Cómo evitar la devastación del planeta

21 Enero 2009
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Una población educada desde la infancia para comportarse como ciudadanos, no como consumistas, es la mejor garantía de cambio del comportamiento humano y de las leyes económicas que promueven la devastación del planeta.

Una de las principales conclusiones que surgieron del foro de periodistas ambientalistas reunidos a fines de noviembre pasado en Viterbo (Italia) por invitación de la asociación cultural italiana Greenaccord, fue la de que no se está dando suficiente información sobre los temas ambientales a los niños en las escuelas. La educación debería empezar lo más tempranamente posible. Tal como están las cosas, según un conferencista, se necesitarían de dos a tres generaciones, en términos de educación, para pensar objetivamente en un comportamiento consecuente con el ambiente. Pero, ¿tenemos tanto tiempo?

La gente no conoce realmente las dimensiones de asuntos como el cambio climático, la contaminación del mar, la deforestación de bosques y selvas, la destrucción de ecosistemas por el desarrollo indiscriminado de industrias, el manejo irresponsable de los desechos tóxicos, etc. Todo el mundo ha oído hablar de estos temas, pero la información no alcanza todavía a llegar de manera sistemática de modo que el público adquiera una verdadera noción de la magnitud de los problemas, y decida actuar en consecuencia.

Últimamente en los países desarrollados se ha estado hablando bastante sobre lo que cada uno puede hacer desde su propia casa para ayudar a reducir el consumo de energía y las emisiones de gas carbónico. Cada vez hay más gente que usa bombillas económicas, o ha hecho instalar doble ventanal en sus casas para mantener mejor el calor en el invierno; muchos compran aparatos electrodomésticos que vienen promocionados por sus cualidades económicas en el uso de agua o energía. O compran productos de limpieza que no son agresivos con el ambiente aunque sean mucho más caros que los corrientes.

Voluntad política

Reducir el consumo residencial de energía, disminuir la producción de basuras y la contaminación por el uso de productos químicos en la vida doméstica son cosas posibles que, de lograrse, representarían un paso significativo en la buena dirección. Pero, como lo hizo notar otro participante del foro de Viterbo, para que el avance en este sector sea real se requiere que la acción vaya mucho más allá de las meras iniciativas particulares tomadas por familias de un cierto nivel educativo y de ingresos. Se requiere que haya una auténtica voluntad política de los gobiernos para que asuman en la práctica tanto la labor de educación de la población en temas ambientales como los costos necesarios para transformar las viviendas de todos en ‘casas verdes’. Por ejemplo, los que no cuenten con suficientes ingresos para aislar debidamente sus casas entrarían a hacer parte de algún tipo de programa de financiación estatal con este fin. Las nuevas casas que se construyan deberán cumplir con ciertos requisitos energéticos, y las viejas deberán ser adecuadas fijándose un plazo para ello.

Este es un punto concreto que cualquier partido político con un mínimo discurso ecologista podría integrar en sus programas. Lo que vemos ahora es que los partidos políticos, incluso los que tienen un importante discurso verde, una vez comparten el poder, tienden a ceder en sus propuestas ecológicas. La razón para esto es que los políticos y los gobiernos enfrentan las presiones de las grandes empresas privadas interesadas en continuar produciendo de la manera irresponsable en que lo hacen, y en aumentar esta producción. Pero también está la presión del hombre de la calle, el elector, el consumidor, que mide en términos de su billetera por quién votará en las próximas elecciones. Así, un partido político hoy día que proponga una reducción del consumo -no sólo del consumo de energía sino en general de la masa de mercancía que consumimos continuamente y cuya producción y eliminación contribuyen enormemente a la deterioración del ambiente- arriesga su potencial electoral en comparación con un partido que habla de aumento del consumo. Una reducción del consumo implicará una reducción de la producción, lo que a su vez se relaciona con pérdida de puestos de trabajo, disminución del poder adquisitivo de la gente, y empobrecimiento. Una propuesta no muy popular, mucho menos en épocas de crisis económicas.

