Nueva Política

Debates para las luchas sociales y políticas
13 December 2016
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Primera parte de una extensa entrevista que realizó la revista Compañero con Daniel Chávez (en el próximo número se publicará la segunda parte donde aborda otros temas). Chávez es uruguayo, licenciado en Ciencias Antropológicas por la Facultad de Hu- manidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Magíster y Doctor en Políticas de Desarrollo por el Instituto de Estudios Sociales (ISS) de la Universidad de Erasmus-Rotterdam. Coordinador del Proyecto ‘Nueva Política’ del Transnational Institute de Ámsterdam, Países Bajos

Daniel Chavez
¿Cuáles fueron las razones centrales que lleva- ron al Transnational Institute a impulsar la iniciativa ‘Nueva Política’?

Desde el momento de su fundación, en el año 1974, el Transnational Institute (TNI) ha estado muy involucrado en debates ideológicos y procesos políticos en distintas partes del mundo inspirados en una concepción contrahegemónica de la política. El TNI es una red mundial de intelectuales e investigadores con sede en Ámsterdam, Holanda, orientada a producir conocimiento que sea relevante y útil para los movimientos sociales y sus luchas por la ampliación y la radicalización de la democracia, la justicia social y la defensa del equilibrio ambiental.

Una particularidad del TNI es su capacidad de integrar distintas corrientes del pensamiento progresista a escala mundial. Desde su origen el TNI ha estado muy preocupado por defender su autonomía política. En la actualidad no solo somos uno de los pocos centros de investigación de carácter progresista con presencia en distintas regiones del mundo, sino que también siempre procuramos integrar en nuestro programa de investigación a las distintas expresiones de la izquierda mundial, sin exclusiones. Estas características son muy importantes en el contexto de esta iniciativa, ya que la propia idea de la ‘nueva política’ implica construir puentes y espacios para la producción intelectual conjunta que permitan la confluencia de pensadores y activistas representativos de las distintas fa- milias ideológicas de la izquierda, apoyando la fertilización cruzada de ideas provenientes de distin- tos países y campos de acción, con la participación activa de académicos, activistas sociales, militantes políticos, ambientalistas, feministas, sindicalistas y hasta algunas autoridades de gobiernos progresistas.

La primera fase de esta iniciativa se desarrolló entre los años 2002 y 2012. Al proyecto lo coordinamos de forma conjunta Hilary Wainwright –una compañera que ha producido algunos de los aportes teóricos más interesantes para la refundación del pensamiento y la práctica emancipatoria, con raíces en la new left o “nueva izquierda” británica y en el movimiento feminista– y yo. En su fase inicial nos propusimos como eje para la investigación y la elaboración teórica la cuestión del relacionamiento entre los partidos de izquierda y los movimientos sociales. Esta cuestión ya había sido abordada por muchos pensadores a lo largo del siglo anterior y había sido objeto de cientos de libros y artículos académicos, pero nosotros asumíamos como hipótesis de partida que tanto en los países del Norte como del Sur se estaban produciendo transformaciones radicales al interior de los partidos y de los movimientos, que exigían cambiar la perspectiva de análisis hegemónica hasta entonces. Nuestra agenda de investigación también incluía problemas referidos a la noción de poder político y a las condicionantes y posibilidades de transformación social y económica en el nuevo contexto mundial. Nos interesaba sistematizar y producir teoría no solo sobre los procesos supuestamente exitosos, sino también aprender de los errores y fracasos.

Para nosotros, la idea de la nueva política aludía a un proceso en constante evolución y contradictorio, sin un mapa de ruta predeterminado.

La fase actual de esta iniciativa se inició en febrero de este año, en un taller que organizamos en Ámsterdam para definir de forma participativa nuestra nueva agenda de investigación. Propuse al TNI reiniciar esta iniciativa porque creo que es necesario pensar de forma colectiva alternativas de salida de la muy grave crisis identitaria y programática que afecta a la izquierda a escala internacional. Esta crisis es evidente (entre muchos otros síntomas) en los debates actuales sobre el aparente final de un ciclo político en América Latina, la desorientación ideológica de la izquierda y el debilitamiento de la democracia en Europa después de las presiones impuestas por los centros de poder al gobierno de Syriza en Grecia, o los muy polarizados debates sobre los conceptos de desarrollo o neoextractivismo en los países del Sur. También me preocupa el ya muy evidente resurgimiento de las divisiones sectarias al interior de la izquierda y el fortalecimiento de una nueva derecha en muy distintos países del mundo, incluyendo la reaparición de tendencias autoritarias o neofascistas. Creo que ya es hora de trascender los marcos teóricos y conceptuales del pasado que ya no nos son útiles pero que siguen siendo prevalentes al interior de la izquierda, y eso solo es posible produciendo no solo nueva teoría, sino también nuevas formas de elaboración teórica.

