Kerlikowske saca las conclusiones equivocadas

¿Qué se puede aprender de la experiencia de los Países Bajos con el cannabis?
16 Agosto 2010

coffeeshoplicenseEn el artículo "La legalización de las drogas", Andrés Oppenheimer, el influyente comentarista y analista sobre asuntos latinoamericanos de los diarios Miami Herald y El Nuevo Herald, explica que el debate sobre la regulación del cannabis "está ganando cada vez más adeptos en el centro del espectro político latinoamericano". Oppenheimer cita en su artículo a Kerlikowske, el zar antidroga de la Casa Blanca, quien afirma que el ejemplo de los Países Bajos demuestra que la relajación de las leyes sobre el cannabis aumenta el consumo y que el Gobierno neerlandés está dando marcha atrás en su estrategia. Estas afirmaciones se deben puntualizar.

Para empezar, la experiencia de los Países Bajos es muy relevante para el actual debate sobre la regulación de los estupefacientes en América Latina. Ex presidentes de México han manifestado que un debate de este tipo podría ser una posible respuesta coa la creciente violencia desencadenada por la ofensiva estrictamente militar del presidente Felipe Calderón contra los cárteles de la droga, que se ha cobrado ya 28.000 vidas desde 2006. Oppenheimer da a la regulación del cannabis el beneficio de la duda frente al fracaso de las estrategias de guerra contra las drogas intentadas hasta el momento y concluye: "Tal vez sea necesario adoptar una política gradual, que empiece por un debate serio sobre la posibilidad de aprobar leyes que regulen la producción legal de marihuana, simultáneamente con una masiva campaña educativa para desalentar su consumo. Entonces, podríamos comprobar quién tiene razón, cuál es el resultado de este experimento en Latinoamérica, y decidir qué hacer a continuación".

Oppenheimer le plantea esta misma cuestión a R. Gil Kerlikowske, el zar antidrogas de la Casa Blanca, quien se muestra contrario a tomar medidas que vayan en esa dirección a pesar del hecho de que el debate también se está intensificando en los Estados Unidos. El próximo noviembre, por ejemplo, tendrá lugar en California referendo para la regulación legal del cannabis. Los últimos sondeos indican que el 50 por ciento de los votantes estarían a favor y el 40 por ciento, en contra. Para justificar su posición, Kerlikowske ofrece dos argumentos. En primer lugar, según Oppenheimer, "Kerlikowske rebatió la idea de que la prohibición del alcohol aumentó la criminalidad en Estados Unidos en la década de 1920, argumentando que en esa época no existían estadísticas confiables sobre los niveles de criminalidad".

Sin entrar aquí en los detalles de las pruebas científicas que corroboran los efectos criminógenos de la prohibición del alcohol, uno se pregunta si Kerlikowske va de vez en cuando al cine. Pero el segundo argumento que sostiene es que la experiencia de los Países Bajos demuestra que la relajación de las leyes sobre el cannabis provoca un incremento de los índices de consumo y que el Gobierno neerlandés así lo ha reconocido, por lo que está dando marcha atrás en su estrategia. "En Holanda, el consumo aumentó. De hecho, Holanda ha estado cerrando cientos de los bares de marihuana que existían, debido a los problemas que generan", señaló.

Kerlikowske, básicamente, afirma que la iniciativa ya se ha intentado y ha fracasado, que la experiencia de los Países Bajos demuestra las consecuencias negativas de relajar la fiscalización del cannabis y que, por tanto, México no debería repetir los errores que el propio Gobierno neerlandés está ahora intentado solventar cerrando los establecimientos que se conocen como coffee shops. Estas afirmaciones se deben puntualizar y rectificar.

Es cierto que el número de coffee shops en los Países Bajos ha disminuido, pero eso no tiene nada que ver con una respuesta normativa al supuesto aumento de los niveles de consumo de cannabis. Entre 1999 y 2007, el número de coffee shops experimentó una paulatina disminución y pasó de 846 a 702. A principios de los años noventa, el número era aún superior, muy por encima de mil, pero se dispone de menos datos fiables.

Los motivos de la reducción se explican por un proceso de creciente regulación de lo que originalmente era un crecimiento poco regulado. El modelo de los coffee shops no se concibió 'desde arriba', sino que fue una respuesta del mercado a la decisión normativa de priorizar menos las acciones legales por la posesión de cannabis, la descriminalización de facto sobre la que se fundamenta la política de los Países Bajos al respecto. La caída en el número de coffee shops es consecuencia de una aplicación más estricta de las normas establecidas a principios de los años noventa, tales como la prohibición de la venta a menores de edad y de que haya más de 500 gr almacenados, así como de algunas normas más recientes sobre la distancia mínima de centros escolares y la ausencia de antecedentes penales de los propietarios con licencia.

