Apuntes hacia una nueva política

01 Enero 2002
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El por qué de una nueva política

Primero, debo decir que la política a la que aludo en estos apuntes no es tan nueva en la práctica. Se ha venido gestando desde fines de los años sesenta - con numerosos precursores anteriores - de distintas formas, con diversos avances y retrocesos, en oriente, occidente, norte y sur, más en la práctica que en la teoría. Estas observaciones son un aporte a la teorización de esa política democrática, igualitaria y emancipatoria que lucha por aflorar desde hace tanto tiempo entre las bases.

Muchos/as de nosotros/as, la generación del 68 de variados matices, llevamos ya demasiado tiempo dando por sentado que existe una nueva política de izquierda. Y bien. Ahora no se trata simplemente de que otros miembros de nuestra generación estén en el poder, o por lo menos ocupando cargos, en tanto quienes no lo estamos, y nuestros valores, parecemos continuar librando una oposición permanente, sino que muchas de las ideas, y ciertamente el lenguaje, de la nueva política de izquierda, han sido secuestradas y llevadas a la tierra de la privatización, la desregulación y el mercado. Términos ya familiares, como 'el empoderamiento comunitario', 'la sociedad civil', 'la descentralización' - inclusive 'la tercera vía' o la 'nueva izquierda', han servido para decorar los discursos desde Tony Blair hasta Thabo Mbeki, vía Bill Clinton y Fernando Henrique Cardoso, en tanto todos ellos sancionan o hasta persiguen con entusiasmo las agendas de las principales corporaciones privadas.

Retomando las ideas de la izquierda

Dicha mezcla de neo-liberalismo y la nueva izquierda ha facilitado una visión distorsionada de las ideas de la izquierda libertaria, utilizada con el fin de ablandar la esfera estatal y pública para el proceso de absorción privada. Mi propósito al definir la nueva política de la izquierda con más rigor es retomar las ideas que los líderes políticos centristas han coaptado y desarrollarlas para fijar estrategias factibles que puedan revitalizar las instituciones públicas, sociales y estatales frente al poder corporativo. A partir del 11 de septiembre, embarcados como estamos en la 'guerra contra el terrorismo', una meta de nuestras estrategias para la democracia deberá ser sustentar alternativas globales al poder político y militar de EEUU y al poder económico de las corporaciones (la mayoría de EEUU).

Quizás es útil resumir el ímpetu principal de una nueva política. Desde que se obtuvo el sufragio universal y los partidos de masas se establecieron y lograron salir elegidos, ha existido la sospecha soterrada de que las instituciones más poderosas, aquellas que no le rinden cuentas a nadie y, en especial, las empresas privadas, eluden y socavan la efectividad de los cuerpos electorales (el parlamento, el congreso, los concejos municipales). Los efectos de la desregulación y la liberación del mercado, y por consiguiente el poder sin freno de quienes ya son poderosos, y el comformismo de los gobiernos frente a ellos, entrañan un proceso que prácticamente significa la violación de la democracia y que ha llevado a la gente a perder su fe en el voto. El viejo adagio anarquista, 'si los votos cambiaran algo ya los habrían abolido', es de un patetismo conmovedor. 'Ellos' - las fuerzas motrices económicas y políticas del mercado desregulado - practicamente han abolido el voto haciéndolo virtualmente impotente para perseguir las reformas que podrian frenar las fuerzas del mercado. 'Casi' pero no del todo. Por ello urge formular una política nueva, es decir, una política que no desmerite el voto ni la lucha por alcanzarlo, sino que venga a su rescate con vigorosos refuerzos democráticos.

El concepto clave aquí es la igualdad política, el grito unificador de las sufragistas y demás. Sólo que ahora sabemos que la igualdad política en las urnas puede esfumarse rapidamente, disuelta por las presiones del capital privado y las entidades oficiales que han desarrollado intereses burocráticos propios. La igualdad política debe ser necesariamente una condición de la vida diaria. Al buscar la igualdad política en la vida cotidiana, además de hacer democráticas nuestras instituciones, nos centramos en los seres humanos, sus demandas y sus luchas.

La creatividad de la práctica

Debemos extraer lecciones del hecho de no haber logrado convertir las ricas e innovadoras ideas de los movimientos radicales de los 60, 70 y 80 en una estrategia convincente de poder político - una que habría pavimentado el camino hacia un nuevo tipo de estado y de partido. Una lección aprendida es la de que no prestamos suficiente atención a la creatividad de la práctica. La única organización política que ha logrado presentar una alternativa política a nivel de las masas, el Partido de los Trabajadores del Brasil, lo confirma. Muchas de sus ideas más innovadoras, como por ejemplo el énfasis en la democracia participativa, con ejemplos detallados de lo que ello significa, son consecuencia de la práctica de los movimientos sociales y sindicales desde sus bases.

De la teoría a la práctica

En los 70, la izquierda formuló algunas fuertes criticas teóricas - del estado (incluido el estado social demócrata) dentro de la sociedad capitalista, del 'socialismo existente en aquel momento', del partido leninista. Los críticos fueron Poulantzas, Miliband, Mandel, Williams, Bahro y Althusser, para mencionar unos cuantos. Sin embargo, hasta los años 80 fue escasa la práctica alternativa - el crear nuevas relaciones entre las organizaciones populares y el estado o entre los movimientos sociales y el partido.

