar tanto sobre el nuevo Tratado como sobre la deuda. Esto está está bien, porque hace de la campaña una campaña por la justicia económica entendida en un sentido amplio. Por supuesto, se trata también de una campaña en defensa de la democracia. Tenemos que ganarla. Tenemos que clavar una estaca en el corazón de este Vampiro.

 

Andy Storey es profesor de política económica en la University College de Dublín.