El ejército étnico wa de Birmania

28 Abril 2009
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La tensión reciente entre el ejército nacionalista étnico wa (UWSA) y el Gobierno militar de Birmania ha llevado a especulaciones sobre la renovación del conflicto armado. Tom Kramer examina los desarrollos de dos décadas de cese al fuego en ese país.
El 17 de abril de 1989, hace veinte años, las tropas étnicas wa decidieron ponerle punto final a su insurgencia comunista en Birmania y crear un ejército nacionalista llamado Ejército del Estado Wa Unido (UWSA, por su sigla en inglés). Sirviéndose del armamento chino heredado de los comunistas birmanos, el UWSA se convirtió en el ejército insurgente nacionalista más grande del país. En ese momento, otros grupos étnicos armados de oposición en la frontera con Tailandia intentaron unirse al ejército wa, pero los líderes wa, cansados de la guerra, prefirieron aceptar un ofrecimiento del gobierno militar para un cese al fuego. Esta semana, el UWSA realizó una gran ceremonia para celebrar su vigésimo aniversario. Los líderes wa piensan que hoy están mejor que nunca. La región, un área aislada y montañosa en el norte del estado de Shan en la frontera con China, vive ahora en paz bajo el control del ejército y de líderes wa que aplican una agenda étnica nacionalista wa. Han construido y pavimentado carreteras que conectan los principales centros urbanos del área en donde los edificios de concreto al estilo chino han reemplazado las cabañas de bambú. Luego de décadas de aislamiento internacional, diversas ONG internacionales están implementando ahora allí proyectos de desarrollo comunitario. El UWSA enfrenta sin embargo serias dificultades. En primer lugar, el UWSA ha sido señalado por la comunidad internacional como responsable de todos los problemas de droga de la región. En 2005, el Departamento de Justicia de EEUU acusó a ocho líderes del UWSA de tráfico de heroína y metanfetamina, entre éstos, al presidente del UWSA, Bao You Chang. En la acusación se dice que el UWSA es “uno de los grupos productores y traficantes de heroína más grandes del mundo”. Esto ha significado el confinamiento de los líderes wa en su región, aislándolos y dejándolos en manos de narcotraficantes de la etnia china como Wei Xue-kang, quien también fue acusado. La medida estadounidense hace parte de una política seguida durante décadas por Estados Unidos dirigida a detener a los ‘capos de la droga’, la cual ha sido un completo fracaso. El UWSA está ciertamente implicado en narcotráfico. Pero atribuirle todos los problemas de drogas de la región, todos los capos o ‘narco-ejércitos’ es demasiado simplista. Hay muy pocos actores del conflicto en Birmania que pueden garantizar que tienen las manos limpias en este tema. Además, el comercio de drogas es un negocio altamente rentable, y está claro que la corrupción y participación de altos funcionarios en todos los países de la región juegan un rol importante. La región wa fue alguna vez el área de mayor producción de opio en Birmania. Debido a la presión internacional –especialmente de China- el UWSA proscribió en 2005 el cultivo del opio. A cambio de esto, los wa esperaban ganar el reconocimiento internacional y ayuda al desarrollo para compensar el impacto económico de la prohibición en la población. En vez de eso, fueron ‘recompensados’ por la acusación de Estados Unidos. Además, la mayoría de los ex cultivadores de adormidera para opio todavía no ha podido encontrar fuentes alternativas de ingreso y lamenta la proscripción, pero no está en condiciones de oponerse al liderazgo autoritario del UWSA. La precaria capacidad del UWSA no le ha permitido tampoco transformar la economía de la región. Han promovido la inversión china en caucho, te y azúcar de caña, pero estas plantaciones no están beneficiando a los campesinos. Los actuales niveles de ayuda internacional son insuficientes para mantener sus medios de vida. Esta situación suscita interrogantes sobre la sostenibilidad de la proscripción del opio. Por otro lado, aunque el cese al fuego del UWSA se ha mantenido durante veinte años, las tensiones con el ejército birmano están aumentando. El cese al fuego que mantiene el gobierno birmano con grupos armados como el UWSA es esencialmente un acuerdo militar que le permite al UWSA administrar su territorio y mantener las armas. Gracias al cese al fuego ya no hay agresiones abiertas, se han reducido los abusos graves a los derechos humanos, y ha sido posible llevar algún desarrollo a la región. Sin embargo, su principal debilidad es la falta de desarrollo político y de un genuino proceso de paz como continuación de las treguas. En vez de eso, el gobierno militar inició una convención nacional para producir una nueva constitución. Se invitó a participar a los grupos del cese al fuego como el UWSA con la idea de que pudieran presentar sus demandas políticas. En mayo de 2008, justo unos días después de que el ciclón Nargis devastara el delta del Irrawaddy matando a 130 mil personas, el Gobierno organizó un controvertido referendo para aprobar la nueva constitución, la cual según ellos fue aprobada por el 90 por ciento de los votantes. Los grupos de oposición cuestionaron el referendo. La nueva constitución no refleja las principales quejas y aspiraciones del UWSA En la región wa el voto para el referendo fue negativo. Según el Boletín de Educación Wa, una revista mensual publicada en Panghsang, la capital del UWSA, de los 38 mil votantes, el 55 por ciento votó ‘no’, un 35 por ciento votó ‘sí’ y un 11 por ciento se abstuvo. El principal objetivo del UWSA es construir un Estado wa en Birmania. Si bien la nueva constitución facilita la creación de una División Autónoma Wa, ésta excluye todos los territorios del UWSA a lo largo de la frontera con Tailandia, y lo que es más importante aún para el UWSA, excluye también las áreas estratégica Mong Pawk y Hotao en el norte. “Hemos estado administrando y desarrollando esa área por más de 40 años” dijo el vicepresidente del UWSA, Xiao Min Liang. “Esto es inaceptable para nosotros”. El régimen quiere desarmar a los grupos del cese al fuego, pero no es probable que el UWSA lo haga a menos que obtengan algunas de sus demandas básicas. “No estamos dispuestos a entregar las armas” dijo Xiao Min Liang. El Gobierno militar birmano está proponiendo ahora que grupos como el UWSA se integren al ejército regular y se transformen en una especie de fuerza fronteriza. “Se han dado cuenta de que no es realista desarmar a todos los grupos del cese al fuego. Están trabajando en los detalles, y no hemos tomado todavía una decisión”. Los oficiales del UWSA dicen que en principio participarán en las elecciones de 2010. “Tenemos ya 20 años de acuerdos de paz, y nuestro principio es que no queremos separarnos de Birmania” dijo Zhao Wen Guang, el poderoso ministro de agricultura del UWSA. “Puesto que el actual Gobierno birmano es militar, esperaremos a ver el resultado de las elecciones. Si es bueno, seremos más pro-activos. Pero si sigue un Gobierno militar, mantendremos nuestra actual posición”. La tensión reciente entre el UWSA y el Gobierno militar ha llevado a especulaciones sobre la renovación del conflicto armado. Pero los líderes wa dicen que no serán ellos los que inicien las hostilidades. “Si el ejército birmano no dispara primero, mantendremos la paz y no pelearemos”, dice Zhao Wen Guang. “Pero tenemos que protegernos a nosotros mismos”. Publicado en “The Nation” de Bangkok (Tailandia) el 24 de abril, 2009