Desde una panorámica global, existe actualmente una inmensa gama de experimentos parciales de democracia popular. Algunos, como los sandinistas en Nicaragua o el Consejo del Gran Londres en el Reino Unido, han sido derrotados. Otros, como los movimientos cívicos de los distritos segregados en Sudáfrica, fueron hechos a un lado. Sin embargo, todos estos proyectos son ricos en lecciones para el futuro. Algunos persisten y se extienden, como los presupuestos participativos de muchas ciudades en Brasil y cada vez más otros lugares en Latinoamérica. Unos todavía están en etapa de formación y continúan siendo bastante frágiles, como las coaliciones de uniones comunitarias en Los Ángeles o el Reino Unido, enfrentadas como están a la privatización y la inversión internas y recurriendo a fuentes de poder que traspasan los límites convencionales. Algunos de dichos experimentos explotan los ambiguos espacios creados por acuerdos de 'la tercera vía' con la comunidad, que lo que pretendían era debilitar al estado. Todos estos 'laboratorios' albergan experimentos sociales y políticos de gran relevancia para los/las pensadores/as y activistas estratégicos/as del futuro.

Un viaje por los laboratorios de la democracia

Mi respuesta a la necesidad de centrarme en la práctica innovadora ha sido viajar; literal, metafórica y electrónicamente: visitar estos experimentos y hablar con los científicos de la práctica que los llevan a cabo.

Una de mis conclusiones es que los experimentos de mayor éxito no es que estén generando un patrón para una nueva política, sino que son experiencias en vivo de una nueva modalidad de negociar el poder para suplir las necesidades cotidianas de la gente. Aunque no brinden un modelo, dichos proyectos efectivamente ilustran una nueva política en la práctica. Con distintos alcances, estas nuevas fuentes de negociar el poder, sobre todo a nivel local, emplean los principios de la democracia equitativa y participativa. De hecho, como su origen se basa en el fracaso de la democracia como tal, la motivación de estas iniciativas ha sido la búsqueda de formas más efectivas de democracia. La negociación del poder frente a las multinacionales y especialmente frente a las burocracias estatales - fuerzas que la democracia representativa no lograra controlar por su debilidad - proviene de los contactos con fuerzas democráticas más vigorosas, más dinámicas y de mayor legitimidad.

Este tipo de proceso de negociación que se esfuerza todo el tiempo por alcanzar alternativas tanto en sus prácticas como en sus demandas, tiene especial importancia en la actual coyuntura internacional. A veces la impotencia que embarga a la izquierda la empuja a tomar una postura exclusivamente de oposición. Enfrentada a la nación más poderosa del mundo, empecinada en actuar de forma completamente ilegal usando 'la guerra contra el terrorismo' para librar la guerra contra quienquiera que considere su enemigo, la izquierda se ve inclinada a creer que las iniciativas locales - donde las nuevas formas de democracia o las batallas por la democracia son más intensas - son inútiles. Pero en mi opinión debemos considerar precisamente esas fuentes de una nueva forma de poder democrático como la base - de negociación - desde la cual poder presionar para encontrar alternativas internacionales, con lo que se generalizarían los principios que hemos experimentado y examinado localmente.

A medida que discuta algunas de mis conclusiones 'locales', voy a relacionarlas con esta conclusión general. Una salvedad adicional es que dicha noción de un nuevo tipo de poder de negociación política hace que la diferencia entre el estado y el partido se torne imprecisa. Es claro que una nueva política los involucraría a ambos. Como podremos deducir de las experiencias de viaje, sin embargo, las nuevas iniciativas democráticas le otorgan a los dos conceptos un significado fluctuante. Por ejemplo, este proceso de crear nuevas fuentes de negociación política convierte a los 'protagonistas' locales y regionales de directores del statu quo en abanderados de una batalla y promotores de alternativas. Ello plantea preguntas importantes acerca de las relaciones entre el partido, el estado y también los movimientos, cuya actividad autónoma es necesaria para la democratización del estado. Voy a sacar a colación algunas de estas cuestiones (espero no desconcertarlos/las con el estilo personal de estas anotaciones - para mí es la manera más fundamentada de referirme a cuestiones relativamente nuevas y para las que aún no existe un marco teórico adecuado.)

El derrumbe de la Unión Soviética

El periplo comienza con la desilusión de asistir al final de la guerra fría. Como mucha gente de izquierda, en aquel tiempo no tenía cifradas mis ilusiones en el estado soviético en sí; sino en su capacidad - y por otro lado, la de la economía capitalista - de transformarse. La combinación de los acuerdos de Gorbachov para facilitar la apertura y una transformación social democrática coincidieron, así resultara tan frágil como resultó, con la emergencia de diversos movimientos cívicos, y parecía que cabía la esperanza de democratizar y descentralizar las economías dirigidas sin que éstas cayeran del todo en manos del sector privado. La optimista suposición era que la democratización del estado en el oriente abriría posibilidades para que los movimientos sociales y los partidos políticos radicales lograran una transformación democrática convergente del mercado en el occidente.

