Atrapados en el invernadero

15 Febrero 2007
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Atrapados en el invernadero
El G8, el cambio climático y el ecologismo de libre mercado
Carbon Trade Watch, Informe TNI núm. 3, junio de 2005

Este informe está disponible en formato PDF en inglés. Para una descarga más rápida: PDF en blanco y negro.

Veáse también el comunicado de prensa TNI/CTW (en inglés), 4 de julio de 2005.

Lo que denominamos el poder del Hombre [sic] sobre la naturaleza se manifiesta como un poder que ejercen ciertos hombres sobre otros hombres con la naturaleza como instrumento. - C.S. Lewis, autor y académico británico (1898-1963)

El nuevo informe de Carbon Trade Watch analiza los vínculos entre las presiones económicas del libre mercado y las políticas sobre cambio climático. También examina detalladamente las diferencias que existen entre retórica y realidad en cuanto a las promesas que realiza el grupo político más fuerte del mundo: el G8. Además, profundiza en los orígenes del ecologismo de libre mercado y analiza los conflictos y sinergias que surgen cuando el mundo de los negocios choca con el del medioambiente.


Índice

  1. El G8 y la agenda del cambio climático
    • La agenda del cambio climático en 2005
    • Los antecedentes de Tony Blair en materia de cambio climático
  2. Estafando mientras Roma arde. Las políticas de Kyoto
    • La ratificación de Rusia y el aire caliente
    • La cuestión de los Estados Unidos
    • La vida después de Kyoto
    • ¿Opción nuclear?
  3. "Desarrollando" el Mundo Mayoritario. El G8, el cambio climático y las instituciones financieras internacionales
    • El G8 y las agencias de crédito a la exportación
    • Subvenciones a la crisis climática
    • El FMI
    • El Banco Mundial
    • Bancos regionales
  4. El coste de la Tierra. El precio que se paga por “ponerle un precio a la naturaleza”
    • Orígenes dudosos. El legado de Malthus
    • Paradigmas perdidos. El neoliberalismo verde
    • Reestructuración global. La “revolución dual”
    • Matemáticas y mercados. Análisis de costes y beneficios
    • Una cuestión de táctica
  5. El choque de dos mundos. Comercio y ecología
    • El clima idóneo para la inversión
    • ¿Le están atendiendo? El posible impacto del AGCS
    • Sentimientos mutuos. Clima y comercio
    • La ecología de libre mercado gana terreno
    • Comercio de mercurio
    • Comercio de contaminación de petróleo
    • Banca pantanosa
    • Comercio basura
  • Conclusión
  • Glosario
  • Notas a pie de página
  • Perfiles
    • La Unión Europea
    • Francia
    • Italia
    • Gran Bretaña
    • Canadá
    • Japón
    • Rusia
    • EEUU
    • Alemania

    Introducción

    El fenómeno del cambio climático ha recibido últimamente más atención que nunca por parte de los medios. Esto se debe en parte a la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto, a pesar de la intransigencia de gobiernos como los de Estados Unidos y Australia, y al bombo y platillo que el primer ministro Tony Blair dio al tema como presidente de la reunión del G8 que se celebró en Escocia en 2005. Al margen de estos procesos políticos, el mundo está abriendo lentamente los ojos ante la gravedad de la amenaza del cambio climático debido a las advertencias que realizan científicos de renombre mundial sobre los peligros de la autocomplacencia. La preocupación que suscitan las consecuencias del cambio climático, como las sequías, las inundaciones, el aumento del nivel del mar, la inseguridad alimentaria, la pérdida de la biodiversidad y el agotamiento de las reservas de agua dulce, han hecho entender a gran parte de la sociedad que el cambio climático es una de las mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad. Según la Organización Mundial de la Salud, el cambio climático ya es culpable de unas 160.000 muertes al año.

    La ciencia lo ha dejado bien claro. Un estudio realizado por la organización International Climate Change Taskforce reveló que si la temperatura media mundial aumenta dos grados, “los riesgos que esto supone para las sociedades humanas y los ecosistemas aumentan considerablemente”, así como la posibilidad de que tenga lugar un “cambio climático brusco, acelerado o imposible de controlar”. Según el grupo de alto nivel –presidido por el diputado laborista británico Stephen Byers y la senadora republicana estadounidense Olimpia Snowe– esta situación podría evitarse si la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se mantuviera por debajo de 400 partes por millón (ppm). No obstante, advierte que las concentraciones actuales, que se elevan a 379 ppm, “sobrepasarán probablemente las 400 ppm en las próximas décadas y podrían seguir aumentando mucho más si no cambian las cosas”.

    Este informe analiza el callejón sin salida en el que se encuentran los países del G8. A pesar de lo apremiante de la situación, que exige medidas inmediatas, el G8 sigue anclado en el sistema empresarial que ha provococado el cambio climático, perpetuando y consolidando un sistema de desarrollo económico basado en la explotación de combustibles fósiles. Para analizar la economía política del cambio climático, es de lo más lógico tomar como punto de referencia al G8, ya que está integrado por los países que, tradicionalmente, han sido los mayores emisores de gases de efecto invernadero y por las naciones industrializadas más poderosas del planeta.

