La revuelta contra la privatización de la sanidad
Los recortes y la privatización de la sanidad están provocando manifestaciones multitudinarias en Gran Bretaña, explica Alex Nunns.
El Gobierno británico ha decidido transformar el Servicio Nacional de Sanidad (NHS), hasta ahora un proveedor integral y equitativo de atención sanitaria, en una especie de aseguradora financiada con los impuestos de los ciudadanos que opera en un sistema mercantil. A los organismos del NHS se les está transmitiendo el mensaje de que deben actuar operadores comerciales, y recortar servicios y personal. ¿El resultado? Una crisis que
se está traduciendo en la pérdida de empleos, y en el cierre de unidades, departamentos e incluso hospitales enteros. El proceso va acompañado de una ‘privatización a retazos’, por la que el NHS se va dividiendo en pequeñas piezas que después se entregan, una a una, al control privado.
Muchos servicios de urgencias y unidades de maternidad corren el riesgo de desaparecer, y numerosos centros hospitalarios locales están cerrando a lo largo y ancho del país. La situación ha generado campañas locales a gran escala, y ha llevado a varios miles de personas a manifestarse y a muchos miles más a firmar peticiones. Además, estas campañas han atraído algunos apoyos insospechados, como el de varios diputados conservadores y laboristas que se han añadido a las protestas. Incluso 11 ministros del Gobierno se han sumado a campañas locales, en contra de los cambios que se derivan de sus propias políticas.
Esta fuerte oposición ha logrado algunas victorias destacables. Los importantes recortes en Gloucestershire, por ejemplo, se detuvieron después de que 3.000 personas se manifestaran en Stroud y otras 5.000 se concentraran en el Bosque de Dean. También algunos consejos locales han estado presionando para defender los servicios públicos; el consejo del condado de Surrey ordenó que se pusiera fin a los devastadores recortes en el hospital de Epsom and St Hillier. Según el consejo, una decisión tan relevante se debía consultar con los habitantes. En el norte de Londres, se garantizó un proceso de consulta sobre ciertos planes para reducir las enfermeras de distrito y las enfermeras escolares gracias a la tremenda presión de la campaña Keep Our NHS Public en Waltham Forest. En el área metropolitana de Manchester, una antigua enfermera, Pat Morris, arriesgó todos sus ahorros para emprender acciones legales contra el cierre de dos unidades hospitalarias.
Pero con este tipo de victorias no basta. Puede que la oposición local consiga frenar algunas embestidas, pero la amenaza que se cierne sobre el NHS viene dictada por las políticas del Gobierno central. El principal desafío consiste en canalizar toda esta energía local hacia un movimiento político nacional. Keep Our NHS Public, una campaña que cuenta con la participación de más de 30 grupos de todo el país, está intentando hacerlo centrando su atención en la agenda de las privatizaciones y vinculando ésta con los recortes y el déficit presupuestario. Los principales sindicatos de la sanidad están fomentando un mensaje muy parecido y organizando acciones en defensa del NHS.