Europa del Este. La política del conocimiento Práctica: la derecha del mercado libre versus la nueva izquierda

Aprendimos una lección, sin embargo, gracias al choque que causó presenciar la manifestación de la juventud checa en la Plaza Wencelas - proclamando como sus héroes a Ronald Reagan y Margaret Tatcher y como su guru a Frederick von Hayek, teórico del mercado libre. También se extrajeron lecciones observando la forma despiadada como EEUU utilizó la política para ejercer su control económico sobre el Banco Mundial y el FMI, reduciéndole el campo a las reformas de Gorbachov - una táctica anticipatoria del poder económico implacable ejercido para impulsar la desregulación a través de la OMC. Además se aprendieron lecciones previendo los obstáculos a los que se hubiera visto enfrentado cualquier proyecto de descentralizar una economía controlada, con todas sus tecnologías centralistas, desde el poder nuclear hasta los métodos fordistas de manufacturación masiva; lecciones relevantes en el esfuerzo por democratizar el capitalismo social-demócrata, comprometido de igual forma con centralizar las tecnologías.

Me vi obligada a tratar de descifrar por qué aquellos estudiantes pobres, sin ningún interés personal en el mercado libre, podían estar tan enamorados de los principios occidentales y cómo aquellos de nosotros involucrados en los movimientos sociales de occidente podíamos cuestionar su ilusión con sensibilidad y convencerlos de que el socialismo podía ser democrático - sin importar qué nombre le diéramos. Ello me condujo a reconocer la importancia de algo que había tenido todo el tiempo bajo mis narices en los movimientos sociales en los que militaba - por ejemplo, el movimiento de las mujeres y el movimiento radical de los dependientes de almacenes. Existe una innovación vital en los movimientos sociales recientes, sobre la que se ha producido poca teoría hasta ahora, que desafía aquella opción ofrecida durante la guerra fría entre un estado todopoderoso y la noción del 'mercado libre', el segundo supuestamente co-ordinando en forma espontánea los conocimientos prácticos del individuo. Los movimientos sociales recientes de la izquierda en occidente y el sur han propuesto otras formas de organización social, aunando sus conocimientos en busca de un objetivo común, sin pretender tener la razón a toda costa.

Los jóvenes de Europa central y oriental reaccionaban a los años de oscura represión basada en la presunción de que el estado podía hacer todo mejor y el conocimiento social y económico podían centralizarse a través del estado. Hayek desafió la naturaleza simplista del conocimiento que ello implicaba. Él afirmaba que existía un tipo de conocimiento que por su naturaleza misma no podía ser centralizado y que era vital para la economía y la sociedad: el conocimiento práctico; las 'cosas que hacemos pero que no podemos decir'. Este conocimiento es a menudo tácito. Radica 'en la cabeza' del practicante. Hayek fue todavía un paso más adelante y afirmó que el conocimiento práctico es individual por naturaleza. Según él, ésta era la naturaleza del conocimiento de los empresarios. De allí faltaban unos pocos pasos para justificar que el mercado libre era la única manera de poder co-ordinar el conocimiento individual de empresarios y consumidores por igual.

El conocimiento socializado

Los pormenores de dicho argumento no nos conciernen aquí. El punto es que al evocar mi defensa de la nueva izquierda para contradecir estos argumentos, me di cuenta de que los movimientos sociales, desde el movimiento feminista, pasando por el movimiento de los dependientes de tiendas, hasta el movimiento verde, todos ellos también valoraban el conocimiento práctico. Ellos también cuestionaron la premisa de que el estado lo sabe todo mejor y pusieron en tela de juicio igualmente la 'pericia' de los gerentes corporativos. No obstante, mientras el mercado libre de derecha veía el conocimiento práctico como algo individual, los movimientos sociales trabajaban basados en que el conocimiento podía ser compartido. Podía ser utilizado en forma asociada e intercambiado en aras de un objetivo común, complementado por otro tipo de conocimientos - teóricos, históricos, estadísticos. Dicha creencia en la importancia del conocimiento práctico es, sin lugar a dudas, un principio fundamental de una nueva política democrática. Revela de inmediato que un estado centralizado de cualquier tipo tiene límites y destaca la importancia de la participación como un canal a través del cual el conocimiento práctico de la gente puede surgir como la base vital para la formulación de políticas estatales.

Reconocer la importancia de compartir el conocimiento práctico como nueva condición de la democracia también es destacar la relevancia de formas de organización y comunicación abiertas, que permitan a toda persona afectada por un asunto o decisión expresarse plenamente al respecto. Al reconocer la importancia de compartir el conocimiento, la atención se centra sobre la necesidad de que la gente tenga igualdad de derechos para participar en las primeras etapas de un proceso de toma de decisiones dado, y de que por lo menos exista una ruta transparente en la toma de decisiones a los demás niveles, a través de representación y delegación adecuadas.

Por supuesto, contar con formas de organización que hagan posible compartir el conocimiento práctico y otros tipos de conocimiento sobre los cuales basar políticas estatales es sólo un elemento más en una nueva clase de política. Por cierto, siempre podrán ingeniarse formas participativas de compartir el conocimiento en las que el poder continúe afianzado en el centro - quienes detentan el poder tienen la astucia suficiente como para manipular los cerebros de las masas mientras les hacen creer que ellas gozan de cierta influencia. Las multinacionales japonesas, por ejemplo, han sido expertas en 'explotar el filón de oro de la mente de los/las trabajadores/as'. Sin embargo, reconocer en teoría la importancia del conocimiento tácito, práctico, sí ha de brindarle un apoyo sustancial a un programa político de democracia participativa. Es una forma de abordar el conocimiento que contrasta notablemente no sólo con el individualismo de Hayek sino también con el conocimiento científico escueto, basado en leyes, que las modalidades autoritarias del socialismo dedicadas a la ingeniería social han sustentado tradicionalmente.

