Contreras cuenta sus relaciones con la CIA

Entrevista con Manuel Contreras
29 Septiembre 2000
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Entrevista con Manuel Contreras, ex jefe de los servicios secretos chilenos durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Publicado en
La Segunda

No he variado en mi modo de ser, en mi conducta, en mis principios ni en mis valores. Eso sí, he reunido muchos antecedentes..., dice tras cinco años de prisión.

Protesta porque no fue invitada la DINA a participar en la Mesa de Diálogo. Prepara su propio informe. Estoy dispuesto a entregarlo a la Mesa de Diálogo. No tengo ningún inconveniente en hacerlo para que sea la verdad, porque es de los protagonistas del asunto; no los que dicen que dijeron que dicen que habían visto.

Relata un almuerzo clave: Almorcé allá (en Estados Unidos) con toda la directiva de la CIA, y ellos estaban profundamente interesados en que la DINA trabajara para ellos.

No me he sentido nunca aislado aquí. Más aislado me sentía cuando vivía en el campo.

La DINA tuvo relaciones de servicio con 37 servicios de inteligencia en el mundo; entre ellos la CIA, como uno más.


A mí no me entran balas, dice ahora el ex jefe de la DINA, recién publicado su primer libro y tras permanecer preso en la cárcel de Punta Peuco desde las dos de la madrugada de un día de octubre, hace cinco años.

Está como siempre. No he variado en mi modo de ser, en mi conducta, en mis principios ni en mis valores. Eso sí, he reunido muchos antecedentes..., dice, dispuesto a una larga conversación, que se prolonga por cuatro horas.

-Usted debe haber planificado alguna tarea para este tiempo de prisión, algo que le permitiera mantenerse, como usted dice, sin que le entren balas. ¿Es así?

-Me propuse yo aclarar en este tiempo todos los puntos que era necesario en muchas cosas que hoy están en la penumbra.

-Pese a ello, le tiene que haber afectado el encierro...

-No me he sentido nunca aislado aquí. Más aislado me sentía cuando vivía en el campo. Vivía allá solo o con mi mujer, pero ella no estaba todo el tiempo conmigo porque tiene sus cosas. Aquí (en Punta Peuco) llegan todos los días mis amigos y mi familia. Mi señora viene permanentemente para acá.

-Los amigos deben haber disminuido...

-Al contrario, han aumentado. Fue muy bonito cuando llegaron todos los agricultores de la zona (comuna de Tiltil) a saludarme, a ofrecerme su amistad. Y como ellos, llega mucha gente del sur, fundamentalmente de mi zona.

-¿Qué ha sido lo peor de este tiempo, y lo mejor?

-Es difícil algo mejor aquí porque muy dorada será esta cárcel, pero es una jaula. Lo mejor, haber acrecentado la amistad y a la vez haber recuperado el contacto con gran parte de los que fueron mis subalternos.

-¿Y cómo duerme?

-No tomo nada para dormir. Duermo entre siete y ocho horas diarias. Despierto, leo los diarios y en seguida a caminar...

-¿Por dónde?

-Hago cuatro kilómetros diarios en la máquina. A veces me llaman por teléfono cuando estoy corriendo y digo que voy para Villa Alemana, Limache o Quilpué, para que se entretengan los que pudieran estar interviniendo el llamado.

-Después de la caminata, ¿qué hace?

-Después almuerzo. Tengo régimen dado por la nutricionista del Hospital Militar. Nunca en mi vida he dormido siesta. Y luego me dedico a trabajar en el computador que me regalaron. Aprendí computación, unos amigos que saben me han venido a enseñar.

-¿Qué siente usted al ser considerado el personaje más siniestro del gobierno militar?

-Para algunos; para otros no. Estamos miti miti hoy día en Chile. Le aseguro que si yo voy al sur y me presento como candidato a senador arraso.

En su jaula dorada, controlando su diabetes, su hipertensión y su antiguo cáncer de colon, espera el único jefe de un servicio secreto en el mundo que está preso el fin de su condena por el homicidio del ex Canciller Orlando Letelier, mientras siguen las acusaciones en su contra por los crímenes atribuidos a la DINA.