A pesar de que, a través del sistema de los coffee shops, se tolera la venta de una cantidad de 5 gramos a adultos, los niveles de consumo de cannabis en los Países Bajos siguen siendo parecidos a los de países vecinos como Alemania y Bélgica, y mucho inferiores a los registrados en el Reino Unido, Francia, España o los Estados Unidos. Se trata de una realidad difícil de aceptar para aquellos funcionarios que siguen creyendo que la estricta aplicación de la prohibición del cannabis reduce el consumo, como se supone que sucede.

El año pasado, una exhaustiva evaluación de las tendencias y los resultados de la política de drogas de los Países Bajos entre 1972 y 2008 llegaba a una serie de rotundas conclusiones:

  • No hay indicios de que los coffee shops hayan conducido a un aumento exorbitante del consumo de cannabis, al menos entre los adultos. En comparación con otros países occidentales, el consumo de cannabis entre la población neerlandesa en general es relativamente bajo.
  • Los Países Bajos registran un índice de prevalencia de consumo de todos los estupefacientes ‒excepto del éxtasis‒ entre la población general por debajo de la media europea; menor incluso que los niveles de prevalencia en los Estados Unidos.
  • Se puede concluir que los mercados de las drogas blandas y los de las drogas duras en los Países Bajos siguen estando fundamentalmente separados.
  • Se puede afirmar que la política de drogas neerlandesa ha alcanzado un éxito razonable, incluso midiéndola según los estándares actuales, en la consecución de los objetivos fijados, aunque algunos problemas siguen requiriendo una atención constante.

Esta realidad se ve también confirmada por los informes y las estadísticas anuales elaboradas por el Observatorio de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT). En su último gráfico sobre el consumo de cannabis entre distintos grupos de edades en la UE, por ejemplo, podemos ver que los Países Bajos (NL) aparecen en el grado medio: cannabis-lastmonth-2010
Prevalencia del consumo de cannabis de los últimos 30 días entre todos los adultos (entre 15 y 64 años), los adultos jóvenes (entre 15 y 34 años) y los jóvenes (entre 15 y años) (EMCDDA Statistical bulletin 2010)

Los problemas en torno al modelo neerlandés de los coffee shops no están vinculados con el aumento del consumo de cannabis, sino con la paradoja de que la venta y la posesión de pequeñas cantidades no son objeto de acciones legales, mientras que el suministro de los coffee shops (el cultivo y el comercio de grandes cantidades) siguen estando totalmente criminalizados. Desde el año 2000, una mayoría parlamentaria está a favor de experimentar con la regulación legal del suministro de cannabis para que éste deje de estar en manos delictivas y pase a estar bajo el control de las autoridades sanitarias.

Hasta la fecha, ningún Gobierno neerlandés ha tenido el valor de aplicar esas resoluciones, arguyendo que, de este modo, quebrantaría sus obligaciones con respecto a los tratados de fiscalización de estupefacientes de la ONU. Sin embargo, muchos municipios han expresado su deseo de iniciar este tipo de experimentos a escala local. Es la única forma de poner fin a la paradoja y de reducir la delincuencia que sigue rodeando al suministro del mercado del cannabis. Muchos alcaldes de los Países Bajos ‒además de funcionarios y parlamentarios‒ acogerán con gran satisfacción el hecho de que México o cualquier otro país de América Latina tenga el valor político de dar un paso en la dirección de un mercado de cannabis plenamente regulado.

Son muy pocos los que defenderán que las lecciones del modelo neerlandés indican que se debería de tomar el camino opuesto. Más bien al contrario: las experiencias de los Países Bajos y otros países que han adoptado políticas más tolerantes con respecto al cannabis ‒como España, Suiza, Alemania, la República Checa, Australia y algunas zonas de los Estados Unidos e India‒ sólo han brindado lecciones positivas que corroboran la idea de que ha llegado el momento de pasar a una nueva etapa: experimentar con la regulación legal de la producción y la distribución del cannabis, siguiendo modelos parecidos a los desarrollados para el tabaco y el alcohol.


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Lunes, 16 de agosto, 2010