Organizando el contrapoder obrero en Italia y Grecia

24 March 2015
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La austeridad en Grecia e Italia se ha cebado especialmente con las clases trabajadoras, pero también ha generado un contexto para “organizar a los no organizados” y experimentar con nuevos tipos de espacios de trabajo.

Los últimos seis años de crisis han debilitado considerablemente los sindicatos en los países víctima de la austeridad del sur de Europa. La pérdida de poder de los trabajadores y las trabajadoras en países como Grecia e Italia es significativa. En primer lugar, los sistemas tripartitos de negociación colectiva (Estado, patronal y sindicatos) que caracterizaron la década de 1990 y los primeros años de la década de 2000, vigentes en los dos países, se han venido abajo. Ni el Estado ni la patronal han mostrado voluntad de restablecer algún mecanismo de negociación colectiva. Los Gobiernos de los países azotados por la austeridad parecen no necesitar más a los sindicatos.

En segundo lugar, a pesar de su vociferante oposición, los sindicatos no han conseguido impedir las medidas de austeridad ni otros cambios perjudiciales de la legislación laboral. El período entre 2008 y 2014 se ha caracterizado por la limitada movilización laboral en Italia y el fracaso de numerosas protestas y huelgas generales en Grecia para conseguir cualquier logro específico. Y lo que es peor, los afiliados y afiliadas desconfían profundamente de sus propios dirigentes, igual que el resto de la población.

Sin embargo, este desolado paisaje no refleja todo el escenario de la actividad del movimiento obrero en estos países. En ambos casos se están desarrollando interesantes proyectos laborales con el fin de restaurar un contrapoder obrero, tanto por parte de sindicalistas como de activistas de movimientos sociales, que están explorando acciones al margen del repertorio sindical tradicional. Se basan en conceptos como el ‘sindicalismo de los movimientos sociales’, el sindicalismo social o el ‘sindicalismo político radical’, descritos más abajo. Este artículo pretende, mediante el análisis de experiencias específicas, contribuir a este debate.

En primer lugar, examinamos los esfuerzos dirigidos a organizar a los trabajadores y las trabajadoras precarios en profesiones y sectores productivos que anteriormente solo tenían una presencia sindical débil o incluso ninguna. En segundo lugar, investigamos proyectos que abordan cambios en los lugares físicos donde tiene lugar la producción y sus consecuencias sobre la organización colectiva. Luego centramos la atención en el mutualismo (es decir, las estructuras de solidaridad social gestionadas por las propias personas trabajadoras), iniciativas que permiten el acceso a los servicios de bienestar disponibles más allá del mercado y del Estado. Finalmente, contemplamos proyectos que plantean preguntas más profundas en torno a los modelos de producción y desarrollo. Cerramos el artículo con algunos comentarios y observaciones finales con respecto al futuro del sindicalismo.

Argumentamos que estas experiencias señalan una innovación radical del activismo sindical. Sin embargo, esta innovación no se extenderá espontáneamente más allá de experimentos dispersos si solo implica a los componentes ya politizados de la juventud urbana que tienden a integrar los movimientos sociales. Los sindicatos deberán realizar un enorme esfuerzo para renovar sus estructuras, discursos y prácticas, mientras que los y las activistas de los movimientos sociales que se relacionan con el mundo del trabajo necesitarán contribuir a la organización de todos los sectores de la población trabajadora.

Este ensayo forma parte del informe Estado del poder 2015.

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