¿Es el 8 de marzo especial?

12 April 2018
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Estoy deseando que llegue el día en el que la fecha del 8 de marzo solo evoque recuerdos entre las personas mayores. ¡Espero que esta afirmación te asombre!

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DiEM25

Marcha del Día Internacional de la Mujer, celebrada en Los Angeles en 2017. / Photo credit Molly Adams/ Flickr.

Porque no debería. Si se hiciera realidad mi deseo, significaría que un día especial para las mujeres en el calendario es algo extraño, como si celebráramos ‘el día de los hombres’. Recordemos primero que no todo el mundo hace hincapié en que el nombre oficial de este día es Día Internacional de los Derechos de la Mujer. Para empezar, las mujeres, en todas partes, deberían tener los mismos derechos que los hombres. Ambos sexos deberían reconocer que la lucha por los derechos es interminable y que aquellos que se han conquistado pueden perder rápidamente si bajamos la guardia.

Sueño con que el 8 de marzo sea un día corriente, porque significaría que, en ese momento, los derechos de las mujeres serían al menos iguales a los de los hombres. Me gustaría también ver que se dejen de celebrar las marchas del Orgullo por anticuadas, tan extrañas como unas marchas organizadas para celebrar el Orgullo Heterosexual con carrozas y trajes imaginativos. Pero necesitamos ahora tanto los derechos de las mujeres como los de las personas homosexuales, negras e inmigrantes, porque la lucha por la realidad de ser simplemente corriente está lejos de ganarse.

Hoy, debemos guardar y celebrar días especiales, con marchas y eslóganes, con el fin de que la injusticia sea el centro de atención. El Día de Martin Luther King es una fiesta nacional relativamente nueva en los Estados Unidos y equipara, con razón, al valiente doctor King con los grandes presidentes estadounidenses, un honor bien merecido. Lo asesinaron por sus convicciones y por todo lo que hizo para las personas afrodescendientes, ahora llamadas también ‘de color’. Se llamen como se llamen, son solo ‘personas’ corrientes porque son humanos con la misma dignidad y merecen los mismos derechos.

El Día de Cristóbal Colón es una fiesta estadounidense más problemática. En la escuela primaria, aprendimos que Cristóbal Colón “descubrió América” y punto. Él sabía que la tierra era redonda y pensaba que llegaría hasta Asia, abriendo por tanto enormes posibilidades comerciales. El objetivo del viaje fue el comercio y los negocios, es decir, el dinero. Nadie sugería que nuestra visión del explorador fuera decididamente miope. Como no llegó a Asia y se tropezó con territorio desconocido, Colón debería ser conocido como el pionero de incontables colonos. De manera que está bien saber que, en los Estados Unidos, desde 1977, cada vez más ciudades celebran, en lugar del Día de Colón, el Día de los Pueblos Indígenas. Es evidente que, con eso, no se compensa a todos los pueblos indígenas, como los nativos americanos, asesinados durante la colonización, pero al menos es una mejora con respecto al Día de Cristóbal Colón.

Pero volvamos al 8 de marzo. En Francia, donde he vivido toda mi vida adulta, una mujer es víctima de una violación o intento de violación cada ocho minutos. Casi ninguno de sus agresores es detenido y condenado. Cada tres días una mujer es asesinada por su pareja o expareja masculina. Desde el punto de vista económico, el relato no mejora mucho: las actividades económicas en las que predominan las mujeres son las peor pagadas, lo que no incluye el trabajo doméstico, que ni se paga. Los recursos disponibles para las mujeres jubiladas son, de media, solo el 40 % de los de los hombres. El lema de ‘El mismo salario por el mismo trabajo’ es una fantasía: las mujeres ganan de media un 25 % menos que los hombres. La mayoría del trabajo a tiempo parcial –por elección o necesidad– se asigna a las mujeres y a las familias monoparentales, y está claro quién es el progenitor soltero en nueve de cada diez casos.

Demos un salto en el tiempo. Estamos en 2035, una fecha no tan distante, y miramos hacia atrás. Está claro que todo esto era evidente y descaradamente injusto. Por fortuna, todos estos males han corrido la suerte de los bárbaros que mandaban a prisión a los morosos y a los niños y niñas a las minas. Y el 8 de marzo por el que lucharon y celebraron nuestras madres y abuelas ha corrido la suerte de las sufragistas y de la época en que el aborto era ilegal y los anticonceptivos difíciles de conseguir. Ahora tenemos las leyes necesarias y normales. En la actualidad, las empresas no podrían pagar a las trabajadoras menos que a sus compañeros varones, y a los violadores se les despacha en los tribunales con celeridad y todo el peso de la ley.

Ahora podemos mirar hacia atrás y dar gracias por que a las mujeres se las promocione en diversos cometidos basándose exclusivamente en sus aptitudes y no en su género. Hubo un tiempo, incluso en los primeros momentos en los que los hombres intentaban ser feministas, en el que algunos nos pedían hablar en sus actos porque, simplemente, “necesitamos una mujer”. Tenían buenas intenciones, pero las mujeres que querían que se las escogiera por sus méritos tenían que responder “entonces, no soy yo”.

Hoy, gracias a un torrente de muestras de sufrimiento, sentimientos de culpa, vergüenza y rabia, ocultas durante mucho tiempo, que empezó en 2017 y 2018, podemos recordar cuando las víctimas de acoso sexual, e incluso de violación, sentían miedo o vergüenza de hablar libremente. Sabemos ahora que se nos escucha y cree, y que los hombres se lo piensan dos veces antes de implicarse en tales actividades, ya que podrían perder su trabajo y su estatus. Poco recordado hoy, el poderoso productor de cine, Harvey Weinstein, objetivo de algunas de las primeras denunciantes, fue obligado a declarar su compañía en bancarrota unos pocos meses después de que las primeras voces femeninas se alzaran contra él. Hoy, pocos hombres quieren seguir el mismo camino…

Permítanme concluir esta breve escapada al futuro. Espero que ahora quede claro por qué agradecería la obsolescencia de cualquier celebración especial del 8 de marzo, a menos que fuera en recuerdo de tantos esfuerzos, tantas luchas. Prefiero creer que las mujeres serán el motor de muchos cambios sociales, culturales, económicos y legales.

Que en todo el mundo puedan luchar y que la mayoría de los hombres luchará junto a ellas. Me gusta pensar que la policía, los tribunales, los legisladores, todas las autoridades y la sociedad en general considerarán los crímenes y la discriminación contra las mujeres tan graves como todos los demás crímenes recogidos por las leyes, y que ninguna mujer se vea expuesta nunca más al ridículo o al miedo al exigir justicia. Quiero creer que las mujeres que viven hoy en culturas que las someten conquistarán su libertad.

Celebremos el 8 de marzo tanto como un día de progreso considerable este año, pero también como un día especial destinado a desaparecer porque seguiremos luchando –en todas partes y contra todos los obstáculos– hasta conseguir la verdadera igualdad, el respeto y la dignidad.