Brasil: ampliando el aparato estatal, construyendo poder democrático

Mi búsqueda de ejemplos de democracia participativa me condujo al Brasil. Allí, la historia de la lucha contra la dictadura en los ochenta dió como resultado la creación de un partido socialista de masas, llamado el Partido dos Trabalhadores (PT). Éste logró trascender las dicotomías de la guerra fría, incluso mientras caía la cortina de hierro. Como alguna vez dijera Marco Aurelio García, su secretario internacional, 'el muro de Berlín no nos cayó encima'. El PT no cargaba con el lastre de la culpa, como tantos partidos comunistas de masas que buscaron convertirse en partidos social-demócratas con la esperanza de borrar el pasado y hacerse respetables. Su radicalismo era un radicalismo democrático con tres ejes principales: la clase obrera militante concentrada en torno a la industria del automóvil establecida alrededor de San Pablo; un movimiento rural radical influenciado por células de católicos de la liberación, y una inteligentsia urbana reprimida y exiliada por la dictadura. El historial particular de lucha del PT contra la dictadura produjo una visión de la democracia que combinaba el respeto por el estado de derecho y los derechos democráticos liberales con una creencia en la necesidad de hallar formas más potentes y directas de democracia para satisfacer las demandas populares y liberar al estado, a todo nivel, de la corrupción endémica.

El presupuesto participativo

La forma más pragmática como se desarrolló esta visión radical de la democracia del PT en la realidad fue el `presupuesto participativo'. Hoy en día éste proporciona la base para las decisiones de inversión - más allá de aquellas asentadas por el estado federal - en muchas de las ciudades donde el PT cuenta con la alcaldía y una buena porción de los cuerpos legislados. A través del presupuesto participativo (PP), el PT y las organizaciones vecinales locales han inventado la forma de vincular a las organizaciones de la comunidad con la legitimidad formal de un consejo elegido. Durante el proceso, en ciudades como Porto Alegre y Sant Andre, donde dicho presupuesto lleva diez años o más en vigencia, se ha logrado revitalizar la democracia participativa, hacer una redistribución real de la riqueza y mejorar la vida de la gente pobre, eventualmente, además, contando con el apoyo de la mayoría de las clases medias.

El PP varía de ciudad en ciudad pero en Porto Alegre, su ejemplo más destacado, consta de un ciclo anual de encuentros comunales donde la gente identifica sus necesidades prioritarias de inversión - pavimentación, escuelas, previsión de salud, alcantarillado, co-operativas - y luego identifica quiénes asistirán a las reuniones distritales de mayor alcance. Dichos/as delegados/as aplican criterios y reglas desarrolladas a lo largo de estos años, que le otorgan diverso peso a las prioridades escogidas. A continuación, se elige un concejo presupuestal con representación de todas las zonas de la ciudad. A través de un proceso abierto de negociación y retroalimentación a las partes interesadas, se elabora el presupuesto global a ser presentado ante la alcaldía y el concejo municipal para su aprobación final. Estos órganos de democracia directa también se encargan de supervisar la implementación del presupuesto: los funcionarios informan durante reuniones con la ciudadanía cómo avanzan los proyectos acordados en el ciclo participativo. Tras 12 años, la participación directa se ha extendido a todas las áreas de acción del concejo municipal.

El resultado más notable de este proceso es que ha logrado eliminar la corrupción que abundaba en ésta y otras ciudades brasileñas. Además, el PP ha alterado las relaciones de la ciudad con el sector privado en términos más generales, incluyendo las que atañen a las grandes corporaciones ansiosas de invertir en la ciudad. No sólamente ha frenado los negociados abusivos entre altos funcionarios y la empresa privada, sino que también le ha brindado a la ciudad mucho más poder de negociación - y de fuerza política para ejercer dicho poder - del que la simple democracia representativa le diera jamás.

La democracia directa

Las lecciones cruciales desprendidas de la experiencia del presupuesto participativo en Porto Alegre con relación a una nueva política y, sobre todo a un nuevo tipo de estado, son de doble vía. En primer lugar, la democracia representativa es demasiado débil para controlar las entidades pertenecientes al aparato estatal - mucho menos para contrarrestar las presiones del mercado global. Las instituciones oficiales deben estar sometidas a formas más directas de democracia, a través de las cuales la gente afectada por su labor pueda monitorear e influenciar la implementación de las decisiones tomadas en forma democrática. En vista de que el aparato estatal se ha hecho más grande y más complejo a todos los niveles, una brecha creciente se ha ido ampliando entre los/las representantes elegidos/as y la entrega cotidiana de servicios. En esta brecha, se hallan agazapados intereses antidemocráticos, ya sea fuertes lobbies privados o intereses burocráticos creados; ya sea por arrogancia, inercia o simplemente el equivalente organizativo de los susurros chinos que impiden a los/las funcionarios/as conocer atinadamente las necesidades reales de la gente. A cada lado de esta brecha, hacen falta refuerzos democráticos. Abrir el presupuesto al proceso de toma de decisiones popular es una forma de que la democracia participativa venga al rescate de la votación popular.

