Caza de brujas

La presión del dogmatismo estadounidense en el sistema de la ONU
16 Mayo 2005
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Los desacuerdos en el sistema de la ONU sobre el concepto de reducción del daño son particularmente graves con respecto a iniciativas como la lucha contra el VIH/SIDA.

Los desacuerdos al interior del sistema de la ONU sobre el concepto de reducción del daño son particularmente graves en lo que respecta a programas globales conjuntos, como las iniciativas para disminuir la epidemia del VIH/SIDA. Prácticas de reducción del daño como el intercambio de jeringuillas y el tratamiento de substitución, quedan en una situación de riesgo ante la falta de coherencia de los diferentes organismos de la ONU.

Estos desacuerdos alcanzaron una nueva fase en noviembre de 2004, cuando el gobierno estadounidense -principal donante de la Organización de la ONU contra las Drogas y el Delito, ONUDD- amenazó con recortarle los fondos a esta entidad, a menos que garantizara que se abstendría de apoyar cualquier expresión a favor de la reducción del daño, incluido el programa de intercambio de jeringuillas.

La primera reacción de la ONUDD a través de su director, Antonio Costa, fue la de acoger las exigencias de EEUU y manifestar su rechazo a prácticas antes aceptadas por este organismo, como los programas de inyección de drogas, mantenimiento de heroína, y salas de consumo. Esta posición asumida por el señor Costa bajo presión de EEUU contradijo directamente muchas de las declaraciones hechas por otras agencias de la ONU a este respecto, así como declaraciones de los mismos representantes de la ONUDD aparecidas en documentos recientes de esa entidad.

En ese momento, la incoherencia se hizo más evidente que nunca respecto a un tema con el que los 191 estados miembros de la ONU se han comprometido en el llamado Objetivo de Desarrollo del Milenio: detener y empezar a revertir la propagación del VIH/SIDA.

En este conflictivo marco tuvo lugar en Viena del 7 al 14 de marzo, la Sesión 48 de la Comisión de Estupefacientes (CE), el cuerpo central gestor de las políticas de drogas de la ONU, en la que participan 53 países del mundo.

Previamente a este encuentro, se produjeron múltiples llamados por parte de agencias internacionales de desarrollo, organizaciones de prevención del sida, activistas de derechos humanos, e importantes medios internacionales de prensa, para recordar a las delegaciones presentes en la Sesión la importancia y el éxito que han tenido los programas de reducción del daño para frenar la expansión del sida. En una actitud explícita de oposición al enfoque presionado por Estados Unidos, se insistió en lo absurdo que sería que la comunidad internacional le quitara su apoyo a estos programas.

En una carta abierta publicada el 1 de marzo, más de 200 organizaciones, incluido el TNI, y personas de 56 países hicieron un llamado urgente a los delegados de la CE: "Con motivo de la reunión de este año para debatir la prevención del VIH/SIDA y el abuso de las drogas, respetuosamente les pedimos que, apoyen el intercambio de jeringuillas, el tratamiento de substitución de opio, y otros enfoques de la reducción del daño que han demostrado reducir el riesgo del VIH; afirmar el derecho humano de los drogadictos a la salud y a servicios de salud; y rechazar los esfuerzos para invalidar la ciencia y atar las manos de los que trabajan en esos frentes. Nada menos que el futuro de la epidemia del VIH es lo que está en juego".

La administración de Bush promueve la abstinencia sexual como método para prevenir el sida y desaconseja la distribución de condones. En una posición claramente crítica al dogmatismo de esta política estadounidense, un editorial del New York Times (26 de febrero) se refirió a "un triunfo de la ideología sobre la ciencia, la lógica y la compasión" e hizo un llamado al gobierno para que "suspenda la cacería de brujas" contra el intercambio de jeringuillas y se abstenga de otros ataques en la próxima reunión de la CE. Si la administración de Bush no consigue superar esta lógica enrevesada "debería al menos permitirle al resto del mundo la posibilidad de salvar millones de vidas".

La presión de EEUU se dejó no obstante sentir de manera contundente. Al final la sesión se cerró y lo único que quedó en claro fue que las delegaciones de los diferentes estados miembros evitaron tomar una actitud explícita respecto a los programas de reducción del daño, conformándose con un anodino consenso que le permitirá a EEUU seguir manipulando financiera y políticamente detrás de bambalinas. Una situación que indudablemente va a afectar la lucha contra el VIH/SIDA.

Frente a este panorama, instamos a los gobiernos a que defiendan las prácticas de reducción del daño. De otro modo, los buenos resultados obtenidos a través de la gestión y métodos de políticas de drogas eficaces para contener la expansión del VIH/SIDA, podrían estar en peligro. Los países de Europa, Canadá y Australia -menos vulnerables a la presión estadounidense- tienen una mayor responsabilidad en este sentido. Asia, América Latina y la antigua Unión Soviética, serán los que paguen el precio para evitar la confrontación con Estados Unidos.