De lo que está pensando y haciendo hoy, de sus visiones sobre algunos episodios del pasado, de lo que planifica hacer en el futuro, habla el hombre que desde la DINA se convirtió en el más temido en Chile.

"REUNI A PERSONAL QUE HABIA TRABAJADO CONMIGO" PARA RECOPILAR ANTECEDENTES SOBRE DETENIDOS DESAPARECIDOS

Tiene dos teléfonos. Está conectado a Internet, pero dice que no navega mucho. Asegura que no cuenta con mail.

-¿En qué cosas ha trabajado en su computador?

-Primero me dediqué a escribir el recurso de revisión para el caso Letelier, que se presentó en 1997. De ahí he estado introduciendo a la computadora todos los antecedentes que me han ido llegando.

-Antecedentes, ¿sobre qué?

-Desde el 91, cuando salió el Informe Rettig, comencé a reunir antecedentes. Para eso reuní a personal que había trabajado conmigo. Como no se le puede creer a uno, hay que hablar con varios para que sea comprobado el hecho. Llevo casi 10 años en esto. He estado haciendo un proceso de inteligencia de información, cuyas fases son: búsqueda, recopilación, proceso de chequeo y selección de lo que vale, lo que se va a usar. Es el ciclo informativo.

-¿La información la ha recibido de la gente de la DINA?

-De la gente de la DINA una parte: la que le corresponde a la DINA. Y el trabajo no está totalmente completo todavía porque soy un poco exigente en la formación de hechos. El informe Rettig le asigna a la DINA 346 casos.

-En el fondo, ¿me quiere decir que está haciendo el trabajo que pidió la Mesa de Diálogo, de recolección de antecedentes?

-La Mesa de Diálogo no convocó a la DINA hablando en la legalidad. El Ejército, la Armada tienen que buscar dentro de sus instituciones. Y la DINA, ¿quién la busca? Ellos no consideraron a la DINA; yo lo estoy haciendo.

-Y si lo hubieran invitado, ¿habría ido?

-Estoy preso.

-Pero sin considerar eso, ¿habría participado?

-Claro, por supuesto que habría ido. Y fundamentalmente por una razón: porque ahí, poniéndolo en términos futbolísticos, actuó un equipo de profesionales contra un equipo amateur.

-Pero esto no se trataba de enemigos, sino de lo contrario...

-De buscar la verdad, pero los militares que participaron en la Mesa eran tenientes para el 73. ¿Qué podían saber? Y buscar la verdad significa realmente buscarla y no seguir pensando que si se entrega información van a tener que chequearla con el Informe Rettig, porque eso significa que se está aceptando tácitamente que todo lo que tiene el Informe Rettig es la verdad.

-¿Usted dice que no?

-Es una verdad a medias, lo que indica que es una mentira a medias también.

-¿Y usted está dispuesto a entregar toda su investigación a la Mesa de Diálogo?

-No tengo ningún inconveniente en hacerlo para que sea la verdad, porque es de los protagonistas; no los que dicen que dijeron que dicen que habían visto. Es de los protagonistas del asunto. No he terminado aún, pero cuando lo haga va a haber muchas sorpresas.

"¿SABE USTED EN QUE LE AYUDE YO A LA CIA? EN UN CANJE DE PRESOS"

Este mes, su nombre salió a la palestra tras el informe Hinchey, donde la CIA lo mostró como informante de ellos, incluso pagado. Y anteayer se conoció un libro escrito hace años por un ex agente del Mossad que también lo inculpa de haber sido pagado por ese servicio secreto. Vale decir, los tentáculos del ex jefe de la DINA se habrían extendido por el planeta.

Sobre la acusación del informe Hinchey, Contreras, aparte de afirmar que ese organismo siempre ha mentido cuando le conviene, tiene una interpretación:

-Es que la CIA fue destruida por el senador Church en 1975; la mitad de los agentes fueron dados de baja. En este momento nuevamente los demócratas están detrás de la CIA y sus presuntas violaciones a los Derechos Humanos. Exclusivamente por el hecho de que con ello pueden llegar a desprestigiar al ex director de la CIA en 1976, George Bush, y con ello a su hijo, el candidato republicano a la Presidencia.