El principio universal sustentado acá es que para satisfacer genuinamente los deseos de la población - expresados en forma general a través de los votos - es necesario reforzar la democracia representativa con formas participatorias. Éstas serán más efectivas para llamar a cuentas al estado de lo que pueden serlo las personas elegidas por votación. Es más, un proceso genuinamente participativo - en torno a la futura planeación del entorno urbano, por ejemplo - es un medio más democrático de asumir los compromisos electorales que darle la tarea a los mandarines formuladores de políticas que 'consultan' sólo a quienes saben rellenar cajones y responder preguntas del tipo 'ésto o aquello'.

El poder de negociación local

La segunda lección que encierra el PP es que incorporar la democracia participativa a un proceso de formulación de políticas del gobierno municipal o regional aumenta sustancialmente el poder de negociación del gobierno local con relación al gobierno nacional y también frente a diversos otros organismos - las instituciones internacionales, económicas y políticas y las grandes corporaciones. En parte, ello tiene qué ver con la legitimidad democrática que la ciudad adquiere por medio de los procesos participativos - mayor que la otorgada por un gobierno netamente representativo y casi seguramente mayor a la del organismo dado que hace parte de la negociación. Además, al ceñirse estas instituciones a los rigores del proceso participativo, constitucionalmente convertido en parte intrínseca del proceso de negociación, la ciudad puede someterlos a un grado sin precendentes de escrutinio popular independiente. Ello derrota el sentido de impotencia reinante, crea confianza y amplía la toma de conciencia con respecto a los derechos de los habitantes locales frente a los demás organismos nacionales e internacionales (en Porto Alegre, por ejemplo, el Concejo del presupuesto participativo tendría que aprobar cualquier inversión de envergadura).

En Brasil, el factor crucial para reforzar la votación a través de formas más directas y transparentes de democracia ha sido la existencia de un partido político no sólo historicamente enraizado en los movimientos populares, sino que asumiera el compromiso explícito de compartir el poder con una sociedad civil democráticamente organisada. ¿Qué lecciones, sin embargo, podemos aprender de sociedades donde no existe un partido semejante (los EEUU), o dónde un partido con sus raíces históricas afianzadas en el sindicalismo ha caído en un estado tan avanzado de decadencia (el Reino Unido)?

Reino Unido: Alternativas salidas de la resistencia y ambiguedades de 'la tercera vía'

Transitar las ciudades inglesas que lidian con el Nuevo Partido Laboral es recorrer un camino maltrecho y contradictorio. Por un lado, el gobierno patrocina una racha de acciones comunitarias. A menudo los/las activistas de las comunidades llevan el compromiso del gobierno con 'el empoderamiento ciudadano' en direcciones que el Primer Ministro ni sospechaba ni comprende siquiera. Por otro lado, el gobierno empuja a los concejos de las localidades, los hospitales y las escuelas, a privatizar el manejo de sus servicios y cierra acuerdos nocivos con el sector privado para financiar esta privatización. Lentamente, a menudo demasiado tarde, los sindicatos del sector público han ido organizando una resistencia. En los casos más efectivos, han logrado llegar a los usuarios de sus servicios y a la comunidad en general. Es más, están permitiendo que el conocimiento práctico de los trabajadores y usuarios de vanguardia siente las bases de propuestas alternativas para hacer funcionar estos servicios.

Me referiré más ampliamente a cada una de estas presencias - las nuevas formas de resistencia provenientes del sindicalismo y la radicalización de los compromisos del gobierno con la comunidad - porque cada una encierra lecciones para una nueva política.

El sindicalismo social

Primero la importancia política del nuevo sindicalismo social. Rara vez nos detenemos a pensar en ello, pero las jerarquías centralisadas que todavía persisten en partes del sector público, originalmente fueron basadas en el modelo de las fuerzas armadas. Estas formas anales de autoridad, de arriba para abajo, con demasiada frecuencia han suprimido las percepciones y el conocimiento práctico de quienes brindan los servicios y están en contacto diario con los/las usuarios/as. La resistencia a la privatización muestra señales de que ésto cambia, conduciendo a una afirmación del poder por parte de los trabajadores de vanguardia y paulatinamente de su público.

En Newcastle, por ejemplo, la amenaza de privatizar el servicio de atención domiciliaria condujo a quienes lo brindan y a quienes lo reciben por igual a pensar en voz en alta sobre la esencia de lo que constituye un buen cuidado. La visión de los servicios de atención domiciliara surgida fue una de plena improvisación y buena voluntad. Una atención adecuada de este tipo encierra muchas cualidades ocultas - como la continuidad, hoy perturbada por la privatización, y la adaptabilidad a las necesidades de los/las pacientes. La gama de apoyo ofrecida por una persona dedicada a una atención esmerada es mental además de física. Sin embargo, la capacidad de elección, y con ello la dignidad de los usuarios, a menudo ha sido bloqueada por las rutinas burocráticas. Las necesidades particulares de la clientela asiática y de otras minorías étnicas hacen parte de la buena atención. Igualmente, la importancia de mejorar los salarios y el estatus de quienes brindan los cuidados es innegable, puesto que cada vez es más difícil reclutar personal para este servicio. En su lucha contra la privatización, los sindicatos están trabajando mancomunadamente con los usuarios de los servicios y con sus familias, para cerrar un convenio de atención domiciliara mejorada que oponga una alternativa a la privatización y la reducción de costes que socavan en la actualidad la calidad del cuidado domiciliario.

