El embargo: Nada tiene tanto éxito como el fracaso

04 Noviembre 2009
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¿Tendrá Obama el coraje para cambiar la política hacia Cuba?

Publicado en
Progreso Semanal

Cuba ha presentado una resolución a la Asamblea General de Naciones Unidas acerca de la Necesidad de Poner Fin el Bloqueo Económico, Financiero y Comercial de EE.UU. contra Cuba.  Los cubanos aseguran que solo en 2008 el embargo les ha costado más de $242 millones de dólares. El embargo, asegura Cuba, impide el acceso al capital extranjero porque los inversionistas enfrentan posibles sanciones por hacer negocios con Cuba.

Las encuestas de opinión pública –concuerda la opinión comercial de elite– muestra que una mayoría favorece la eliminación del embargo y la prohibición de viajar a Cuba. Sin embargo, en vez de eliminarlo, el Presidente Obama y la Secretaria Clinton se aferran a su herencia en materia de política, equivalente a los científicos que insisten en que la Tierra es plana.

Nada tiene tanto éxito como el fracaso en el Washington imperial. George W. Bush fue ejemplo del fracaso en los estudios y los negocios. Como gobernador de Texas toleró más ejecuciones que cualquier otro gobernador anterior. Como presidente fue un chiste cruel –contra el mundo. Alabó al Jefe Michael Brown ­–“Estás haciendo tremendo trabajo, Charlie” – después de que la agencia de Brownie no había respondido al huracán Katrina –no siquiera sabía de su existencia. Insistió en las inexistentes armas de destrucción  masiva y en los vínculos con Al-Qaeda que “justificaban” su invasión a Irak. Derrochó el superávit de EE.UU. por medio de la negligencia, y sus políticas de desregulación costaron mucho a la economía y a la lucha medioambientalista del mundo. Los desastres de Bush duraron ocho años. La fracasada política de Washington hacia Cuba ha durado 49. “Denle tiempo”, dicen sus defensores.

En julio de 1960, Eisenhower eliminó la cuota azucarera de Cuba para castigarla por expropiar compañías norteamericanas. La Unión Soviética entró formalmente en la disputa entre EE.UU. y Cuba para comprar el azúcar cubano. En octubre Eisenhower impuso un embargo parcial que Kennedy completó en febrero de 1962, para cuya fecha Cuba había expropiado todas las compañías norteamericanas.

Sin embargo, las palabras del embargo están escritas en tinta invisible de sangre. Como respuesta a la desobediencia de Castro a principios de 1959, Eisenhower autorizó a los exiliados cubanos a lanzar ataques terroristas contra Cuba. Ordenó a la CIA que derrocara al régimen a principios de 1960, pero no dio la orden de azuzar a los 1 500 exiliados que la CIA había entrenado para invadir la isla. En abril, casi tres meses después de haber tomado posesión, el Presidente Kennedy sucumbió a la presión y envió a los exiliados a la derrota en Bahía de Cochinos, una mancha en la reputación del joven presidente. En vez de tratar de limpiar esa mancha oscura después del fiasco por medio de un acuerdo con Cuba, Kennedy buscó venganza: intentos de asesinato y miles de ataques armados contra Cuba. Irónicamente, antes de que Kennedy firmara la orden de endurecer el embargo, mandó a comprar una gran cantidad de sus habanos preferidos.

Los funcionarios de la administración sabían que no debían hacer la pregunta evidente: ¿qué es lo que había hecho exactamente  Cuba a Estados Unidos para merecer los ataques terroristas y la estrangulación económica? La respuesta entonces y ahora: desobediencia, falta de respeto; negativa a aceptar la interpretación que Washington hace de la Doctrina del siglo 19, firmada por el Presidente James Monroe.

En agosto de 1961, Fidel ofreció una rama de olivo en respuesta a los ataques armados.  Che Guevara se reunió con Richard Goodwin, el asesor de JFK para Latinoamérica. Si Cuba rompía sus lazos militares con los soviéticos, dejaba de exportar la revolución y compensaba a las compañías norteamericanas expropiadas, ¿cesaría Kennedy su violencia?

Kennedy, dando chupadas a un habano que Che le había enviado, respondió: “Debilidad”, declaró. “Aumenten al presión”. Un mes más tarde, Fidel acudió a su último elemento de disuasión. El Primer Ministro Soviético Kruschev desplegó misiles nucleares en la isla. En octubre de 1962 llegó la Crisis Cubana de los Misiles.

En febrero de 1963 Kennedy autorizó la prohibición a los viajes y en julio congeló los fondos cubanos en EE.UU. Los abogados de Kennedy sonrieron con sentimiento de culpa cuando Washington forzó a los estados latinoamericanos a expulsar a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA), a pesar de la ausencia en la Carta de la OEA de razones para expulsar a Cuba. “Kennedy usó la doctrina Monroe como la guía abarcadora que eliminaría esas trivialidades”, me dijo en 1980 Paul Warnke, Subsecretario de Defensa del Presidente Johnson.

Los presidentes Ford y Carter suavizaron el embargo y la prohibición de viajes. Reagan los endureció. Los presidentes sucesivos (incluyendo a Obama), respondiendo a distintos intereses –pero no a los intereses nacionales–, igualmente apretaron y suavizaron las medidas.

Reagan privatizó la política hacia Cuba al transferirla de Washington a la Fundación Nacional Cubano-Americana en Miami. Cuba sobrevivió. Los cubanos que necesitan de manera urgente ciertas medicinas y equipos médicos provenientes de EE.UU., sufrieron –así como la economía cubana y por tanto todos los cubanos. En la década de 1990, traté sin éxito de convencer al congresista Robert Torricelli de que no insistiera en su “Ley Torricelli”. Le dije que el embargo hace daño materialmente a la mayoría de los cubanos.  Él dijo que los cubanos podían comprar los equipos supuestamente prohibidos en otra parte, y aseguró que la propaganda cubana promovía “el argumento del dolor”.  Lógicamente, si el embargo no hacía daño a Cuba, ¿para qué mantenerlo? Para castigar –simbólicamente– a Fidel.

¿Define Washington el éxito –al igual que la guerra contra las drogas– regodeándose por décadas de fracaso constante? ¿Se quedará atrapado Obama en este incongruente legado de la política hacia Cuba o demostrará tener algo de cojones?