Cultivos ilícitos, narcotráfico y resurgimiento paramilitar en la "zona esmeraldífera" del Departamento de Boyacá

01 Diciembre 2005
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Una de las regiones de Colombia que ilustra bien las consecuencias de la aplicación del Plan Colombia y sus principales manifestaciones es la zona esmeraldífera ubicada en el departamento de Boyacá.

Una de las regiones de Colombia que ilustra bien las consecuencias de la aplicación del Plan Colombia y sus principales manifestaciones - Fumigaciones, Política de Seguridad Democrática, Plan Patriota - es la zona esmeraldífera ubicada en el departamento de Boyacá. Las fumigaciones masivas puestas en marcha en 2000 cuyo principal objetivo era acabar con los extensos cultivos del Sur de Colombia, terminarían propiciando una expansión de los cultivos ilícitos por todo el país, de modo que departamentos que no registraban presencia de cultivos, o donde ésta era insignificante, han conocido un incremento en el área sembrada, acompañado de la proliferación de estructuras de producción de droga, la acción del narcotráfico, así como el ingreso de sectores armados en pugna.

Hechos y guarismos

Cultivos ilícitos en Boyacá (hectáreas)

2000

322

2001

245

2002

118

2003

594

2004

359

Fuente: Observatorio de Drogas de Colombia, Dirección Nacional de Estupefacientes: http://odc.dne.gov.co/publicaciones/images/Cultivo04.jpg

Si bien los datos oficiales establecidos por el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos en colaboración con Naciones Unidas (Simci-UNODC), reportan entre 2000 y 2004 un área sembrada de coca relativamente pequeña, la realidad se ha encargado de cuestionar ampliamente estos censos, al punto de que nadie en el departamento parece tomar en serio esas mediciones. Boyacá conoce también cultivos de adormidera para opio, para los que no hay registros regulares.

Veamos por ejemplo el caso particular del año 2003. Aunque, de acuerdo a los datos oficiales, el año había comenzado con sólo 118 hectáreas, en junio de ese mismo año, las autoridades locales e incluso el ejército colombiano llegaron a hablar de la posible existencia de unas diez mil hectáreas. La diferencia es tan desproporcionada que no puede menos que suscitar algunas dudas. A menos que se concluya que en cinco meses se produjo un generoso incremento del área sembrada. Pero si esto fue así, ¿cómo se explica que a final de ese mismo año sólo quedaran 594 hectáreas? Sobre todo sabiéndose que durante 2003 sólo se erradicaron manualmente 266,72 hectáreas, y no aparecen registros de erradicación aérea en el departamento.

Lo más probable es que las diez mil hectáreas hubieran sido una cifra exagerada. No obstante lo cual podría tomarse como un buen indicativo de la percepción que debieron tener las autoridades en ese momento en cuanto a extensiones sembradas y agudización de los problemas asociados a los cultivos, como el narcotráfico y el aumento de la presencia de grupos armados.

Erradicación manual de coca y amapola

2000

54

2001

51

2002

6,66

2003

266,72

2004

911,38

Fuente: Observatorio de Drogas de Colombia, Dirección Nacional de Estupefacientes: http://odc.dne.gov.co/publicaciones/images/Cultivo04.jpg

A mediados de 2004, las autoridades locales siguen expresando su falta de claridad respecto al área sembrada que podría estar entre las 1.500 y las 7.000 hectáreas. Las zonas más críticas estarían ubicadas en las provincias del occidente en donde predominan los cultivos, y del oriente en donde se encontrarían los laboratorios custodiados por las autodefensas. Un censo establecido por la propia Policía de Boyacá reportó ese año la existencia de 1.500 hectáreas nada más sobre la cuenca del río Minero (1), distribuidas en parcelas de 8, 15 y 20 hectáreas. Y para noviembre de 2005, según datos obtenidos en diversos medios de prensa, las autoridades locales hablaban de cinco mil hectáreas.