Esta es sólo una muestra superficial de cómo la eficiencia social en la prestación de un servicio puede mejorar si los clientes y los vanguardistas encargados de éste ejercen una influencia real sobre su forma de entrega. Mejoras similares se ganarían si se juntara el conocimiento de los conductores de trenes, señalizadores, guardias y usuarios de los trenes, enfrascados hoy en día en una campaña para que los ferrocarriles británicos sean propiedad de y controlados por el público. Su alegato a favor de esta apropiación pública no tiene nada qué ver con dogmas ni viejas modalidades de la propiedad pública. Ellos quieren hacer un fondo común con su conocimiento y pericia vanguardistas para satisfacer las necesidades del público. Este enfoque choca frontalmente con el de la privatización. La empresa privada, con todos sus requisitos de confidencialidad comercial, nunca podría permitir que floreciera dicha democracia participativa. Los planes de privatización del Nuevo Partido Laboral simplemente remplazarían las cerradas jerarquías del sector público con los manejos secretos de la empresa privada. La resistencia basada en alianzas entre usuarios y vanguardistas que presentan alternativas para hacer más responsables ante terceros los servicios públicos, y más receptivos, es una forma poderosa de ganarse el apoyo del público.

Los sindicatos necesitan ir más allá para llegar al público y reconocer el conocimiento que conllevan las campañas adelantadas por los/las usuarios/as, esas que surgen en torno a los servicios de mayor demanda. Los sindicatos también deben considerar las formas de delegar el suministro público a empresas socialmente responsables que no sólo busquen una ganancia económica y que estén preparadas para crear nuevos tipos de compañías que involucren a usuarios/as, vanguardistas y representantes parlamentarios/as o concejales por igual.

Este tema de la economía social y su significancia política también surge de las tensiones entre la interpretación de 'comunidad' dada por el nuevo laborismo y las interpretaciones enraizadas en las últimas dos décadas de luchas comunales por la tierra, el empleo, la vivienda y las infraestructuras comunitarias. Un aspecto de 'la tercera vía' predicada por el Partido de Tony Blair es el compromiso que asumió de 'empoderar a las comunidades', al mismo tiempo que esputaba veneno contra los concejos elegidos localmente. Este pensamiento - no muy coherente, resultante de una mezcla de influencias, incluyendo la grave necesidad de la reforma gubernamental local - buscaba reducir los poderes de los concejos locales reforzando aún más los sistemas centralizados de financiación y a la vez proyectaba aplicar más presión para privatizar. Simultáneamente el gobierno, desde el despacho mismo del Primer Ministro, alentaba a la comunidad a ayudarse a sí misma en las áreas menos favorecidas. Este apoyo selectivo a la regeneración 'liderada por la comunidad' era una manera de abordar los problemas sufridos por las víctimas más desafortunadas de la señora Thatcher, dejando de lado la distribución enormemente desigual de Gran Bretaña sin poner en juego los impuestos y sin aumentar los beneficios de la seguridad social y el desempleo.

La gente no olvida su historia - de desarrollo comunitario, organización sindical y toda suerte de campañas a favor del medio ambiente, el feminismo, y la lucha contra el racismo - y como resultado, al contar con recursos y oportunidades, tiene una manera de tomar las riendas en sus propias manos y de moverse en direcciones imposibles de predecir. Una dirección que comienza a surgir de estos micro-ambientes de expansión y control comunitarios son las empresas sociales fundadas con diversas fuentes de dineros públicos o provenientes de loterías y administradas para beneficio de las comunidades locales y no con ánimo de lucro. En Luton, por ejemplo, un ecléctico grupo de activistas combina la ética libertaria, comunal y de auto-ayuda con las tradiciones colectivistas del movimiento obrero y de inquilinos para crear toda una zona de co-operativas y empresas sociales interconectadas. Están utilizando dinero del gobierno para comprar una fábrica desocupada en el lugar donde residen y crear la infraestructura del ingenioso proyecto.

A largo plazo, la integridad social y política de ésta y otras iniciativas son vulnerables a los efectos de predadores corporativos que rapidamente podrían entrar a apoderarse de las partes gananciales de la economía social, una vez agotadas las demás fuentes como los fondos públicos y otros aportes. Estos proyectos ilustran la clase de organizaciones sociales y económicas que un nuevo tipo de estado podría llegar a sustentar. Al mismo tiempo, sin embargo, dichos proyectos necesitan apoyo de los demás, y no sólo el de sus propios vecindarios, para lograr sobrevivir y para negociar con el estado y la economía existentes. Requieren el apoyo de sindicatos, activistas políticos y comunitarios y de un estado local democrático.

Los EEUU: El poder para una nueva economía

La experiencia de Los Ángeles ofrece uno de los ejemplos más exitosos de una alianza entre la comunidad y las organizaciones sindicales, utilizando la influencia de la autoridad local para ganar concesiones para la población frente a las corporaciones y los organismos públicos por igual.

