Un Futuro Sostenible para los Agricultores de Cannabis

Oportunidades de “Desarrollo Alternativo” en el Mercado Legal del Cannabis
01 September 2022
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Este informe sostiene que si se reducen las barreras para los pequeños productores y se elevan para las corporaciones, los mercados legales de cannabis tomarían un rumbo más sostenible y equitativo, basado en los principios de empoderamiento comunitario, justicia social, comercio (más) justo y desarrollo sostenible.

Cannabis grower, St. Vincent and the Grenadines, november 2019 / Photo credit Sylvia Kay

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Desde los albores de la prohibición del cannabis, los países productores tradicionales han destacado la importancia de encontrar medios de vida alternativos para las comunidades rurales que dependen del cultivo de la planta. Los primeros proyectos de sustitución de cultivos, aplicados en la década de 1960 en líbano y Marruecos, fueron el punto de partida del debate aún vigente en la ONU sobre “desarrollo alternativo” y “responsabilidad compartida”. la creciente demanda de cannabis en el Norte y la caída de los precios de productos agrícolas básicos (como el café, el cacao y el banano) a causa de las políticas de libre comercio, convirtieron al mercado ilegal del cannabis, en constante expansión, en una economía de supervivencia para millones de personas. Casi ningún lugar les ha ofrecido a los pequeños cultivadores de cannabis una ayuda real de desarrollo para que puedan abandonar el mercado ilegal.

la reciente oleada de reformas políticas y el crecimiento de los espacios legales en el mercado del cannabis medicinal ofrecen nuevas oportunidades para que los pequeños productores zafen de la ilegalidad sin dejar de cultivar cannabis. Varios países productores tradicionales han comenzado a explorar esta opción de “desarrollo alternativo con cannabis”. Sin embargo, las barreras de entrada no son fáciles de superar y, hasta el momento, son escasos los pequeños agricultores que lograron abrirse paso en el multimillonario mercado de cannabis medicinal. los mercados legales emergentes padecen la voraz captura de las grandes empresas, que expulsan a los pequeños cultivadores del Sur. Este informe sostiene que si se reducen las barreras para los pequeños productores y se elevan para las corporaciones, los mercados legales de cannabis tomarían un rumbo más sostenible y equitativo, basado en los principios de empoderamiento comunitario, justicia social, comercio (más) justo y desarrollo sostenible.

Puntos clave y recomendaciones

  • Desde los albores de la prohibición del cannabis, los países que son productores tradicionales del cultivo han destacado la importancia de hallar oportunidades de ingresos alternativos para las comunidades rurales pobres que dependen de la planta.

  • A diferencia de los proyectos destinados a los cultivos ilícitos de coca y adormidera, casi en ningún lado se les ofreció a los pequeños agricultores de cannabis asistencia para el desarrollo concreto que les permitiera abandonar el mercado ilegal. Los esfuerzos realizados en ese sentido en Marruecos y Líbano no tuvieron un impacto duradero en la plantación del cannabis.

  • Las consecuencias de las políticas de libre comercio, como la caída de precios de productos agrícolas como el café, el cacao y el banano, convirtieron el mercado ilegal del cannabis en una economía de supervivencia para millones de personas.

  • El “desarrollo alternativo”, en su sentido original de conversión a otros cultivos y fuentes de ingresos rentables ya no es una perspectiva política viable para el cannabis, si es que alguna vez lo fue.

  • La reciente ola de cambios en las políticas y el rápido crecimiento de espacios legales en el mercado del cannabis medicinal ofrecen nuevas oportunidades para que los pequeños agricultores abandonen gradualmente la ilegalidad.

  • Las barreras de entrada no son fáciles de superar y, hasta la fecha, son escasos los pequeños agricultores que han conquistado un espacio en el mercado del cannabis medicinal, que mueve miles de millones de dólares.

  • Varios países que son productores tradicionales comenzaron recientemente a explorar la opción del “desarrollo alternativo con cannabis”: Jamaica, San Vicente y las Granadinas, Colombia, Paraguay, México, Ghana, Sudáfrica, Lesoto, Esuatini, Marruecos, Líbano y Tailandia.

  • El mercado medicinal se puede dividir en cuatro segmentos con características y marcos jurídicos muy definidos: (1) preparados farmacéuticos elaborados a partir de cannabinoides purificados; (2) extractos de flores o de plantas enteras de cannabis como medicamentos recetados; (3) cannabis como parte de las prácticas medicinales tradicionales con base en hierbas; y (4) productos bajos en THC/CBD que suelen venderse como productos para la salud o suplementos dietéticos.

  • El mercado mundial de CBD, que mueve miles de millones de dólares, ofrecería posibilidades especialmente promisorias a los pequeños agricultores de países productores tradicionales, aunque estos tendrán que competir con la industria del cáñamo - sumamente industrializada y en rápido crecimiento - de América del Norte, China y Europa.

  • La JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes) - y en menor medida el Comité de Expertos de la OMS en Farmacodependencia - ha exhibido un fuerte sesgo a favor de los preparados que la industria farmacéutica fabrica con controles estrictos a partir de cannabinoides aislados, frente a los medicamentos con base en hierbas derivadas del cannabis y a un modelo más accesible para pacientes y agricultores.

  • “Para muchos millones de personas, los medicamentos a base de hierbas, los tratamientos tradicionales y las prácticas de medicina tradicional representan la principal fuente de atención sanitaria, y a veces la única”, según la OMS; y ese también es el caso de los usos medicinales del cannabis.

  • Cada vez más, las grandes corporaciones capturan los mercados legales emergentes, debido al predominio del modelo farmacéutico “occidental” en el modelo médico y del modelo de “sustitución de importaciones” en el mercado no médico, y a que ambos desplazan a los pequeños agricultores en los países productores tradicionales.

