¿Quién rompe la unidad europea en esta guerra?

07 February 2003
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Mariano Aguirre

¿Quién rompe la unidad europea en esta guerra?
José Manuel Pureza y Mariano Aguirre
El Pais, 7 February 2003

Con gran elocuencia escriben ocho mandatarios europeos que "Europa y América deben permanecer unidas" (EL PAIS, 30/1/2003). Afirman que es "vital que preservemos la unidad y cohesión". E identifican al terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva como los principales riesgos para esa unidad. Consecuencia: o paramos a Sadam Husein o se romperá la alianza occidental. Curioso argumento que aparentemente no deja fisuras para preguntar: ¿Y si fuese la unidad europea más importante que la unidad Atlántica? O reflexionar sobre: ¿quién amenaza esa preciada cohesión, los países que se alinean con una política autoritaria y antidemocrática liderada por EEUU o los que dicen que prefieren ir más lentamente y pensar qué se hace, como Francia y Alemania? Es interesante que en este artículo los mandatarios no mencionan para nada la unidad de este continente, como si fuesen procónsules del Imperio Americano en vez de líderes de Estados europeos. En todo caso, la unidad por la unidad en sí misma no es nada. Si los europeos están juntos será alrededor de uno o varios proyectos pactados; si Europa o varias Europas están unidas o distanciadas de EE UU será por cuestiones concretas. Pero, ¿de qué unidad hablan? ¿La de gobiernos que van en contra de sus opiniones públicas? ¿Recuerdan las pugnas comerciales con Washington, su boicot a la Corte Penal Internacional o el Protocolo de Kyoto?

Los ciudadanos estamos sometidos a unas de las operaciones más fuertes de modelación del discurso político que se han visto en años. El artículo de los ocho mandatarios es un paso más. Desde el verano pasado EEUU indicó que libraría una guerra contra Irak. El gobierno de George Bush Jr., su coro de intelectuales propios y amigos en Europa no cesan de lanzar mensajes, definir y reescribir la realidad hasta que las mentiras se tornan verdades. En el camino, Naciones Unidas ha quedado todavía más desgastada; las relaciones entre los Estados europeos más deterioradas; y queda por ver cuáles serán los resultados directos (en Irak) e indirectos (Israel-Palestina, más la reacción anti-occidental en el mundo árabe) de esta guerra.

Desde Washington se ha deslegitimado de forma sistemática a los inspectores de la ONU, se ignora al secretario general Kofi Annan, se desprecia a Francia y Alemania y se miente y confunde de forma sistemática sobre si Sadam Husein tiene armas nucleares que luego son químicas que en realidad son biológicas que en verdad nadie encuentra. Pero EEUU sabe y le cuenta a sus aliados de la "nueva Europa" cuáles son esas armas y dónde están.

En este camino de desinformación muchos gobiernos y medios ayudan, repiten, ignoran, elevan y minimizan sucesos e información. Así, un ejemplo entre mil, cuando el jefe de los inspectores de la ONU, Hans Blix, afirma que Irak no hace todo lo que debiese pero que ha colaborado y no se ha encontrado nada, muchos medios le hacen eco a la Casa Blanca quedándose sólo con la primera parte de lo dicho.

Los mensajes públicos en estos días revelan un clima inquisitorial: si Sadam confiesa es culpable; y si no confiesa lo es porque no lo hace. Si se encuentran armas merece ser castigado; si no se las encuentra es porque las tiene escondidas. Pero si colabora no alcanza porque, dice Blair, "tiene que decirles a los inspectores dónde tiene las armas". Porque hay una verdad secreta. Es algo que sólo conoce el Dios del Imperio y que poco a poco va contándola, hoy a este primer ministro en Londres, mañana a aquel presidente de la "nueva Europa" que le gusta al secretario de Defensa Donald Rumsfed, hasta que los aspirantes a estrategas, publicos y privados, en sus despachos de Madrid, Lisboa o Roma se ven iluminados, pasan a formar parte del secreto y afirman sin dudar que Irak tiene armas nucleares. De ahí a la arrogancia autoritaria de afirmar que se gobierna en contra de la opinión de las mayorías en nombre de la "responsabilidad" de las minorías hay solo un paso.

De las cosas más graves que emergen en este artículo de nuestros líderes europeos, es ese súbito compromiso que tienen con "la paz y la seguridad mundiales". Ya ocurrió después de la guerra de Kosovo, cuando Blair y el ex presidente Bill Clinton dijeron que nunca más se permitirían violaciones masivas de los derechos humanos, y poco después Rusia arrasó Chechenia y nadie se inmutó.

Afirman los ocho que hay que desarmar a Sadam Husein con el fin de liberar a los iraquíes y para no ser negligentes con los propios ciudadanos y con el mundo. Grandes palabras, realmente. ¿Cuál es el próximo gobierno con armas nucleares al que atacarán? ¿el de Ariel Sharon o el de Pakistán? En estos días oímos a gente consternada por la represión de Sadam Husein a los kurdos hace más de una década. Loable. Pero ¿qué hacemos ahora con los palestinos? ¿Y dónde las están las tropas que espera la ONU desde hace meses para imponer la paz en la República Democrática de Congo? El comentarista Thomas Friedman llega al cinismo de plantear que esta guerra servirá para liberar en el futuro a la sociedad civil y a las mujeres de Oriente Medio.

Los discursos sobre los dererechos humanos y la preocupación por otros están, en la argumentación de los ocho, vacíos de contenido. Su visión es que el mundo se mueve por intereses (petróleo, por ejemplo), por ideologías (la legitimación que da la guerra global contra el terrorismo para imponer políticas autoritarias) y por relaciones de poder (las que algunos líderes europeos aceptan sumisamente hacia Washington). Sobra el sistema multilateral; aquí sólo valen los líderes y los amigos. El resto son problemas (como Francia y Alemania para Rumsfeld) o enemigos.

Vamos a una guerra injusta porque el presidente Bush Jr. y su equipo la han definido como necesaria. Se acepta su poder porque es el más fuerte del mundo. Quizá se consiga algo de petróleo iraquí. Estos mandatarios están dispuestos a sacrificar el proyecto europeo, el sistema multilateral, a algunos de nuestros soldados y la vida de mucha gente en Irak. Lo demás son palabras, puras historias.

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