Israel-Palestina: el abismo informativo
![]() Israel-Palestina: el abismo informativo Las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina son uno de los eventos de los que más se ocupan los medios periodísticos internacionales. Pese a ello, hay un abismo entre las expectativas que se crean cíclicamente desde el periodismo acerca de los posibles resultados del proceso de paz y la realidad interna en Oriente Próximo. El encuentro de Camp David II, por ejemplo, difícilmente podrá dar resultados espectaculares, excepto que el mayor éxito es que el proceso continúa. Al mismo tiempo, los medios israelíes y palestinos crean, en general, una información alineada en posiciones inflexibles. El resultado es que hay un choque frontal entre información y realidad. Mientras que Ehud Barak, primer ministro israelí y Yaser Arafat, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) se reúnen en Camp David (EEUU) con el presidente Bill Clinton para tratar de desbloquear las negociaciones de paz, la prensa palestina y la israelí toman posiciones y les marcan lo que deben y lo que no deben negociar. Aparte de la prensa militante de grupos radicales extremos, Hezbolá por el lado palestino o de la ultraderecha sionista en la parte israelí, periódicos como Al-Quds (palestino) y The Jerusalem Post y Haaretz (israelíes) indican los límites de un eventual acuerdo. Al-Quds, por ejemplo, dice que "todo acuerdo que no satisfaga las aspiraciones mínimas de los palestinos, no tendrá éxito". La frase es, aparentemente, retórica, pero en ella anidan las grandes cuestiones, como el control de Jerusalén y el regreso de los refugiados. Esto significa que podría ser leída como "Arafat no puede negociar y entregar algunas cuestiones centrales". Y también: "Israel no debería obligar a Arafat a ceder más de lo posible, porque esto repercutirá sobre la sociedad israelí a través de la violencia". Haaretz, por su parte, un periódico de gran calidad cercano al gobierno laborista y que en diversas ocasiones ha filtrado propuestas y planes, entrega gran cantidad de análisis posibilistas. Su línea es matizada pero una lectura atenta de editoriales e información deja en claro lo que el gobierno israelí está dispuesto a dar y en lo que no piensa ceder. Pero seguir el debate israelí palestino sólo a través de los medios locales conduce a quedar atrapado en una trama de argumentos cerrados. El mejor aporte lo hacen otras estructuras informativas, como son organizaciones no gubernamentales como la israelí Btselem, defensora de los derechos humanos de los palestinos en los territorios ocupados, el Jerusalem Media & Communication Center>/i> (JMCC), que realiza seguimientos, encuestas y análisis de la situación, y el Alternative Information Center que publica una excelente revista, News from within, realizada por palestinos e israelíes, con aportes de periodistas occidentales de gran prestigio como Graham Usher, corresponsal de The Economist. También es relevante la información que facilita el instituto The Palestinian Initiative for the Promotion of Global Dialogue and Democracy, que dirige la ex ministra de la ANP Hanan Ashwari. En este Instituto participan destacados analistas israelíes y palestinos. En el extranjero la información sobre el conflicto palestino-israelí adolece, en general, de un exceso de optimismo. Al ir por detrás de las prioridades marcadas especialmente por la política exterior de EEUU, muchos medios están más atentos a los cíclicos anuncios de "nuevas negociaciones y nuevas posibilidades" que a la realidad de un proceso de paz que, en gran medida, habría perdido su sentido, como indican analistas como el destacado intelectual palestino Edward Said y Hanan Ashwari. También en este campo, salvo excepciones, los mejores análisis están en publicaciones especializadas como The Journal of Palestine Studies o The Middle East Report. Camp David II es un ejemplo de estas expectativas. El presidente Bill Clinton convocó a los líderes palestino e israelí en el mismo lugar en el que se firmó la paz entre Egipto e Israel en 1978 con el fin de reanudar las conversaciones que están congeladas entre las dos partes desde hace meses. Clinton quiere marcharse con un éxito personal en política exterior y dejarle una buena herencia