    Sin embargo, puede decirse que este enfoque es algo arbitrario. En primer lugar, para entender la verdadera naturaleza de la globalización económica se debe hacer una lectura más compleja de los vínculos entre los Estados-nación y las corporaciones transnacionales. Estas corporaciones no se limitan a los países del G8, tanto en lo que se refiere a sus actividades económicas e industriales como a su influencia en la política nacional e internacional. En segundo lugar, el G8 es tan sólo un conjunto de países ricos y, aunque puede decirse que es el más poderoso e influyente, debemos tener en cuenta que no es el único. También existen instituciones como el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que trabajan para que los países ricos alcancen un consenso político y económico y, por lo tanto, a través de su refuerzo de las políticas económicas y las estructuras neoliberales, tienen también un impacto sobre el cambio climático. Al centrarse en los países del G8, el informe pretende ofrecer una panorámica general sobre la interacción entre la política neoliberal y el cambio climático, aunque la perspectiva sea mucho más amplia.

    La compensación

    En un intento por demostrar su buena voluntad ecológica el gobierno británico ha asegurado orgullosamente que durante su presidencia del G8 las decisiones relativas al carbono estarán marcadas por la “neutralidad”. Para ello, promete “compensar” la emisión prevista de gases de efecto invernadero invirtiendo alrededor de 90.000 dólares en supuestos proyectos medioambientales en África. En muchos sentidos, el intento por dar a la cumbre un carácter "neutral" con respecto al problema del carbono ilustra perfectamente hasta qué punto el debate sobre el clima se ha visto ennegrecido por discursos corrosivos. En consecuencia, esta cultura de la compensación se esta convirtiendo en uno de los principales “modos de actuar” en materia de cambio climático. No obstante, las compensaciones son fuente de problemas importantes y no pueden ser consideradas como una solución a la crisis.

    En primer lugar, el dinero que se invierte en esos proyectos hace olvidar inevitablemente que se deben tomar medidas para reducir las emisiones en su origen. Los gobiernos y la industria del Norte se están aprovechando de este tipo acuerdos para aplazar el tener que reducir sus propias emisiones, algo tremendamente urgente. En segundo lugar, es difícil, si no imposible, que los proyectos de compensación ayuden a obtener "nuevas" reducciones. No existe ninguna garantía de que la supuesta reducción de emisiones obtenida gracias a un proyecto no hubiera tenido lugar de todas maneras sin el dinero de la compensación. En tercer lugar, la base científica sobre la que descansan las previsiones de este tipo de proyectos está siendo duramente criticada. Los cálculos de carbono varían enormemente y la metodología utilizada para realizarlos es tan mala que, a su lado, las cuentas de Enron-Andersen parecen claras. Muchos proyectos han resultado reducir los niveles de emisión muy por debajo de lo que en un principio se preveía.

    Un tipo de proyecto especialmente propenso a sufrir este tipo de errores es el de plantación de árboles, ya que verificar los niveles de carbono que se acumulan realmente en el ecosistema de los bosques o en las plantaciones de árboles es prácticamente imposible. En algunos casos, ciertas empresas sólo han recibido dinero para evitar la tala de bosques ya existentes. El monocultivo de árboles también se ha practicado en turberas ricas en carbono, que emiten más dióxido de carbono que el que “sintetizan”. Los peores proyectos son los que han substituido ecosistemas naturales (praderas) por monocultivos dañinos para el medioambiente y la sociedad –conocidos por los habitantes locales como “desiertos verdes”– en lugares como Ecuador y Brasil.

    Estos proyectos se basan en teorías que no tienen fundamento, ya que difícilmente se puede establecer una equivalencia sólida entre lo que genera una fuente de emisiones y las emisiones que en principio se reducen o se evitan gracias a ciertos árboles plantados en otro lugar. La parte de la ecuación correspondiente a las emisiones de las que somos responsables se puede determinar y cuantificar de forma relativamente clara. La otra parte, la que corresponde a las emisiones que se reducen gracias a los proyectos, está plagada de incertidumbres con respecto a la evolución de los proyectos a largo plazo (por ejemplo, si el carbono de las emisiones se almacena en los árboles, ¿cuánto tiempo se mantendrán en pie estos árboles?) y también con respecto a los pocos conocimientos científicos sobre el ciclo del carbono. Según científicos de renombre, el cálculo de los flujos de carbono supone márgenes de error de al menos el 50%. Pero los países del G8, que pretenden demostrar un vago compromiso con la lucha contra el cambio climático, han hecho desaparecer por arte de magia los problemas inherentes a la cultura de las compensaciones y a otros engaños, como el comercio de emisiones. Nos dicen que el mercado es eficiente y ecológico. El problema del cambio climático no debe solucionarse mediante medidas radicales para reducir las emisiones, sino mediante la “mano invisible” del mercado, que pondrá orden de la manera más rentable posible. Esta confianza en el mercado, en parte económica y en parte filosófica, representa un paradigma cada vez más extendido en el campo de la legislación medioambiental.

    Este informe analiza los orígenes de este paradigma y su desarrollo en el contexto del cambio climático, así como la manera en que se introduce alegremente, como si fuera la panacea, en otras esferas de la política medioambiental. Además, el informe defiende que la retórica que domina el discurso sobre el clima, según la cual todos salimos ganando, es un instrumento utilizado para confundir y marginar a aquellos que buscan luchar de manera más eficaz y significativa contra el cambio climático. Esto también contribuye a que las corporaciones ganen más poder y a que pongan en venta los recursos naturales, como el ciclo de carbono de la tierra. Al final, las prioridades se fijan sobre la base del neoliberalismo, representado por grupos poderosos como el G8, que dependen fuertemente del consumo de combustible fósil. A fin de cuentas, el ecologismo de libre mercado y la mayor liberalización del comercio y las inversiones en materia de “productos medioambientales” y “servicios ecológicos” son una farsa. Para los activistas que luchan por un cambio social y medioambiental significativo con respecto al problema climático, es necesario desafiar estas tendencias con firmeza.