Hiperconsumismo

El elector es todavía –incluso en los países más desarrollados- un semianalfabeta en temas ambientales. Una ignorancia resultante de la falta de una educación ambiental. En su libro “Geluk!” (¡Felicidad!), Femke Halsema, representante en el Parlamento holandés del partido Groen Links (Izquierda Verde) hace una reflexión sobre el ‘placer de consumir’. La felicidad está dada en términos del número de cosas que podamos comprar. Vivimos en una época de hiperconsumo que viene como consecuencia de la adicción a reemplazar constantemente todo lo que adquirimos por nuevas adquisiciones. La promoción comercial se encarga de que los nuevos modelos de zapatillas de deportes nos sean absolutamente imprescindibles. Las zapatillas que compramos hace unos meses, aunque están en perfecto estado, ya parecen pasadas de moda.

El hiperconsumismo está tan arraigado en la conciencia social del mundo de hoy –en todas las clases sociales, en países desarrollados y menos desarrollados- que un discurso político verde como el de la señora Halsema que señala la relación entre el excesivo consumo y el desgaste del ambiente, tiene dificultades en llegar a un amplio electorado. Los partidos verdes mejor consolidados de Europa no superan por lo general, siendo generosos, las cifras del 10 por ciento en las contiendas electorales de sus respectivos países. Este 10 por ciento es el sector de la población que está dispuesto a respaldar y llevar a la práctica un cambio en los hábitos de consumo y en su comportamiento frente al ambiente. Este 10 por ciento, que proviene en general de los estratos medios y altos de las sociedades ricas, es tan consumista y tan irresponsable frente al ambiente como el resto de la población. Halsema misma se atreve a confesar su debilidad por las costosas carteras de marca. La diferencia es que este sector minoritario quiere que esto cambie y espera que un nuevo gobierno implemente las correcciones necesarias, aunque éstas representen algunos ‘sacrificios’.

Halsema menciona en el libro que hace cincuenta años había en Ámsterdam un auto por cada dos niños. Ahora hay diez autos por cada niño. Volver a la relación auto-niño de hace cincuenta años sería un ‘sacrificio’ que los partidos verdes podrían proponer. Pero en una sociedad hiperconsumista como la actual esto no es tarea fácil. Porque no es fácil decirle al 90 por ciento de la población que bajo un gobierno consecuente con el ambiente no vamos a tener más sino que vamos a tener menos. Menos autos, menos carteras, menos pares de zapatos, aunque de mejor calidad para que duren más. Convencer a la gente de que la felicidad no está en cambiar de auto cada cinco años, aunque se prometa que la reducción del número de autos circulando por las calles y autopistas irá acompañada de un excelente y eficiente sistema de transporte público.

Halsema destaca la diferencia entre ‘consumidores’ y ‘ciudadanos’. Como consumidores cada vez podemos comprar más cosas. Como ciudadanos hemos ido perdiendo bienes que antes poseíamos. Una buena educación pública, buenos servicios de salud. Hemos perdido naturaleza, zonas verdes, áreas de recreación. Hemos perdido bienes que no recuperaremos por mucho que aumente el porcentaje del crecimiento económico, por mucho que aumente el PIB. Además, aunque hoy día una gran parte de la población de los países desarrollados posee los recursos para comprar numerosos objetos, no tiene tiempo para disfrutarlos. Una persona se puede comprar en un momento una colección completa de CD con toda la obra musical de Bach. Llegar a casa con 50 CD que colocará de manera armoniosa en su estantería, y no encontrar nunca el tiempo para escucharlos.