Respecto a la acusación a su persona, argumenta:

-Si yo hubiese sido informante de la CIA y me hubiera pagado alguna vez, por lógica el año 78 tendría que haber venido en las 180 pruebas que mandó el gobierno de Estados Unidos al proceso de extradición en mi contra. Además, sería absurdo y ridículo porque mi honor y mi dignidad me lo impiden.

-¿Qué considera usted más traición a la patria: mandar a matar a un ex canciller y a un ex comandante en jefe del Ejército, o ser informante pagado de la CIA?

-Pregúnteselo a Michael Townley. Para mí es una pregunta que no tiene ningún valor. Townley era pagado por la CIA y mató a un ex canciller y a un ex general.

Cambia el tono de su voz; se vuelve más duro y acota:

-Lo que pasó en el extranjero no me lo vengan a cargar a mí. Ninguno de esos asesinatos fue conocido por la DINA. Esas muertes fueron fuera de Chile y hechas directamente por la CIA, con el mismo método. Mi meta era otra. Mi objetivo era pacificar Chile y yo lo hice. Esas son todas maniobras políticas...

-¿Por qué querría la CIA involucrarlo a usted en esos crímenes?

-A la CIA le interesaba que el gobierno (por los militares) se entregara en no más de un año. Y tanto los homicidios de Prats y de Letelier, como el atentado a Leighton, ocurrieron días antes de la asamblea general de las Naciones Unidas, donde se analizaba el caso de Chile. Ellos cometieron esos crímenes para inculparnos y para que se entregara el gobierno.

Vuelve al tema original:

-La CIA siempre salva a su gente. Así salió Townley...

Luego, hace un recuerdo:

-¿Sabe usted en qué le ayudé yo a la CIA? La CIA tuvo ocho agentes de diferentes nacionalidades que estaban presos de los soviéticos. Nos pidieron ayuda en el marco de las relaciones servicio con servicio: que entregáramos a un individuo prominente del PC y los soviéticos les entregarían a los ocho agentes. Nosotros, de acuerdo con lo que el Presidente autorizó, enviamos al ex senador comunista Montes, y con eso entregaron a los ocho agentes. Esto fue hecho en la frontera de Berlín, con árbitros suizos. Y también canjeamos a Corvalán, a petición de la CIA y de la KGB.

"MI IMAGEN NO VALE NADA"

Dice que de los bienes que tenía ya no le queda prácticamente nada. No sabe si la venta de su libro lo ayudará en su crisis económica, que también ha afectado a su hijo Manuel cuya pequeña empresa quebró (ahora piensa Manuel Jr. terminar su año que le queda de Derecho, según le contó a Contreras el 19 de septiembre, cuando lo fue a visitar).

-¿Lo publicó para mejorar su imagen?

-Mire, si fuera que alguna vez a mí se me hubiese ocurrido tener imagen, simplemente le voy a contar lo siguiente: cuando el año 73 yo era director de la Escuela de Ingenieros, puesto al cual me trajo mi general Pinochet, cuando a fin de año me nombró director de la Academia de Guerra, qué más simple habría sido para mí que decirle: oiga, no me meta en ninguna otra pega, yo sólo quiero ser director de la Academia de Guerra. Y ahí habría tenido una imagen hacia afuera si usted quiere. Porque dentro del Ejército tengo una imagen; la imagen que yo me formé como soldado y con mi propio esfuerzo. Habría ascendido a general igual siendo director de la Academia de Guerra, no habría tenido ningún problema, y tal vez habría tenido una imagen de un general normal y corriente, como son todos los generales. Pero cuando mi general me pidió primero que le presentara y le organizara un proyecto para una Dirección de Inteligencia Nacional, cosa que hice el 12 de noviembre del 73, y después me ordenó organice la DINA ahora, yo sólo cumplí la orden, sin preocuparme de que fuera o no fuera a tener una imagen. Fui un soldado. Organicé la DINA y enseguida actué con la DINA en inteligencia, como la misión se nos entregó. Entonces eso de mejorar o desmejorar la imagen a mí no me preocupa mucho porque simplemente fui un soldado como cualquier soldado cumplidor, en el puesto que me entregaron y en la misión que me dieron. Mi imagen no vale nada. Si los marxistas me atacan, está bien. Porque si me alaban, por Dios que me sentiría mal.

