Nos enfrentamos a una crisis climática y ambiental, y tanto las empresas como los Gobiernos suelen responder con soluciones intensivas en capital, centradas en las ciudades, muy centralizadas y antidemocráticas. Es decir, que se trata de soluciones que reproducen los factores estructurales que condujeron a las crisis actuales. Sin embargo, al mismo tiempo, comunidades y movimientos sociales de todo el mundo abogan por soluciones verdaderamente transformadoras que aborden las raíces de la crisis actual y contribuyan al cambio del sistema. Las comunidades están luchando por la soberanía alimentaria; la democracia y la soberanía energética; el control democrático de los recursos; políticas centradas en los derechos humanos y basadas en una noción renovada y revitalizada de los derechos humanos, que reconoce la relevancia del concepto para un amplio abanico de luchas sociales y por los recursos; y, en última instancia, por una visión transformadora de una transición justa hacia una sociedad equitativa y sostenible. Estas alternativas son más que propuestas: comunidades de todo el mundo ya las están poniendo en práctica y desarrollando sistemas, comunidades, redes y movimientos que prefiguran este tipo de transición, perfilando visiones alternativas de nuestras relaciones mutuas y con la naturaleza.