Educación ambiental

Retomando las conclusiones de Viterbo-2008, para convencer al 90 por ciento de todo esto se necesita una educación que debe comenzar en la infancia, en las escuelas primarias, al mismo tiempo que se aprende el abecedario y las sumas y restas. Una educación que prepare a la gente para saber que no es más lo que necesitamos sino menos, y de mejor calidad. Wolfgang Sachs, otro de los participantes en el foro de Viterbo, propone una ‘desmaterialización’ de la sociedad. Habría que darle una nueva dirección al progreso tecnológico. Propone disminuir e incluso revertir el nivel de los logros alcanzados hoy, porque la energía solar o la eólica, con la tecnología con la que actualmente se producen, no van a ser capaces de dar lo que da la energía fósil. Transportarse en un barco motorizado es mucho más eficiente que transportarse en un barco de vela. Para Sachs, un verdadero ‘green new deal’ debe establecer límites, cuánto se puede tomar de la naturaleza y cuánto se puede tirar como residuo, quién puede tomar recursos, y que quien los tome pague por ellos. Los beneficios deben ser para la comunidad.

El profesor Walden Bello, también presente en el foro de Viterbo, hizo hincapié en los inconvenientes de una economía de exportación como es la economía globalizada. Hay que desglobalizar la economía. El avance social no debe medirse de acuerdo al PIB sino de acuerdo a los logros en sostenibilidad ecológica y mejor distribución. También, expresó su preocupación de que la actual crisis económica se use como argumento para posponer la toma de medidas, para aplazar la inversión en investigaciones de nuevas formas de energía más limpias, y la inversión en nuevas investigaciones y nuevas tecnologías. La recesión con la que el mundo ha comenzado 2009 no es el mejor terreno para propuestas favorables al ambiente.

El periodista ambientalista ruso, Yuri Eldyshev, presentó cifras según las cuales, en Rusia, la mortalidad por razones ambientales es hoy mayor que la del alcohol, drogas y accidentes automovilísticos juntos. Y esto en un país como Rusia, con una reputación muy particular de alcoholismo, resulta llamativo. Según Femke Halsema, casi todos los partidos políticos, tanto de izquierda como de derecha les cuentan a sus electores que es posible continuar con el crecimiento económico y el crecimiento del consumo ignorando las consecuencias negativas que esto traerá. En uno de los capítulos de su libro, Halsema usó como epígrafe una frase de George W. Bush: “And I encourage you all to go shopping more” (Los animo a que sigan comprando). Pero no es posible enfrentar el problema del cambio climático y estimular al mismo tiempo a las empresas a que aumenten su producción contaminadora, y estimular al consumidor a que siga consumiendo.

Los partidos políticos deberían ser capaces de presentar opciones políticas valientes. Por el momento, las propuestas son muy tenues, mientras la contaminación avanza de manera acelerada. Tal como lo resaltaron los grupos ambientalistas de jóvenes y estudiantes presentes en la cumbre sobre el cambio climático en Poznan, lo que está en juego es la supervivencia de la humanidad. El Protocolo de Kyoto, presentado a la opinión pública como un instrumento para detener las emisiones de CO2, no logró ningún avance significativo en sus diez años de existencia. ¿Podemos permitirnos seguir perdiendo años? Cuando el tema del ambiente se vuelva fundamental para todos, independientemente de edad, sexo, creencia política o religiosa, nacionalidad o profesión, seremos capaces de aceptar la reducción del consumo, del confort que te da tener el aire acondicionado encendido todo el día y la noche durante todo el verano, o de usar aparatos electrodomésticos como la secadora de ropa que consume cantidades enormes de energía, mientras que todos sabemos que la ropa mojada se cuelga y se seca por sí sola. Nadie, ninguna mujer, necesita tener veinte pares de zapatos en el armario. En Europa y los llamados países desarrollados del Norte, cada nueva estación del año trae una nueva moda. Las sandalias del verano pasado, aunque todavía estaban en buen estado, ya no se usan más porque ya no están de moda. Este verano nos compraremos unas nuevas, y nuevas camisetas, etc. Todo lo ‘viejo’ irá a parar a la basura, aumentando las toneladas de desechos que producimos diariamente.

Una población educada desde la infancia para comportarse como ciudadanos, no como consumistas, es la mejor garantía de cambio del comportamiento humano y de las leyes económicas que promueven la devastación del planeta.