Incierto camino en Afganistán

03 Diciembre 2009

Con unos 100.000 efectivos en Afganistán en el 2010, Estados Unidos va a entrar en un camino peligroso que podría conducir a la pérdida de la guerra y de parte del prestigio del presidente Barak Obama.

Su anuncio, el martes 1 de diciembre, de enviar 30.000 efectivos va unido a una solicitud de mayor colaboración a los aliados de la OTAN. Un esfuerzo voluntarista con un resultado incierto.
Paradójicamente, el nuevo envío de tropas es parte, según anunció Obama, de una estrategia de salida gradual de Estados Unidos de Afganistán en los próximos 18 meses.

La guerra en ese país es crecientemente impopular en casi todos los Estados miembros de la OTAN. Paralelamente, el aumento de tropas costará 30.000 millones de dólares, una carga muy fuerte en tiempos de crisis. Los aliados de la alianza atlántica tienen la presión de salir cuanto antes, mientras que los Talibán tienen la ideología y el tiempo de su lado.
 
La nueva estrategia se basa en combatir a los Talibán y Al Qaeda, en fuerte alianza con Pakistán en la zona fronteriza; trabajar con los aliados y la ONU para fortalecer al Gobierno de Hamid Karzai, especialmente en el aumento y calidad de sus fuerzas de seguridad para que, en julio del 2011, se hagan cargo del país, combatir la corrupción, y promocionar el desarrollo económico y social.
 
En la práctica, se trata de proteger las principales ciudades; fortalecer a Karzai para que rompa su alianza con ‘señores de la guerra’, tratar de negociar con algunos sectores insurgentes, formar milicias afganas para combatir localmente, y trabajar con Pakistán en la lucha contra los grupos armados que operan en ese país.
 
Nadie tiene la certeza que esta combinación de políticas dará por resultado la victoria sobre los Talibán y Al Qaeda. De hecho, el general Stanley McChrystal ha pedido más tropas pero sin asegurar que se logrará una victoria. Uno de los mayores problemas, es que no se dice cuáles serían los términos de una victoria. Obama y el primer ministro británico, Gordon Brown, ponen el énfasis en frenar al terrorismo de Al Qaeda. Pero la guerra de Afganistán es diferente a una guerra contra el terrorismo.
 
Para empezar, la lucha de los Talibán y otros grupos es de corte nacionalista y con un fuerte contenido de identidad religiosa. El ascenso de los Talibán ha ido en paralelo con la ineficacia del Gobierno de Karzai de proveer bienes, derechos y oportunidades a la población. Las fuerzas internacionales fueron negligentes desde el 2001 ante la corrupción del Gobierno y el reagrupamiento y sostenido avance de los Talibán. Cuando empezaron a ofrecer resistencia ya era tarde. A la vez, cada víctima civil que provoca la OTAN agudiza el sentimiento contra los extranjeros.
 
En segundo lugar, está descartado que un “triunfo” sea la instauración de un Estado afgano unificado con un sistema democrático liberal. Ni la historia ni la fragmentada estructura social, más el crecimiento de una economía fragmentada y fundamentalmente ilícita, pueden dar ese resultado. Correctamente Obama rechaza toda idea de “construcción del Estado”.
 
Tercero, los Talibán tienen un fuerte arraigo en buena parte de la población, que los ve como símbolo de orden. En otros casos, los insurgentes tienen la capacidad de imponerse sobre comunidades, y tendrán más posibilidades si las fuerzas de la OTAN se retiran de las zonas rurales.
 
En 1965, Estados Unidos lanzó en Vietnam una ofensiva para terminar la guerra, y se sumergió más profundamente en ella. En los años 80, Moscú mandó 120.000 efectivos soviéticos a pelear infructuosamente contra grupos afganos y tuvo que retirarse en 1989. Mientras reciba el Premio Nobel de la Paz, Obama posiblemente pensará en estos ejemplos pasados, deseando que no sean premonitorios.
 

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