De forma más concreta, ¿qué significa ‘nueva política’ en el contexto del proyecto que coordinas?

El nombre de esta iniciativa es new politics en inglés y nueva política en español. En una traducción literal el concepto significaría lo mismo en los dos idiomas, pero tiene resonancias muy diferentes en una u otra lengua. En los países de habla inglesa el concepto tiene una impronta semántica muy ligada a una tradición de propuestas programáticas y prácticas políticas radicales y profundamente democráticas. En Estados Unidos fue un concepto muy usado por la llamada new left, la “nueva izquierda” de los años sesenta y setenta. En 1967 un grupo de militantes de la vieja izquierda marxista, intelectuales representativos de la nueva izquierda y activistas del ala más radical del movimiento por los derechos civiles, incluyendo a varios líderes de la comunidad negra, organizaron un encuentro que se llamó Congreso Nacional por una Nueva Política. Por esos años, la creciente oposición social a la guerra de Vietnam, contribuyó a la radicalización de muchos liberals (el término usado en Estados Unidos para designar a quienes en América Latina llamaríamos progresistas). La new left nunca fue capaz de construir un movimiento social o políti co capaz de revolucionar la sociedad estadounidense, pero logró elevar los niveles de conciencia sobre las fallas del sistema político y del rol del gobierno y las grandes corporaciones del país en el mundo. Quienes proponían una ‘nueva política’ en los sesenta nunca propusieron una plataforma revolucionaria, pero sus propuestas de radicalización de la democracia fueron realmente avanzadas y prefiguraron gran parte del programa formulado por Bernie Sanders en la campaña electoral de los dos últimos años. La noción de ‘nueva política’ ha quedado ligada a la oposición a la guerra y a la de- nuncia de las divisiones de clase y de origen étnico que caracterizan a la sociedad estadounidense. Ideas muy similares han resurgido en las consignas del movimiento del “somos el 99%”, en el contexto de las movilizaciones de Occupy que surgieron en Nueva York en el año 2011, y en las actuales demandas del movimiento Black Lives Matter, que reclama respuestas políticas y sociales de fondo a la crónica marginalización de las comunidades negras, o en las movilizaciones de hoy en Dakota del Norte, donde miles de indígenas y militantes ambientalistas de todo el país están resistiendo los intereses del gran capital.

En Europa ese concepto también tiene una historia muy interesante. En Francia, en los discursos y propuestas teóricas que surgieron en los años inmediatamente previos y posteriores al “Mayo del 68” de París hubo múltiples referencias a la idea de nueva política. En Inglaterra, en el año 1970, Tony Benn, uno de los dirigentes más carismáticos y lúcidos de la izquierda del Partido Laborista (en términos uruguayos podríamos definirle como una mezcla de Hugo Cores con Vivián Trías) publicó el manifiesto “La Nueva Política: un reconocimiento socialista”, en el que criticaba de forma muy ácida al Partido Laborista por limitarse a la acción parlamentaria y reclamaba que la izquierda construyera nuevos vínculos con el movimiento estudiantil, con los militantes del ‘Poder Negro’ y con los sindicalistas de la tendencia más combativa. Luego vinieron los gobiernos de Margaret Thatcher primero y la llamada “tercera vía” de Tony Blair después, que borraron las supuestas diferencias entre la izquierda y la derecha. Pero, para sorpresa de muchos, las ideas de Tony Been han resurgido en la plataforma política del actual líder del Partido Laborista: Jeremy Corbyn.

Hoy, quienes intentamos entender a la izquierda europea, nos planteamos tres grandes preguntas. En primer lugar, ¿cómo pudo Corbyn, alguien tan claramente representativo de la izquierda radical y que no teme definirse como socialista, haber triun- fado en la contienda por el liderazgo de un partido que había explícitamente abandonado toda perspectiva de izquierda? En segundo lugar, ¿podrían repetirse las circunstancias que posibilitaron el as- censo de Corbyn en otros países de Europa, a los efectos de avanzar hacia la construcción de una nueva política como la que él propone? Finalmente, ¿podría la fuerte y multisectorial movilización social que llevó a Corbyn al liderazgo del laborismo traducirse en una alternativa electoral que permitiera efectivamente alcanzar el gobierno? Creo que las perspectivas del movimiento por una nueva política construido alrededor de la figura de Corbyn depen- den de si se puede (o podemos, ya que yo también milito en un partido en Europa) revertir la lógica tradicional de la política electoral, mediante la cual el pueblo cede poder a los representantes políticos hasta la próxima elección. Corbyn ya ha aclarado que su propuesta de new politics implica resignificar el rol de los representantes políticos, para que desde el Parlamento o el gobierno utilicen la plataforma del Estado para empoderar a las fuerzas populares.

