El programa Drogas y Democracia trabaja sobre

 

El programa Drogas y Democracia trabaja sobre varios temas, entre los que cabría destacar los siguientes:

  • Interdicción aérea / Fumigación de cultivos de drogas
  • Desarrollo alternativo 
    Los programas de desarrollo alternativo, destinados a animar a los campesinos y las campesinas a abandonar los cultivos de plantas relacionados con drogas ilícitas, desempeñan un papel importante en las estrategias de control de drogas de la ONU. Sin embargo, el éxito de estos programas es muy cuestionable. Durante décadas, las iniciativas para reducir la oferta mundial de drogas, utilizando una combinación de medidas represivas y medidas de desarrollo, se han traducido en el desplazamiento de la producción de un país a otro, pero si tenemos en cuenta su impacto general, han resultado ser todo un fracaso. El TNI aboga por desvincular el desarrollo alternativo de la amenaza de la erradicación forzosa y la aplicación de la ley, garantizando a los campesinos y las campesinas el apoyo que necesitan para disfrutar de un futuro alternativo y sostenible.
  • Cannabis (marihuana)
  • Descriminalización
  • Reducción de la oferta de drogas
  • Reducción de daños
  • Derechos humanos
  • Proporcionalidad de las penas
  • Reclasificación de sustancias
    Se necesita una distinción más precisa para definir las medidas adecuadas de fiscalización de drogas, dependiendo de las características concretas de cada sustancia, sus riesgos para la salud, las dinámicas de sus mercados y sus grupos de consumidores. Las actuales listas de clasificación anexas a las convenciones de la ONU de 1961 y 1971 no establecen la debida diferenciación. Catalogar en una misma lista sustancias tan distintas como la coca, la cocaína, el cannabis, el opio y la heroína dificulta el desarrollo de respuestas más concretas y eficaces que tengan en cuenta las diversas características de las sustancias y los motivos por los que se consumen.
  • Regulación
    Hay un consenso cada vez mayor de que la prohibición de la producción, la oferta y el uso de ciertas drogas no solo no ha cumplido con sus objetivos previstos, sino que ha sido contraproducente. En efecto, hay cada vez más las pruebas de que esta política no solo ha exacerbado muchos problemas de salud pública, sino que ha creado un conjunto mucho mayor de daños sociales asociados con el mercado ilegal, como la violencia, la corrupción, la delincuencia organizada y una violencia endémica.
  • Desclasificación de la hoja de coca
    Durante siglos, los pueblos indígenas de la región andina han masticado hoja de coca y han bebido mate de coca. Se trata de una práctica que no provoca ningún daño y que es incluso beneficiosa para la salud humana. A pesar de ello, la hoja de coca es tratada como algo comparable a la cocaína o la heroína. La inclusión de la hoja de coca en la lista de sustancias estupefacientes plantea toda una serie de cuestiones sobre la lógica en que se basa el actual sistema de clasificación de las convenciones de la ONU. El TNI considera que podemos encontrar un enfoque más sensible desde el punto de vista cultural frente a las plantas con propiedades psicoactivas o ligeramente estimulantes, y que se debería distinguir más entre los usos problemáticos, recreativos y tradicionales de las sustancias psicoactivas..
  • Guerra contra las drogas
    La guerra contra las drogas se libra de forma especialmente cruda en las zonas de producción. Los principales países consumidores –los Estados Unidos en particular– creen que pueden abordar el consumo de drogas dentro de sus fronteras reduciendo la oferta procedente de las ‘zonas de origen’, como la región andina (Colombia, Bolivia y Perú), Asia Central (Afganistán) y el sudeste asiático (Birmania). El objetivo fundamental de las estrategias de reducción de la oferta es disminuir la cantidad de drogas que entran en los grandes países consumidores, algo que supuestamente lleva al incremento de los precios y, por tanto, a una menor demanda.