En una mesita de rincón cuentan que tiene una Biblia abierta en el evangelio de San Juan, sobre la cual reposa un rosario.

"YO NO PEDI A FERNANDEZ LARIOS; A MI ME LO DESIGNARON A LA DINA"

-¿Cómo fue que usted le aserruchó el piso a Federico Willoughby y pasó a ser el primero que informaba diariamente a Pinochet?

-¿Cómo? Nunca el Presidente escuchó a Willoughby. Si Willoughby era el secretario de Prensa. El edecán se entendía con Willoughby y le entregaba lo que tenía que decir.

-Willoughby declaró que él era el primero que informaba a Pinochet hasta que de repente usted empezó a ir a buscarlo en la mañana y lo informaba..

-Yo empecé a ir a buscar a Pinochet desde principios del 74, cuando la DINA empezó a funcionar y me ordenó él usted me va a buscar todos los días y me informa todos los días lo que sucede. Y todos los días yo le entregaba un boletín informativo. Diariamente, al igual que a todos los miembro de la Junta y a todos los ministros. Willoughby era un simple secretario de Prensa; que no sea patudo. Los agentes de la CIA son así.

-Si era un simple secretario de prensa, y pertenecía a la CIA, ¿cómo es que lo mantuvieron ahí?

-Hasta el 76, cuando comprobamos que era de la CIA.

-Pero antes estuvo infiltrado en la Fuerza Aérea, según declaró usted.

-No, no. Al principio estuvo con la Fuerza Aérea. Pero él llegó a la secretaría de Prensa del Presidente porque el Presidente lo nombró. Yo no me podía meter en esos problemas por una razón: esto pasó el 11 de septiembre del 73, cuando se organizó el gobierno, y yo era director de la Escuela de Ingenieros; no tenía nada que ver con la organización del gobierno. Y cuando me ordenó el Presidente organizar la DINA, marzo del 74, ahí me ordenó usted viene todos los días para acá.

-¿Y cuándo se enteró entonces usted que Willoughby era de la CIA?

-Nosotros comprobamos que Willoughby era de la CIA cuando me lo dijo uno de los ehhh...

-Agentes de la CIA.

- De los agentes en Santiago. Porque Willoughby pidió y obtuvo, porque yo pedí autorización para darle, tarjeta de identidad de la DINA. Andaba permanentemente con tarjeta de identidad de la DINA.

-¿Pero cómo un militar jefe de la DINA le da tarjeta a un agente de la CIA?

-Por la simple y sencilla razón de que pregunté si era necesario dársela, porque según él corría peligro. Yo no sé si el Presidente sabía o no en ese momento, pero cuando me lo dijeron, le dije al Presidente que era de la CIA y me dijo ya se va. Se fue el 76, estaba enfermo. Y él autorizó que se le diera porque era el secretario de Prensa y le había dicho que necesitaba protección. Tanto es así que se le puso como protección a Armando Fernández Larios.

-¿Usted le puso a Armando Fernández Larios?

-No, yo no. Si todo esto pasó antes de que yo llegara. Fernández Larios llegó a la DINA en el mes de julio del 74. Y antes de julio del 74 fue escolta de Willoughby; lo dice él en sus declaraciones.

-¿Y cómo le metió Willoughby a Fernández Larios en la DINA?

-No, si Willoughby no metió a la DINA a Fernández Larios. Willoughby pertenecía a un equipo de seguridad indirecta que tenía el Presidente de la República, que se formó el 11 de septiembre, que no dependía de la DINA sino del Ejército. En ése estaba Fernández Larios. Y a él se lo designaron, ahí no sé quién era el jefe. Posteriormente, el señor Willoughby comenzó a mandar gente de ese tipo haciendo creer como que era orden del Presidente.

Cuenta con tono de suspenso:

-Una noche, debe haber sido por ahí por mayo del 74, un equipo de DINA rodeó la embajada de Cuba porque le estaban disparando hacia el interior de la embajada de Cuba. ¿Quiénes eran? El amigo Fernández Larios y parte de esta gente. Cuando Fernández Larios declaró, expuso que Willoughby les había ordenado hacerlo.

