Retos descomunales

27 September 2014
In the media

El acuerdo parcial del punto cuarto de la Agenda de La Habana —‘Solución al problema de las drogas ilícitas’— mantiene inamovible la política antidrogas que ha venido aplicando Colombia durante varias décadas.

Si bien en su parte introductoria incorpora principios que reconocen la existencia de condiciones de marginalidad, pobreza y ausencia de desarrollo como coadyuvantes de la presencia de una economía ilegal de la coca, el acuerdo se fundamenta en narrativas que consideran el narcotráfico como un ‘flagelo’, una amenaza externa que azotó y distorsionó la vida de la sociedad, las instituciones y alimentó financieramente el conflicto armado.

En consecuencia, el acuerdo hace un llamado a la superación de esa situación, en camino a la solución definitiva del problema de las drogas. Dicha solución acoge la prolongación de la estrategia vigente contra los psicoactivos declarados ilegales y busca incorporar algunos elementos de reducción de daños, no de las políticas, sino de las drogas ilícitas. Esa superación se concreta en el escenario deseable para la prohibición de ‘cero coca’ y ‘cero narcotráfico’. El acuerdo se concentra pues en acciones que se condensan en los contextos de los cultivos ilícitos y un poco marginalmente en referencias al uso interno, así como observaciones generales —digamos un conjunto de buenas intenciones en cabeza del Estado— frente al tráfico y al lavado de activos.

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