La primera de varias coaliciones notables sindicales-comunitarias surgidas en los años noventa fue la Unión de usuarios de autobuses de Los Ángeles, iniciada por la Estrategia comunitaria-laboral. Esta creativa coalición llevó a cabo una acción directa ocupando los autobuses de la ciudad y brindándole transporte gratuito a los pobres. Ganaron un inmenso apoyo popular para sus demandas de abaratar las tarifas y mejorar los servicios. Se tomaron con éxito una de las agencias más poderosas del condado, la Metropolitan Transit Authority, y lograron la desviación de fondos de proyectos ferroviarios orientados a la clase media hacia el sistema de autobuses que estaba casi en bancarrota. La segunda coalición laboral/comunitaria fue iniciada por un sindicato liderado por latinos. Éste obligó al concejo municipal y al alcalde a adoptar una ordenanza que reglamentaba un 'salario para vivir' para quienes trabajaran en las empresas contratadas por la ciudad. La coalición, AGENDA (Action for Grassroots Empowerment and Neighbourhood Alternatives - Acción para el empoderamiento de bases y alternativas vecinales), buscó a continuación que se emitieran ordenanzas similares en otras partes de la región, incluyendo los grandes estudios de la industria del entretenimiento. Por ejemplo, lograron negociar con Dream Works, el imperio de Steven Spielberg, para crear programas de capacitación que ayudarían a la juventud de los barrios marginados a conseguir empleos en la floreciente industria de la animación y el entretenimiento. Un tercer ejemplo de esta nueva forma de organización estratégica surgida entre migrantes y trabajadores pobres blancos y las comunidades es LAANE, la Los Angeles Alliance for a New Economy (Alianza de Los Ángeles para una nueva economía). El propósito de LAANE era, y continúa siendo, utilizar los mismos métodos de negociación y de hacer campañas de las dos coaliciones ya citadas, para cerciorase de que la nueva industria empleadora de alta tecnología, en lugar de no asentar raíces y explotar a la fuerza laboral local, se ciñera a unos estándares de la comunidad y satisfaciera las demandas de la población de la cual depende.

Metas alcanzables

Dichas coaliciones regionales, con sus tácticas asertivas y plenas de imaginación, sus alianzas estratégicas y sus pragmáticas formas de fijar metas alcanzables, son un gran desafío a la sensación de impotencia que mucha gente, incluidos/as los/las activistas, ha experimentado frente a la globalización corporativa. Han sabido echar raíces entre los trabajadores y las familias que más han sufrido los impactos del poder global del capitalismo. Fundamental para la exitosa transformación de la pasividad inducida con frecuencia por la globalización ha sido el desarrollo deliberado de estrategias regionales, basadas en la comprensión de que, al fin y al cabo el capital flotante se ve obligado a invertir en alguna parte y dondequiera que invierta comienza a depender de la infraestructura, los vínculos y la fuerza laboral regionales. Ésto le brinda a una coalición bien organizada y de pensamiento estratégico un poder de negociación sustancial.

Este tipo de comprensión ha sido convertido en algo práctico a través de una utilización cuidadosa de la investigación, la cual ha implicado alianzas creativas entre activistas laborales y académicos/as locales. Un factor adicional ha sido el reconocimiento de la fuerza mobilizadora que encierra centrarse sobre la pobreza del sector trabajador. Es un poder realzado por el reconocimiento de los sindicatos de que fracasaron en sus esfuerzos por aferrarse a los trabajos tradicionales manufactureros de los años sesenta y setenta - la industria del automóbil, por ejemplo. Su única oportunidad de afiliación estaba en la nueva fuerza laboral migrante no organizada, activa en la industria del entretenimiento y los servicios, que abundaba en Los Ángeles. Esto significaba hallar una forma multi-racial, orientada a la comunidad, de abrir un espacio en el movimiento obrero para activistas poco convencionales, radicales, que lograran responder a las nuevas oportunidades sin las amarras burocráticas que desde años atrás plagaban los sindicatos.

Finalmente, estas coaliciones han logrado aprovechar al máximo la flexible política de California, cuyos dos partidos principales tienen poco control sobre la política local y regional y un socialista con popularidad puede ganar representación política directa. Varios de los triunfos de estas coaliciones ante el ayuntamiento han dependido del apoyo de concejales radicales independientes.

Conclusiones

Es ésta una relación de lo que he ido esclareciendo en mi transitar hasta ahora. Espero que su carácter inevitablemente parcializado les anime a recopilar sus propias experiencias, para que nuestras discusiones teóricas en este Foro social mundial se afiancen en la creatividad de la práctica.

Primero, al confrontar la popularidad de las nociones de mercado libre en Europa central y oriental, reconocí la importancia para la democracia del conocimiento práctico y de su carácter social. Ello es clave para la igualdad política cotidiana y para demostrar la capacidad que tiene la gente de gobernarse a sí misma. Intentar sopesar el conocimiento social desafía directamente la noción limitada de equidad política propuesta por Beatrice Webb, la teórica principal de la tradición fabiana de ingeniería social dentro del socialismo británico, al afirmar: 'el hombre sensual promedio puede describir los problemas pero es incapaz de prescribir las soluciones'. Dicho punto de vista justifica una clase de democracia que equivale a que las masas escojan entre unas élites políticas profesionales. Sobre una noción similar descansan muchas de nuestras instituciones 'democráticas' - el estado y el partido. El reto de una política democrática del conocimiento es desarrollar formas de organizarse - a través de una nueva clase de estado y una nueva clase de partido político - que comprendan cómo identificar y compartir el conocimiento práctico de la gente, y que tanto el estado como el partido valoren positivamente los movimientos sociales democráticos surgidos al margen de ellos. A través de dichos movimientos se expresan, se comparten, se debaten y se combinan otras formas de conocimiento. Ello conduce directamente a la segunda noción que he trabajado, que concierne un principio fundamental de esta forma de organización y asocia la democratización del conocimiento con la democratización del poder.

