De ninguna parte

18 Marzo 2007
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Uno de los fenómenos curiosos de este principio de siglo es el aumento de territorios que tienen todos los elementos clásicos que la Teoría del Estado o el Derecho Constitucional adjudican a la condición de Estado soberano, pero simplemente no lo son. Por Pere Vilanova.
Contrasentidos del derecho internacional A la frecuente pregunta que se cruzan dos viajeros, de paso por cualquier rincón del mundo: "¿y tú, de dónde eres?", la respuesta parece evidente. "Soy de tal país", uno cualquiera de los casi 200 que incluye el listado de estados en el mundo del 2007. Pero pudiera suceder que alguien le respondiera: "¿Yo? No estoy seguro, creo que de ninguna parte". Parece exagerado, pero uno de los fenómenos más curiosos de este principio de siglo XXI es el del aumento de territorios que cuentan con todos los elementos clásicos que la Teoría del Estado o el Derecho Constitucional adjudican a la condición de Estado soberano, pero simplemente no lo son. Población, territorios, fronteras, y poder político institucionalizado son esos mínimos indispensables. Hasta ahora, ello parecía bastar, pero ahora no, cada vez menos. ¿De qué estamos hablando? Sencillamente, de casos como Kosovo, Somaliland, Puntland, la mitad norte de Chipre, Nagorno Karabaj, Transnistria, Abjasia, Osetia del Sur, quizá Adjaria (no estoy muy seguro), y, por qué no, de Palestina. Es bien sabido que el derecho internacional en general, que se rige por las relaciones entre estados soberanos, descansa sobre una exigencia adicional a las ya citadas de población, territorio, fronteras y poder político institucionalizado: el reconocimiento explícito por parte de la comunidad internacional, y, en concreto, Naciones Unidas. Y la ONU, desde el fin de la descolonización clásica, la que acabó con los imperios coloniales del siglo XIX y buena parte del XX, tiene alergia a la proliferación de nuevos estados. El fin de la guerra fría fue un propulsor de ese tipo de dinámica. En muchos lugares no solo cayó un cierto tipo de forma política, el comunismo soviético o similar, sino que la crisis del Estado dio paso a su destrucción. Y ello nos sumó en el mayor de los desconciertos. La verdad es que no sabemos muy bien por qué Checoslovaquia se partió en dos de modo pacífico, pactado, y sin mayor problema, y en cambio Yugoslavia se rompió en seis mediante el peor encadenamiento de guerras en suelo europeo desde 1945. O por qué, de las 15 repúblicas federadas que conformaban la URSS, algunas transitaron a su condición de estados soberanos sin más problemas, otras conocieron tiempo después cierta inestabilidad civil pero de breve duración, y otras sufrieron uno o varios conflictos civiles. Georgia es el caso más espectacular: además de su propio conflicto nacional entre georgianos en los años 90, que finalmente se ha estabilizado, dos territorios son independientes de facto, aunque no de iure -Osetia del Sur y Abjasia-, y otro, Adjaria, navega por aguas bastante confusas. Si Moldavia, Estado soberano, no consigue modificar la situación de hecho, deberá admitir que su flanco oriental, Transnistria, forma parte de facto de Rusia, aunque de hecho tenga frontera con- ¡Ucrania! Mucho más antiguo es el caso de Nagorno Karabaj. Enclave armenio en Azerbaiyán -que fue el primer conflicto armado dentro de la debacle del declive soviético-, la línea de alto el fuego de 1994, si bien se ha respetado en términos militares, señala una nueva frontera internacional. De facto, claro. Nos podríamos extender en el caso de Chipre, mucho más conocido por su cercanía a Europa, pero sobre todo por el modo cómo la Unión Europea ha utilizado la partición de la isla como pretexto para retrasar el debate sobre la integración de Turquía en la UE. Es cierto: Naciones Unidas nunca ha reconocido la partición de la isla. Pero también es un hecho que Nicosia está dividida en dos, como la isla entera, y lleva más de 30 años dividida, tres veces más tiempo que el que fue una ciudad unificada, capital de un Estado llamado Chipre. También está África oriental. ¿Alguien sabe qué son y dónde están Somaliland y Puntland? Pues bien, son las partes que funcionan de lo que queda de Somalia, y desde hace años, unos 15, al margen de esa ruina de país que tiene por capital Mogadiscio. Somaliland y Puntland son territorios independientes de facto, con un poder político bastante estable, y mantienen a sus habitantes al margen del desastre somalí. Que el primero de los dos territorios tenga una agenda expresamente independentista y el segundo dude entre una autonomía muy avanzada o la independencia disfrazada de confederación es algo que no resolverá el Gobierno provisional de Somalia. Nos queda la pobre Palestina. Una parte es territorio anexionado por Israel (ilegalmente, según el derecho internacional), como el área metropolitana de Jerusalén; otra fue territorio permanentemente ocupado durante más de 30 años (Cisjordania y Gaza) y hoy es un territorio intermitentemente ocupado, pero siempre controlado, por Israel, que lo cerca, pero ni lo anexiona ni lo devuelve a sus habitantes. Hay, en teoría, una Autoridad Nacional Palestina. Autoridad ¿de qué? De un Estado soberano, no. De una comunidad autónoma, tampoco. Un territorio administrado por la comunidad internacional (como Kosovo, y, en parte, Bosnia Herzegovina), todavía menos. ¿Qué es? Ni idea, pero existe y está llena de gente bastante desesperada, como la población de Somalia. Un día u otro, Naciones Unidas deberá afrontar el problema: entre la realidad y el derecho, cuando no cuadra, a veces hay que cambiar el derecho. Pere Vilanova. Catedrático de Ciencia Política de la Universitat de Barcelona.