"En Colombia se aplica experiencias de Irán, Afganistán y otros conflictos"

22 Octubre 2008
Article
Colombia es un verdadero campo de experimentación en la lucha contra la insurgencia. Se están aplicando experiencias de lo que Estados Unidos ya han hecho en Irán, Afganistán y otros conflictos

Invitado por el colectivo Maloka, Vargas estuvo la semana pasada en Barcelona para hablar de los cultivos ilícitos y las consecuencias de su erradicación para la población y ofrecer su lectura del Plan Colombia II.

¿Cuál es su evaluación del Plan Colombia II?

El Gobierno busca continuidad en la capacidad de ofensiva del Estado en la guerra contrainsurgente. El Plan mejoró la capacidad aérea sobre todo, apoyó la reingeniería de las Fuerzas Armadas, mejoró una parte de la logística y la capacidad ofensiva del ejército.

¿Y ha sido efectivo en su lucha contra la droga?

La disponibilidad de droga no se ha reducido, entonces en el Congreso de Estados Unidos cobró fuerza la idea de que no valía la pena incrementar los presupuestos para esto, sino para políticas del desarrollo. Por lo tanto, el primer aporte para esta nueva fase cambió las proporciones de la ayuda militar ante la social; si antes era 80% para lo militar, ahora se destina un 54% a lo militar y un 43% a lo social.

¿Ese 43% de lo social, dónde va a parar?

Teóricamente al desarrollo alternativo frente a los cultivos ilícitos. Está dirigido a zonas de economía campesina, pero donde hay más infraestructuras y mejores condiciones para la comercialización. Luego, una parte bastante reducida va a las zonas de colonización, las más productoras de coca, muy apartadas y con poca infraestructura, pero en algunos casos con influencia de la guerrilla. La paradoja es que el incremento de la ayuda social no ha ido a las zonas que más producen coca, donde viven campesinos que no tienen alternativa económica.

La fumigación de los cultivos ha perjudicado a los campesinos...

Para el Gobierno la coca es una economía de guerra. Desde ese enfoque disminuye la visión social del problema y lo que hay es militarización con fumigación, con un gran impacto en las comunidades, en sus fuentes de agua, en los cultivos que sirven para la alimentación. Se alega que es el costo de la guerra: para poder voltear a la guerrilla, hay que voltearle los recursos que pueden oxigenarla.

¿Qué solución puede darse a la droga en Colombia?

Solución no hay, sólo posibilidades de implementar políticas menos violadoras de los derechos humanos. Hay que aprender a convivir con la droga, buscando una reducción de daños. Además, el problema se ha complejizado porque hay un fortalecimiento de las organizaciones que trafican, que tienen una dinámica transnacional muy fuerte. El Plan Colombia II no tiene una estrategia frente a las organizaciones, es el problema más grande que tiene, porque la estrategia es clara sólo para las zonas productoras.

¿Los narcos necesitan el conflicto para subsistir?

La guerra favoreció muchísimo el poder del narcotráfico. Y en el contexto actual también se han adaptado a las circunstancias. Ellos siguen teniendo el control de nuestra economía y una capacidad de exportación que no ha disminuido.


¿Qué papel cumple Estados Unidos en todo esto?


Después del 11-S han visto la droga como algo que suministra recursos a los terroristas. Entonces lo que sucede en Colombia está muy afín con las reformulaciones de la seguridad y el país es un verdadero campo de experimentación en la lucha contra la insurgencia. Se están aplicando experiencias de lo que ya han hecho en Irán, Afganistán y otros conflictos.