Poder corporativo: la nueva plutocracia
Las corporaciones, cada vez más concentradas e imbricadas entre sí, se hacen más poderosas cada año, hasta conseguir una capacidad de influencia superior a la de muchos Estados.
Según el Estudio del Poder 2014, realizado por la red de investigadores Transnational Institute (TNI), 40 de las 100 mayores economías del mundo son corporaciones. Los primeros lugares los ocupan WalMart, Royal Ducht Shell y ExxonMobil; de hecho, las corporaciones de petróleo y gas siguen ocupando siete de los 10 primeros puestos del ranking.
Pero el riesgo no es ya la concentración de las empresas, sino del capital: el estudio de TNI concluye que el 1% de las empresas transnacionales –en su mayoría, entidades financieras– controla el 40% de los negocios mundiales. Una situación de oligopolio de la que no escapa, por ejemplo, un sector tan vital como el de la alimentación.
Hay una realidad incuestionable: los ricos son cada vez más ricos, y utilizan ese poder económico para influir en el poder político, lo cual, a su vez, les garantizará mayores beneficios. Así lo resume la intelectual y activista Susan George: “No es solo su tamaño, su enorme riqueza y activos lo que hace de las transnacionales un peligro para la democracia. Es también su concentración, su capacidad de influenciar, y frecuentemente, infiltrar gobiernos, y su habilidad para actuar como una clase social internacional genuina para defender sus intereses comerciales contra el bien común”.