-¿Expuso ante quién?

-Ante la autoridad que lo llamó para que declarara; no ante la DINA ni nada. No teníamos ningún contacto con él nosotros. Nosotros lo descubrimos y dimos cuenta. Declaró que Willoughby los había enviado.

-Eso fue en mayo del 74. ¿Cómo es que usted lo llevó a la DINA dos meses después de eso?

-Si qué tenía que ver yo; a mí me designaban la gente de la DINA, no es que yo la pidiera.

-Entonces usted no mandaba mucho...

-Yo mandaba a la gente que estaba en la DINA. A mí el Ejército me decía aquí tiene la gente del Ejército; la Fuerza Aérea me decía aquí tiene la gente que le mando yo; la Armada aquí está la que le mando yo y Carabineros aquí está la que le mando yo.

Sigue:

-A raíz de ese problema y de que además ese equipo, por orden de Willoughby, había provocado un incendio en la embajada Soviética, el Ejército ordenó desarmar el equipo y el Presidente ordenó ya, se van todos a la DINA y allá se meten y terminó el problema. Y ahí el señor Willoughby quedó sin escolta y sin nada.

LOS LAZOS DE LA DINA CON LA CIA

Las supuestas órdenes del ex secretario de Prensa del entonces Presidente Augusto Pinochet a Fernández Larios fueron, según cuenta, los inicios de una seguidilla de sospechas.

-Usted decía que Willoughby le dio misiones de vez en cuando a Fernández Larios. Entonces no era Willoughby un personaje tan menor, si podía dar esas órdenes.

-Bueno, es que Fernández Larios era el que estaba con él. Entonces Fernández Larios creía que la orden se la había dado el Presidente, porque estaba convencido que lo que decía Willoughby venía del Presidente, y eran ideas de Willoughby.

-¿Y esto quedó comprobado, que Willoughby había mandado a quemar la embajada soviética?

-Sí, quedó comprobado.

-¿Usted guarda documentos que lo comprueben?

-Mijita, en inteligencia no existen documentos. A no ser que se guarden los que sean necesarios, pero de este tipo de cosas no. Entonces, cuando una noche lo sorprendimos yo le di cuenta al Presidente. Y el Presidente dijo se van y me los entregaron a mí. Y ahí los distribuí en las diferentes actividades; no quedaron juntos ni nada.

-¿Pero cómo es que el Presidente siguió con Willoughby después de eso? ¿No le recomendó usted como jefe de la DINA que lo sacara?

-Muchas veces.

-¿Y qué le decía él?

-Bueno, el Presidente decía... él era el que mandaba. Al comandante uno le dice esto es así, y el comandante dice apruebo, modifico o rechazo.

Insiste que el 74 no sabían que Willoughby era de la CIA.

-En marzo del 74, en mi calidad de director de la Academia de Guerra, me ordenaron concurrir a un seminario de todos los directores de academias de guerra de América en Washington. También me ordenaron tomar contacto con el subdirector de la CIA, general Vernon Walters. Conocí Langley, el cuartel general de la CIA, almorcé allá con toda la directiva de la CIA, y ellos estaban profundamente interesados en que la DINA trabajara para ellos por cuanto sabían que dentro de poco tiempo más el senador Church les iba a destruir la CIA e iban a quedar sin agentes para trabajar en Europa. Más todavía: el señor Walters me expresó que ellos iban a tomar contacto con todos los movimientos nacionalistas de Europa para que les cooperara. Yo no tenía autorización para decirles que sí y, muy por el contrario, tenía autorización para decirles que no. Le dije que lo sentía pero que nuestro problema era en Chile. Entonces, a raíz de esto, me ofreció un equipo de ocho instructores para que vinieran a hacer una inteligencia nacional al personal de DINA. Nosotros sabíamos de inteligencia militar, que es a nivel institucional solamente. La inteligencia nacional es a nivel superior. Lo acepté porque estaba autorizado para hacerlo. Y llegaron aquí y estuvieron hasta agosto.

-¿Cómo un militar chileno acepta que a su país vengan funcionarios CIA?