  • La mayoría de las empresas productoras de cannabis medicinal prefieren el cultivo intensivo bajo techo antes que colaborar con los pequeños agricultores que plantan de forma ilícita, a menudo utilizando cepas y métodos de producción que exigen asesoramiento y capacitación técnica para cumplir con las BPF (buenas prácticas de fabricación) o las BPAR (buenas prácticas agrícolas y de recolección).

  • Muchos medicamentos con base en plantas provienen del cultivo al aire libre que llevan a cabo pequeños agricultores, incluido el cultivo lícito de adormidera en India y Turquía para la producción de medicamentos opiáceos, lo que desmiente el relato de que los pequeños agricultores no son capaces de cumplir las normas básicas de calidad en el caso del cannabis.

  • El cultivo bajo techo también implica una huella de carbono mucho mayor, dado el elevado uso de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero que se derivan de la constante iluminación interior y de sistemas avanzados de control climático, otra razón más para considerar el cambio de la dinámica actual del mercado de cannabis.

  • En lugar de apostarlo todo al modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones, los países deberían aplicar una estrategia que apunte a tantos mercados como sea posible: extranjeros y nacionales; industriales, medicinales y nutracéuticos; y de permitirse, también los usos sociales, religiosos, culturales y destinados a adultos.

  • Los países que instituyan la regulación del mercado legal del cannabis deberán considerar con cautela las condiciones de participación de las empresas extranjeras, al menos hasta que la industria nacional - incluidos los pequeños productores - haya podido establecerse; esto podría exigir la imposición de ciertas restricciones a la propiedad e inversión extranjera.

  • Los legisladores y las autoridades al frente de la regulación deben crear sistemas especiales de acceso preferencial, tales como subsidios, leyes afirmativas de concesión de licencias, cuotas que exijan que cierto porcentaje del cannabis provenga de pequeños agricultores y, quizás, beneficios para las empresas que opten por cumplir con los principios de justicia social y desarrollo sostenible.

  • Dadas las barreras para ingresar al mercado competitivo para los agricultores tradicionales, en su mayoría mal organizados y a menudo criminalizados, la producción de forma cooperativa sería la más beneficiosa y empoderadora para las comunidades productoras de cannabis.

  • El desarrollo de una perspectiva nacional o regional fundada en procesos inclusivos y consultivos con productores de cannabis, profesionales de la salud, grupos de pacientes, especialistas en cuestiones jur’dicas, científicos y otros grupos, es fundamental para fijar el marco adecuado.Una señal positiva de que los países están en proceso de recuperar con cautela su extensa historia con el cannabis la dieron Marruecos, Sudáfrica, India, Nepal, Tailandia, Jamaica, Colombia y México en diciembre de 2020 cuando votaron a favor de la recomendación de la OMS para eliminar el cannabis de la rigurosa Lista IV de la Convención Única; sin esos votos, la recomendación no habría sido aprobada por mayoría en la CND (siglas en inglés de la Comisión de Estupefacientes).

  • Que el cannabis permanezca en la Lista I, incluso después del examen de la OMS, significa que la prescripción médica sigue siendo obligatoria para acceder al mismo, lo que es un obstáculo para la práctica de medicina tradicional, y que los usos culturales y religiosos aún no están permitidos en el marco del tratado, lo que constituye un conflicto legal con los derechos indígenas, culturales y religiosos.

  • Toda reforma de las políticas relativas al cannabis debe acompañarse de la eliminación de antecedentes penales y otras medidas relacionadas con la justicia restaurativa para aquellos afectados de manera desproporcionada por la Guerra contra las Drogas, especialmente los pueblos indígenas y las minorías raciales.

  • Encontrar los puntos de contacto entre el debate sobre la regulación del cannabis y la agenda de desarrollo sostenible podría ofrecer posibilidades para cumplir la promesa de “no dejar a nadie atrás”, incluida en los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible).

  • Los productores tradicionales necesitan asistencia técnica, financiera y jurídica para superar las numerosas barreras que complican su acceso a los mercados regulados; los organismos de desarrollo deben brindar esa asistencia de manera activa y urgente antes de que las grandes corporaciones capturen los mercados.

  • Usar como referencia las mejores prácticas y aprender de las experiencias con el fin de reducir las barreras de entrada a los pequeños agricultores y elevarlas a las grandes empresas ayudaría a dirigir los mercados del cannabis hacia un rumbo más sostenible y equitativo, al atraer inversores responsables y reunir compradores y puntos de venta adecuados con base en los principios de empoderamiento de la comunidad, protección del patrimonio natural y comercio (más) justo.

  • Al considerarse el modelo de “desarrollo con cannabis” deberá tenerse en cuenta la herencia del colonialismo y la carga específica que las respuestas represivas al mercado ilícito de cannabis impusieron a los países del “Sur Global”. Este modelo exigirá la puesta al día de nuestras nociones de desarrollo y cooperación Norte-Sur, basado en los principios de justicia social, comercio justo y sostenibilidad.

  • Las lecciones de otros mercados indican que es improbable que el desarrollo impulsado por el sector privado mediante modelos de “negocios inclusivos”, basado en cadenas de valor mundiales o mecanismos voluntarios de certificación de la sostenibilidad, haga que el mercado del cannabis sea más sostenible.

  • Al final, la legislación y las disposiciones reglamentarias son fundamentales para aplicar parámetros básicos, eliminar barreras de entrada, brindar acceso preferencial y compensación, e imponer restricciones a la dinámica del libre mercado y la captura empresarial.