En el mundo de habla hispana la historia es un tanto diferente, ya que la expresión ‘nueva política’ no tiene una vinculación tan directa con la izquierda u otros proyectos emancipadores. En Uruguay, tanto los candidatos frenteamplistas como de los sectores más rancios y atrasados de la derecha cerraron la última campaña electoral con propuestas tal vez contrapuestas en sus contenidos pero convergentes en el discurso, ya que todos prometieron “una nueva política”.

En España pasó algo similar, ya que cuando los periodistas o los intelectuales hablan de ‘nueva política’ se refieren no solo a Podemos, sino también a Ciudadanos. La primera referencia alude a la nueva política “de izquierda” (aunque a algunos dirigentes de Podemos, como Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero, no les guste que Podemos sea considerado una opción de izquierda), y la segunda, el nuevo partido liderado por Albert Iglesia, a la “nueva política” de derecha.

Por otro lado, muchos de quienes utilizamos el concepto de nueva política hemos participado en la marea de movilizaciones que se han producido en las dos últimas décadas, desde la llamada “batalla de Seattle” contra la cumbre de la OMC del año 1999 hasta las recientes y masivas movilizaciones de los jóvenes franceses en el marco de La Nuit Debout, pasando por el Foro Social Mundial, el 25-M español y la rebelión de los indignados alrededor del mundo. La idea de la nueva política ha logrado reestablecer el vínculo entre la elaboración teórica y las luchas sociales y políticas de décadas previas con la nueva marea de movilizaciones que surgieron en los últimos años.

¿Cómo funciona y cuáles son los objetivos del Proyecto Nueva Política?

Desde el TNI invitamos al taller de Ámsterdam, en febrero de este año, a investigadores y activistas de quince países, y entre todos acordamos trabajar juntos en la producción de ideas que contribuyan al desarrollo de alternativas deseables, viables y factibles a las actuales estructuras de opresión y explotación. Partimos del reconocimiento de la diversidad del conocimiento como fuente de inspiración para la coproducción de alternativas y la promoción de nuevas instancias de colaboración y trabajo en conjunto de académicos y militantes políticos y sociales de diferentes regiones del mundo. Nuestra propuesta consistía en un programa multianual y descentralizado de investigación, con responsabilidades compartidas entre las distintas organizaciones que acuerden integrarse al proyecto. Después de otros encuentros e intercambios todos los participantes acordamos que ‘Nueva Política’ debe ser entendida como una plataforma, a la qué diferentes organizaciones y participantes individuales pueden integrarse y participar con diferentes grados de compromiso, roles y responsabilidades. 2 En relación al plan de trabajo, acordamos decidir de forma colectiva los contenidos temáticos y características concretas de futuras publicaciones, seminarios, talleres y otras actividades de la plataforma. También acordamos organizar un gran encuentro anual sobre la nueva política. A largo plazo pensamos crear algo así como una “Escuela de la Nueva Política” descentralizada e itinerante, y a partir de diciembre lanzaremos el sitio web Nueva Política.

En nuestro país y la región estamos viviendo los límites de los proyectos de los gobiernos progresistas, así como el retorno en algunos países de fuerzas de derecha. También en Europa las socialdemocracias han optado por el ajuste neoliberal y las fuerzas de izquierda tienen dificultades para encontrar nuevos caminos.

¿Cómo ves esta situación?

En el año 2004, junto a otros investigadores de la región, coordiné un libro sobre la nueva izquierda latinoamericana. La primera edición fue publicada por una editorial colombiana y la mayoría de los autores expresamos un juicio optimista sobre los gobiernos de la época. Apenas un año después una editorial española nos ofreció publicar una segunda edición, pero ya para entonces varios de los autores exigimos cambiar algunos contenidos de nuestros respectivos capítulos. En el año 2008 se publicó la versión en inglés, pero a esa altura el libro era prácticamente otro; la mayoría de los autores reescribimos el texto original e incluimos nuevos elementos de análisis mucho más pesimistas sobre los gobiernos progresistas de la región. Si hoy tuviéramos que publicar una nueva edición estoy seguro que prácticamente todos los autores seríamos muy críticos en nuestra evaluación de lo que ha sido la izquierda en el gobierno. Desafortunadamente, hemos perdido una oportunidad histórica para cambiar la dirección de la historia de América Latina.

