Comprando el presente vendiendo el futuro

25 Octubre 2010
Article

Límites al crecimiento económico dentro de un modelo de desarrollo sostenible. Consideraciones a partir del VIII Foro internacional de Greenaccord sobre la protección de la Naturaleza, en Cuneo, Italia.

Uno de los personajes de Freedom, el último libro del escritor estadounidense Jonathan Franzen, menciona en cierto momento el Club de Roma. La escena tiene lugar en los años setenta – el famoso informe del Club de Roma, “Limits to Growth” se publicó en 1972 – y si le creemos al novelista, y no hay razón para no creerle, los políticos estadounidenses del momento no tenían ni idea de la existencia de este club ni, por supuesto, mucho menos de los  temas que trataban.

Ahora que muchos investigadores, analistas y activistas de temas ambientales están hablando de ‘decrecimiento económico’ como una solución al cambio climático y a los problemas asociados a éste, a la contaminación y a la pérdida de la biodiversidad, es inevitable no acordarse de la propuesta del famoso Club: ponerle freno desde una perspectiva racional y humana a un crecimiento que está destruyendo el planeta y conduciendo a la extinción de la especie.

Han pasado casi cuarenta años desde aquel informe y no solamente no se ha frenado el crecimiento sino que la ideología y prácticas de libre mercado imperantes en el mundo lo ha estimulado exponencialmente en las últimas décadas. El deterioro ambiental a todo nivel que padece hoy el planeta es lo que se podría llamar una catástrofe anunciada, que se seguirá agrandando mientras no se cambie el actual curso económico arrasador, desarrollista a toda costa.

Este fue uno de los temas principales del último foro de la organización ambientalista italiana Greenaccord  titulado, “People Building Future. Boundaries and values for a sustainable lifestyle”. Con una inspiración tácita en el concepto de ‘límites al crecimiento’ del viejo Club de Roma, el foro resaltó paralelamente el concepto de ‘desarrollo sostenible’, un modelo que se basa no solamente en prácticas ecoeficientes sino que está dirigido a reducir progresivamente el impacto ecológico hasta alcanzar niveles compatibles con la capacidad de carga que admite el planeta.

Hoy en día existen en la práctica soluciones concretas para reducir las emisiones de gas carbónico que se piensa influyen en el calentamiento global, así como para reducir la contaminación de mares, fuentes de agua, etc. Lo que todavía no es visible es la voluntad de los sectores políticos y sobre todo del mundo empresarial para llevar estas soluciones a la práctica. Al contrario, el discurso de los Gobiernos - tanto en el Norte como en el Sur – sigue siendo el del estímulo al crecimiento y las consideraciones con el ambiente son pura retórica.

Un buen ejemplo de esto es el reciente impulso que tiene el sector de la minería en numerosas regiones del mundo. ¿Cómo compagina, por ejemplo, el Gobierno canadiense su responsabilidad ambiental con lo que hacen las multinacionales canadienses del oro en países como Colombia, Guatemala y otros de Latinoamérica y el mundo? ¿Qué Gobierno habla de reducir el consumo? Hasta los partidos políticos con un importante discurso verde, una vez en el poder tienden a ceder sus ideas ecologistas y a hacer concesiones a los grandes poderes empresariales para quienes el ambiente no es prioridad, aunque nos quieran hacer creer que sí sirviéndose de costosas campañas publicitarias.

Por lo que se puede observar hasta el momento, los Gobiernos no se muestran por lo general proclives a un cambio de curso en la políticas económicas, un cambio que implique un desacelere, un quitarle el pie al pedal del gas y ponerlo en el freno. Los Gobiernos prefieren asegurarse un presente (en cifras positivas en lo económico) a costa del deterioro ambiental que este crecimiento genera y que se hará más evidente unos años más tarde. No parece haber en el mundo autoridad capaz de imponerle a las multinacionales la obligación de reducir el impacto ecológico y la amplitud de la extracción de los recursos naturales. Y cuando esto sucede es porque acaba de producirse una enorme catástrofe, como lo hemos visto recientemente en el Golfo de México, o en Hungría luego del derrame de residuos tóxicos.

En este vacío de autoridad, es importante resaltar la iniciativa ecológica del Gobierno boliviano. Partiendo de valores ancestrales de las comunidades indígenas de los Andes, a nombre de los ‘derechos de la madre tierra’ y ante el fracaso de la cumbre sobre el cambio climático en Copenhagen, Bolivia organizó en la ciudad de Cochabamba una “Conferencia mundial” el pasado mes de abril para promocionar la participación de los pueblos en la toma de decisiones relacionadas con el uso de la naturaleza. Los puntos de vista que resultaron de esta conferencia se oirán (al menos eso) en la Cumbre Mundial de Cancún, cuando la ONU intente una vez más lograr lo que no se logró en Copenhagen.

Es interesante también resaltar que las conclusiones de Cochabamba van de la mano de lo que proponen los más importantes teóricos en temas de economía y ambiente respecto a las soluciones para reducir las emisiones de CO2, para frenar la desaparición de especies vegetales y animales, y en general la degradación de la naturaleza y de la calidad de vida. De este modo se puede entender la descripción de los ‘límites planetarios’ que conduce a la propuesta de nuevos modelos de desarrollo, tal como lo plantea Robert Costanza, uno de los participantes este año en el foro de Greenaccord. O el concepto de ‘desglobalización’ de Walden Bello, porque la globalización se ha vuelto un medio legal para apropiarse de los mejores espacios del planeta. O la propuesta de William Rees de una ‘recesión económica planeada’; o la idea de ‘desmaterialización’ de Wolfgang Sachs que propone una nueva dirección al progreso tecnológico. O el ‘decrecimiento’ del que habla el profesor Joan Martínez Alier. Todos ellos miembros de la comunidad de Greenaccord.

Pero sobre todo, la idea de que no se puede seguir midiendo el progreso y el avance social en términos del crecimiento del producto interno bruto (PIB) de los países, sino en términos de los logros de la sostenibilidad económica y de la distribución equitativa de la riqueza. Como lo señalara el profesor Aldo Masullo en el último Greenaccord desde su perspectiva ética y filosófica, hay que aceptar los límites si se quiere un futuro mejor, y dentro de estos límites la única opción es la de un modelo sostenible.

El año 2010 fue declarado por la ONU como ‘Año Internacional de la Biodiversidad’. Ya se está acabando el año, y la pregunta es, qué resultados positivos está dejando este año en términos de conservación de la biodiversidad, cuando sabemos que en la mayoría de los países más megadiversos del planeta, esta biodiversidad está cada vez más amenazada a causa de diversas actividades económicas que operan impunemente, de entre las cuales la minería a cielo abierto es sólo un ejemplo.

Los límites al crecimiento y la puesta en práctica de modelos duraderos de desarrollo son hoy más urgentes que nunca. En los años setenta los políticos no sabían nada del cambio climático, hoy nadie puede alegar ignorancia y continuar impunemente en esta dinámica de comprar el presente a costa del futuro.