Hacia una nueva coca

01 Marzo 2006
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En este momento son grandes las expectativas de cambio en la política boliviana para el 'problema' de la coca.

Publicado en
Cáñamo



En este momento son grandes las expectativas de cambio en la política boliviana para el 'problema' de la coca. Existen, sin embargo, varios interrogantes sobre qué es exactamente 'el problema': ¿es preciso mantener la distinción entre coca y cocaína como dos lados opuestos -uno bueno, otro mal- de la misma planta? ¿Cuál es el margen de maniobra que podrá permitirse el nuevo gobierno, acosado por las demandas de la comunidad internacional de erradicar la planta en el marco de la lucha contra el narcotráfico?

En primer lugar los bolivianos tendrán que poner orden en la casa: desde hace un año y medio existe una especie de reducción de daños para el lado de la oferta, a través de programas iniciados por el gobierno derechista de ese entonces representante de los intereses de la antigua oligarquía. El acuerdo firmado entre los agricultores cocaleros del Trópico de Cochabamba - zona de producción ilegal- y el gobierno de Carlos Mesa (el 3 de octubre de 2004) implicó un gran avance del pragmatismo hacia el fenómeno de los cultivos de coca, permitiéndoles a los campesinos sindicalizados cultivar hoja de coca en lo que se conoce en Bolivia como un cato -40X40 metros cuadrados. Según la ley antidrogas -Ley 1008- los cultivos de coca en el Chapare, están sujetos a erradicación, considerándose legal la mayor parte de la producción en la otra zona productora, Los Yungas de La Paz. En el "Acta de Entendimiento entre el Gobierno Nacional y las seis Federaciones de Productores de Coca del Trópico de Cochabamba", se acordó "la reducción de todos los cultivos de coca en todo el trópico de Cochabamba, hasta un límite de 3.200 hectáreas". La duración del acuerdo quedó limitada hasta que se conocieran los resultados del "Estudio de la Demanda del Consumo Legal de la Hoja de Coca", un estudio nacional sobre la extensión del mercado tradicional, que deberá definir la cantidad de coca necesaria para su abastecimiento. El estudio se financiará con fondos -comprometidos hace tiempo- de la Unión Europea. Los cultivos de coca que queden por fuera pasaran a la ilegalidad y quedarán sujetos a erradicación, a menos que se adapte la fórmula de otra manera.

Paralelamente, en el ámbito internacional, el gobierno hará gestiones para pedir formalmente un cambio en las Convenciones Internacionales de droga, cuyos textos definen la hoja de coca como una substancia de máxima toxicidad, y el masticado de las hojas como toxicomanía, apta para reprimir. Mientras no se repare este error histórico, basado en informes parciales y perjudiciales, no habrá justicia para la planta, ni para sus cultivadores y consumidores. Estrictamente hablando, su retiro de los famosos esquemas que clasifican buena parte de las substancias según su peligro, no resolverá el problema, porque en los distintos textos hay varias referencias al arbusto y su cultivo. De modo que el asunto requerirá de una preparación estratégica de fondo para no caer en los errores del pasado.

Una vez alcanzado estos objetivos, quizás quede abierto el espacio para cambiar también el discurso anti cocaína. A final de cuentas, la hoja de coca no es estimulante, energizante y vigorizante -solo algunas de sus características- sin su más famoso alcaloide. El perfil del consumo de la hoja de coca podría adaptarse a nuevos usos en contextos culturales distintos. Ya no exclusivamente para personas de origen indígena y que viven del agro, que disfrutan de sus efectos saludables y agradables, sino que ahora también los estudiantes y jóvenes de sectores urbanos quienes resultarán consumiéndola cada vez más, y en formas distintas.

En la Feria Intercultural de la Hoja de Coca, celebrada en la ciudad de La Paz, durante las celebraciones para el cambio de mando gubernamental, pude apreciar lo que significa la industrialización de la hoja de coca en la práctica. Como el cannabis, la coca se presta para un sinfín de productos cuyos méritos difieren según el caso. El champú por ejemplo, no lo aconsejaría. Pero para la artritis o el reumatismo, frotarse la pomada de coca con cierta regularidad ayuda a controlar el dolor. Las pastillas o dulces de coca tienen el efecto de una taza fuerte de café, sin que haga daño al estomago. Las pizzas, panes, tortas, bebidas, etc. con coca saben muy bien también. La feria demostró que la hoja de coca no es símbolo para todo. Su potencial concreto entusiasmó al publico, dejando una huella importante sobre el proyecto político del nuevo gobierno en la región andina.