La efectividad del presupuesto participativo para liberar a Porto Alegre de la corrupción, redistribuyendo la riqueza y mejorando el poder de negociación de la ciudad frente al mercado global, demuestra la importancia de que quienes ejercen la política compartan el poder con formas directas de democracia, sometiendo al aparato estatal a un control y a que responda por sus actos. La forma particular que adoptó el PP no es necesariamente replicable, pero el principio de crear un poder civil, independiente del estado pero insertado dentro de un marco de negociación con éste, es una condición indispensable para que exista equidad política en nuestras vidas diarias.

Dentro de y contra el estado

En el Reino Unido y en los EEUU, han surgido nuevas maneras de abordar la política, nacidas de las duras lecciones derivadas de la derrota y las encrucijadas sin salida. En el Reino Unido ha surgido un sindicalismo del sector público, que adelanta campañas más allá de los sitios de trabajo, no sólo para defender el suministro público sino para hacer la forma como se entregan los servicios responsable y sensible a las necesidades del público. Dicho enfoque ha sido forjado por activistas, algunos/as involucrados/as en intentos anteriores, provenientes de las bases, de reformar los servicios públicos; gente que supo aprender del fracaso de un sindicalismo defensivo, exclusivamente centrado en el sitio de trabajo. Una manera de describir la nueva estrategia es 'dentro de y contra el estado'. En otras palabras, la nueva política implica una estrategia basada en el estado - defendiendo las características redestributivas de los servicios públicos - y que a la vez desafía la forma como son manejados los servicios, fijando alternativas.

Dentro de y contra el mercado

De manera similar, el crecimiento de esfuerzos concertados por crear empresas sociales, no como guarderías de la economía 'de los adultos', sino como una alternativa a la economía de la ganancia neta, podría ser descrita como `en y contra el mercado.' Las empresas sociales, creadas como una base para expandir e ilustrar una utopía factible, reconocen y aceptan en el mercado un mecanismo de cambio, al mismo tiempo que desafían su actual fuerza motriz fundamentada en la ganancia privada.

La coalición de Los Ángeles indica la importancia de mapear las injusticias más flagrantes y las dependencias más estratégicas del capital global en determinadas regiones y fuerzas de trabajo. La organización de la coalición, que trasciende la comunidad y el sitio de trabajo, cobró vida luego de una serie de derrotas nacidas de la desesperación. La acción sindical militante había fracasado en su intento por impedir la clausura de las fábricas y los nuevos funcionarios a cargo de los servicios trataban a la fuerza de trabajo, principalmente migratoria, como una fuente de trabajo barata, deshechable y remplazable siempre. Los/las activistas aprendieron la lección de estas experiencias. Primero se dedicaron a difundir destrezas y confianza en la auto-organización entre quienes no estaban organizados previamente. Luego recurrieron a la pericia de investigadores/as con un alto sentido de compromiso: el conocimiento combinado produjo una panorámica de las peores injusticias laborales y una visión de las fuerzas de negociación potenciales que podrían entrar en acción.

Controlando el capital global

He aquí una ilustración de la importancia de reconocer las distintas fuentes de poder que deberían ser utilizadas para ejercer un control democrático sobre el capital global. El poder estatal - ya sea local, regional, nacional o continental - se ha convertido en una sola fuente (eso sí, única) de poder de negociación sobre la globalización capitalista y el dominio de los EEUU. Ello destaca la efectividad de una política que contemple la co-ordinación y una fertilización cruzada entre los diversos tipos de poder hacia el cambio.

Así pues, las iniciativas provenientes de los movimientos sindicales y comunitarios son una fuente de ideas programáticas y estratégicas - ideas que podrían ser asumidas electoralmente por los partidos políticos de izquierda. Esto contrastaría fuertemente con las relaciones tradicionales entre el partido y los movimientos, donde el partido desarrolla el programa/la estrategia, y al sindicato y a los movimientos sociales se les pide apoyarlo.

Un punto final para concluir: he hecho énfasis sobre la importancia de lo local, no como una alternativa a lo global sino como una base, enraizada con las luchas por el poder en el punto del compromiso popular potencial. Otras personas tendrán más experiencia sobre cómo establecer conexiones entre esta base popular y los centros globales del poder. En cierta medida, el capital va forjando gradualmente estas conexiones, a medida que la desregulación conduce al intervencionismo corporativo en la mayoría de las cuestiones locales. Los acuerdos del GATS, por ejemplo, significan que el agua, la recolección de basura, las escuelas y los hospitales son todos lugares donde se está dando una lucha por el control, por una parte entre ciudadanos, trabajadores y políticos elegidos, y por otra parte entre las corporaciones multinacionales, que han sido invitadas a participar por otro grupo de políticos electos - más que todo nacionales. La asertividad progresiva de una equidad política que afecte todas las áreas de la vida es sobre todo local, en la actualidad, pero le brinda confianza a la gente para rastrear los eslabones en una cadena de injusticia que conduce a los centros reales - sobre todo globales - del poder. Uno de los retos a los que se enfrentan las/los activistas que se organizan a nivel global es cerciorarse de que sus congéneres locales cuenten con los recursos y la infraestructura necesarios para ingeniarse maneras de lograr hacer mella sobre el poder global.