al candidato demócrata a la presidencia, Al Gore. Camp David es antes un objetivo para la Casa Blanca y trabajo para los medios periodísticos -una "oportunidad para la foto", se afirma- que un nítido avance político. El denominado proceso de paz entre Israel y Palestina que se inició hace casi diez años en Madrid ha avanzado con numerosos obstáculos. Dos comunidades -una de ellas marcada por la persecución durante siglos- luchan por una misma tierra cargada de símbolos religiosos, históricos y míticos. El espacio geográfico es limitado, con recursos escasos (especialmente el agua), y situado en una zona geopolítica y económica clave tanto para los Estados locales como para EEUU, Europa y Rusia. Dos guerras entre países árabes e Israel (1948 y 1967), alrededor de 4.5 millones de refugiados palestinos supervivientes y sus descendientes dispersos entre países vecinos y en campos miserables dentro de la misma Palestina, tierras tomadas por los colonos israelíes, años de guerra en la calle, resentimientos mutuos, presos políticos y la disputa por la ciudad de Jerusalén dificultan casi todos los acuerdos. A esto se suma la ocupación por parte de Israel de los Altos del Golán , zona que pertenecía a Siria hasta la guerra de 1967, y la reciente y conflictiva salida de las tropas israelíes que ocupaban el sur de Líbano. Las negociaciones tratan de hacer posible lo casi imposible. Dice Gamil Mattar, comentarista del prestigioso semanario egipcio Al-Ahram: "El objetivo de Camp David II es incluir las demandas palestinas debajo del paraguas de las condiciones inflexibles de Israel". Los demandas son las mismas desde hace años, y el proceso negociador que ha pasado durante la última de Madrid a Oslo y de ahí varias reuniones en EEUU no ha dado soluciones. Primero, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) quiere que Jerusalén sea devuelta y se transforme en la capital del nuevo Estado que podría declarar formalmente en septiembre próximo. El año pasado Arafat aceptó las presiones de EEUU y la Unión Europea y retrasó esa declaración, que correspondía según el calendario de negociación. Barak ha dicho que si Arafat declara el Estado palestino unilateralmente adoptará medidas de fuerza. Esto podría conducir a una fuerte violencia entre las dos comunidades. Segundo, la ANP reivindica el regreso de los alrededor de 4.5 millones de refugiados que viven en Jordania, Siria, Líbano y otros países. Tercero, que Israel les devuelva las tierras que ocupó y que se les indemnice. Estas tres cuestiones van unidas a otras como, por ejemplo, el control del agua (actualmente en manos de Israel aunque las fuentes básicas están en territorios ocupados), el grado de autonomía que tendría un Estado palestino en su política de defensa y exterior, y la presencia de presos políticos palestinos en cárceles de Israel. EEUU impuso un cerco al periodismo en Camp David, pero entre periódicos como Haaretz y medios occidentales como BBC World Service se sabe que el escenario preferido de Clinton y Barak sería:
EEUU e Israel consideran que los palestinos deben abandonar sus demandas sobre el cumplimiento de las Resoluciones de la ONU 194 y 242 que apoyan el regreso de los refugiados y la devolución de las tierras ocupadas por Israel a través de la guerra. Pero si Arafat acepta estos términos puede desatarse en su contra una fuerte reacción interna en la sociedad palestina y en el exilio. Como indica Rosemary Hollis, del Royal Institute of International Affairs (Londres), si los refugiados son dejados de lado en la negociación se podrían producir serios problemas, entre otros, que los gobiernos de Líbano o Siria podrían traspasar las responsabilidades al nuevo Estado palestino. De la reunión de Camp David pueden salir tres escenarios, esbozados por el analista Richard Haas, de la Brookings Institution.
La diferencia es que Israel reconocería la entidad de los temas y junto con EEUU pediría a Arafat firmar algo parecido a una declaración de paz. Esto les permitiría a Barak y a Arafat mostrar a sus opiniones públicas que el proceso continúa en marcha. A los críticos de ambas partes, sin embargo, esto les va a parecer muy poco y le va resultar, en definitiva, una noticia muy lejana. Copyright 2000 Recol Networks, S.A. |