-Por supuesto, si me lo estaba ofreciendo la CIA y yo tenía autorización del Presidente para aceptarlo, porque nosotros no teníamos antecedentes de inteligencia nacional. Plantearon que ellos nos enseñaban, porque después querían que nosotros les cooperáramos a ellos. Yo acepté que vinieran los instructores pero no acepté de partida cooperarles en ninguna otra parte del mundo porque nuestro problema era en Chile. Vinieron los instructores el 74. Y cuando se iban a ir, el jefe de estación CIA en Chile más el jefe del equipo de instructores me pidieron que los ochos deberían quedarse en Chile en puestos directivos de la DINA. Tal como lo habían hecho en Venezuela con la DISIP. No le aceptamos. Incluso hubo un exabrupto: el jefe del equipo instructor dijo se van a acordar de nosotros, cosa que después me lo desmintió Vernon Walters, pero fue así. Y efectivamente nos acordamos de ellos, porque el 30 de septiembre Michael Townley asesinó al general Prats y a su esposa en Buenos Aires, siendo agente operativo de la CIA.

-Townley era también agente de la DINA...

-Nunca.

-Pero tuvo contacto con la DINA.

-Como proveedor electrónico y en diciembre del 74 como informante. Y en todas sus declaraciones, hasta el año 92 dice lo mismo. La CIA trató de infiltrarnos a Townley en diciembre de 1974. Y él llegó a proveer de elementos electrónicos que en ese tiempo nadie en el mundo nos entregaba nada y él los traía de Estados Unidos sin problemas. Yo no sabía. Yo vine a saber el 76 de eso.

-¿Cómo el jefe de la DINA no lo sabía?

- Cómo lo iba a saber si le estoy diciendo que son miles de hombres. Si la DINA no era una asociación ilícita de cuatro gatos. La DINA era enormemente mucho más grande que Investigaciones. Cómo voy a conocer a un individuo que trabaja con la gente mía allí abajo, si no tengo por qué; cada uno tiene su misión. Ese individuo llegó allá y yo supe el 76 que este gallo estaba proveyendo. Y tal es la planificación que la CIA hizo para infiltrar a Townley que él, según todas sus declaraciones, dice que entró a la DINA en diciembre de 1974 y que el 5 de febrero del año 75 lo mandamos a matar gente por el mundo en calidad de agente y con el grado de mayor. Hay que ser muy indios para hacer una cosa así. Y él partió después a matar gente a Europa y ahí atentó contra don Bernardo Leighton y ahí contactó a todos los movimientos nacionalistas de Europa, y lo declara él. Eso concuerda plenamente con lo que quería Vernon Walters que nosotros hiciéramos para él. Todos los movimientos nacionalistas de Europa fueron contactados.

EN EL HOTEL RITZ, DURANTE LOS FUNERALES DE FRANCO

Hace un extenso relato de los pasos de Townley el año 75.

-Y aquí viene lo importante: muere Franco. Y el Presidente ordena vamos al funeral de Franco. Yo llevé como 60 hombres de escolta para los turnos correspondientes y también entre los que iban estaban el ministro Carvajal, el general Arellano y como secretario de prensa iba don Federico Willoughby, del cual nada sabíamos hasta ese momento. Sólo que me habían autorizado, porque se había solicitado, que se le entregara la tarjeta DINA.Y después, cuando nosotros volvimos de allá, me molestó una cuestión y yo no quise darle más tarjeta.

-¿Qué le molestó?

-Un día, debe haber sido como a las siete de la tarde, estaba yo con un grupo de oficiales en un rincón del lobby del hotel. El (Pinochet) estaba en el tercer piso con las guardias correspondientes. Era un lobby largo. Cuando de repente aparece el señor Willoughby con un individuo muy bien vestido, con botas café y sombrero tirolés. Me llamó la atención. Me acuerdo de la imagen. Andaba con el abrigo del brazo. Va donde mí y me dice Manuel, quiero presentarle al Presidente este conde nacionalista. Cómo se llama. Alfredo Di Steffano. De inmediato le dije: yo me opongo. Pero cómo, me refutó. Me opongo porque no lo conozco, no sé quién es, no sé si es conde, no sé. Es un conde nacionalista italiano, que es el jefe de los nacionalistas italianos y nos va a ayudar en Italia. Fíjese que hacía poco más de un mes que habían tratado de asesinar a Leighton. Pero Willoughby era porfiado. Subió a la habitación del Presidente y le dijo, Presidente le quiero presentar a este caballero, y que era conveniente. Yo lo esperé a la bajada y le dije: Mi general, no es conveniente que hable con él, yo no lo conozco, es un extranjero. Manuel, no se preocupe, me contestó: lo voy a saludar. Lo llevó Willoughby y lo ha sentado al lado del Presidente. Y él se sentó aparte. En ese mismo hotel estaba Rockefeller con todos los sordos que nosotros les llamamos (a los guardias); estaba lleno de ellos, de gente de la CIA. Entonces ahí es donde yo hablo de la traición de Federico Willoughby, porque ese individuo era el que le había disparado a Leighton. Según Willoughby, era muy amigo de él. Ahora, quien fotografió era de la CIA.