En abril de 2005, en vista de que la erradicación manual no estaba cumpliendo las previsiones esperadas, a la vez que desconociendo la ineficacia de los pocos programas de desarrollo alternativo implementados en la región, las autoridades realizaron fumigaciones aéreas sobre los municipios del occidente del departamento. Vale la pena anotar que antes de esta fecha sólo aparecen registros de operaciones de aspersión aérea en 2000, cuando se fumigaron 102 hectáreas.

Mientras la cantidad exacta de cultivos ilícitos que hay en la región sigue en la duda, la evidencia de su crecimento se deja sentir también en el incremento, en los últimos cinco años, de las actividades para el procesamiento de drogas, del número de laboratorios, y en la avanzada de grupos ilegales que controlan el negocio. Entre estos últimos, narcotraficantes, paramilitares en proceso de desmovilización (2), y lo que en Colombia ya se identifica como una 'nueva generación' de paramilitares. Todo lo cual está haciendo desequilibrar la 'pax esmeraldera' alcanzada en la región hace casi una década y media.

Análisis

A falta de esmeraldas buena es la coca

Desde los años setenta hasta comienzos de los noventa, el occidente boyacense fue campo de una encarnizada guerra entre las diferentes facciones que se disputaban el control de las minas de esmeralda de la región, de donde sale más del 60 por ciento de la producción mundial de esmeraldas. El intento del entonces poderoso narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha para penetrar en la región contribuiría a complicar el conflicto en sus últimos años.

Tras años de diálogo y miles de muertos, los esmeralderos firmaron un pacto que transformó esta región de una de las más violentas del país en una de las más pacíficas. O mejor, en una región pacificada. El fin de la violencia fue el resultado de la repartición del control de las minas entre los más fuertes. La alta producción esmeraldera de los años noventa logró, al parecer, garantizar el suficiente bienestar económico sobre el cual se pudo sustentar ese estado de pacificación. Pero ahora, tal como lo han venido revelando diferentes medios de prensa colombianos (3), el narcotráfico y el paramilitarismo están poniendo en peligro la continuación de esta pax, situación a la que se ha sumado una crisis de la producción de las minas de esmeralda. La caída de la producción ha dejado a muchas personas sin empleo, quienes en no pocos casos han recurrido a la coca como alternativa.

Este auge de coca - narco-paras que vive Boyacá ejemplifica perfectamente cómo el abandono del gobierno, su incapacidad para generar oportunidades en momentos en que había condiciones para ello ha sido terreno ideal para el surgimiento de actividades y actores ilegales. El gobierno de Uribe prometió inversión para hacer frente a la crisis, pero en los años de su administración ésta todavía no se ha materializado, ello a pesar de que las condiciones sociales de seguridad habrían debido permitirlo. Sin seguridad no es posible implementar el desarrollo, es la consigna de la política de seguridad de Uribe al militarizar amplias extensiones del territorio colombiano. Además, estando Boyacá situado en el centro del país y contando con una de las tierras más fértiles y aptas para el cultivo, sólo la ineptitud e incompetencia del gobierno explica que la agricultura no se haya convertido en un renglón vital de desarrollo. Mientras tanto la situación del departamento sigue deteriorándose, y los boyacenses están viendo desaparecer paulatinamente la tranquilidad en la que convivían.

El caso de Boyacá en el contexto nacional

En estos momentos en que el Estado colombiano negocia la paz con los grupos paramilitares, es inevitable no establecer un paralelo entre el proceso de desmovilización de los paramilitares y el pacto logrado por los esmeralderos de la zona hace 14 años. Un editorial del periódico El Tiempo (4) refiriéndose recientemente a los grupos esmeralderos del occidente boyacense, dice que éstos no solamente representan un fuerte poder económico, sino militar. Los esmeralderos poseen organismos armados que son verdaderos ejércitos a su servicio, y mantienen un estado 'de hecho' en la región. Este poder se está viendo ahora confrontado por el ingreso del narco-paramilitarismo en la región.

