El cabildeo de Anglo American a favor de energías sucias y falsas soluciones para el clima

Cómo gobiernan las empresas
03 December 2014
Report

Las empresas transnacionales están socavando políticas climáticas cruciales y promoviendo soluciones falsas que les permiten obtener ganancias de la crisis climática a la vez que aumentan la extracción de energías sucias.

Introducción
 

Las emisiones y concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera son hoy las más altas en la historia de la humanidad, y el cambio climático ya está afectando la vida de los seres humanos y sistemas naturales de manera generalizada. Pero cuando los gobiernos se reúnan para las negociaciones de la ONU sobre el clima en la COP 20 (Conferencia de las Partes) en Lima en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), estarán sometidos al cabildeo intenso de los mayores contaminadores industriales. Lo que está en juego no podría ser más importante en la medida que los países luego se dirigirán a la reunión clave de la CMNUCC en 2015 que tendrá lugar en París, pero la cooptación empresarial de la elaboración de políticas impide permanentemente que se encaren las causas subyacentes del cambio climático.

En lugar de ponerles freno a las empresas que lastiman a la gente y dañan el medioambiente, los gobiernos y las instituciones públicas internacionales como las Naciones Unidas que deberían cumplir esa tarea se hallan bajo control creciente de esas grandes empresas. En esta publicación, Amigos de la Tierra Internacional (ATI), Corporate Europe Observatory (CEO) y Transnational Institute (TNI) denuncian cómo las empresas transnacionales están socavando políticas climáticas cruciales y promueven soluciones falsas que les permiten obtener ganancias de la crisis climática a la vez que aumentan la extracción de energías sucias. Una muestra de esto es el caso de la empresa británica-sudafricana Anglo American que este informe analiza, desde sus actividades en la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, ubicada en El Cerrejón, La Guajira, Colombia, hasta el trabajo de cabildeo que realiza en la CMNUCC.

La CMNUCC debería ser un espacio de asunción de compromisos por los Estados para cambiar el modelo actual de producción y consumo, entre ellos un acuerdo vinculante para reducir las emisiones de combustibles fósiles sobre una base justa, equitativa y científica, teniendo en cuenta las responsabilidades históricas de los países industrializados y sus grandes empresas. Pero las negociaciones sobre el clima, desde Lima hasta París, probablemente fracasen una vez porque la CMNUCC y los gobiernos están cautivos de empresas transnacionales como Anglo American, cuyo modelo empresarial depende de que continuemos consumiendo energías sucias.

Sometida a una influencia excesiva de las empresas transnacionales, la CMNUCC no sólo es incapaz de acordar medidas concretas a favor de la justicia climática y responder a los intereses de los pueblos, sino que les está allanando el camino, principalmente a los contaminadores históricos y los grandes contaminadores actuales, para que generen nuevas oportunidades de lucro de la crisis climática. En suma, la CMNUCC ha dejado de ser el foro democrático como fue inicialmente diseñado y se ha transformado en un espacio más de generación de políticas amigables con las empresas y para frenar el avance en términos de acción en pos de la justicia climática. Y la verdad es que incluso antes que los gobiernos lleguen a las negociaciones de la CMNUCC, ya se habrán visto sometidos a cabildeo intenso a nivel nacional, de manos de grandes empresas que incidirán en las posiciones que adoptarán luego a nivel internacional. Respaldando y más allá del poder creciente de las empresas transnacionales en la ONU, las negociaciones de libre comercio e inversión exacerban el modelo de extracción sucia y transfieren tanto los recursos como las ganancias a las grandes empresas del Norte y sus gobiernos.

Esto desacredita a la ONU. En 2013 la sociedad civil se retiró de la COP 19 en Varsovia que fue auspiciada por la industria del carbón, para denunciar la complicidad de los países desarrollados con los contaminadores empresariales que impiden el avance de las negociaciones. En septiembre de 2014, mientras los gobiernos se reunían en la Cumbre Climática empresarial del Secretario General de la ONU en Nueva York, cientos de miles de personas inundaron las calles de la ciudad exigiendo que se comprometan a más que las promesas vacías que están ofreciendo.

Las empresas los usan para “compensar” su daño ambiental. En lugar de cambiar su comportamiento, se les da una licencia para contaminar. Por ejemplo, los mercados de carbono le permiten a la industria maquillar de verde sus medios de producción contaminantes, y ganar dinero al mismo tiempo con bonos de eficiencia y ahorro energético. Otro ejemplo es la compensación de la biodiversidad, una solución de mercado que se basa en la idea errónea de que la biodiversidad que se destruye en un lugar puede “compensarse” simplemente “reemplazándola” en otro lugar.

La financierización de la naturaleza implica la transferencia de recursos que son comunes a manos de empresas privadas y el sistema financiero, concentrando así aún más su poder y control sobre esos recursos, mientras que las comunidades pierden la soberanía y sus derechos a usar y vivir en sus propios territorios.6 La COP 20 en Lima es un paso clave en pos de un acuerdo mundial sobre el clima en 2015 en París. Pero todo indica que en Lima se ampliarán los mercados de carbono y otras soluciones falsas. Hay poca esperanza de que se avance hacia un acuerdo justo, que vaya más allá de las promesas voluntarias e insuficientes de reducción de emisiones y financiamiento. Tanto en Europa como América Latina, el crecimiento de la infraestructura para la extracción de energías sucias, combinada con la financierización de la naturaleza ha llevado a la gente común a reclamar soluciones reales a la crisis climática y exigir el cese de la formulación de políticas agenciada por las grandes empresas.