El lado oscuro de los acuerdos de inversión

07 Febrero 2012
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Al firmar tratados internacionales de inversión, los gobiernos entregan el derecho soberano de regular en el interés de las personas y el medio ambiente, y corren el riesgo de gastar millones en demandas judiciales.

¿Cuántas veces has escuchado a políticos, economistas, hombres de negocios o periodistas diciendo que, si un país quiere desarrollarse, sólo necesita tres cosas: ¡inversión, inversión e inversión! Esta recomendación sigue una de las premisas básicas de la economía neoliberal: "La inversión extranjera directa (IED) es una condición previa para el desarrollo". Y la fórmula diseñada fue muy simple:

Para desarrollarse, se necesita crecimiento> para crecer, se necesita IED> para atraer IED se necesita proteger a los inversores> la única manera de proteger a los inversores es mediante la firma de los acuerdos de inversión.

Los gobiernos de todo el mundo adoptaron la receta sin reparos y los tratados de inversión han proliferado en las últimas dos décadas.

Pero el lado oscuro de los acuerdos de inversión se ha ignorado:

  • Los acuerdos de inversión asignan a una de las partes (los gobiernos) todos los deberes y obligaciones y, a la otra (las empresas), todos los derechos y la protección.
  • Los acuerdos de inversión permiten a las corporaciones multinacionales demandar a los gobiernos ante tribunales arbitrales internacionales no transparentes cuando estos gobiernos intentan regular a favor del interés público. Sin embargo, los gobiernos no pueden tomar ninguna acción a escala internacional contra las multinacionales si estas cometen abusos contra los derechos humanos o provocan daños al medio ambiente, o simplemente no cumplen con sus compromisos.
  • Los acuerdos de inversión conceden a las empresas inversiones libres de riesgos.
 

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