La crisis por la que atraviesa el departamento en estos momentos es también en gran medida atribuible a estos poderosos grupos esmeralderos que no supieron impulsar en los años de bonanza el desarrollo regional, ni aprovechar la riqueza para diversificar la economía, limitándose a la mono producción. Las consecuencias se están haciendo sentir ahora que las dificultades de este renglón único de las esmeraldas han dejado a la gente sin otra perspectiva que la solución más rápida y fácil de la producción y elaboración de drogas.

Una situación similar podría producirse - quizás en la práctica ya se esté produciendo - en muchas otras regiones de Colombia en donde el paramilitarismo desmovilizado está legitimando y legalizando sus estructuras gracias a la Ley de Justicia y Paz, creando auténticos estados regionales dentro del Estado, en beneficio de intereses particulares. Así como los esmeralderos boyacenses pasaron en pocos años de rufianes a 'empresarios' - pues así los llaman ahora la prensa nacional, el gobierno y las instituciones, desconociendo su pasado de alta criminalidad - a la vuelta de un lustro, o quizás menos, los don Berna, los Mancuso, etc, van a aparecer mencionados en la prensa como ilustres hombres de negocio, respetados políticos, en todo caso miembros de la clase dirigente.

La pacificación lograda por los esmeralderos a comienzos de los noventa podría verse como un antecedente de la pacificación que se espera se obtenga con la desmovilización de las autodefensas. No por nada el alias de don Berna es 'el pacificador', un sobrenombre que se ganó luego de la campaña de masacres y desapariciones que impulsó en las comunas de Medellín como jefe del Bloque Cacique Nutibara, de la que no quedó vivo nadie que se le opusiera.

Siendo optimistas, podríamos decir que este tipo de 'pacificaciones' con el tiempo, si las condiciones son favorables y los líderes demuestran menos incompetencia que el gobierno central y que los esmeralderos boyacenses, podría terminar traduciéndose en paz y desarrollo. No sería la primera vez que algo así sucediera en muchos lugares del mundo. Lamentablemente, la experiencia del caso esmeraldífero no deja en Colombia espacio para mucho optimismo. Nada hace esperar que una vez los ex paramilitares legalizados, blanqueadas sus finanzas y pacificadas sus regiones vayan a dedicarse a promover el desarrollo y bienestar de la población local. Teniendo a la vista el ejemplo de Boyacá, sumado a la actitud negligente del estado colombiano, su incumplimiento de promesas, el desempleo creciente, la droga seguirá siendo un recurso del cual echar mano.

Las autoridades en Bogotá no entienden cómo fue posible que con el enorme aparato armado con que cuentan los 'empresarios' de las esmeraldas, en Boyacá hayan podido crecer tan rápidamente los cultivos ilícitos y proliferado los laboratorios de narcóticos. La respuesta sin embargo no es un misterio. La rentabilidad de este negocio es tal, que siempre subsistirá el riesgo de que 'nuevas generaciones' de narcos - también las viejas generaciones, e incluso los ahora empresarios - hagan irrupción en la escena.

Notas

1. El Tiempo, Bogotá, marzo 29 de 2004 "Autoridades saben quienes son los cocaleros": Víctor Carranza".
2. Varios informes de inteligencia del Ejército y del DAS aseguran que el Bloque Central Bolívar (BCB) controla los laboratorios y los cultivos de coca en municipios como Coper, en Boyacá, y Ubalá y La Palma, en el norte de Cundinamarca. Las autoridades también están alarmadas porque uno de los golpes más duros contra el narcotráfico en esa región del país dejó al descubierto la creación de un nuevo bloque paramilitar de las AUC denominado Héroes de Boyacá. Revista Semana, Bogotá, 13-20 de noviembre, 2005.
3. Semana, Ibid; El Tiempo, noviembre 14 de 2005.
4. El Tiempo, "Estado 'de hecho'", Bogotá, noviembre 17 de 2005.