-¿Cómo es posible que oliendo usted el peligro no haya convencido al Presidente que no se reuniera con él?

-Se lo dije.

-Pero usted era el jefe de inteligencia...

-Pero es que desgraciadamente el Presidente cómo no le iba a creer al secretario de Prensa.

-¿O sea el Presidente le hacía más caso a Willoughby que a usted?

-No es que le haya creído a él más que a mí, sino que el Presidente se puso curioso. Era curioso. Algo nuevo, quería saber de qué se trataba... Y Willoughby no tuvo ningún asco para engañar a su gente. Y después Townley le mandó una carta a Etchepare contánpole, pero me ponen a mí y no aparece Willoughby, lo que me parece muy curioso. Y ahí entonces empezamos a sospechar, incluso los mismos oficiales empezaron a ver y a investigar de que Willoughby tomaba contacto con la gente de la CIA que estaba ahí.

Y sigue con la historia:

-Posteriormente este señor Willoughby invitó a este italiano y a otros y los trajo a Chile. Y nuevamente cometió la deslealtad de llevárselo a la oficina del Presidente, de lo cual yo tuve después conocimiento. Los alojó en la casa de Townley, para que vea usted el enlace entre estos dos. Y después los alojó en un departamento de los dos que él poseía en la torre 5 de la remodelación San Borja.

Afirma que a raíz de este episodio le informó al Presidente que había sospechas de su secretario de Prensa.

-El Presidente no creía, porque lo consideraba un hombre absolutamente leal a él, lo que no era efectivo. Cuando me vuelven a pedir una tarjeta de identidad de la DINA, porque era por el año, yo no se la quiero dar. Fue a principios del 76 y ahí el primer secretario de la embajada norteamericana, que era el jefe de la estación Cia en Chile, me dice que por favor se la entregue porque el hombre es de ellos. Yo se la entregué porque hablé con el Presidente y me dijo que se la entregara.

-¿Cómo se explica que un general de Ejército chileno le haya dado a un agente CIA, cuando ya tenía una evidencia, una tarjeta del organismo de inteligencia chileno?

-Yo no le he dado una tarjeta de inteligencia chilena. Yo estoy actuando aquí de acuerdo a la autorización que se me dio para darle la tarjeta a este individuo que no trabajaba como agente CIA; era secretario de prensa del Presidente. No se olvide de eso: partamos por ese lado.

-Pero usted sabía que era de la CIA.

-Bueno, el Presidente también y todo el mundo sabía que era de la CIA.

SUS VINCULOS CON EL SUBDIRECTOR CIA Y CON OTROS SERVICIOS SECRETOS NARRA OTRA HISTORIA:

-En agosto del 75, el Presidente me mandó nuevamente a Estados Unidos porque nos iban a expulsar de la ONU. Durante dos días, junto con el agregado militar, jefe de misión, estuvimos reunidos con el equipo y el senador Church, que era el que ya había destruido la CIA, quería eliminar a Chile de las Naciones Unidas. Y logramos convencerlo de que la información que le había entregado la Vicaría de la Solidaridad y los partidos marxistas chilenos eran falsas. Le entregamos antecedentes nuestros y se comprometió a no seguir insistiendo en que expulsaran a Chile de la ONU.

-¿Quién fue su intermediario que le hizo el contacto con el señor Church?