Creo que en América del Sur el retorno de la derecha al gobierno tiene mucho más que ver con opciones y decisiones políticas y económicas fallidas de la izquierda, que con el fortalecimiento de las fuerzas de derecha. El caso de Brasil me parece muy ilustrativo de otros procesos en curso en la región. Durante varios años el gobierno brasileño, al igual que los otros gobiernos progresistas de la región, pudo atrasar la llegada de la crisis mundial. Dilma Rousseff heredó de Lula una economía en auge y, por un tiempo, parecía que la fórmula petista, basada en la mezcla de neoliberalismo con dosis de asistencialismo y de neodesarrollismo –bastante similar a la que han propuesto algunos sectores del Frente Amplio uruguayo– funcionaba. El gobierno había obtenido la confianza de sectores importantes del empresariado nacional y el apoyo de los trabajadores, al tiempo que podía utilizar una porción significativa del presupuesto público a políticas sociales centradas en la transferencia condicionada de recursos financieros a los sectores más pobres. El gobierno logró sacar a millones de familias de la indigencia y de la pobreza extrema, las que pasaron a acceder a bienes, servicios y espacios públicos que hasta entonces estaban reservados para la clase media y los sectores de mayores ingresos.

Sin embargo, en un período de unos pocos me- ses, todo empezó a salir mal. El gobierno calculó muy mal los ritmos y el impacto de la crisis mundial. Las economías de Estados Unidos y de la Unión Europea se estancaron, el crecimiento de China se detuvo y el llamado superciclo de los commodities se terminó, arruinando las cuentas públicas del gobierno. La situación empeoró aun más cuando las autoridades monetarias de los países del norte introdujeron políticas de “expansión cuantitativa”, que promovieron un éxo- do masivo de capitales hacia los países de ingresos medios. La moneda brasileña se sobrevaloró, se agravó el proceso de desindustrialización y la tasa de crecimiento del PBI y el poder adquisitivo de los sectores de ingresos medios cayó de forma abrupta. En este contexto, el gobierno tuvo que enfrentar muy distintas corrientes de insatisfacción social y económica, las que empezaron a converger en las protestas urbanas del año 2014 y culminaron en el golpe de Estado parlamentario y judicial de este año. También debemos tener en cuenta otros dos elementos: en primer lugar que los principales medios de comunicación del Brasil, al igual que en varios otros países de la región, siguen controlados por un reducido grupo de empresarios muy interesados en el retorno a la época del neoliberalismo puro y duro; en segundo lugar, que el PT se había convertido en un partido de burócratas, extremadamente ligado a puestos de gobierno, dependiente del financiamiento muy oscuro de grandes empresas públi- cas y privadas para competir electoralmente, y sin interés o capacidades para potenciar el accionar de los movimientos sociales en un sentido progresista. Salvando las obvias distancias, creo que si en este racconto sustituimos la palabra “Brasil” por “Argentina” o “Uruguay” el análisis de la historia reciente (o futura) de esos países no sería muy diferente.

En Europa, la reciente experiencia gubernamental de Syriza, un partido que tiene similitudes con el Frente Amplio uruguayo (en su origen fue una coalición de diversos partidos y movimientos que representaban corrientes ideológicas similares a las que convergen en el FA) también ofrece muchas lecciones útiles para la izquierda europea y latinoamericana. Cuando converso con amigos y compañeros uruguayos sobre la experiencia griega me enfrento a la dificultad de tener que explicar la complejidad de la política europea contemporánea, en la que gran parte de las decisiones políticas no se toman en las capitales nacionales, sino en Bruselas o Francfort. Para mal o para bien, en América Latina no tenemos nada similar a la Comisión Europea o el Banco Central Europeo, que junto al Fondo Monetario Internacional, conforman la llamada “troika”. La troika ha pasado a asumir responsabilidades gubernamentales muy concretas y tienen representantes en Atenas que controlan a Syriza de forma directa y permanente. En Grecia hemos visto como un gobierno democráticamente electo intentó un camino diferente y fue aplastado por la troika. Tanto la experiencia griega de Syriza, como la del PT en Brasil, demuestran que el triunfo electoral constituye una fuente necesaria pero claramente insufi- ciente de poder, y que para avanzar en un proceso de transformación radical genuina se requiere la construcción de espacios de poder alternativos y contra- hegemónicos. Antes me había referido a la nueva política como una instancia de reconexión de las ideas y propuestas políticas de décadas presentes con las nuevas realidades políticas, económicas y sociales de nuestros días. En ese sentido, creo que es muy apropiado recuperar la consigna de “crear poder popular” que levantaba la izquierda radical chilena en la época del ascenso al gobierno de Salvador Allende a principios de los setenta.

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