-Vernon Walters, segundo jefe de la CIA. Vernon Walters nos propuso que tomáramos un lobby de senadores norteamericanos, para evitar que siguieran molestando a Chile en el campo internacional. Y textualmente me dijo: Uruguay en dos años terminó con su problema internacional.

-¿A qué llamaba Walters el tomar lobby de senadores norteamericanos?

-Cinco senadores a los cuales se les pagaban dos millones de dólares al año y ellos actuaban a favor de Chile.

-¿Qué senadores eran?

-¿Ah, no sé! El lo planteó. A continuación me pidió nuevamente, ahora sí que de frentón, que la DINA fuera filial de la CIA, porque la CIA estaba destruida. A lo que me opuse, al igual que antes. Esta oposición nos costó el atentado a don Bernardo Leighton pocos días antes, porque todos los atentados fueron poco antes de la NU. El de Prats el 30 de septiembre de 1974, el de Leighton 6 de octubre del 75 y el de Letelier 21 de septiembre del 76... poco antes de la Asamblea general de la NU. Bueno, Walters me pidió que pasara a ver a Venezuela a la DISIP. Pasé.

-¿Por qué pasó?

-Para que viera cómo actuaba la DISIP con ellos, con la CIA. Pasé y me di cuenta que los siete jefes de la DISIP eran cubanos agentes de la CIA. Me lo dijeron ellos mismos. Y ahora viene algo muy importante y quiero que le quede bien claro: la DINA tuvo relaciones de servicio con 37 servicios de inteligencia en el mundo; entre ellos la CIA, como uno más.

Abunda:

-Quiero que quede bien claro que el contacto con estos servicios de inteligencia no significa que el jefe del servicio se vaya a convertir en informante o en agente de alguno de estos servicios, porque al igual como el individuo de izquierda llamado Peter Kornbluth no ha trepidado en mentir en el sentido de que yo era informante de la CIA, también podríamos decir que Vernon Walters era informante pagado de la DINA o que cualquiera de los otros jefes de servicios de inteligencia con los cuales se relacionaba la DINA pasaban a ser informantes pagados nuestros. Así de ridícula es esta afirmación. Ahora, si se considera el hecho de que Vernon Walters en forma clandestina nos haya hecho entrega el año 75 de los primeros dos mil cohetes law que llegaron a Chile y ello significó un pago, quiere decir que Walters le estaba pagando a Chile.

-¿Cuánto costaron los cohetes? ¿Los regaló Walters?

-No sé. Yo solamente hice la gestión y nos entregaron dos mil cohetes law en forma clandestina, porque estaba prohibido que Estados Unidos nos entregara armamento.

-¿Y se pagaron?

-Sí se pagaron, pero no sé cómo. No tengo idea.

-A ver, ¿por qué Vernon Walters hacía eso, qué servicio le estaba pagando a Chile?

-Ya que nadie nos daba ningún tipo de armamento en el mundo...

-¿Pero por qué los dio él?

-Porque estaba tratando de que nosotros fuéramos filial y no fuimos; no le aceptamos. Y ahí vino todo lo que se desencadenó después.

A los 70 años, Manuel Contreras Sepúlveda, general (r) de Ejército, experto en Estrategia e Inteligencia, está hoy convencido de que dentro de cuatro meses recuperará su libertad. Está establecido que yo salga el 21 de enero. ¿Qué hará entonces? Ya veremos... Seguiré escribiendo. Me entretendré con mi familia; fundamentalmente con los nietos.

CANJE DE MONTES

Según los diarios de la época, el 19 de junio de 1977 se concretó el canje del senador comunista Jorge Montes contra once presos políticos alemanes. Las autoridades de Alemania Democrática (RDA) no proporcionaron información sobre la identidad de los liberados. La agencia AFP dijo que el hecho se inscribía dentro de la política aplicada por el Gobierno Alemán Federal, recomprando presos a la RDA. Latin Reuter informó que dos de los once presos políticos que liberó la RDA habían trabajado para los servicios de espionaje estadounidense. Al día siguiente, anunció el enviado especial de El Mercurio en Grenada, se haría en la 7.a Asamblea General de la OEA el anuncio oficial sobre el canje de Montes. Nada se supo sobre participación de la CIA y la DINA.

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